Política y medios de comunicación
en México.-
Para nadie es
una sorpresa conocer del gran poder político con el que
cuentan los medios de comunicación en México, y
desde luego en el mundo, así
como de su capacidad para influir en prácticamente cualquier
decisión tomada en las altas (y bajas) esferas
políticas y de gobierno. Esto
no es algo nuevo ni privativo de finales del
siglo XX y
principios del XXI; desde los anales de la
Reforma y -sobre todo- de la Revolución Mexicana
recordamos la influencia que tuvo la prensa para interpretar
y
desatar movimientos sociales (El Ahuizote, de Vicente
Riva Palacio; El Diario del Hogar, de Filomeno Mata;
Regeneración, de los hermanos Flores Magón, entre otros), y
ya entrado el siglo XX periódicos como Excélsior, El Universal,
Novedades, El Día, El Sol de México, El Heraldo de México, La
Prensa, El Nacional, Uno Más Uno,
y más tarde, La Jornada, Reforma,
Milenio, La Crónica de Hoy
y muchos más que, desde la prensa escrita, influyeron e influyen
aún
en
el acontecer político de la nación.
Los últimos
35
años del siglo XX, en México y en el mundo, atestiguan la
irrupción de los medios de comunicación electrónicos y la
globalización de los servicios noticiosos
con su consabido impacto
en los ámbitos políticos y culturales locales. Quienes fuimos
niños en los años sesenta y setenta, recordamos con emoción las
transmisiones televisivas y radiofónicas que, a través del
satélite de comunicaciones “el Pájaro Madrugador” (Early Bird,
1965), nos llegaban desde los más distantes países del orbe o
incluso del espacio exterior. En 1966, el Mundial de Fútbol de
Inglaterra emocionó a la afición internacional con la
transmisión -en vivo- de los principales partidos. El 20 de julio
de 1969, pudimos ver cómo los tripulantes del Apolo, Neil
Amstrong y Edwin Aldrin, pisaban la luna transportados en el
módulo Águila, mientras Michaell Collins, en la nave Columbia y
a 111 kilómetros de altura, orbitaba al satélite natural de la
Tierra.
El año previo
a esta hazaña de la humanidad, México dio la cara al planeta entero como
sede de los XIX Juegos Olímpicos, prácticamente los primeros en
ser transmitidos vía satélite
a todo el mundo
en la historia de la humanidad.
También presenciamos en nuestras pantallas de televisión, aún en
blanco y negro, y ya a colores en los hogares más acomodados, la
visita del Papa Paulo VI a Colombia en 1968, el mundial de
fútbol de 1970 desde México y el concierto de los jóvenes
Beatles acompañados de la filarmónica de Londres y presentando
al Sargento Pimienta.
Desde entonces
y hasta nuestros días, los medios de comunicación electrónica
han jugado un papel fundamental tanto en el espacio privado como
en la vida pública de prácticamente todas las naciones del
mundo.
El avance tecnológico en las
comunicaciones ha traído hasta la sala de nuestra casa, como
nunca antes, una serie de acontecimientos (públicos y privados)
que nos interconecta irremediablemente con el desarrollo de otras sociedades,
comunidades, grupos y personas en todo el planeta.
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Ahí viene
Vicente ...montado en su caballo.-
Más
recientemente, los medios de comunicación
electrónica e impresa
pasaron
de
ser un simple testigo o cronista de la vida política
nacional e internacional, a conformarse en
verdaderos
centros de poder y
actores
políticos
que
influyen y
encausan
las decisiones públicas y colectivas a su antojo y
conveniencia. Hoy por hoy, no es entendible el
desarrollo de la vida política en nuestro país o en
el mundo, sin considerar como uno de sus actores
fundamentales a la prensa escrita y, sobre todo, a
la radio y a la televisión. Incluso, se le ha dado a
los medios de comunicación masiva
el calificativo
de
“cuarto poder”, acusando el papel determinante de
este actor en la vida nacional y en el
contexto de un
sistema político republicano.
