Por Paco Calderón

Texto y fotografía: Francisco Calderón Córdova

 

 

Después de una muy agradable y productiva sesión fotográfica con mi amigo, Horacio Franco, sentí que la empatía y el nivel de la comunicación entre los dos era tan bueno, que bien valía la pena aprovecharme de él (en el mejor sentido de la frase) en estos momentos. Después de apagar luces, dejar las cámaras a un lado, secarse el sudor de la frente y de casi tres horas en el estudio bajo la luz de los reflectores, Horacio y yo nos sentamos en mi mesa de trabajo para descansar. Nos abrimos un par de botellas, de agua, por supuesto (pues ambos somos deportistas, por convicción y -desde luego- por saludable vanidad) y ya no pude contenerme ...y la saqué: mi grabadora de reportero. 

"Horacio -le dije decidido-, me encantaría que para el nuevo número de Gay México apareciera una entrevista contigo y algunas de estas fotos...., pero no quisiera entrevistar al famoso músico mexicano que ha tocado con las mejores orquestas sinfónicas del mundo, que ha pisado los más reconocidos escenarios y que ha conmovido a los más exigentes públicos con su virtuosismo con la flauta de pico. Quisiera entrevistar al hombre gay que ha hecho de su vida lo que ha querido, al joven homosexual mexicano triunfador". Horacio se contagió de mi entusiasmo y aceptó incondicionalmente.

A Horacio Franco se le conoce y reconoce en México y en el mundo, por su excepcional maestría ejecutoria y destreza técnica con la flauta de pico, por su innata exquisitez y sensibilidad como intérprete de música clásica (que va desde el Barroco, lo folklórico y hasta lo contemporáneo); pero mucha gente más -especialmente en el ambiente gay- le conoce como un importante activista gay, que ha apoyado y avalado con su prestigio y probada calidad humana a las mejores causas del movimiento gay en México.

"Difundir tu excelso trabajo como músico mexicano es muy importante y necesario -comenté a Horacio antes de iniciar la espontánea entrevista para Gay México-, pero a mí más bien me gustaría que esta entrevista tratara del Horacio Franco íntimo, del Horacio Franco profundamente emocional...., del hombre gay que reconoce tanto sus fracasos como sus éxitos, porque sabe que de ambos nace el impulso vital que le lleva hasta donde ha llegado y que le proyectará, vertiginosamente, hacia el futuro." 

 


Ciudad de México, Marzo del 2002

 

¿Cómo fue la infancia de Horacio Franco, en qué espacios transcurrió y qué emociones permanecen hoy tan vívidas como entonces?

Mi infancia fue muy solitaria. Como soy el hijo menor de un total de siete hermanos, y entre mí y la hermana que sigue hay una brecha de nueve años, tuve -como te imaginarás- muchas mamás (que fueron mis cuatro hermanas y mi madre). Además tengo dos hermanos que nunca dieron tanto por mí, pues cuando yo nací ellos ya eran adolescentes, casi adultos, y no les importó mucho realmente criar a su hermanito (lo cual se los entiendo y se los agradezco además, pues seguramente hubieran hecho un "buga" de closet). En realidad mi infancia fue sola, fue con muchas privaciones económicas -tengo que decirlo- desde los siete años, y por lo tanto fue como muy mía.....

¿Fue en la Ciudad de México?

Fue aquí en la Ciudad de México. En realidad fue una infancia que tuvo más de encerrarme a mí mismo, de no jugar, de no hacer deportes, de no vivir una infancia "normal" como todos los niños. Fue una infancia en la que tenía que ser el niñito de 10 de calificación siempre, y viví una castración tremenda por el hecho de que mi madre siempre quiso que sus hijos fuéramos los modelos; cuando yo sacaba un nueve de calificación entonces yo era "el burro". Así, en realidad todo se configuraba de tal manera como para que yo fuera un niño tremendamente asocial, y no solamente asocial sino también una lacra social. En 1970, cuando mi padre perdió su trabajo como cantinero, tuvimos que mudarnos a una casa mucho más pequeña y ello implicó más y más privaciones, hasta que mi madre tuvo que salir a trabajar. Fue ahí cuando yo comencé a crearme solo; yo era un niño muy faldero hasta antes de los cinco años, pues necesitaba siempre a mi madre o a mis hermanas para hacer las cosas. Cuando todas ellas tuvieron que salir a trabajar, por fin tuve la fortuna de crecer solo, de tener una infancia muy encerrado en mí mismo. Quería ser egiptólogo, era un niño muy callado, que no jugaba y que tenía miedo de todo y de todos los niños. Estaba ocupado con el intelecto cien por ciento.

¿Cuáles eran tus espacios?

