Heterosexuales, gays y lesbianas

 

Publicado por Milenio Semanal / 4 de enero de 2004

 

 

La Ley de Sociedades de Convivencia significa una vía para lograr una sociedad sana y libre. En septiembre los perredistas prometieron su aprobación; ahora, René Bejarano, jefe de la bancada de este partido en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, decidió posponer su votación. La población que lo apoyó se siente defraudada ante la nueva tendencia conservadora del partido del sol azteca.

 

Con el argumento de que se necesitan más consultas y consensos, el PRD en la Asamblea Legislativa, dirigido por René Bejarano, decidió posponer la votación del dictamen de la iniciativa de ley de Sociedades de Convivencia. La ley podría votarse el próximo periodo ordinario de sesiones (que va del 15 de marzo al 30 de abril), pero también podría quedarse en la congeladora.

El 5 de diciembre las comisiones unidas de Derechos Humanos y de Estudios Legislativos y Prácticas Parlamentarias aprobaron esta iniciativa en lo general; sin embargo, dos días después, el jefe del gobierno capitalino propuso la realización de una consulta popular al respecto. Esto, que está vedado por diversos instrumentos jurídicos internacionales cuando se trata de derechos humanos, contradijo el compromiso de aprobar la ley durante 2003, promesa hecha públicamente por los perredistas el 9 de septiembre.

Así, afloraron sospechas de que, buscando apoyo a su candidatura presidencial en 2006, Andrés Manuel López Obrador tenía tratos “en lo oscurito” con las jerarquías católica y evangélica; y explotaron diferencias al interior de la fracción perredista... mientras el PRI (minoritario en la ALDF) tomó la delantera, presentándose como el más consecuente defensor del Estado laico.

Si bien no es su única función, la ley de Sociedades de Convivencia otorga reconocimiento legal a las parejas del mismo género. Algo común en los países del llamado “primer mundo”; en América Latina, sólo la ciudad de Buenos Aires tiene una ley similar. Sin embargo, han sido presentadas iniciativas en ese mismo sentido en Colombia, Brasil, Chile y Perú.

 

Reacciones a la posposición

“Este asunto está muy politizado y pareciera que fuera un botín. Si estamos esperando a que las iglesias católica y evangélica den el sí, mejor nos ponemos a llorar en la banqueta. A la Iglesia hay que darle lo que es de la Iglesia, y en los asuntos que no le competen, no tiene por qué opinar ni debería tener ninguna injerencia; pero se le ha dado un poder exagerado. Me siento como menor de edad: ¡a los 54 años tengo que esperar a que alguien decida por mí con quién voy a vivir, a quién le voy a heredar y cómo va a ser mi vida privada! Pero bueno, esperemos a marzo: esto no se termina sino hasta que se termina. La lucha seguirá.” dijo Rosa María Ortiz, promotora de la Organización de Madres Lesbianas.

“A mí se me hace una jugada política muy sucia. Si Bejarano y López Obrador tienden a derechizar la izquierda con opiniones clericales y no mantienen una congruencia entre lo que dicen con lo que piensan, entonces son pusilánimes. Lo que nos queda es tener cierta paciencia y organizarnos como sociedad civil, para que los partidos y la gente que está legislándonos tenga el sentido común de votar esta ley que en Argentina ya se aprobó, y en la mayoría del mundo civilizado.” Horacio Franco, flautista y director de orquesta.

“A mí me da tristeza que se antepongan los intereses de partido y personales sobre los intereses del pueblo. Lo que nos corresponde es seguir trabajando como pareja, seguir educando, presentándonos tal cual somos para que, aunque no progrese esta ley, por lo menos se dé el reconocimiento social, que deje de ser un estigma.” Arturo Plancarte, arquitecto y manejador artístico.

