POR LA PAZ Y LA TOLERANCIA

Por Paco Calderón

Pablo Picasso  / Paloma de la Paz de las Olimpiadas México 1968

 

Estalló la guerra... y ahora más que nunca debemos esforzarnos por pensar en la paz, en cómo propiciarla y construirla para que sea duradera y franca. A nada nos llevará permanecer en el miedo estéril y en la sosobra moral hacia la que nos conduce la visión mediática del conflicto; por lo contrario, pensemos en la paz, en nuestras capacidades para construir acuerdos. 

 

Lo dijeron en las noticias

Desde la mañana del martes 11 de septiembre pasado la atención mundial ha estado centrada en los hechos y las consecuencias de los actos terroristas contra las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, el edificio del Pentágono en Washington y -en menor medida- el sangriento avionazo cerca de Pittsburg. Gracias a las cadenas noticiosas nacionales e internacionales, nos hemos aprendido de memoria todas las imágenes en vídeo de los aviones Boeing estrellándose contra las hoy ya inexistentes torres gemelas; ¿cómo no sentirse aterrado e indignado ante la visión del colapso de aquellos maravillosos edificios del sur de Manhattan, repletos de gente inocente y trabajadora?. Me imagino que los neoyorkinos sintieron algo parecido a lo que sentimos en la Ciudad de México después de los terremotos de 1985. Las cadenas televisivas y, en general, los medios electrónicos e impresos de comunicación de nuestro país y del mundo, se han asegurado con este nuevo conflicto global una nutrida audiencia para sus noticieros; todos hablamos ya de la guerra, de los talibanes, de Osama Bin Laden, de George W. Bush, del terrorismo y de las posibles consecuencias de la guerra en la cotidianeidad de nuestra propia vida. Pero, ¿qué tan objetiva e imparcial es la información que recibimos?

Cual personajes de la tragedia griega, pero ahora a través de los medios, el pesimismo y la preocupación se han desencadenado en forma de incontenibles furias. Como lo aseguran los que dicen saber de psicología social, la ansiedad se ha apoderado de muchos de nosotros y nos lleva a un estado de angustia colectiva que nos afecta en el desarrollo normal de los más diversos aspectos de nuestras vidas. He llegado a escuchar -no sin sorprenderme- a quienes aseguran que "de ganar la guerra los talibanes, los homosexuales seremos ejecutados en plazas públicas", lo que además de delatar miedos fomentados por los medios noticiosos, evidencia la pobre y poco objetiva información que sobre el conflicto obtenemos de ellos. Algunos medios periodísticos sólo nos dejan pensar que se trata de una guerra entre el bien y el mal, entre moros y cristianos, entre pobres y ricos..... 

Quizás por ello se llegan a presenciar manifestaciones públicas que rayan en lo absurdo, como ya sucedió en la Ciudad de México el pasado 2 de octubre, cuando en una marcha conmemorativa de los hechos del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, un grupo de mujeres estudiantes de la UNAM, identificadas con el tristemente célebre Consejo General de Huelga (CGH), gritaban frente a las cámaras y los reporteros consignas de apoyo al régimen de los talibanes, en Afganistán, y en contra de los Estados Unidos. Yo me pregunto, ¿estarán tan feítas estas cegehachistas como para aspirar a cubrir sus horribles rostros con mantas y bordados, al estilo de las mujeres talibanes? No creo que ninguna mujer mexicana, en su sano juicio, pueda apoyar los actos de un grupo de salvajes fundamentalistas que asesinan a las mujeres por el sólo hecho de mostrar su rostro o tener inquietudes intelectuales; lo más seguro es que la información les ha estado llegando distorisionada a estas chicas mexicanas pseudo universitarias, ¿no?

 

Al Talibán: Entréguenos a Osama Bin Laden o enviaremos a sus mujeres a la universidad.