Mi casa y la escuela nada más. Todo lo demás era ajeno a mí. En mi casa tenía todo; por las tardes veía un poco de tele y hacía la tarea; pero nunca salía a jugar. Me dedicaba a leer y a leer, y a los nueve años yo era un miño mamón, terriblemente odioso y  que lo único que tenía en mente era ser egiptólogo. Por supuesto que a los nueve años no te das cuenta del terrible daño que te estás y te están haciendo, cuando mis padres nunca tuvieron oportunidad de sacarme de vacaciones, nunca salí con ellos, nunca conviví con ellos realmente como amigos. El hecho de ser tan precoz en el sentido intelectual, me dio como mucha pauta para después entender muchas cosas de mí mismo; tuve la fortuna -por ejemplo- de nunca entrar en el conflicto con mis papás de no querer hacer la Primera Comunión. No la quise hacer y no la hice nunca. Como ellos estaban evidentemente tan ocupados tratando de ganarse la vida, ganarse el pan, nunca pudieron ya meterse conmigo más en eso. A los diez años, yo era un niño no pretensioso, pero sí muy retraído; nunca conviví con mis compañeros, nunca salí de campamento con ellos y nunca aprendí a nadar.

Los libros, la literatura y la egiptología eran mi mundo. Yo era un apasionado de Egipto, del que sabía mucho, y me leía todos los libros que podía encontrar sobre el tema. A los once años tuve mi primer encuentro con mi homosexualidad. Siempre me gustaron mis compañeritos de escuela y siempre me enamoraba de ellos, y no me cuestionaba tampoco si estaba o no estaba mal. La única cuestión es que como vivía en una sociedad machista en la que se criticaba mucho la imagen del "maricón", y a mí siempre me dijeron "maricón" en la escuela por no querer convivir con los chicos por ser un niño reprimido y retraído, sucede que a mi realmente me tenía sin cuidado, me valía gorro. Así, a los 11 años, tuve mi primer experiencia sexual con un vecino (Jaime Velásquez, que a veces me lo encuentro y está muy cerca de José Antonio Alcaráz, quien estudió teatro y es un tipo muy inteligente), con quien no sólo fue mi primera experiencia sexual, sino sobre todo amorosa porque yo tenía 11 años y él tenía 12 o 13. Fue una experiencia tremendamente fuerte emocionalmente. Yo ya me había enamorado antes de compañeros de la primaria, y al mudarnos de casa a la colonia Portales él era mi vecino. Él era un niño muy bonito y me llamaba mucho la atención, así que eventualmente ambos caímos en las redes mutuas del encanto adolescente y fue fantástico, pues a los 11 años yo ya tenía mi primer experiencia homosexual predominantemente emocional.

Después, habiéndome reconocido como gay y sin tener problemas o prejuicios para aceptarme, vinieron muchas otras experiencias en verdad gozosas, a pesar de haber crecido en una ciudad machista o del hecho de que mis hermanos y mis padres siempre criticaron enormemente a los gays. Mi mamá era la típica señora que no aceptaba a los gays, pero sin embargo tenía muchos amigos gays; era como muchas madres mexicanas que saben que su hijo es gay, pero prefieren finjir no saberlo.

En resumen esa fue mi infancia, una infancia no llena de amargura pero sí la de un niño totalmente retraido, siempre bien aplicado, preocupado por ser el mejor todo el tiempo y por estar a la saga de toda la actividad extraescolar que implicara convivir con niños de mi edad. Me fascinaba convivir con las amigas y los amigos de mis hermanas, que eran mucho más grandes que yo, pues aunque estaban por los 20 años de edad yo me llevaba mucho mejor con ellos que con los compañeros de mi edad, que se me hacían bastante estúpidos. Y claro, eso es evidentemente perjudicial porque después ya no te puedes adaptar a la gente de tu misma edad.

 

¿Qué emociones permanecen de aquella época?

Lo que creo me dejó muy marcado fue el miedo a no tener las cosas en el tiempo en el que las tienes que tener y como tienes que tenerlas. Aprendí a ser muy puntual, no particularmente en el tiempo, sino con el cumplimiento de mis obligaciones con mi persona y para con lo de afuera. Esto me ayudó mucho en mi carrera para exigirme dedicar tiempo al estudio y no caer en la mediocridad. Siempre tuve miedo a caer en la mediocridad, al igual que el miedo hacia las enfermedades; no sé por qué siempre tuve mucho miedo al sufrimiento de las enfermedades, y todavía esas emociones de miedo a las enfermedades es algo que traigo muy recalcitrantemente adentro. Esto es algo que nunca me he detenido a conversar con nadie, sino hasta ahora. Ese miedo a las enfermedades y al sufrimiento sí lo he manifestado eventualmente, pero no lo he exteriorizado como algo que traigo desde niño, como aquel miedo que sentía de ser diferente o de tener una enfermedad (mi papá era diabético y siempre escuchaba comentarios sobre su salud, al igual que la de mi madre, que no era cien por ciento buena y terminó por morir de un derrame cerebral por presión alta).

