Ley de Sociedades de Conviviencia ... la democracia que nunca llega, por  Francisco Calderón Córdova, dedicado a Enoé Uranga y a Arnold Ricalde de Jager

Y va de nuevo para atrás: los integrantes de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, en su último día de sesiones del último periodo de la II Legislatura, el pasado 30 de abril del 2003, rechazaron cobardemente entrar a la discusión de la polémica Ley de Sociedades de Convivencia.

Temerosos del rechazo de la sociedad, a la que dicen representar con legitimidad, y sabedores del extremado conservadurismo sexual de la mayoría de los mexicanos, los diputados locales de los mega-partidos políticos PAN, PRD y PRI, boicotearon deliveradamente la sesión legislativa en la que se discutiría esta iniciativa de Ley; ésta pretende dar derechos a todo mayor de edad del Distrito Federal, sea o no homosexual, otorgandoun reconocimiento jurídico de la relación existente con otra persona con la que comparte su vida (y no necesariamente su sexualidad).

Más allá de discutir sobre los beneficios sociales que traería la aprobación de esta Ley, que indudablemente son muchos y pasan por el derecho a heredar, el derecho a la seguridad social, el derecho a la vivienda y otros más, el punto es reflexionar sobre las ofertas reales que ofrece a los homosexuales el actual modelo de democracia en México, modelo que persiste en el afán de excluir a grandes segmentos de la población de los beneficios que deben ser comunes a todo ciudadano, independientemente de su raza, clase social, credo, género, filiación política o preferencia sexual.

 

PARTIDOCRACIA VS. INICIATIVAS DE LA SOCIEDAD CIVIL

Recuerdo que allá por 1996 vino a México el politólogo italiano Giovanni Sartori, y en el hermoso recinto del Colegio de San Ildefonso, dio una plática sobre la evolución de los partidos políticos en el mundo. Entonces comentó que el destino final de los grandes partidos políticos, como lo son en México el PRI, el PRD o el PAN, es el de diluirse poco a poco y dar paso, irremediablemente, a las iniciativas de la sociedad civil organizada a través de instituciones más diversificadas y con un acceso diferente a las posiciones de decisión del Estado. De la actual existencia de los grandes partidos políticos, estaríamos presenciando una transición caracterizada por el surgimiento de importantes organizaciones civiles como protagonistas de la escena política, portadoras éstas de demandas ciudadanas legítimas, urgentes y diversas.

Hoy por hoy, en la primer década del segundo milenio, la única forma legal, legítima y posible para acceder a los cargos de representación popular y, por tanto, a las curules en las cámaras legislativas locales y federal, es perteneciendo a algún partido politico y logrando una candidatura electoral. Pero es un hecho que este esquema de representación de la sociedad en el Estado hoy no está siendo inclusivo, que está dejando a un lado a extensos grupos de ciudadanos que demandan no ser marginados de la aplicación del derecho -es decir, la justicia- ni excluidos del desarrollo social -es decir, el "progreso".

Las organizaciones de la sociedad civil en México se han fortalecido en los últimos años y seguirán haciéndolo en el mediano plazo, espero; ello está obligando no sólo a los partidos políticos a democratizarse en lo interno (lo que, sin duda, está mostrando una enorme resistencia), sino también al sistema de representación política a reconfigurar los mecanismos de acceso al proceso de toma de las decisiones públicas. Hoy por hoy, el debate político y el establecimiento de alianzas se da más intensamente en los medios de comunicación, que a través de las instituciones políticas o legislativas.

Si algo quedó patente durante la fallida discusión y el desafortunado reenvío a la congeladora de la iniciativa de Ley de Sociedades de Convivencia, el pasado 30 de abril en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, es que los partidos políticos -al menos en la Ciudad de México- no tienen hoy la capacidad de representar, de manera ordenada, a una amplia gama de las demandas que hoy reclaman los grupos sociales. La incapacidad de estos institutos para tejer alianzas, para conciliar posiciones, para contruir consensos, tiene su peor rostro en el diseño de su comunicación social, en sus estrategias y campañas proselitistas que cada vez más recurren a la descalificación, a la ridiculuización del adversario y al escándalo difamador. Con ello, la apatía y el abstencionismo son el resultado más frecuente.

 

LA TOMA DE LA TRIBUNA EN LA ASAMBLEA LEGISLATIVA

Diez diputados locales del DF, de diferentes partidos políticos, al ver que las fuerzas reaccionarias al interior de la Asamblea Legislativa pretendían cancelar la discusión de la inicitiva de Ley de Sociedades de Convivencia, tomaron la tribuna del recinto parlamentario y exigieron la incorporación del tema en el Orden del Día de la última sesión de su gestión. Finalmente, se consiguió hacerlo y la iniciativa obtuvo el número 18 en la lista de asuntos a discutir por los integrantes de ese órgano de representación ciudadana.

