No deja de sorprender la apertura de algunos medios de comunicación respecto al movimiento gay en México, sobre todo cuando éstos pertenecen a empresas para las que tradicionalmente el tema homosexual ha sido un tabú o motivo de exclusión. Nos referimos concretamente a la revista QUO, de Editorial Televisa S.A. de C.V., que a partir del mes de febrero de 2001 ha venido publicando un interesante análisis sobre la cultura gay en el mundo y en México.

Este interesante ensayo se presentó en dos partes, en los números 40 y 41 de la revista, y por considerarlo del interés del ciber lector de Gay México, reproducimos aquí la primera y segunda parte de este trabajo editorial, mismo en el que se toca lo referente a la formación histórica de una cultura gay, así como específicamente lo que más ha influenciado al movimiento en la segunda mitad del siglo XX y concretamente en México, para lo que se contó con la participación, entre otras destacadas personalidades y activistas gays, del editor de Sergay On Line y Gay México, Paco Calderón.


 

LA REVOLUCIÓN ROSA

¿EXISTE UNA CULTURA GAY?

P I N K     F L A M I N G O S

 

 Por Alfredo Quintana Garay, Ruth Pereiro Seco  y Ruy Xoconoxtle Waye

 (Primera Parte)

La homosexualidad ha sido perseguida, tolerada o incluso reconocida, como sucedía en la Grecia Clásica. En la actualidad, Occidente todavía muestra cierto rechazo hacia las prácticas gays, aunque más de la mitad de las culturas del mundo las admite. ¿Y en el marco legal? ¿El religioso? Los gays han logrado grandes avances en pos de su aceptación, pero restan muchas batallas por ganar.

El concepto de gay surgió a partir de los años sesenta. Adoptado por el colectivo homosexual, expresaba una conducta reivindicativa y una disposición a expresarse más abiertamente en la sociedad. Pero la homosexualidad tal como la conocemos existe desde tiempos inmemoriales, según demuestran testimonios encontrados a lo largo de la historia y en todas las civilizaciones. Por ejemplo, según la mitología egipcia, Thoth, el dios de la sabiduría, era hijo del dios Min, quien penetró analmente a un enemigo que quedó embarazado de él.

AMOR GRIEGO

 Sin embargo, la forma de verla ha cambiado en el tiempo y según las culturas. Algunas la han rechazado –los aztecas castigaban a quien la practicara–, pero otras la han aceptado o exaltado. Los sitios, hititas y sumerios tenían ritos de contacto homosexual dentro del contexto religioso –las relaciones con los ´prostitutos´ de los templos formaba parte de la veneración a algunas deidades–. Y, al parecer, en un código hitita del 1400 a. de C., una ley autorizaba el matrimonio entre hombres. Además, en China, la Dinastía Han (siglos II y I a. de C.), pasó a la historia como la de los emperadores homosexuales: durante 150 años la mayoría de ellos mantuvo relaciones sexuales con varones.

 En la Grecia Clásica se apreciaba la belleza masculina y la pederastía fue una institución aceptada sin problemas hasta comienza+os del siglo III d. De C., aunque para los griegos el amor entre hombres era un complemento al sexo procreativo con una mujer. Por su parte, en la Antigua Roma se toleraba la utilización de esclavos con fines sexuales, y hubo famosas relaciones amorosas entre emperadores y sus jóvenes favoritos, como la de Nerón y Esporo, o la de Adriano y Antínoo.

 Sin embrago, muchas de estas formas de relación no se pueden comparar con el concepto actual de la homosexualidad, ya que sólo es posible entenderlas dentro del contexto de su cultura. Según explica el historiados Héctor Zamudio López, “en la Antigua Grecia, en el siglo XII a. de C., la homosecualidad masculina estaba circunscrita a una competencia entre los hombres pertenecientes al ejército, y no a una forma de libertad sexual”.

 Esto no significa, ni mucho menos, que la sociedad de la Grecia Clásica o la Roma Imperial fueran un ejemplo de libertad sexual. “Aunque era una práctica generalizada en algunos sectores de la sociedad, no era correcto que los nobles mantuvieran relaciones homosexuales con gente de su misma clase, como era el caso del imperio romano”, explica Zamudio López. Además, en estas culturas el hombre que practicaba el papel activo o de penetrador en el sexo anal no se consideraba homosexual, mientras que en cultura anglosajonas y del norte del continente europeo bastaba con estar involucrado en una relación homosexual para ser considerado como tal.