En fin, tenía miedo a ser diferente de los demás, a no encajar en la sociedad; a veces todavía hoy tengo algunos de esos miedos, pero hoy ya se convirtieron en emociones asimiladas que hasta digo "qué bueno que no encajo en cierto tipo de sociedad, porque realmente no me gustaría encajar". El tipo de sociedad que era dominante y predominante al interior de mi familia y de mi entorno, era la absolutamente machista, la de los cuates que van por su novia y se la llevan al cine, que se van de campamento o son Boy Scouts. Sí, de alguna manera me hizo mucho daño no haber hecho todo esto. A los 14 años yo era una papa (parecía perro de rancho: flaco, flaco, panzón, panzón), nunca había hecho ejercicio y era un inútil para todo: no sabía ni podía nadar, no sabía andar en bicicleta (hasta que me fui a vivir a Holanda, donde tienes que usar la bicicleta a fuerzas), nunca había hecho ningún tipo de ejercicio y, en resumen, era un verdadero inútil para cualquier cosa que exigiera esfuerzo físico. En fin, eso me marcó mucho desde mi infancia y, por eso, ahora pongo mucha voluntad en cuidarme y cuidar mi apariencia.

Cuidar mi apariencia física se convirtió en una realidad muy hedonística, si así lo quieres ver, pero tiene como fundamento el hecho de que a los 17 años, cuando me fui a Holanda, yo tenía un cuerpo espantoso. Era una cosa de dar pena: estaba jorobado, caminaba mal, yo mismo me hacía más feo y tal vez hasta trataba de ridiculizarme a mí mismo; era un chavo muy acomplejado, tremendamente acomplejado.

 

¿Cómo fue tu primer acercamiento a la comunidad gay?

Después de Jaime, cuando yo tenía 11 años, comencé a enamorarme de compañeros de la secundaria; yo sabía perfectamente que me encantaban los hombres, y mis fantasías sexuales en mis masturbaciones eran más que nada imaginándome con mis compañeros de la secundaria o con hombres buenos que veía en revistas. Después, a los 13 años, cuando entré a estudiar al Conservatorio Nacional de Música, aquí en México, ya me iba en el metro solo, en peseras o camiones totalmente solo. Qué bueno que me estás preguntando esto, pues ahora recuerdo que antes de mi experiencia con Jaime, en Sexto de primaria, me gané una beca para estudiar inglés, donde conocí a otro chico que verdaderamente me encantaba: un francés muy guapo de nombre Ives; como ves, desde siempre me sentí enormemente atraído por el sexo masculino. Pero bueno, en las épocas del conservatorio me volví bien metrero: ligaba en el metro, me encantaba escuchar o ver a los gays en el metro y, no sé, me fascinaba la idea de todo aquello. A veces iba a las tardeadas del Bar 9..., pero definitivamente no había nada mejor que el metro.

Yo no tenía ningún novio entonces, hasta recién cumplidos los 14 años de edad, cuando ya había escuchado hablar de la Zona Rosa y de su famosa vida gay, así que me lancé para allá a caminar. Evidentemente, siendo un chavito inmediatamente ligué y conocí a un chavo de 23 años, llamado Jaime también, y nos hicimos amantes. Fue mi amante así como que "Wow!!" y fue mi amor de adolescente; él estaba muy enamorado de mí, tal vez más que yo, y fue quien me enseñó todas las prácticas sexuales que nos son comunes y me enseñó a perderle el miedo a que me gustara hacer todo. No es que no me guste hacer muchas cosas, ¿eh?, pero ya sabes, son como etapas en las que te va gustando a hacer ciertas cosas. Jaime me encantaba. Entonces yo estaba feliz y encantado; duramos juntos poco tiempo y, después, conocí a otros chicos (recuerdo a Javier Quintana, al que conocí en el metro y que después se volvió un conocido diseñador de modas; fue un affair bastante rico, muy bueno).

Así fue todo hasta los 16 años, cuando que le dije a mi madre que era gay. Como todas las mamás que lo saben pero no quieren saberlo, la mía se dio literalmente de topes contra los postes y me mando al psiquiatra, a lo que yo no podía negarme porque era menor de edad. Yo sabía perfectamente lo que yo quería y nunca sufrí ni me dí golpes por ser diferente a los demás -me valía gorro; entonces dije "esta señora está mal", se lo demostré al psiquiatra y se lo demostré al psicólogo. Como mi mamá era muy manipuladora con ambos doctores, y ellos no eran tampoco muy buenos, le dijeron que ella tenía la razón pero que no se preocupara, que yo podía cambiar. A mí me dijeron también que yo tenía la razón, y a mi madre que "vamos a hacer la prueba ahora que su hijo ya se va a ir a estudiar al extranjero".