Sin embargo, al llegar al punto de la sesión en el que la muy polémica Ley de Sociedades de Convivencia habría de ser discutida y votada, muchos diputados -de todos los partidos- se retiraron deliveradamente del recinto legislativo, haciendo con ello que no se contara con el quorum  necesario siquiera para continuar con la sesión. El Presidente de la Mesa Directiva declaró la falta de quorum, y dio por concluidos los trabajos no sólo de esa sesión, sino de los trabajos de la II Legislatura.

 

Diez diputados del PRD, de Democracia Social, de Partido del Trabajo y del Verde Ecologista tomaron la tribuna. /  FOTO: GABRIEL JIMÉNEZ/ Reforma, 1° de mayo de 2003
Este hecho ha sido muy representativo -en mi opinión- de la actual crisis de los partidos políticos en México. Quedó manifiesta la división al interior de las fracciones legislativas de los partidos, su falta de cohesión, la no consolidación de acuerdos y la inexistente coincidencia ideológica de sus dirigentes, cuando lo único que dejó patente la actuación de los diputados locales fue el arraigado conservadurismo y la alarmante ignorancia que priva entre quienes hoy están accediendo a las posiciones legislativas de esta ciudad. 

El consenso que seguramente no alcanzaron muchas iniciativas de ley en la Asamblea Legislativa, esta vez lo consiguió el callado acuerdo de sus integrantes de no otorgar derechos no sólo a los homosexuales y lesbianas de la ciudad, sino tampoco a muchos ciudadanos que comparten sus vidas en un esquema de relaciones humanas diferentes a las tradicionales e institucionalizadas (como el matrimonio o el concubinato). Muchos de los diputados que abandonaron cobardemente el recinto legislativo, acobardados y temerosos de ser juzgados por su afirmativa o negativa a la Ley de Sociedades de Convivencia, son los mismos que en esos momentos esperaban obtener una nominación para una candidatura de sus partidos a un nuevo cargo de elección popular. Haberse manifestado en favor de "los jotos y las mamfloras", de legalizar el "matrimonio gay", les hubiera reportado un alto costo político y el riesgo de caer en el desprestigio; esos cobardes individuos, que se hacen llamar "representantes populares", son los mismos que seguirán con su simulación disque democrática ahora en el Congreso de la Unión. Reza el dicho popular: "cada pueblo tiene el gobierno que se merece".

 

Enoé Uranga / foto: Paco Calderón, 2000 LOS IMPULSORES... 

Vaya desde aquí toda mi admiración, reconocimiento y emoción para Enoé Uranga, amiga y mujer solidaria, que jamás bajó la guardia y hasta el último minuto de la II Legislatura luchó por la aprobación de esta iniciativa que, durante años, imaginaron hombres y mujeres progresistas, mexicanos comprometidos con la construcción de una democracia real y artífices del desmantelamiento del simulacro excluyente y machista (¡te abrazo desde la distancia, Rosalba Carrasco!).

Enoé Uranga, principal promotora de la iniciativa, alcanzó la diputación local a través del hoy extinto Partido Democracia Social, instituto político que por desgracia no fue capaz de asumir ni de conciliar la diversidad de sus banderas ni la de sus propios militantes. Los sueños que cobijó el PDS, no concluyeron en realidades tangibles y permanecerán por aún mucho tiempo en la postergación indefinida, cobarde, acomodaticia.

Arnold Ricalde, joven e inteligente legislador de la Ciudad de México, apoyó solidariamente la iniciativa de Ley y también hasta el final actuó en consecuencia con su convicción. Para tí, Arnold, todo mi respeto, afecto y también mi franca admiración. Cuando nos conocimos (cierta noche cuando nuestro anfitrión fue Tito Vasconcelos) me cautivó tu charla amable, franca y cálida....; con el paso del tiempo y en nuevos encuentros, reconocí tu capacidad para crecerte como representante popular, tu inteligencia hasta precoz como legislador y tu certero compromiso por defender lo que en principio consideras justo.

Seguiremos viéndonos en los espacios de debate y donde se tejen las alianzas (y ahora trataré de no ser "miedoso" cuando me ofrezcas la palabra en público); coincidiremos, estoy seguro, cuando salgamos a reivindicar, con los brazos abiertos ante la multitud, lo legítimo de nuestra emoción y nuestras ganas de compartirla  con todos.

 

Arnold Ricalde de Jager / foto: Paco Calderón, 2003

Y para los demás representantes populares que tomaron la tribuna aquella mañana frente al pleno de la Asamblea, con valentía y sin temores a perder las canonjías y los privilegios de las dietas o de la inmunidad parlamentaria, vaya mi agradecimiento por adherirse a la lucha de quienes son discriminados por ser diferentes. 