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Lo
anterior,
desde luego,
no ha pasado desapercibido para ciertos
líderes políticos en México, quienes han valorado el
fenómeno mediático
en su justa medida
y lo
han incorporado como parte fundamental de sus
estrategias de campaña o incluso
de conducción
de
gobierno. Tal es el
ejemplo
del Presidente
mexicano
Vicente Fox, cuyo arribo al poder le
debe mucho a su persistente presencia en los
mensajes en los
medios de comunicación
masiva; una campaña iniciada
desde que
fue diputado federal y gobernador de Guanajuato,
y con la
mayor intensidad,
a lo
largo de su campaña política
para la presidencia del país
durante la
segunda mitad de los años noventa.
Ello
incluso ha desatado la discusión
nacional
sobre la regulación
jurídica
y los
criterios de
equidad en el uso de los medios de comunicación por
parte de los partidos políticos
durante
las campañas
electorales
y, más importante aún, sobre las lagunas
jurídicas existentes
en
materia de
transparencia de gastos
y
equidad en la
utilización de medios
durante
las precampañas para
obtener
candidaturas
de elección popular. Mientras tanto, los medios de
comunicación, los precandidatos, los candidatos
oficiales o los
varios
aspirantes a la presidencia
de la república, a las gubernaturas u otros cargos
públicos, se benefician
de las
omisiones en el texto de la ley y
del
efecto
en su favor
que,
con dinero,
pueden
generar
los medios de comunicación
sobre la
opinión pública (o la opinión publicada).
En México,
república federal, tenemos
hoy a la cabeza de muchos gobiernos estatales y
locales a una clase política cuya demagogia no
tiene precedentes, por los alcances que adquieren
sus discursos a través del fenómeno mediático.
Cotidianamente vemos desfilando en las pantallas de
nuestras televisiones a presidentes municipales,
legisladores, gobernadores, al Jefe de
Gobierno (ahora sin fuero), a secretarios de estado, al presidente de
la república y a la mismísima Primera Dama, para
hablarnos de sus aciertos y espectaculares logros de gobierno,
de los que sabemos no lo son tanto cuando se le
valora a la luz del deterioro socioeconómico; lo que
queda en evidencia con este desfile de celebridades
en nuestras pantallas, es que se trata de campañas
personales para posicionar su imagen política entre
los electores. Preocupa esto al constatar que en el país
actualmente están a la
cabeza de los órganos de gobierno y de las
instituciones democráticas, líderes que no tienen la capacidad de dialogar e interactuar
eficiente y estrechamente con sus representados, sus bases o
-menos aún- con sus adversarios.
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Los órganos de
dirección de los partidos políticos mexicanos están
hoy en las manos de los miembros del "ala radical" de
cada uno de ellos; en el partido en el poder, el
PAN, la ultra-derecha representada por Manuel Espino
acerca al primer círculo del poder fuertes intereses
de grupos conservadores, a la intolerancia
fundamentalista (que hemos presenciado en actos de
gobierno, como el caso de la Secretaría de Salud, la
del Trabajo y
el Grupo ProVida) y donde se priorizan las razones del mercado por encima
de las urgencias sociales.
En el otro extremo,
en el "izquierdista" PRD, predominan en su cúpula los
líderes políticos formados en la lucha urbana más
radical (iniciada en 1985, a partir de los
terremotos en la Ciudad de México), donde la demanda
de vivienda popular y de acceso a servicios públicos
primordiales (de los que grandes sectores de la
población están marginados), parece ser razón y
justificación suficiente como para -por ejemplo- incumplir
sistemáticamente las leyes y el estado de derecho.