 

 

Es típico, ¿no?, que los padres se asumen como culpables y para tratarse de librar de su culpa, te mandan a psicólogo, a la dianética o al consejero espiritual.

Sí, desde luego. En lo personal, no tuve ninguna objeción de que me mandaran al psiquiatra o al psicólogo, porque además les recomendaron a mis padres una terapia de familia, que siguieron no muy bien. Como yo ya me iba a largar a Holanda dije "adiós a estas gentes", de verdad.

No es que haya dejado de quererles; mis padres murieron hace muchos años. Les recuerdo bien pero con algo de nostalgia, con cierta lástima porque no supieron ser mis amigos. Nunca supieron en realidad que ser gay no es nada malo, que es otra forma de vida y que no es ningún pecado o enfermedad. Eran impresionantemente ignorantes. Mi madre murió hace 12 años, cuando tenía 66, y mi padre hace diez a los 70. Cuando se te van tus padres, muere con ellos una parte muy íntima de tí mismo, es algo muy intenso y doloroso, pero a fin de cuentas no me arrepiento de nada de nuestra relación porque en esencia todo estaba bien. Los quise mucho y les agradezco que me hayan dado la oportunidad de estudiar lo que quise; sobre todo, que no se hayan metido en mi vida cuando dije que quería estudiar música, pues eran tan ignorantes que pensaban que estudiar música era sinónimo de depravación, la degradación, la bohemia y los borrachos en las cantinas. Mi padre siendo cantinero sabía perfectamente que había músicos alcóholicos, por lo que pudo haber querido no dejarme estudiar esto.

Como siempre hice lo que quise. Al ser el más chico de los hijos fui también el más consentido, y siempre tuve la idea firme de seguir el camino que yo eligiera y tomar los vehículos inmediatos para hacerlo. Uno, me metí al Conservatorio Nacional de Música; dos, no hice la Prepa; tres, hice los diez años de todas las materias teóricas en tres, pues me quería largar de México. Todo lo que fui de rápido para aprender de niño y en el Conservatorio, me sirvió para que a los 17 años pudiera decir "chinguen a su .... ¡y vámonos!". A esa edad me fui de México, pues ya me había recibido en el Conservatorio. Como para la Flauta de Pico no había una carrera en el Conservatorio, yo la fundé, me "titulé", di clases un año y entonces me fui. Ya en Holanda, evidentemente, mi vida cambió. Estaba yo muy joven y de repente se me abrió un mundo lleno de cosas buenas, de cosas tan positivas como las que te puede brindar un país como Holanda. Allá hice lo que quise, tuve muchos encuentros gays, fui a todos los antros diariamente pero sin descuidar mis obligaciones escolares, que era lo primero. Unos meses después de mi llegada, conocí a un chico holandés de mi edad con el que anduve seis años. Me lo traje a México a mi regreso, luego tronamos aquí; mi madre lo adoraba -por cierto-, lo quería muchísimo, aunque yo le tuve que lavar el cerebro porque ella tenía la esperanza de que Diós le iba a conceder la alegría de verme regresar totalmente cambiado de mi viaje, de que esto se me iba a quitar. Pobrecita, eso era lo que esperaba..., I don´t have any regret !!  Le hice creer que los papás de mi ex-pareja eran como mis padres en Holanda y que me habían ayudado mucho allá (y no tanto, pues más bien fui yo quien los ayudó con muchas broncas que tenían).

Así, a mis 20 años de edad regresé a México. El temblor de 1985 lo único que tuvo de bueno, fue que hizo que mi familia se fuera a vivir a Querétaro. Con ellos en Querétaro, yo fui chino libre; ya no tenía ningún obstáculo, tenía mi propia casa, mis propias responsabilidades y era dueño de mi vida. Como buena madre castrante mexicana, la mía se preocupaba de quién me iba a lavar, quién me plancharía, quién me iba a hacer de comer..., y me repetía "tú no vas a poder hacerlo solo". Eso nos lo inculcó a todos sus hijos, y mis seis hermanos -sobre todo la que vive en Los Ángeles- tienen esas broncas de depender enormemente a ese tipo de vida, de roles. En síntesis, mi acercamiento al mundo gay fue muy natural y -sobre todo- muy rico, debo decirlo. Estaba feliz de ser gay y nunca me planteé otra opción.

Sabemos de tu probado talento musical y destreza técnica con la Flauta de Pico, lo que te ha abierto muchas puertas en México y en el mundo entero. Horacio, ¿en alguna ocasión has visto que se te cierre alguna puerta debido a tu emoción sexual?