“Me entristece un poco que sigan sin tocarse temas tan obvios. Es increíble que dos personas no puedan hacer libremente los tratos que quieran respecto a sus posesiones. Los políticos no quieren, no porque les vaya a afectar su imagen pública, sino porque ellos mismo dudan: se tocan las ideas fundamentales respecto a lo que es correcto o incorrecto. Me gustaría que muchos políticos declararan abiertamente (porque hay muchísimos y muchísmas) ‘yo soy gay y tengo derechos’. En este país no hay ningún partido eminentemente coherente, reflexivo e inteligente. No se pueden poner a discusión los derechos humanos.” David Lascari, videoasta y escritor.

“Yo creo que no va a pasar la iniciativa. Si no era en este periodo... mientras más cerca estén las elecciones menos la van a discutir. Es una lástima que el PRD no sea congruente, éticamente, con sus principios, con su plataforma y con aquello por lo que mucha gente votó, pensando que defendía las libertades de todas las personas en todos sentidos. Hay una valoración del costo político que puede tener la aprobación de la iniciativa; pero no la tienen de su no aprobación: en una ciudad tan diversa, tolerante y progresista esto tendrá un costo también.” Orfe Castillo, vigilante civil de los procesos parlamentarios.

 

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Horacio y Arturo, en la lista de espera

Una tarde, Arturo estaba sentadito en las gradas del foro de Plaza Loreto cuando pasó Horacio. Se vieron y se gustaron; pero como Horacio tenía una comida con sus amigos y se tenía que ir, nomás le dio el teléfono y le dijo “llámame”. Al otro día, Arturo lo llamó y le dejó un recado en la contestadora; pero no dejó su número. Días después se volvieron a encontrar, ahora en una disco; bailaron juntos y luego cada quien se fue para su casa. Y la siguiente semana, un domingo, se toparon casualmente de nuevo. En ese entonces no querían realmente una relación amorosa, pero desde el primer día en que durmieron juntos, “nunca más nos volvimos a separar”.

El flautista y director de renombre internacional y el arquitecto que ahora es su representante, platican de sus cosas como formando una trenza: uno continúa completando o contrapunteando lo que dice el otro. Así, durante la charla en su sala decorada en blanco y amarillo, hablan de sus finanzas: tienen cuentas mancomunadas y los cheques deben ser firmados por ambos. La casa donde viven está a nombre de uno; el departamento que rentan, a nombre del otro. Comparten las amistades, y ahora que estuvieron de vacaciones anduvieron visitando a unos y a otros. Cuentan que les gusta mucho cocinar y comer juntos, pero también salen a veces a comer a la Condesa o a Portales, en cuyo caso el menú serán tacos de suadero, la comida preferida de uno de ellos. La del otro, según uno, es “pollo cocido seco”; “pechuga de pollo hervida”, según el otro.

A petición, profundizan en cómo le hacen para manejar su relación sentimental al lado de la laboral, que ha sido el ámbito de las tres fuertes discusiones que han tenido desde que están juntos. Como representante de Horacio, y dada su experiencia administrativa (entre otras cosas, fue auditor de la norma internacional ISO 9000), Arturo maneja todo lo relacionado con números: dinero, fechas, horarios... mientras el artista se dedica a lo suyo. Y los límites los tiene bien puestos: se niega a pedirle cosas de trabajo en diminutivo a su amorcito y mantiene —de diez a seis— un horario de oficina estricto. Asegura Horacio que no pueden vivir en conflicto, “no porque no tengamos, sino que simplemente los solucionamos”; y Arturo habla del equilibrio de lo bueno y lo malo: “está bien que nos enojemos también”.

Modelo a seguir para muchas parejas de hombres, explican cómo harán para que su relación dure “toda la vida”, según Horacio; “hasta la muerte”, en palabras de Arturo. “Yo quiero envejecer con él, y estamos dispuestos a luchar por ello”, dice Horacio; y continúa Arturo: “y todos los días alimentamos ese deseo”... y detalla Horacio: “renovar la relación es fundamental, que él esté atractivo para mí y que yo sea atractivo para él”. Quizá eso explica por qué van al gimnasio juntos, aunque Arturo lo haga “por salud y por mercadotecnia”, y a Horacio le haya gustado entrenar fuerte por muchos años, como revelan bíceps, piernas y glúteos bajo la licra a rayas.