Y
en el aún mayoritario PRI, donde están todos unidos contra su dirigente
nacional (del que se formulan acusaciones muy
graves, pero aún así sigue a la cabeza del instituto
político), tampoco aciertan en establecer las reglas con
las que se buscará a un candidato de unidad. Por
otra parte, es un hecho que los priistas ya no entienden nada sobre las reglas no
escritas que, por más de 70 años, les dio poderes
ilimitados en todas las posiciones
político-electorales ...y más.
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Andrés
Manuel
o el Frankenstein mediático.-
No
hay mejor ejemplo del poder que los medios masivos de
comunicación pueden conferir a las personas que protagonizan
algunos de sus mensajes
favoritos, que el de Andrés
Manuel
López Obrador
(AMLO), Jefe de
Gobierno de la capital de la República Mexicana
(a quien hace unos días le quitó su inmunidad penal -o fuero- la
Cámara de Diputados). Este
personaje central de la política nacional,
hoy el favorito de todas las encuestas de intención del voto
para la presidencia de la república,
parece haber seguido
puntualmente los consejos de Toni Puig,
creador de la exitosa estrategia
de comunicación social del ayuntamiento
de Barcelona, para
llegar a convertirse en el gigante que es hoy.
Sobre todo,
AMLO
ha entendido el valor que tiene la frecuencia –o la presencia
constante– de sus mensajes en los medios de comunicación, para
así
lograr una mayor y mejor penetración de
su discurso en el ánimo y preferencias políticas de la
población. Sus famosas conferencias de prensa, convocadas
durante más de cuatro años
todos
los días
de la semana
a las 6:00
de la madrugada,
permitieron al Jefe de Gobierno
del Distrito Federal estar presente en todos los noticieros
matutinos de la televisión y la radio.
Ahora desde otros espacios,
más cotidianos para el ciudadano común, como cualquier calle o
el estacionamiento de la unidad habitacional, AMLO disfruta de
la cosecha mediática, traducida en horas enteras de espacios
televisivos, radiofónicos y demás, donde continúa imponiendo su
agenda política y el debate de las prioridades. Sin duda,
AMLO sabe de la
importancia de levantarse todas las mañanas muy
temprano y antes que nadie, para atender la avidez
informativa
de los reporteros.
¿Sabiduría de Macuspana?..., ¿"pueblo chico,
infierno grande?", ¿"Al que madruga, Dios le ayuda"?.
Pue´ que.....
Por su parte, y
dudo que lo
hagan
sin darse cuenta de
la inequidad que
causan, los medios de
comunicación le han dado voz de manera privilegiada
y un poder excesivo
a
quien se perfila ya
no sólo
como un candidato casi natural a
la Presidencia de la República,
sino como el siguiente habitante de Los Pinos. Y desde luego que
esto es así no por los
elevados
méritos de intelectualidad,
de eficacia administrativa o por la ética política
del líder tabasqueño
(sin negar que los haya y muchos); en su trayectoria política,
hay que decirlo, no se registran
acciones propias de
un estadista o productos
intelectuales de la
brillantez y la cordura que tuvieron
-por
citar a sus
antes compañeros del PRI- los escritos
de Don Jesús Reyes Heroles o del mismo ex−presidente José López
Portillo (con su
reforma política, que abrió los cauces de la reforma
del Estado actual; con su Quetzalcoatl,
manifiesto literario de sus paranoicas certezas de grandeza, o
Mis Tiempos, donde él era ya de plano el centro del
cosmos). No comulgo con los grandes cuates del
Peje, que le comparan con Benito Juárez, con
Francisco I. Madero o ya de plano con Gandhi; pero
es cierto que las mayorías conocen más de las obras
de AMLO por su presencia mediática, que de los
pasajes tan complicados y "lejanos" de la historia
universal como lo fue el colonialismo británico o la
independencia de la India. Se trata, y siempre se ha
tratado, dirían algunos, de quién grite más fuerte.