 

Para evitarnos angustias de guerra innecesarias, mejor busquemos profundizar en la información que obtenemos de las noticias, sobre todo de las que recibimos a través de la TV que -no está por demás decirlo- son tan breves y carentes de explicaciones sobre el contexto en el que se dan los hechos (sin alusiones...). No hay mejor antídoto contra la "psicosis de guerra" que la información detallada y profunda. Con esto no debe entenderse que la situación mundial no es tan delicada en el presente, pues sí lo es y mucho; sino simplemente afirmo que debemos buscar la mejor manera de disipar nuestros miedos y fortalecer nuestras certezas. Siempre es bueno leer sobre el mismo suceso en varios periódicos (algo que ahora nos facilita mucho el Internet), escuchar más de dos noticieros radiofónicos y no ver siempre el mismo canal de TV para enterarse del acontecer actual. Sin duda, al ver los diferentes matices de la información, rápidamente entenderemos el por qué de los temores que invaden a mucha de la gente que nos rodea.

 

¿Nos alcanzará la guerra?

Lo queramos o no, todos los países latinoamericanos estamos ya adentro de la guerra. La globalización de la economía, de las alianzas políticas, de las relaciones sociales y de los patrones culturales, nos inscribe obligadamente entre los actores del conflicto desatado el 11 de septiembre del 2001; por cierto, un conflicto tejido durante los últimos 40 años en que se configuró un orden económico internacional que no permitió que  países como Afganistán compartieran ni participaran en el desarrollo y, en consecuencia, se empobrecieran al extremo de ser presa fácil de los sembradores de fanatismos teológicos.  

En el poder político de Afganistán está instalado un grupo de estudiosos de la religión Islámica, mismos que han impuesto su radical interpretación de los textos sacros para someter a un pueblo ignorante, propiciar una cultura donde se ha sembrado el más profundo odio en contra de los occidentales, y para denigrar a millones de mujeres a las que consideran menos que animales. "¡Vaya! -me decía Lalo, mi dentista- es como si el ´Mosh´ y sus compinches del CGH tomaran el poder en México y todos estuviéramos obligados a recitar El Capital..., o peor aún, que el Cardenal Norberto Rivera gobernara a la nación y sólo estuviera permitido leer los Evangelios y el Nuevo Testamento". La comparación es inexacta..., pero divertida.

Por causa de nuestra intensa dependencia con los Estados Unidos, estamos implicados irremediablemente en las complicadas redes que configuran al conflicto que los medios han bautizado como "Guerra contra el Terrorismo", "America Under Attack" o "America Strikes Back", entre muchos otros nombres de historieta (comic) del Salón de la Justicia. Las consecuencias económicas de la conflagración serán inimaginables y trastocarán nuestro estilo de vida severamente, no hay duda.

Es alarmante pensar en una situación recesiva y de guerra, no porque nos pudieran caer bombas con remitente de Osama Bin Laden y su organización Al Qaeda, sino por los niveles de marginación y pobreza extrema tan escandalosos que ya vivimos aquí en México y en América Latina; un conflicto como el que presenciamos hoy prácticamente todos los seres humanos, obligadamente trae consigo repercusiones de peso sobre nuestros estándares de vida. Bien dice en refrán: "cuando EEUU estornuda, a México le da neumonía".

A pesar de que oscuros pronósticos se vislumbran para muchos países latinoamericanos (desempleo, carestía, limitación de las libertades, etc.), es importante que pensemos positivamente y continuemos con nuestro ritmo de vida en la medida de lo posible y con el ánimo de generar acciones afirmativas para la paz y la tolerancia. 

La guerra que ya nos ha alcanzado es la de la intolerancia, la que hacen aquellos cuyo objeto de su odio somos quienes pensamos diferente; resulta que suprimir a quien es "infiel",  justifica ante los ojos de un pueblo (el "mundo del Islám") actos criminales y de recalcitrante racismo, proclamando que lo hecho es en cumplimiento de la palabra de Dios y se justifica en la verdad absoluta que aquel enseña.  Esas guerras son las más dolorosas..., bien lo sabemos los homosexuales, que diariamente libramos una en nuestras comunidades, en nuestras familias y a veces hasta en nuestras propias mentes, en contra del orden que nos etiqueta de "antinaturales".

Quiero creer que difícilmente llegaría el día en que, en esta parte occidental del planeta Tierra, los gays y lesbianas seamos ejecutados en plazas públicas por las manos de una teocracia fundamentalista, y no pienso que eso sea lo que deba preocuparnos ni ocuparnos con relación al conflicto actual (como lo quisieran ciertas agencias noticiosas alarmistas).  En todo caso, hay peligros más factibles y contundentes para toda la sociedad (como la guerra bactereológica, el ántrax, la viruela y otros bichos) que, de darse en cualquier país, ya de plano significaría uno de los episodios más terribles de la historia de la humanidad y el absurdo de la intolerancia cultural. Ojalá no sea el inicio de una era de hermetismo, de cierre de fronteras y oscurantismo, como parece lo están deseando Bin Laden y sus ecuaces para el mundo occidental.