“Tenemos un proyecto de vida juntos”, explica Arturo: ahorita se trata de fortalecer la carrera de Horacio, que ha tocado con algunas de las mejores orquestas del mundo, desde música medieval hasta danzón, y que también está creciendo como director. Pero él no deja de actualizarse en temas de arquitectura: quizá ponga “una tienda de muebles, o nos dediquemos a los bienes raíces”, dice. Su madre, prestigiosa geriatra, le enseñó a prever, así que además de hacer ejercicio y llevar una alimentación bien calculada, también están ahorrando para su retiro. Como viajan mucho, no piensan tener mascotas ni, mucho menos, hijos: “porque a un hijo yo sí lo querría mucho”, declara Horacio.

Mucha gente, incluso homosexuales, piensan que los gays no pueden tener parejas estables, y que nomás se la pasan en encuentros de sexo casual. ¿Cómo hacen dos varones profesionalmente exitosos, divertidos, sensibles, inteligentes y guapísimos, para manejar esto? Convencidos de que la monogamia no es 100 por ciento natural en los seres humanos, han llegado a un acuerdo que, básicamente, implica nunca mentir. “Nunca estamos exentos de que otra persona te guste, pero de ahí a que lo lleves a una relación emocional, o a una relación a escondidas, o a una doble vida...”, deslinda Horacio. Y su pareja complementa: “también no mentimos cuando decimos que somos pareja a los cuatro vientos: es la base de nuestra relación”.

Cuenta Arturo que cuando ya empezaron a andar juntos, a Horacio le dieron unos ataques de “es que te amo mucho, es que eres todo para mí...” y entonces le dijo “a ver, pérate; mira, en los 15 días que llevamos de conocernos yo no te creo que estés enamorado de mí; tienes que vivir más tiempo, conocerte más para que puedas decir ‘lo amo’; entiendo que me digas te deseo, me encantas, te empiezo a querer... pero yo, más bien, esas palabras las veo como que tú quieres reafirmar que estás conmigo para que no me vaya y —le dije— si es por eso, no te preocupes”. Tras dos relaciones (de seis y ocho años) destruidas por los celos, Horacio dice haber aprendido de Arturo que estos son realmente un mal innecesario: “dije, de este chavo sí puedo ser amigo, antes que nada, sin ocultar nada, sin tener rollos, cada quien por su lado y sin desarrollar rencores”.

Aparte de que otorga prerrogativas como poder visitar en el hospital a la pareja del mismo género, o llenar una sola forma de aduana (como familia), cuando salen de viaje, en cuanto se apruebe la iniciativa de ley de Sociedades de Convivencia este par será el primero en registrarse, por el compromiso social que tienen “de luchar por nuestros derechos”, como dice Horacio, y completa Arturo: “si la gente nos da el honor de tomarnos como un ejemplo a seguir, hay que seguir dando pasos”. Son dos hombres que aseguran ser amigos, seguir enamorados y amarse cada vez más, en una relación que lleva, hasta hoy, “cuatro años, tres meses y siete días”.
 

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Orfe y David, reencuentro en la red

Orfe y David se conocieron hace casi 13 años, y prácticamente desde entonces han estado juntos. Ahora también tienen un hijo, que está aprendiendo a hablar, sonríe y baila mucho, y cuya crianza corre a cargo —felizmente, para todos— del papá. Ella se dedica a la política; él es videoasta. Su historia de amor llegó a un punto muerto cuando cumplieron 11 años como pareja y decidieron separarse. Pero se reencontraron y se volvieron a enamorar, usando otros nombres, en una sala de chat.