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Por el contrario, el político perredista (antes
distinguido miembro del Partido Revolucionario Institucional, co-autor
de su himno, se dice
por cierto) ha sido
consistentemente el portador de un discurso
esquemático
e
incendiario, en el que se enarbola el resentimiento social y el
enfrentamiento en contra de los “poderosos” y los “ricos” (como
los banqueros
beneficiados por
el
Fobaproa o los dirigentes de la
petrolera estatal PEMEX, a quienes
AMLO
cerraba el paso a sus
instalaciones con nutridos grupos de trabajadores inconformes o
enardecidos
empleados de limpia municipal,
allá en su natal Tabasco).
Gran parte de los
méritos
atribuibles al hoy
ex-Jefe de Gobierno de la capital del país, son aquellos
derivados de una estrategia de comunicación social acertadísima
(quizás formulada por su
vocero, César Yánez), pero
casi nunca o
nunca
-en mi percepción-
cosecha los
resultados
de una conducción
política en la que se privilegie el diálogo, la concertación
o la inclusión de las mejores razones de sus
adversarios.
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Haga el lector
un ejercicio de memoria sobre los mensajes televisivos o de la
prensa en general en los que aparece
AMLO, y se
dará cuenta de que, honestamente,
el ex-Jefe de Gobierno siempre aparece
hablando
de
sus rollos
en su conferencia de prensa matutina, opinando sobre los más
variados asuntos de la
agenda política nacional
y señalando los errores y debilidades de sus adversarios;
también le
vemos en nuestras televisiones como
imagen de
colofón
en los
promocionales
que anuncian sus obras
de gobierno,
donde le
vemos cortando listones inaugurales de
obras públicas (aun las inconclusas), como los
célebres “segundos pisos”,
un hospital
en Iztapalapa,
plantas potabilizadoras,
unidades habitacionales o
regalando dinero a
personas de escasos recursos o de la tercera edad.
¡Vaya, hasta las
señoras en mandil y los niños pobres salen
abrazándole cariñosamente!
Pero,
en la otra mano,
reconozcámoslo, jamás se ve al
ex-Jefe de Gobierno sentado en
las mesas
de diálogo o de negociación
junto a sus adversarios o
con los
grupos opuestos a
su intangible programa de gobierno
(ahora "de Nación");
ni
se escucha que esté
tejiendo acuerdos y garantizando, como
debió ser su papel
de cabeza del gobierno local,
la concertación política y el clima de concordia que
demanda el desarrollo de la ciudad
o del país mismo.
Y
a pesar de todo esto, e incluso de los escándalos de corrupción
vídeo grabados y protagonizados
ya hace más de un
año
por sus
más cercanos
colaboradores y
compañeros del PRD
(su secretario particular, René Bejarano; su
secretario de finanzas, Gustavo Ponce; además de funcionarios de
la Procuraduría de Justicia capitalina involucrados en
secuestros o jefes
delegacionales que traficaron con influencias y
recibieron millonarias sumas de dinero), la popularidad y la intención del voto de la
mayoría de los mexicanos, según lo aseguran las principales
encuestas, favorecen con mucho a AMLO.
Hoy por hoy, es el personaje público más reconocido como posible
sucesor del cada día más impopular Vicente Fox, y ello se lo
debe –tengo la certeza– a una política de comunicación social
bien diseñada y sabedora de la potencialidad de un manejo
estratégico de los medios....,
claro, además de la vida vegetativa, impericia política y
administrativa del presidente empresario.
Y para entender este protagonismo
exagerado de AMLO en los medios
masivos, sólo habría que preguntar a los responsables de
comunicación social de las delegaciones políticas, de los
órganos descentralizados y de los autónomos de la administración
pública del Distrito Federal, respecto a la normatividad que se
les ha impuesto desde la
oficina del ex-Jefe de Gobierno
en materia de
recursos económicos
para la
difusión,
oficialmente
desde el mes de febrero
de 2002,
reglas que han dejado en la oscuridad la divulgación de
acciones
locales
y
logros particulares
en las administraciones delegacionales o del sector
descentralizado.