CENSURA DIVINA

 Así, el rechazo a la homosexualidad que ha existido tradicionalmente en el mundo occidental proviene de la tradición judeocristiana, que condenó estas prácticas desde los tiempos más remotos. A partir de la Edad Media la influencia de la Iglesia Católica fue creciendo, de tal manera que al llegar el 1500 se había pasado de la indiferencia relativa hacia estas prácticas sexuales que existían en el año 500 a. de C., a considerarlas un grave delito, con la consiguiente aplicación de crueles castigos en muchos casos.

 De hecho, el nuevo pensamiento moral que comenzó a imponerse en Europa a principios de esta época, promovido por teólogos como Tomás de Aquino, condenaba toda forma de placer sexual que no tuviera el fin de procrear. Tanto las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo como la masturbación o el sexo oral pasaron a ser considerados ilegítimos.

 Así, la Inquisición empezó a perseguirlos bajo el pecado de sodomía. Además, esta acusación se relacionó con la de herejía y se utilizó también como arma política para perseguir a los judíos –la legislación inglesa del siglo XIII estipulaba que las personas que habían mantenido relaciones con judíos o con gente del mismo sexo fueran enterradas vivas–, árabes o individuos con demasiado poder político. Un ejemplo de ello fue el desmantelamiento de la Orden de los Temerarios en el sur de Francia, bajo los cargos de herejía y sodomía, a comienzos del siglo XIV.

PLACERES O DELITOS

 Pero las épocas de persecución y condena han sido seguidas o incluso han coexistido con otras de mayor libertad sexual. Así, con el Renacimiento decae la autoridad absoluta de la Iglesia, los castigos se suavizan y el movimiento intelectual y artístico que surge en Italia desde finales del siglo XV contribuye a una apertura de ideas sobre el tema. Sin embargo, a mediados del XVI, la Contrarreforma trae una tendencia rigorista y moralista que censuran la presencia del homoerotismo en el arte, y en España se dan los casos más graves de persecución y condena por la sodomía. De hecho, los primeros conquistadores hispanos en América se habían espantado, supuestamente, de la forma en que los indígenas vivían su homosexualidad.

 Ya en el siglo XVIII, como resultado de la urbanización capitalista, los sodomitas se hacen más visibles dentro de la sociedad, forman su propia subcultura y su argot, y crean los primeros lugares de encuentro en las principales ciudades del noroeste europeo, aunque en esta época también se ven los peores casos de persecución y condena. En este sentido, el acoso fue especialmente importante en las principales ciudades de Francia, Inglaterra y Holanda.

 Del mismo modo, a pesar de que con la Revolución Francesa (1789-1799) aparecen los primeros vestigios del movimiento de liberación sexual en Occidente y a principios del siglo XIX se descriminaliza la sodomía en varios países europeos, todavía continúan las persecuciones bajo la condena de faltas a la moral.

DE PECADO A ENFERMEDAD

 A mediados del siglo XIX se produce un cambio: los psiquiatras forenses Michea, Casper y Ulrichs elaboran la idea del homosexual como especie, mientras que teorías como la de Krafft-Ebing lo reducen a una categoría degenerativa. Este proceso, por el que pasa de ser considerado un criminal a verse como un enfermo, culmina a finales del siglo, cuando aparece la noción de homosexualidad como categoría clínica, como una connotación de desviación, y surgen distintas teorías que intentan explicar, desde el punto de vista médico, el concepto de orientación sexual. Paralelamente, las culturas homosexuales europeas florecen. En Berlín y París se abren docenas de bares y se celebran bailes travestis. A principios del siglo XX también comienzan a hacerse más visibles algunas subculturas lésbicas.

 A partir de los años sesenta –y tras un inmenso paréntesis de oscurantismo sexual que se da en Europa desde la década de los treinta a la de los cincuenta debido al acoso nazi, en Alemania, y al de Stalin, en Rusia– se gesta un cambio radical.

 Gracias a la Revolución Sexual, se derogan las leyes que discriminan a los homosexuales y poco a poco el colectivo gay va abriendo un nuevo espacio político en la sociedad. Se gesta un auge de las diversiones y del hedonismo hasta que en los años ochenta aparece el sida, que acaba con personajes famosos como el actor Rock Hudson, Freddie Mercury, líder del grupo Queen, o el bailarín Rudolf Nureyev. El mundo gay internacional se fortalece al desplazar su atención a la solidaridad y la lucha contra la enfermedad.