Según la reconstrucción de los hechos que él hace, y ella no desmiente, cuando se separaron fue paradójicamente “la época que más nos hemos visto en la vida”: de noche pasaban horas conversando en el chat; de día —como siguieron siendo amigos— él escuchaba de ella lo que él mismo le había escrito, arrobado... y ella le había respondido, enganchada también: sobre política, filosofía, ética, erotismo...

Según David, todo fue muy inocente: una noche, muy triste y deprimido, él se metió a donde sabía que ella chateaba. “Me sorprendió”, dice: después de once años de convivencia “se presenta de otra manera, como si fuera otra persona que me caía bien y que me gustaba”. Usó como pseudónimo el que ahora es el nombre de su hijo, pero “no pensé siquiera que me hablara”, asegura. Ella, que sólo quería “conocer gente interesante”, le respondió... y con los días empezó a querer hacer cualquier cosa para verlo “por lo menos una vez”. Y entonces él reconoció que tendría que decírselo...

Tras dos meses de relación virtual, quedaron en verse en una playa de Oaxaca. Y ahí, al lado del mar, en medio de la nada, se toparon. “Yo realmente esperaba a otra persona”, dice Orfe, “y cuando lo vi pensé que me había seguido, que iba a boicotearme... cuando me dijo, no le creí”. “Estuvimos tres días juntos, pero no me hablaba”, cuenta David. “Me deprimí, me sentí engañada, usada, traicionada”, acepta Orfe. Los dos coinciden: en un momento dado ella encontró una salida: le dijo a él “tengo hambre; vamos a comer”.

Finalmente, renovado el enamoramiento y puestas en la balanza todas las cosas, volvieron. Y decidieron tener un hijo, que ahora es el centro de su vida, desde que despierta hasta que se duerme, e incluso durante las horas oníricas.

David es quien prepara y sirve el desayuno para los tres mientras se bañan, y luego se dirigen al metro para que Orfe se vaya a su oficina o a la Cámara de Diputados. Luego de un rato, el papá regresa a casa para que el hijo se duerma, y entonces le habla a la mamá para contarle. Por las noches, se pone a hacer su propio trabajo: escribe otro fragmento de su novela, se pone a editar un video... Como a las dos horas y media el bebé despierta; entonces David le habla a Orfe para contarle, de nuevo. En la tarde, los dos van a ver a la mamá, y si ella tiene más trabajo, la esperan un par de horas por ahí. Regresan todos juntos a casa, juegan, platican, comen la cena que prepara el papá, y luego ven las noticias, y –los viernes— su serie de televisión preferida.

Que ella se haga cargo de la manutención de la familia, y él de la crianza del bebé, es parte de los acuerdos de esta pareja que Orfe refrendaría sin duda y hasta recomendaría. A David no le hace ruido jugar un papel que tradicionalmente se asigna al género opuesto; es más, asegura sin ninguna vergüenza, amamantaría a su bebé, si pudiera. Quizá porque a él le resultó muy dura su propia infancia, toda su vida ha estado fascinado por cómo hacerle para que un niño la pase bien: “es lo más difícil que he hecho en la vida”, admite.

Pero propios y extraños reconocen que está haciendo un buen trabajo: “es un niño muy feliz”, dice su madre. Claro, también tienen sus diferencias: aunque a fuerza de ver que al bebé no le pasa nada, Orfe ya acepta que chupe todas las cosas insalubres que le permite David; sin embargo, ambos ven venir discusiones respecto a cuándo llevarlo a la escuela, cómo hablarle de las cosas mágicas (entre ellas, Santa Claus) y si permitirle jugar a hablar por teléfono, cuando hay un teléfono real en la casa.