Mediante esta
norma "meta-jurídica" dictada por López Obrador,
ninguna de estas autoridades públicas tiene acceso
al presupuesto para hacer difusión a través de los
medios masivos de comunicación, para elaborar
materiales informativos o para obtener tiempos
oficiales en radio y televisión. Por disposición de
esta norma, sólo el Jefe de Gobierno puede autorizar
los recursos o tiempos para la comunicación social
de todo órgano de gobierno
de la administración pública del Distrito Federal, y en los hechos
no queda
duda de que
la única
imagen del
gobierno local
que
ha sido transmitida
-de manera oficial-
en medios electrónicos e
impresos, es la del político tabasqueño.
Esto, desafortunadamente, ha mermado la capacidad de
órganos políticos locales (las 16 delegaciones) y de
las entidades desconcentradas del gobierno, para
establecer canales de comunicación y de
participación con la población. ¡Niño!, ¡se te va a
tronar ese cuete en las manos!....
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Como en la
célebre historia de Mary Shelley, Frankenstein, los
medios de comunicación pudieran arrepentirse de su propia
creación al verle volcarse, desde la presidencia de la
República, en su contra. Ya ha habido signos de la intolerancia
de López Obrador cuando los medios emiten alguna opinión
contraria a sus intereses (o peor aún, su irrespeto a la
legalidad cuando las cortes judiciales dictaminan de manera
desfavorable a él), lo que
-por cierto- no ha tenido mayor repercusión o
suficiente seguimiento por parte de los analistas. Quizás de ahí
venga la comparación que se ha hecho entre el Peje y el
presidente Hugo Chávez de Venezuela,
recordando los días
cuando el segundo se lanzó
–en 2002 y 2003– en contra de los medios de comunicación de su
país, cerrándoles o censurándoles como respuesta a las críticas
emitidas contra su gobierno.
Me parece que es
muy
peligroso
el
discurso
de AMLO
cuando
asegura que sólo
actúa
conforme a la
"voluntad del pueblo"
("lo que la gente diga", dice con pretendida
humildad y vocación de servicio),
sobre todo cuando esa voluntad no es la expresada a
través de los canales republicanos (las
instancias institucionales de participación social, el poder legislativo, sus
representantes y las
leyes que aprueban), sino
por
la
opinión
tomada
e
interpretada
de encuestas telefónicas o de
muestras poblacionales oscuras y
segmentadas.
Por otra parte, la cultura política de los
mexicanos, con su pesada herencia de 70 años bajo un
régimen unipartidista, no cuenta aún con la
madurez necesaria como para reunir y representar en
una sola voz a todas las fuerzas políticas ni de la
ciudad ni del país.
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Estas
expresiones de desprecio al estado de derecho por
parte de AMLO -dirán algunos-,
podrían ser
el signo temprano de una democracia
contagiada de populismo
o de una
tiranía disfrazada de paladín justiciero.
Quizás, asegurarán otros, y como se lo cuestionan
algunos analistas, México es la pieza que le falta a
América Latina para conformar un bloque de gobiernos
y líderes "de izquierda", que tenga
unidos la capacidad para enfrentar en
condiciones de mayor fortaleza la voracidad
mercantil del Imperio estadounidense.
El
ahora ex-Jefe de Gobierno del Distrito Federal,
reitero,
debe
su enorme aceptación política –entre otros factores– a su
inteligente posicionamiento en el discurso cotidiano de los
medios de comunicación,
más que a sus resultados en el combate a la
inequidad, a la delincuencia o la descomposición
social.
Es un
político que satisface
a manos
llenas el morbo y
la avidez
de los
periodistas
por sacar
la nota que más venda, y lo hace increíblemente bien en función
de los intereses y las prioridades de su agenda
política.
Pero también, apela
a la simpatía de las clases mayoritarias al
reconocer algunas de sus carencias, el
incumplimiento de muchos de sus derechos y las
camajanadas de muchos políticos y empresarios.