Nunca. Nunca, nunca. Ni en los círculos más elitistas o conservadores me ha pasado. Recuerdo que hace más de dos años toqué en un concierto en Londres, en la iglesia de Saint Martin in the Fields, y como el solista era mexicano, el embajador Santiago Oñate invitó a muchísima gente de la Cámara de los Lores. Y yo, ¡vestido con  un pantalón de cuero y una camisa transparente!  Eso fue un shock cuando aparecí en el escenario: la gente se quedó totalmente callada. Toqué y luego se acercaron las Ladies para felicitarme: "Oh!, it has been the most beautiful thing I have ever heard in my life !!!" ¡Bien lindos!, después nos fuimos a una recepción en la casa del Embajador realmente fantástica.

Mira, yo soy un artista honesto (no me voy a poner como un artista bueno o talentoso, pues eso lo dirá el público, ¿no?), y como tal nunca he dicho una mentira en el escenario. Una de las cosas que más odio hacer en la vida, es mentir. Detesto decir lo que no es verdad, y cuando estoy tocando yo siento que soy muy genuino, muy auténtico y no voy a ser otro. Nunca me voy a poner una corbata de moño para aparentar que soy un músico clásico, serio o formal. Eso es lo que mucha gente aún no puede asimilar de sí misma. Ya sea que te dediques a la actuación, a la pintura, a la escultura o a la música, el ser tú mismo es lo que te permitirá liberar todas las emociones que traes adentro. Siendo honesto y genuino, vas a triunfar en la vida, seas el taxista más taxista, el taquero más taquero...  Ello te abrirá el camino al éxito (no ese éxito material que es lo más estúpido en que podemos pensar cuando tenemos pasión por lo que hacemos), te llevará a la felicidad, a que todo el mundo te quiera bien por quien eres y no porque eres gay o por quien te gusta para acostarte, o por qué preferencia sexual tienes o porque seas rico o pobre.

 

Toda la sociedad judéo-cristiana-musulmana ha creado estereotipos muy fuertes de clases sociales, de clases intelectuales o de patrones de conducta que, si no los sigues, ya te jodiste como individuo al interior de la sociedad. A mí no me ha tocado eso; yo no creo que esos patrones sean -a fin de cuentas- negativos para tu desarrollo profesional, siempre y cuando no dependas tampoco de alguien homófobo o contrario a tus ideas. O sea, si a la gente no le gusto cómo me visto, entonces que no vayan a los conciertos, que sólo compren mis discos y así no tengan que verme. O a final de cuentas, si tampoco les gusta cómo toco, que no compren los discos ni vayan a los conciertos. Yo siento que como soy genuino en ese sentido, como yo no soy nada hipócrita, la gente nunca me ha negado la entrada a ningún lugar. Aunque hay que decir que siempre me he movido en un ambiente democrático, a fin de cuentas; el sistema cultural mexicano es uno que presume mucho de ser democrático, abierto y tolerante. La gente que está adentro de este sistema institucional efectivamente es democrática, pues además muchos son gays y no pueden discriminar abiertamente a otros gays. Tienen que albergar en la sociedad a los artistas, a los intelectuales y a las gentes valiosas, y a los no intelectuales y a los no artistas que hacen su esfuerzo.

Yo creo que está funcionando la democracia en México, y en el mundo, bueno, nunca he ido a tocar a Afganistán. Ni iría a tocar jamás, lo cual me tiene sin cuidado, si los afganos aceptan o no que soy gay, a mi me dan conciertos. Digo, he ido a tocar a Israel, he ido a tocar a Italia, a Vanenzuela, a Canadá, a Estados Unidos, a España, a Portugal, a Francia, a Suecia, a Dinamarca, a Holanda, a Bélgica, a Alemania muchísimas veces, a Japón, y nunca ha habido ningún problema. Nunca me han dicho "no te vistas así", o "eres gay, quítate el arete", y el día que me lo digan simplemente no toco, porque ese no soy yo.

 

¿Y cómo ve HF desde su intimidad al HF público, como personaje público?