Si alguien ha de escribir algún día la historia del movimiento GLBT (gay, lésbico, bisexual y Transgénero) en México, la toma de la tribuna en la ALDF se me antoja un pasaje que, necesariamente, deberá ser referido como un momento cargado de simbolismos y significado; durante la primera década del siglo 21 -dirán los historiadores del movimiento GLBT mexicano- la sociedad mexicana abrazaba aún los valores conservadores, regresionistas y homofóbicos que heredó de su mestizaje evangelizador, del progreso positivista y del caudillismo revolucionario machista. Y sin embargo, hubo un grupo de valientes mujeres y hombres que destacó el valor de ser diverso, diferente, inclusivo y respetuoso de los estilos de vida de los demás. 

 

Y LA DEMOCRACIA QUE NUNCA LLEGA ...

Que haya cambio no quiere decir que éste necesariamente sea un tránsito certero a la democracia. El famoso cambio, tan traído de aquí para allá, tan rebuznado por el Presidente de la República y coreado por su circuito de poder, de ningún modo nos ha llevado a una democracia desadjetivizada, ajena a las etiquetas que imponen roles o marginan pareceres. La democracia no ha llegado más que para aquellos que hoy gozan de privilegios y antes eran oposición jodida. Por el contrario, hoy las diferencias se agudizan, y no precisamente en lo conceptual o en lo ideológico; la desigualdad en las oportunidades económicas, políticas, sociales y culturales, es grotesca y muy peligrosa. Ahora son sólo los frutos del enfrentamiento los que tejen endebles acuerdos y enclenques alianzas, y no es motivo de ello la prevalencia de un clima político de libertad y diálogo. La iniciativa de Ley de Sociedades de Convivencia tocó una fibra muy sensible de la intimidad colectiva, y terminó por delatar los miedos y las ambigüedades que subyacen en el ser del mexicano, del hijo más pequeño de la divinidad guadalupana. ¡No dejen de ver alguna telenovela, por favor!....., siempre es ilustrativo el planteamiento dramático que hacen de los valores y esquemas de conviviencia de los mexicanos. ¡Catalina Creel para Presidenta!

No hay que ser reticiente a escuchar de los permanentes escándalos políticos que llenan los espacios en los medios, ni debemos calificarles a la ligera como información sin valor ciudadano. Es precisamente en los escándalos mediáticos donde encontramos -a mi parecer- la lectura más fiel de la realidad del poder político en México. Así, bajo la luz de los recientes enfrentamientos al interior de lo partidos a causa de la conformación de las listas de candidatos a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, es posible vaticinar la permanencia en las cámaras de los mismos grupos que abrazan criterios aún conservadores y plagados de ignorancia. Por desgracia, los grupos de personas progresistas permanecen en la fragmentación estéril de sus organizaciones, en una oposición ineficiente y tratando de conciliar eternamente sus diferencias internas.

La Ley de Sociedades de Convivencia, me parece, seguirá en la congeladora por largo tiempo; quizás algún día se le saque de los sótanos de Donceles y Allende y los diputados tal vez tengan un dejo de honestidad, y decidan  discutirle abierta y razonablemente en beneficio sus representados. Pero ya sin un activo promotor de ella al interior de la Asamblea Legislativa, como lo fue Enoé Uranga durante los pasados tres años, difícilmente será retomada por ningún diputado que esté en sus sanos cabales. Sólo la presión política de las organizaciones ciudadanas, de las agrupaciones de la comunidad GLBT y demás gente interesada en su aprobación, detonará la deliveración de esta iniciativa que -no hay duda- busca un cambio sustancial en el esquema de convivencia al que cotidianamente  acudimos quienes habitamos en esta ciudad.  

 

Sigamos soñando cómo hacer el sueño realidad. No nos perdamos en la misma vorágine de competencias y rivalidades en las que hoy están los partidos políticos. Olvidémosnos de los protagonismos y los liderazgos a ultranza y sumemos razones e inteligencias; pues mientras la democracia se siga postergando y las emociones de los diferentes sean ignoradas, reprobadas y marginadas, probaremos la justicia sólo en la medida en la que estemos juntos...., acompañados...., solidarizados.

Los detractores más "liberales" de la iniciativa de Ley de Sociedades de Convivencia argumentan que los derechos que se exigen ahí, ya existen en el derecho positivo mexicano y qué sólo hace falta que hagamos uso de ellos; bueno, yo digo que pongamos a prueba si realmente existen o si nos son justos, ejerzámoslos y entonces exijamos los ajustes, las modificaciones, las derogaciones y las innovaciones que nos parezcan....., hasta que nos hagan justicia.

En fin,.... en lo que la democracia llega a esta ciudad......, ¡cásate conmigo, mi rey! ....

 

Paco Calderón. México DF, Mayo de 2003.

 

TEXTO DE LA INICIATIVA DE LEY DE SOCIEDAD DE CONVIVENCIA