Sin
duda, las obras públicas
de AMLO
son visibles (que no del todo
necesarias o funcionales, sino simplemente monumentales), pero
su capacidad para construir alianzas y acuerdos
ha sido y
es muy
deficiente, sobre todo en lo tocante a su relación con el
gobierno federal (en
manos de la ultraderecha) y con sus
adversarios políticos. Abonar favorablemente a la intención del
voto de las personas de la tercera edad a través de
regalar una pensión universal (de un poco más de 50 dólares
al mes), es una inversión política que por sus
connotaciones morales y humanas difícilmente puede
cuestionarse sin desatar controversia. Desde el
esquema del "neo-liberalismo", implica una inversión
definitivamente inútil, improductiva e innecesaria; desde el
pragmatismo político a la mexicana, eso es comprar
votos....; desde la realidad de hombres y mujeres de
la tercera edad, abandonados a su suerte y
marginados del desarrollo, esto es justicia.
En resumen, el
ejercicio de la política en los términos en que
tradicionalmente le suponía la doctrina de la
democracia y del orden republicano contemporáneo,
ha transformado su significado y ahora parece ser un
derecho exclusivo de quienes pueden acceder o están
presentes en la programación y opinión publicada de
los medios de comunicación. En México, cada vez son
menos las decisiones tomadas de manera conjunta y
consensuada, como por ejemplo, en mesas de trabajo
intersectoriales, en asambleas gremiales, en
consultas a las bases políticas o desde los órganos
colegiados de agrupaciones civiles y ciudadanas; y,
cada vez más, se centralizan las decisiones
políticas en menos personas o grupos. Los medios de
comunicación han dado una voz tan estruendosa a
personajes como Fox, "Marthita", Santiago Creel,
Madrazo, Montiel y a muchos más, y -desde luego- a AMLO, que cada vez es menor
la
capacidad de estos personajes para escuchar con claridad las voces de
los diversos proponiendo caminos alternativos. ¡No
han dejado de gritarse y cada vez lo hacen más
estruendosamente!
Y no está por
demás reconocer que en México las instituciones
gubernamentales, organizaciones privadas o civiles,
hasta al interior de la estructura familiar misma,
la práctica de la democracia no es una costumbre
arraigada para llegar a las decisiones fundamentales
que garanticen el beneficio de todo el grupo.
Por el contrario, nuestras instituciones son
profundamente verticales y gustan de las dictaduras
paternalistas o de los liderazgos mesiánicos; nos encanta
dejarnos conducir por Quetzalcoatls, por deidades mediáticas, y
regalarles a manos llenas nuestras culpas y la carga
de nuestros remordimientos: por gracia de su
infinita benevolencia, ellos siempre cargarán con la
indiferencia y la
culpa de todo, de todos nosotros. Así pues, la tolerancia está en
peligro, ya no está de moda. ¡Gracias
madrecita!.....
Democracia
teledirigida ....o mejor, más allá de las pantallas.-
Difícilmente los
medios de comunicación masiva en México se transformarán, en
el corto o mediano plazos, en instituciones
verdaderamente democráticas o en el escaparate de la
pluralidad de todas las propuestas políticas y de la diversidad social y
cultural con la que hoy cohabitan en este país. No tienen por
qué hacerlo, dirán los más, pues los medios de
comunicación, en su gran mayoría, son empresas que
funcionan bajo la lógica de la ganancia económica y
privilegian los mensajes más rentables financieramente sobre los
posibles beneficios culturales, sociales o políticos.