Me veo como una gente que hace música y que es reconocido públicamente, y que tendría mucho más que dar en ambos lados de estos dos rubros, es decir, a la sociedad mexicana y a la sociedad en el mundo. Educar por una parte a la gente a acecarse a la música de concierto, sin prejuicios y sin miedos. Educar a la gente que nunca ha escuchado la música clásica. Hacer trabajo de proselitismo con ayuda de los medios también...., pero los medios no ayudan, excepto Canal 11 y Canal 22 que son los mismos de siempre, o Canal 40; pero los medios masivos de comunicación son un a verdadera calamidad en ese sentido, culturalmente hablando, porque parece ser que no les conviene que el público vea más allá, otras opciones diferentes a Big Brother y de estas coas que les venden. Lo cual no estoy en desacuerdo; qué bueno que hagan un Big Brother, qué bueno que haya un show de Cristina, pero que muestren a la gente que siente que está haciendo cultura, aunque fuera en un flashaso de un minuto o dos, no importa, pero que lo sepan. Que las comunidades que están remotas de la Ciudad de México, que no tienen acceso a TV por cable, a Canal 22 o incluso Canal 11, que vean dentro de su progtamación de Big Brother un inserto no de Horacio Franco, sino -qué sé yo- de la pintura de Francisco Toledo y su pintura, o de Benito Cano, si quieres. No tiene que ser nada pesado ni atiburrado de intelectualidad ni pedantería, ni tiene que ser una poesía que no entiendan, no; puede ser algo muy lindo: poesía que entiendan, pintura que la vean y se enamoren, un flashaso de una sonata de Mozart, una cantanta de Bach, un pedacito de dos minutos..., ¡¿qué les cuesta?, es que no entiendo qué les cuesta! No propugno por una televisión culta ni por un México socialista. Eso no existe; pero la gente no sabe que hay otras opciones.

Por una parte, esa es mi figura pública; como un poco el hecho de cambiar la imagen también de la música clásica. Mis colegas también la han regado mucho, pues han hecho de la música clásica un artículo para la gente que "conoce" o que "sabe".  Eso a mí me pudre el hígado, pues las deferencias más bonitas que he tenido en la vida ha sido con indígenas de Oaxaca o de Chiapas, que no saben nada de esto, que apenas hablan español y que son sensibles y valoran lo que haces. ¿Qué importa que no sepan quién fue Bach?, eso no importa. El mensaje les llega porque son mensajes universales, maravillosos, divinos. Es como ese precioso cuadro de desnudo masculino que tienes sobre la pared; le llega a la gente porque está muy bien pintado, está muy bien delimitado. Está muy bien el concepto, así que a la gente que es sensible le llega. ¿Qué importa si es una sirvienta que no sabe ni hablar ni español?, ¿qué importa que no sepa que es una pintura al óleo o al pastel?, ¿qué importa? Lo importante es que la gente vea un mensaje artístico, intelectual o como quieran llamarlo, y que lo sientan. Y estas gentes de los medios están empeñadas en no hacerlo, en demostrar que la vida es absoultamente vanal y estúpida.

Como figura pública gay me interesa mucho también dar otra cara del mundo homosexual en nuestro país y en el mundo, pues vivimos en una sociedad que ha satanizado y que ha mal entendido lo que quiere decir ser homosexual. Hay tantos tipos de homosexuales como tipos de heterosexuales hay, pero no se han dado cuenta de que lo han estereotipado de una forma muy soez y muy grosera, y yo quiero romper a como dé lugar con esa imagen. ¿Qué si estoy de acuerdo con que existan vestidas?, ¡claro que estoy de acuerdo!, ¿que si con los encuerados que van a la marcha?, ¡yo también me podría encuerar en la marcha!, ¡me encantaría!, pues soy muy exhibicionista. Pero estoy propugnando porque se sepa, se promulgue o porque se difunda la imagen de que los gays no somos todos afeminados, ni somos todos vestidas, promiscuos o sidosos. Esa imagen del gay afeminado le ha dado al traste a muchas cosas y, claro, como le hacemos mucho caso a lo que la prensa dice,  y la prensa es muy ignorante, a final de cuentas es esa la imagen que Doña Vicenta, Doña Chona, Doña Tecla y Doña Rosario y Lupita se llevan a su casa y cuando les dicen sus hijos que son gays, y sobre todo cuando son mujeres ignorantes como pueden ser ellas, pues se infartan. Cuando son mujeres sensibles, aunque sean ignorantes, lo comprenden y lo entienden, y cuando es gente manipulada por la iglesia y sus creencias religiosas, manipulada por sus maridos machos... o bisexuales...., es gente que nunca lo va a aceptar. Yo quiero propugnar porque esto se entienda y se hable abiertamente; quiero propugnar porque muchas figuras públicas que llevan una vida gay dentro del closet, llámense como se llamen, sean presentadores de noticias de TV Azteca o reconocidos intelectuales, políticos, líderes religiosos o militares,  se atrevan a decirlo, y que no les cueste tanto trabajo decirlo,  gente como, Ricky Martin, Varástegui, de las que se sabe que son gays, no les va a costar más que mayor respeto. Pero ellos se tienen que dar a respetar con esa imagen; yo me he dado a respetar con mi imagen artística porque a fin de cuentas no voy y agredo a nadie ni obligo a nadie a tener relaciones sexuales conmigo, ni le hecho los canes a cuanto periodista se me acerca.