SIGUE LA INTOLERANCIA

 A pesar de esto, en muchos países prevalece aún la tortura y el asesinado a homosexuales –en Arabia Saudita, por ejemplo, son ejecutados en público–. Sin embargo, cada vez es más frecuente el amparo legal ante la discriminación social a este colectivo. Sudáfrica fue la primer nación del mundo en prohibir la discriminación por la orientación sexual en su Constitución de 1996 –la legislación mexicana tampoco permite la discriminación por raza, sexo, religión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social–. En este sentido, los nórdicos han sido pioneros a favor de los homosexuales y otros países europeos, como Francia y Bélgica, tienen diversas leyes en las que se reconocen ciertos derechos civiles y legales a estas parejas.

 Además, la homosexualidad ha desaparecido de los códigos penales como delito y ya no se trata como una enfermedad que se necesite curar: la llamada terapia de aversión, que se aplicaba a a quellos que demostraban conductas homosexuales y que consistía en aplicar descargas eléctricas al paciente cuando se excitaba con la imagen de una persona de su mismo sexo, se abolió en Estados Unidos en 1973. En general, son muchos los países en los que el objetivo de igualdad legal parece estar cercano. Sin embargo, subyace el problema del cambio de mentalidad: “Se dan casos de gente que es molestada o despedida injustificadamente al saberse que es homosexual”, afirma Saúl Camaño, voluntario de Acción Humana por la Comunidad (AMAC).

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

 Aunque existe una aparente apertura, aún se dan casos de intolerancia difíciles de creer, como fue el caso del balneario El Ojo Caliente, ubicado en Aguascalientes, al que el gobierno panista dio la autorización de que se colocara un letrero en el que se prohibía la entrada a “perros y homosexuales”. Con todo, la actitud de tolerancia por parte de la mayoría suele ser la norma. Al respecto, Juan Vicente Aliaga afirma en su libro Identidad y Diferencia que “esta tolerancia existe mientras no demos muestras externas ni hagamos propaganda de nuestros afectos, mientras la única expresión posible admitida por los niños continúe siendo la heterosexualidad”.

 No obstante, el problema es más grave de lo que suele reconocerse. Según una investigación realizada por la Comisión Ciudadana Contra los Crímenes de Odio por Homofobia,  cada tres días un homosexual es asesinado en nuestro país. El estudio revela que de enero de 1995 a junio de 2000, se registraron 631 crímenes, la mayoría violentos. Pero lo más triste del caso tal vez sea el hecho de que, aproximadamente, tres de cada diez víctimas son abandonadas en los servicios médicos por sus familiares a pesar de que los cuerpos hayan sido reconocidos. El estudio concluye que, aunque la homosexualidad no es un delito en México, “la desigualdad ante las instituciones y ante la aplicación de la ley es consecuencia de la homofobia institucional, social y cultural”.

MÁS SOBRE LEYES

 Por otro lado, muchos autores declaran que en nuestro país el silencio ha sido y es el mayor problema del movimiento homosexual. No obstante, su lucha, independientemente de que haya o no una intención política, es abanderada por algunos partidos, como es el caso de la reciente iniciativa de ley –bautizada como Unión Solidaria– del PRD (formulada en diciembre del 2000) para que se legalice el matrimonio entre homosexuales. Tanto Acción Nacional como el PRI declararon que rechazarán la propuesta, aunque el Partido de la Revolución Democrática pretende continuar con el proyecto buscando el apoyo de distintos organismos civiles de gays y lesbianas. De esta manera, al mostrar claramente sus objetivos, los movimientos sociales de homosexuales buscan eliminar la opresión que padecen. De ahí que se celebren las espectaculares manifestaciones del “orgullo Gay” en diversas ciudades europeas, Norteamérica, México y Australia. Si bien estas expresiones públicas en los setenta tuvieron un fuerte contenido reivindicativo, en los últimos años se han convertido en todo un acto lúdico – festivo, con personas disfrazadas, carrozas y la presencia de personajes famosos. La celebración de julio de 2000 reunió a más de 15 mil personas en la Ciudad de México y, en urbes como Londres, a 100 mil.

 Otras muestras de visibilidad que ayudan a avanzar en la aceptación social y en logros políticos son la salida a la luz pública de personas que se identifican como homosexuales –salir del armario cuando es voluntario o outing cuando es desvelado por otra persona–, además de la presencia reconocible de locales comerciales o gays en las calles de ciudades grandes, como las de la Zona Rosa, en la Ciudad de México. Sin embrago, “no es tan fácil para todos comprometerse de esa manera. Una cosa es hacerlo en una ciudad grande y otra en un pueblo o una ciudad de provincia, donde mostrar abiertamente la homosexualidad supone como mínimo la marginación social”, explica David Montero. Prueba de esto es que el índice de suicidios entre los adolescentes es siete veces mayor entre los pertenecientes a la comunidad gay.