 

Pensemos en la paz.... y construyámosla

La libertad de disentir y de oponerse a lo que uno considera como injusto, es una de las grandes virtudes de la democracia occidental. En esta relativa capacidad de institucionalizarse como oposición al orden dominante y -en alguna medida- poder modificar el rumbo de las acciones del Estado y el gobierno, radica el que un gobierno se gane el calificativo de "régimen democrático" o de "dictadura" . Durante la parte final del siglo XX, en América Latina presenciamos una creciente pugna por democratizar las formas de gobierno. En México, nos jactamos de que ya hemos alcanzado la democracia plena porque existe una fuerte presencia de la oposición en las cámaras legislativas y, después de más de 70 años, llega al poder Ejecutivo Federal un personaje que no es del PRI. La transformación de los partidos políticos y de su presencia al interior de los órganos del Estado mexicano, el surgimiento de nuevas organizaciones sociales que abanderan demandas legítimas, y la consolidación de una nueva cultura política, efectivamente nos ha llevado a construir mejores esquemas de convivencia. Los mercados lo agradecen....  Pero yo me pregunto, ¿no sería mejor también pensar en fortalecer nuestra capacidad de diálogo, alcanzar y construir acuerdos sociales, en lugar de conformarnos simplemente con dejar sentados nuestros desacuerdos? Se trata de ser propositivos, inclusivos y afirmativos, y acordar también los cómos y los cuándos de nuestras coincidencias.

Sin duda, casi todos los mexicanos aspiramos a la existencia de un orden político que entienda el valor de la pluralidad y el respeto a la diferencia, y lograrlo requiere de esfuerzos permanentes de nuestra parte, de la llamada "sociedad civil", así como de las organizaciones que hemos conformado para hacer escuchar nuestra opinión y aspiraciones de vida. Se trata de no conformarnos con la coexistencia pacífica y tolerante de los diferentes grupos sociales, sino en cambio ir más allá, buscar la convivencia armónica, comprometida y participativa de todos los individuos que conforman a la comunidad (local, nacional o mundial), sin que para ello afecte género, preferencia sexual, raza, credo o nacionalidad de los individuos.  En este sentido, estoy convencido de que la lucha cotidiana de los hombres y las mujeres que pertenecemos a la "comunidad gay" por ser incorporados en la "normalidad social" (por llamarle de algún modo a lo que es considerado socialmente aceptable), es una lucha positiva y tiende necesariamente a la paz, pues busca no sólo la tolerancia sino la aceptación franca de lo que es diferente. Muchas lesbianas, homosexuales o bisexuales, vivimos la realidad social (y, fundamentalmente, nuestra experiencia amorosa) desde una perspectiva diferente, ubicados en una posición ambigua que nos lleva a tener una "doble vida". Ello despierta en nosotros una casi natural tendencia a conciliar visiones y posiciones encontradas, establecidas en el orden social, laboral, familiar y emocional.

Así pues, inmersos en un contexto de guerra y terrorismo, de intolerancia y supremacía de una sola razón, de miedo mediático y de odio cosechado, creo que debemos comprometernos a fortalecer y consolidar esta tendencia conciliadora y de búsqueda de acuerdos.  Sólo tenemos un arma para enfrentar los vientos que esta nueva guerra ha desatado, y ésta es la del entendimiento y la concordia. Fortalezcamos nuestros acuerdos de convivencia armónica, de entendimiento recíproco entre individuos o grupos; impulsemos a las organizaciones que busquen la paz y el mejoramiento de nuestra calidad de vida. Pero tampoco bajemos la guardia en el ejercicio de nuestro derecho a disentir, a oponernos a las medidas unilaterales o totalitaristas; sólo que no confundamos la manifestación vigorosa de nuestras ideas, con el asesinato cobarde y salvaje (como sucedió el pasado 11 de septiembre en los EEUU).

 

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Ciudad de México, Octubre de 2001.