“Somos una familia muy tradicional en su composición, pero no en sus relaciones”, declara Orfe; y ejemplifica David: el bebé establece relaciones propias con mucha gente, sin ser forzado ni siquiera presentado: con amigos y amigas de sus papás, con el señor de los jugos, con las muchachas de la panadería. “Amor, respeto, solidaridad... esa perplejidad, compartir cada día el asombro por el mundo”, es lo que dice ella recibir de su pareja y su familia; aunque se queja de los platos sucios. Él, a su vez, reconoce la conexión emocional e intelectual con ella, y el respeto, aunque difiere en su caracterización del trabajo doméstico: magnifica el aspecto emocional y minimiza el del aseo.

Aunque técnicamente ya pueden ostentar una relación de concubinato (larga convivencia y procreación de hijos), este par es otro aspirante al registro como Sociedad de Convivencia, debido a “la base de libertad que da para mantener o no el vínculo”, como dice Orfe. Así, la permanencia juntos no será por obligación, o por dificultad para separarse (como ocurre en el divorcio); sino por voluntad, como dice el texto original de la iniciativa de ley. Voluntad de que “no termine”, y menos ahora que ya tienen al que —desean los dos— será el primero de sus hijos.

 

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Rosa y Guadalupe, Madres y abuelas lesbianas

Al despertarse, todas las mañanas Rosa María y Lupita se dan un “bañito de afecto” con abrazos antes de pararse de la cama. Se persignan mutuamente, antes de salir de casa, para desearse un buen día, y antes de dormir, para desearse dulces sueños. Ante los miembros más jóvenes de la familia, una es Rosy y la otra, la Abue. Hace siete años decidieron santificar su unión en la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, y ambas comparten con sus hijos lo que llaman “el sueño chilango”: tener una casa en las afueras de esta ciudad y vivir juntas, “hasta ser viejitas”, por lo cual dicha casa tendrá que ser de un solo piso...

Todo empezó un día de noviembre, en un descanso, cuando Rosa María platicaba con sus amigas en una jardinera de la universidad donde hasta la fecha labora: vio a una chica que la estaba mirando. Como dudó de lo que veía, se movió de ahí; pero al hacerlo, lo constató : “nos veíamos: ella me veía a mí, yo la veía a ella... así medio bobas”. Sólo eso pasó entonces... hasta que un día Lupita, que había pasado horas esperando verla llegar, durante muchos días, y había visto a la otra hermosear su cabello hasta la cintura al caminar frente a un edificio cubierto de vidrios polarizados, le dijo “¿qué, ya nos vamos a hablar?”

Rosa María “se espantó”, dice Lupita, y la aludida lo admite. Pero como la joven le gustó muchísimo, un día le preguntó “¿quieres que seamos novias?” Ante la sorpresa de la mayor, que se sentía “super mundana”, la chica —que estaba a punto de terminar la carrera de Derecho— contestó que sí. De eso van a ser 12 años pues, dicen, “para nosotras el año empieza al día siguiente del aniversario”, que celebran viajando, yendo al cine, o saliendo a cenar, cada mes, todos los días 13.

Esta pareja de mujeres vivió un noviazgo de todo un año, antes de iniciar su convivencia. Lupita regresaba a su casa después de ver a Rosa María, y Rosa María se quedaba con sus tres hijos. Pero como la relación siguió prosperando, hubo que discutir el tema con toda la familia, que aceptó y adoptó a Lupita como pareja de la hoy abuela. Así, la joven se evitó los riesgos e incomodidades de los embarazos, y pasó a ser madre por opción.

La relación con la otra familia, que es muy tradicionalista, ha pasado por varias etapas. Como se llevan veinte años de diferencia, hubo un tiempo en que a Rosa María la presentaban como la madrina de Lupita, cosa que a ninguna le gustaba. Hoy, después de presentar a Lupita hacen una pausa, para que ella misma presente a su compañera. Hubo muchas groserías, pues Rosa María no sólo era mujer, sino que también tenía tres hijos; pero las cosas fueron cambiando. Alguna vez Rosa María aceptó incluso tomarse una cubita —lo que nunca hace— para ser admitida por su suegro.