 Por otra parte, el capitalismo ha ayudado a la consolidación del movimiento gay. Un ejemplo de ello es que en Estados Unidos mientras el gobierno se opone al matrimonio gay, empresas como American Express ofrece beneficios a los trabajadores homosexuales que conviven con su pareja, según un reciente artículo publicado en el Wall Street Journal.


(Segunda Parte)

 Para unos es moda, para otros, una forma de reivindicar la homosexualidad. En todo caso, popularizar los rasgos que la definen –el glamour, las divas entraña los peligros de reafirmar temas sobre este colectivo y de su explotación sólo con fines comerciales.

 

A medida que la existencia de una identidad gay se ha normalizado en la sociedad, sus manifestaciones se han hecho más visibles: un estilo de vida, una estética o unas tendencias artísticas. En su libro La Crisis de la Heterosexualidad, el sociólogo Óscar Guash escribe que “la cultura gay es la forma de expresión de su identidad. Para Paco Calderón, activista y artista de la comunidad gay nacional y webmaster del sitio sergay.com.mx, no existe “una cultura gay por sí misma en México; de lo contrario, el movimiento gay en nuestro país tendría mucho mayor fuerza y capacidad de acción colectiva”. En todo caso, según Calderón, “los sitios de reunión de individuos homosexuales que han decidido salir del clóset y socializar abiertamente con otras personas afines a sus preferencias sexuales son verdaderos laboratorios en donde se representa la interacción que –en mayor escala– protagonizan los diferentes grupos sociales urbanos en México. ¿Esta interacción ha sido capaz de configurar una cultura propia, una ´cultura gay´? No lo creo”, puntualiza. Sosteniendo una supuesta identidad común se encuentra el mito, expresado en la literatura y en el arte, que ha servido a esta comunidad como imaginario común sobre el cual construir su identidad. Aunque no es totalmente real, según explica Óscar Guash en su obra, “la frecuente soltería, una nueva definición de lo masculino –radical en el afeminamiento y en lo viril–, el gueto, el modelo norteamericano, el libre cambio de orgasmos por orgasmos, el culto al cuerpo, el mito de la juventud y una interacción social en medio de la orgía son los elementos visibles”.

LA MUJER INVISIBLE

 Entre los tópicos atribuidos a la sociedad gay están el hedonismo, la superficialidad y la frivolidad. ¿De dónde surge el estereotipo del gay como una loca que se pinta la boca y se pone zapatos de tacón, se arregla y es ´amanerado´? “Muchos varones homosexuales adoptan expresiones femeninas durante su temprana adolescencia y, con el paso de los años, las van abandonando”, comenta Paco Calderón, quien tiene un amplio portafolios de fotografía erótica homosexual. “Algunos experimentan una sensación tan liberadora al actuar así que lo transforman en un estilo de vida que, en algunos casos, pudiera transitar al travestismo”. Según Ricardo Llamas, autor del libro Homografías, “sería absurdo pensar que a todos los gays les gusta Madonna, visten con ropa Jean-Paul Gaultier o se divierten en lugares con música house. No todos disfrutan de esta cultura: también está el obrero, el profesor y el hombre de mediana edad que va a comprar a una tienda departamental”.