Finalmente les gusta lo que hago, y eso es lo que quiero aporvechar como figura pública: tratar de que la sociedad entienda un poquito más allá de las telenovelas, de Televisa o de TV Azteca, que sepa que hay una imagen homosexual distinta al "Diseñador de Ambos Sexos" (el papel que hace César Bono en ésta serie  se me hace aberrante; yo como actor me avergonzaría de haber aceptado un trabajo así).

 

¿Crees que en México, el hecho de ser gay es sinónimo de permanecer marginado en ciertos ghetos?

Preocuparse por el "qué dirán" le ha costado a muchos gays sacrificar su vida emocional, sexual, de satisfacciones, psicológica o de salud mental. Muchos de ellos que son sacerdotes y no quieren reconocer que son homosexuales: otros que son padres de familia y que le ponen el cuerno a la señora con chicos (lo que en ciertas sociedades a veces parece estar totalmente aceptado, que el marido tenga su amante, pero siempre y cuando aparentes ser buga todo estará bien); otros son militares, o políticos, o los tevesaztecos, los alatorres o los Monsiváis....  A fin de cuentas, si ellos mismos no se atreven a ser auténticos, sólo serán capaces de generar su propia mentira, de proyectarla. Sólo están defendiendo su hueso, pero no están defendiendo en realidad por lo que propugnas.

Con Sasha Soköl, por ejemplo, me da mucha risa que en el evento del 14 de febrero, de Sociedades de Convivencia, fue casi la protagonista principal, llegó tarde, fue el centro de atención de todo el numerito y finalmente salió en el TV Novelas: "Sasha apoyó". Salimos Arturo -mi pareja- y yo en el TV Novelas, y no es que yo sea una figura pública muy conocida, pero me dio mucho gusto que ahí no dijera que era yo. Los periodistas son a veces tan ignorantes, que lo principal en esta nota fue que Sasha hubiera ido al evento y no la esencia misma del mismo. Sasha no sólo "apoyó", sino que fue muy valiente a testificar y a decir "yo también soy gay". Pero los periodistas no lo toman en cuenta, y algunos pueden ser tan ignorantes que a las sociedades de convivencia les llaman "matrimonios gays".

Revaloremos todo esto. Estas apariencias de la sociedad y esa manipulación de la prensa, son terribles; ¿para qué le tienen que ir a preguntar qué piensa a Norberto Rivera o a Sandoval Íñiguez, si nos queremos unir o no como parejas. Si a nosotros nunca nos preguntan qué opinamos de Serrano Limón o de la iglesia católica, entonces que dejen en paz a la gente y no busquen la confrontación entre entidades que son inconfrontables, que no tienen por qué confrontarse. Es como confrontar a la Iglesia con el Estado. Se puede hacer y hay muchas razones para hacerlo, pero no hay que buscarlo si no hay una razón específica. La prensa manipula mucho en ese sentido, sobre todo la que no es cultural y sólo quiere el escándalo. Esos se ha encargado de hacer pensar a la gente que todo es como lo presentan en la "gran familia mexicana", lo que es totalmente falso. Hay mucha gente mexicana, de clase baja, que acepta perfectamente la homosexualidad, que aunque sea gente muy ignorante es gente muy sensible, con más sentido común e inteligencia para aceptarlo. Igual los amigos que dicen "yo no digo que soy gay, porque mis papás me desheredan"; bueno, yo siempre digo, ¿no es peor desheredarte tu mismo y a tu vida, a que te deshereden tus padres y te quiten sólo lo material?  Lo material va y viene, pero tu alegría, tu felicidad y tu vida espiritual, solo o con tu pareja, cuando eres tú mismo, eso no te lo da nadie.

Nos ha faltado creatividad, imaginación, verdad y -sobre todo- honestidad.

 

¿Cómo percibes la lucha de las organizaciones GLBT mexicanas, para ganar espacios de participación a lo largo de estas décadas?

Creo que se ha dado poco a poco, pero también ahí hay como que intereses muy diferentes, sobre todo susceptibilidades que a veces se sienten heridas. ¿Por qué?, bueno, los gays somos diversos. Somos una comunidad con una gran diversidad interna, entonces sucede que por lo que propugna Tito Vasconcelos no es lo mismo por lo que propugna Covarrubias, o por lo que propugna la gente de Ser Gay, o por lo que propugno yo o incluso Monsiváis. Por eso, no tenemos que estar unidos pero sí nos serviría mucho. Esa lucha ha estado hasta cierto punto deteriorada, fragmentada, pues ha habido mucha segregación al interior de la comunidad. A final de cuentas, cuando no estás unido como pueblo o como sociedad, evidentemente te comen el mandado.