Por el contrario, los medios
tienden a imponernos aquellas conductas, hábitos y
valores que consideran los más aceptables y
funcionales para nuestra
vida en sociedad, y destacan afanosamente a las
"buenas costumbres" que se apegan a las leyes del mercado
(que, desde luego, rigen su propia
existencia como empresas). Como lo deja ver el politólogo italiano
Giovanni Sartori, en su Homo Videns, el
fenómeno político y la capacidad de la sociedad para
actuar de manera colectiva e incidir en las
decisiones más importantes de su propio
desarrollo, seguirán siendo presa de algunas cuantas
agrupaciones, empresas o líderes políticos, cuya
influencia mediática acota el alcance de los
acuerdos; esto, lo adivino, para garantizar cierta
normalidad en el mercado nacional y, desde luego,
aportar tranquilidad a los inversionistas.
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Es una pena....,
pero.....aquellos que no
aparecen en las pantallas de la televisión o en las
editoriales de los diarios impresos
y radiofónicos, y en menor medida en la Internet, no existen
socialmente y son sólo una referencia
vaga y hasta anecdótica de necesidades que se pueden
postergar. Si usted no es uno de los participantes a
la mesa de discusión en el programa de Aguilar Camín,
de López Dóriga, de Víctor Trujillo, de Sergio
Sarmiento, de Loret de Mola, de Adela Micha, de
Javier Alatorre, de Denise Maerker, de Carmen
Aristegui y Javier Solórzano, o ya de perdida en el
programa de Horacio Villalobos, lo que piense o diga jamás
trascenderá las fronteras de su grupo íntimo o,
cuando mucho, de su barrio.
El ejercicio de la
democracia y el diálogo entre iguales -nos venden
los medios- se da en esos foros, en estudios de TV
tan bien decorados e iluminados, ¡tan bonitos!; ahí hablan desde el
Presidente de la República hasta la señora que vende
tamales en la esquina de un barrio marginal; en esas
mesas debaten los representantes de las fuerzas
políticas más poderosas del país y del mundo....; en
la TV, la democracia es "perfecta".
La razón de la
existencia de
fenómenos sociales como la delincuencia organizada -nos
explican-, se debe a que la gente es mala y
ambiciosa, cruel y despiadada, y ni cercanamente las
causas se encuentran en la naturaleza y los
principios de la economía del mercado. Para entender
a la homosexualidad o a fenómenos como la
drogadicción, dirían ciertos afamados productores de
TV, sólo hay que ver los talk shows de
Cristina, de Casos de Familia o de Adal Ramones.
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La capacidad de
soñar con un orden social en el que quepamos todos,
en paz y con felicidad, sin distingos de raza,
preferencia sexual o credo, nos ha sido robada por la
fábrica de los sueños globales. Y como todas las
fábricas, ésta está en manos de unos cuantos con intenciones bien claras y
precisas, y con una capacidad mermada, limitada, para soñar escenarios alternativos para
la vida en sociedad.
En la pretendida benevolencia del discurso social de los medios
mexicanos, que se asume y se afirma un discurso inclusivo, los marginados
-nos hacen creer- también cuentan y su realidad está a la vista de todos en las pantallas televisivas, en
los comentarios radiofónicos o en los encabezados y estadísticas de los tabloides.
Sin embargo, siempre queda en el ánimo del auditorio la idea de que esas
personas, esas familias y turbas de marginados, están jodidos porque se lo han
ganado, porque se lo merecen y no les queda de otra ya que no sirven para más, sino
sólo para ser desempleados, indigentes, limosneros, rateros, jotos, gatas y chichifos.
En casi nadie queda la preocupación ni la urgencia de saberse co-responsable de
las causas y partícipe en la construcción de las soluciones.

Prepárense
para el aterrizaje...,
ajusten sus cinturones de seguridad.-
A mis
cuarentas, siento una terrible angustia (pero ya también una prolongada brecha)
cuando veo a los hijos chicos y adolescentes de mis amigos y hermanos, sentados frente a la TV o en el
Internet, mientras afuera hay un hermoso día que pudiéramos gozar saliendo a la
calle o fuera de
la ciudad, jugando con los amigos a lado de la alberca o solo tirado sobre la hierba viendo a las nubes pasar empujadas por
el viento de marzo. Me alarmo y pienso que esas formas de interactuar
socialmente ya son caducas y hasta románticas para estos jóvenes, y que lo de hoy es tener presencia en el ciberespacio o una
bien definida identidad mediática (con una marca, una visión de la realidad, un género
musical, un segmento del mercado).