Aunque no es el único, la política es tema recurrente en las conversaciones con ellas. No desean ser tratadas como “menores de edad”, y aseguran que la falta de reconocimiento legal a las parejas del mismo género son una violación a la igualdad consagrada en el Artículo 1 Constitucional, al Código Penal del Distrito Federal, y a la Ley Federal contra la Discriminación puesta en vigor hace unos meses.

Y tanto en las marchas como en los hechos de la vida cotidiana, impulsan el respeto a sus derechos: Lupita es beneficiaria del seguro de gastos médicos mayores que tiene contratado Rosa María con una aseguradora; y ella, a su vez, es beneficiaria de la seguridad social a la que tiene derecho Lupita como trabajadora del gobierno de la capital. Este año 2004 solicitarán, como pareja, un crédito para vivienda... “ya te avisaremos cómo nos va”, anuncian.

¿Qué es lo que más te gusta de tu pareja? “¡Todo!”, responden las dos. A los ojos de su compañera, Lupita es inteligente, solidaria, capaz de entender cualquier situación y con madurez para resolver las broncas con planteamientos novedosos. “Sólo había una cosa que no me gustaba: que tenía adelantados todos los relojes de la casa 15 minutos”, admite Rosa María; pero cuenta que, como hablaron de eso en un taller, su pareja dejó de hacerlo. Por su parte, ésta dice que si hace una lista de las cosas que le gustan de la mujer que ama “no se va a acabar”. También la reconoce inteligente, y dice que le gusta cómo la quiere, cómo la ama, “me hace sentir respetada”.

La mayor de los tres hijos de Rosa María ya no vive en la misma casa, sino con su marido; pero las visita con frecuencia y lleva a sus tres hijos: dos jóvenes de 16 y 19 años, y un bebé de año y medio. Los que todavía están con ella son un diseñador gráfico de 31, y un joven que está terminando su carrera —también, Derecho— de 23. Entre las dos mujeres (que “juntan los cheques”) y el varón que ya trabaja se reparten los gastos: gas, teléfono, cable, las mejoras en las áreas comunes de la casa.

No nomás hay “amorcito y besitos”, aclara Rosa María, fundadora del segundo grupo de madres lesbianas que ha habido en la historia de nuestro país: también hay confrontaciones, cuestionamientos, “verse en el espejo retrovisor” y observar “la que soy y no era” hace 12 años. Y también mucho activismo, “mientras no seamos libres todas”.

 

 


La Sociedad de Convivencia es una modalidad de reconocimiento jurídico de uniones de hecho entre personas mayores de edad, del mismo o diferente género, con o sin trato sexual, que “establecen un hogar común, con voluntad de permanencia y de ayuda mutua”, como señala el Artículo 2 de la iniciativa de ley. Genera el deber recíproco de proporcionarse alimentos (techo, vestido, sustento) y derechos a la sucesión y a la tutela legítima, cuando llega a dos años de haberse registrado.

No produce parentescos, no afecta a los hijos que se tuvieren, ni (contra lo que aseguran sus detractores) tampoco abre la puerta para la adopción, que está regulada por el Código Civil y para cuyos efectos no hace falta ni siquiera tener una pareja. La referencia a la figura jurídica del concubinato, en el Artículo 6 de la iniciativa, fue incluida con miras a facilitar el reconocimiento de parejas homosexuales ante las instituciones de salud y seguridad social, lo cual no está previsto explícitamente hasta el momento.

A pesar de la oposición de sectores conservadores, esta iniciativa de ley fue dictaminada a favor por la anterior Asamblea Legislativa del Distrito Federal, y también fue dictaminada en lo general, en ese mismo sentido, por las actuales comisiones unidas de Derechos Humanos y Estudios Legislativos y Prácticas Parlamentarias el pasado 5 de diciembre. Ante la posibilidad de que finalmente sea aprobada, tres parejas cuentan sus respectivas historias de amor, y por qué –homosexuales, heterosexuales y lesbianas- optarían por registrarse como Sociedad de Convivencia.