Yo creo que falta unión en este sentido. Se han alcanzado cosas extraordinarias, como la iniciativa de  Sociedades de Convivencia, que aún no está reconocida jurídicamente. Todavía no hay derechos, evidentemente, pero ya hay reconocimiento social (a menos que te encuentres a una gente muy traumada, deshonesta y estúpida, que mantenga la burla). Ya en realidad hoy no es tan escandaloso ser gay, creo yo. Yo no culpo tanto a la ignorancia,  como al sentido común. La gente ya vio un evento como el del 14 de febrero en la Alameda Central, pero vio poco. Desgraciadamente vamos a lo mismo, los que más y mejor informaron fueron los medios que menos gente lee o ve; la televisión comercial, que tiene la sartén por el mango, no quiere que la gente evolucione, siento que así es. ¿O será quizás que ellos no están evolucionando, y que son tan primitivos que lo único que les interesa es el dinero y no una sociedad más madura. No quiero pensar mal, pero a veces no sé.

Se me hace que esto de las marchas, las luchas y todo esto, va por buen camino sólo que han dejado ver que hay mucha gente con muy diferentes intereses y puntos de vista. Es algo muy sano dentro de la democracia, muy válido, pero creo que sí tenemos que unirnos más para hacer que esto marche.

 

¿Cuáles son los siguientes pasos de Horacio Franco en el plano profesional?

Tengo un proyecto muy padre de educación con la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Voy a dirigirlos y voy a dar conciertos para escuelas, lo cual me interesa mucho porque he dado conciertos en muchas escuelas en EEUU, en Canadá, en Inglaterra, en Israel y en Brasil, pero aquí en México nunca. Eso me da mucho gusto; yo doy clases en el Conservatorio, soy maestro en el Conservatorio. Fíjate cómo es la gente que tiene sentido común, que tiene sensibilidad y que es linda; al día siguiente del evento de Sociedades de Convivencia del año pasado, que fue en Bellas Artes, cuando llegué al Conservatorio muy quitado de la pena, la los polis que me vieron en la tele se me acercaron a darme la mano y a felicitarme por mi "matrimonio". No tiene nada que ver el nivel social ni nada, sólo  el sentido común y la sensibilidad.

Este año, como siempre, voy a tener muchos viajes. Iré a Europa dos veces, regresaré probablemente a Uruguay u Chile todavía está en veremos. Tres meses en Europa, donde voy a tocar como solista de muy buenas orquestas de allá: la de Burnigham, la de la Comunidad Europea, la de la Radio Polaca (que es una extraordinaria orquesta), voy a tocar en Italia en otro recital y, en fin, tengo muchos planes y muy buenos. Sobre todo, el 25 de abril habrá un concierto donde va a estar la señora Fox, que fundó esta asociación Va por México; como recibió tantas críticas por haber invitado a Elton John y haber cobrado tan caro el boleto, ahora invita a un nuevo artista que no les cobre tanto y que sea más prángana, que soy yo. Me da mucho gusto. Yo sólo pedí mucha difusión.

 

¿Quieres decir algo más?

No, sólo que soy muy feliz de ser gay y que estoy en un momento de mi vida en el que puedo dar mucho, pues tengo mucha energía para hacer ya planes a más largo plazo y escala, y porque trato de ser lo más sano y honesto posible. Soy una gente que va al gimnasio de manera muy disciplinada, y este físico que ves ahora en las fotos que tomaste realmente me costó mucho trabajo. Yo no fui una gente que hizo mucho ejercicio nunca, así que transformé mi mente y transformé mi cuerpo, y eso me costó mucho trabajo. Y toda la gente lo puede hacer, no es cierto que alguien no lo pueda hacer. Cuando quieres, tienes voluntad y tienes ganas de que las cosas salgan, efectivamente salen bien.

Una de las cosas con las que más estoy de acuerdo, es con la idea de que ser congruente contigo mismo, con lo que piensas, lo que dices y lo que haces, es lo que te da la felicidad. Yo te digo que no tomo una gota de alcohol, y no tomo una gota de alcohol jamás, nunca. Los 365 días del año guardo mi dieta, y mi pareja, Arturo (que es un encanto y un amor) es testigo de ello. En realidad también vivo muy feliz porque tengo a la pareja que siempre soñé tener; él es mi mejor amigo y no tenemos ningún problema de comunicación, y es la persona más comprensiva y noble que he conocido. Vivimos muy enamorados y unidos, pues además él es mi manager y viajamos juntos; pero nunca nos castramos con celos y esas cosas. Primero somos los mejores amigos, y yo creo que todo mundo debería ser el mejor amigo de su pareja.

 

Ciudad de México, Marzo del 2002