Me alarmo también, quizás, porque conozco
desde adentro la experiencia de producir, realizar y transmitir mensajes
mediáticos, y sé de la superficialidad a la que en muchas ocasiones obliga la
premura del tiempo para una nota, la velocidad de la rotativa y la competitividad entre medios.
Las muchas fuentes del conocimiento de nuestra realidad, se acotan y reducen a
las imágenes, sonidos e ideas que sean capaces de sintetizarse en los muchos o
pocos canales televisivos o radiofónicos a los que tengamos acceso; nuestro
lenguaje, incluido el vocabulario y su capacidad epistemológica, se empobrece y
reduce en el afán de los medios por monopolizar las opiniones.
Más allá de las pantallas, de ese mundo
imperfecto que nos relatan los medios, tan lleno de hoyos en la capa de ozono,
con epidemias incontrolables devorándonos, con tsunamis impredecibles o con
millones de miserables violentos, y que a pesar de todo finalmente funciona, sé que hay
otros modos de percibir nuestra realidad, lenguajes diversos y plurales que avivan nuestros sentidos, desatan nuestro instinto y nos preparan a
interactuar mejor con nuestros semejantes.
Hay un extendido desencanto en muchos
de nosotros a participar en reuniones de carácter deliberativo, a buscar
consensos o a hacer trabajo político, derivado del agotamiento de las
estructuras políticas tradicionales (como asociaciones civiles o vecinales,
sindicatos laborales, partidos políticos y hasta relaciones familiares). En
cambio, hemos preferido echarnos a ver la TV y asumir que lo que ahí se dice, es
lo que realmente está sucediendo a nuestro alrededor; hemos delegado nuestra
capacidad de decidir nuestro futuro y lo hacemos plácida e irresponsablemente.

Afortunadamente, el
agua es libre y busca caminos nuevos para continuar
su imparable marcha. Si la participación política en
México se ha "entubado" a los canales y vías que
ofrecen los medios, por otra parte también desde los
medios se abren cotidianamente espacios alternativos
y de alcances aún inestimados. En cuanto a la
comunicación impresa, al menos en la Ciudad de
México hay una insipiente prosperidad de medios
impresos zonales o dirigidos a segmentos
poblacionales con necesidades particulares.
En el
caso de la comunidad gay, por ejemplo, hace 11 años
surgió y hasta hoy se sostiene en el gusto del
público del Distrito Federal y del estado de Morelos
el "periodiquito" SER GAY, que da noticias,
editoriales y comentarios variados respecto de lo
que acontece en el circuito de lugares y actividades
comunes de este colectivo. No fue sino hasta hace
dos o tres años cuando surgen medios semejantes a
SER GAY, fortaleciendo con ello la existencia y
competencia de medios de comunicación gays, más
cercanos a los intereses y a la vida cotidiana de
hombres y mujeres bi y homosexuales que habitan la
ciudad, que hablan de sus opciones
recreativas, culturales y políticas. En otro tipo de
planos, en lo referente a la calidad de vida
vecinal, a las opciones comerciales y de servicios o
al desarrollo urbano de las colonias y barrios de la
ciudad, han surgido y prosperado también revistas y
periódicos que dan cuenta de intereses más
inmediatos a los vecinos y pobladores.
El avión está por
aterrizar ya...., tengo que concluir ya este
borrador de notas sobre el acontecer político de mi
país y los medios de comunicación....; ¿una
reflexión final?..., ¡caray!, qué raro se siente
leer los periódicos mexicanos después de tantos días
sin preocuparse siquiera de su existencia.
Abril
de 2005

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