 Por otro lado, la mayoría de estos rasgos se asocian a la homosexualidad masculina, ya que la femenina no es tan visible. El portal de Internet hartas.com, con sede en Buenos Aires, Argentina, es uno de esos pocos espacios públicos que posee la ´olvidada´ de la cultura gay: la lesbiana. “El nombre de nuestro portal por un lado es femenino y plural y, por otro, connota estar ´hartas´ de tolerar, de no contar, de no existir”, asegura Verónica Valverde Fernández, representante del equipo de hartas.com. “Resume el sentimiento de opresión que hemos vivido históricamente las mujeres, en particular las lesbianas más aún las latinas que estamos todavía en el clóset, e invita a la acción, a tratar de comenzar a expresarnos libremente. Nos merecemos un lugar abierto, que no se limite a las galerías de fotos y las listas de lesbianas famosas”. Así, es erróneo pensar que una persona, por el simple hecho de tener una preferencia sexual diferente, no comparta intereses en común con la población heterosexual. “Además de lesbianas, somos seres humanos y nos interesan las mismas cosas que a los demás. Por eso, en hartas.com incluimos secciones como informática, juegos, clasificados”, añade Valverde Fernández. ¿Y de dónde surge esa ´invisibilidad de las lesbianas´, como ella misma la llama? “A nadie se le ocurre que dos amigas que compartan una habitación de estudiantes puedan convertirse en amantes por la noche y, menos aún, que esas ´compañeras de estudio´ sean en realidad una pareja”, comenta. “Las mujeres somos consideradas poco menos que asexuadas. Incluso, antiguas leyes que han penalizado las relaciones homosexuales entre hombres han ignorado completamente el lesbianismo. No existe en el imaginario popular la idea de que dos mujeres puedan llevar una vida sexual plena sin la intervención de un hombre”. Y por si no se te han caído los pantalones todavía, estimado lector(a), piensa un poco en la conclusión de Verónica Valverde Fernández: “En cambio, si dos hombres solteros viven juntos inmediatamente levantan sospechas. A nosotras no nos quieren ver. No importa si estamos o no dispuestas a mostrarnos”. De ese tamaño.

VIVA LA DIVA

 Otro rasgo típico del mundo homosexual es la adoración a diferentes divas por las que sienten fascinación, un amor místico por asexual. No tienen por qué ser homosexuales, pero casi siempre poseen un prodigioso talento, una personalidad apabullante y una vida melodramática. No representan lo que un gay quiere ser, sino lo que le gusta y con lo que se identifica sentimientos y emociones. Judy Garland (1922-1969), por ejemplo, fue la primer gran diva gay en Estados Unidos en los años de la opresión. A Bárbara Streissand (1942) la población gay masculina la descubrió cuando cantaba en un local de este colectivo. Y Madonna (1959) es ahora la número uno de las divas.

 Pero también hay otras, como Greta Garbo, Audrey Hepburn, Cher, Joan Collins, Marilyn Monroe, María Callas, Coco Chanel o Talía. Una de las más recordadas es Alaska, aquella que cantaba primero con Los Pegamoides y luego con Dinarama, quien se hizo de una fama temporal con canciones como Terror en el Hipermercado, en la que se burla de una pareja heterosexual burguesa y, más tarde, con A Quién le Importa, que se convirtió en un himno de este colectivo.

ZONA ROSA

 Desde hace varios años, los gays se consideran un goloso segmento del mercado en Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Países Bajos. También se han creado negocios destinados a este público, como tiendas, restaurantes, asesorías legales o bares. La mayoría se concentra en las grandes urbes, pero no queda muy claro, sobre todo en el caso de los antros, si favorecen o desfavorecen la integración del gay en la sociedad.  “Los bares gays son sólo una cara de la totalidad de la comunidad gay, dice Paco Calderón, “pero esos circuitos comerciales de convivencia no son la comunidad gay; se trata de empresas dirigidas a un segmento específico del mercado, pero no explican por sí mismos a los miembros de una comunidad que comienza a reconocerse a sí misma”, apunta. Ricardo Llamas considera a estas áreas como “espacios de libertad para expresarse sin tapujos en cierto momento. Con el tiempo y a medida que crezca la integración, se irán fundiendo con el resto de la sociedad”.

 ¿Pero qué tanto pesan los gays en la sociedad de consumo? “Creo que en algunos aspectos tienen más peso que ciertos sectores de la población”, opina Abraham Quintana, redactor creativo de la agencia de publicidad OgilvyOne México. “Pero es algo relativo porque fácilmente pasa de ser algo exclusivo a lo discriminatorio. Finalmente, creo que a la hora de pensar en un público no se piensa si quien lo va a ver prefiere tener relaciones sexuales con un hombre, una mujer o un perro” Lo cierto es que el estereotipo gay se ha explotado constantemente en la publicidad, tanto en son de burla como al crear un ´personaje´ que los mexicanos reconocemos instantáneamente: la loca, la mariquita que nunca falta en algún sitio. “El estereotipo del gay de pañuelo al cuello y pantalones ajustados que recorre la ciudad en busca de sexo anónimo (…) es la manera que tiene la sociedad de poner ´lo diferente´ lejos de sí”, asegura Verónica Valverde Fernández. “El gay real es ´peligrosamente´ parecido a cualquier heterosexual, hombre de bien y padre de familia”, puntualiza.

MARCANDO MODA

 En todo caso, los ´lugares de ambiente´, el look, las artes plásticas o el cine gay ocupan un lugar cada vez mayor y la sociedad heterosexual participa más en esta cultura. Ricardo Llamas explica este fenómeno afirmando que “el colectivo homosexual ofrece propuestas nuevas que la sociedad acoge con curiosidad o interés, ya que no hay muchos grupos que den innovación. Por ejemplo, el cuidado de la piel y del cabello se ha extendido a todos los hombres. Pero esto no significa que la aceptación social se haya conseguido. Actualmente, es sólo una curiosidad que, a largo plazo, derivará en respeto a la diferencia”.

 Esta mayor tolerancia de la sociedad hacia la homosexualidad se refleja también en medios como la televisión. “En este momento hay una apertura. Antes no se podía tocar el tema gay más que en programas culturales, pero nunca en uno de ficción”, asegura Luis Eduardo Reyes, productor asociado de la serie Diseñador Ambos Sexos, show televisivo que ha alcanzado altos niveles de rating (el segundo programa más visto en la TV mexicana durante enero) al describir sin tapujos el concepto de la homosexualidad, aunque sus creadores no se sientan muy a gusto con la idea. “Insistimos en que Diseñador Ambos Sexos no es un programa con temática gay. Es acerca de alguien (Héctor Suárez) que para sobrevivir tiene que traicionar su personalidad y transformarse en homosexual. Por razones de la historia, el personaje principal entra a trabajar a un establecimiento de lencería donde predominan los gays. La premisa de la historia es traicionar lo que eres verdaderamente, para obtener lo que anhelas en la vida”, concluye Reyes.

 ¿Un programa sin temática gay es aquel en el que hay personajes gays y un ´buga´ que finge ser homosexual?  Sí, claro.

 Otro ejemplo de apertura es la serie británica Queer as Folk. Sus protagonistas viven en la zona gay de Manchester y su primer capítulo causó polémica en su país por sus explícitas escenas sexuales. También por el estilo fue la aparición de varias drag queens en la clausura de los Juegos Olímpicos de Sydney, quienes tuvieron que enfrentarse a la oposición de conservadora rechazaban que una película como Priscilla, Reina del Desierto representara al cine australiano–.

 Aparentemente, la explotación comercial del estereotipo del gay en los medios de comunicación no se detendrá pronto. “El hecho de que los estilos de vida homosexuales sean presentados a través de los medios masivos de comunicación con pretendida naturalidad, es el reconocimiento de una realidad a la que nadie puede escapar”, señala Paco Calderón. Para Ricardo Llamas, “esta es una visión más fácil de aceptar por la sociedad”.

 Sin embargo, ¿no se perderá la esencia del movimiento por la banalización de todo lo relativo a lo gay hasta límites que resulten grotescos? “La explotación comercial de este modelo retrasa el proceso de integración social, porque justamente hace creer que el extremo más alejado del abanico es el más común y el único”, opina Valverde Fernández.

 Llegamos a un punto en el que cabe preguntarnos si lo gay llegó para quedarse o es una mera moda. Para Paco Calderón, “está de moda reivindicar lo que injustamente es marginal”, y revela que “para quienes sí parece ser una moda es para ciertos partidos políticos y sus líderes, que han sacado provecho de las marchas para demostrar una falsa capacidad de convocatoria. El ejemplo más vergonzoso es el de la ex diputada Patria Jiménez (del PRD), quien quiso transformar una fiesta ciudadana de la diversidad en un mitin político para su partido, y que por ello ahora tiene el repudio unánime de la comunidad gay mexicana”. En el caso de Verónica Valverde Fernández, “si está de moda ser gay-friendly, la discriminación es old-fashion y, entonces, los gays pueden moverse con más libertades de facto”.

 ¿Es decir que las nuevas generaciones somos muy open-mind es o sólo nos hacemos tontos por aquello de lo ´políticamente correcto´? Aceptar la cultura gay no sería, en este sentido, menos hipócrita que llamarnos ´ecologistas´ porque nos hemos hecho a la idea de que es ´importante´ ser respetuosos del ambiente por el simple hecho de serlo. Valverde Fernández pone al heterosexual en su lupa: “Es una curiosidad morbosa y narcisista (la de la sociedad heterosexual en general): ´Miro cómo son´ (dicen), ´para confirmarme que no soy como ellos´. Esa sed de reafirmación en su seguridad es infinita”.


                    Revista QUO, No. 40 y 41, Febrero y Marzo de 2001