Cuando llega ese momento de la vida en que inevitablemente sabes que estás infectado por el VIH, tus sentimientos cambian de plano y se ubican en un lugar diferente al que siempre han ocupado, al que habitualmente se percibía como origen. La vida es súbitamente diferente y, por lo mismo, es renovada.

Este es un texto que llegó por el correo electrónico hasta nuestras manos, de manera anónima, y que nos ha emocionado tan profundamente a quienes nos fue dirigido que en esta ocasión queremos hacerle el artículo principal de la nueva edición.

Amado amigo...., éste es el camino que juntos estamos inventando, éste es el tiempo que alegres derrochamos para nunca más ver atrás....

 

Por fin, después de tantos meses, me llega mi periodo vacacional, las maletas están hechas, boletos listos, los cheques en la cartera y los pasaportes,  que por cierto me falta el de mi pareja -Adrián- quien aún está peleándose entre los modelitos que se llevará para estas dos semanas,  aunque según el satélite el clima está en 31 °C, él siempre se pelea cada ves que salimos por eso de la ropa, .... es muy de él.

Nada ha sido como me lo contaron, ni aún cuando me ha tocado ver caer a buenos amigos víctimas del SIDA.  Tengo  33 años y para hoy ya son 18 meses y contando desde que un amigo me realizara la prueba –junto con Adrián, mi pareja- y se nos diagnosticara que somos, ambos, portadores del VIH. No puedo decir que para nada fuera sencillo haber recibido el diagnóstico. Fuimos corriendo a casa de Raúl, amigo quien nos dio asilo por algunas horas, mientras que sacábamos los sentimientos, digamos “intensos”, que nos provocó dicha noticia.

Lloramos, nos consolamos, nos apoyamos,  pero lo más importante de todo es que nunca jamás, y eso hasta la fecha,  ninguno de los dos nos acusamos de ninguna manera de haber sido el que infectó al otro; los dos asumimos una actitud de dolencia hacia  el otro, como hacia nosotros mismos. Sin embargo, nunca hubo el sentimiento del rencor o de la culpa del uno para el otro. Nos abrazamos, en un instante se congeló todo lo pasado, y empezamos a construir un futuro, tan largo o corto como deba de ser.

 No fue fácil, de hecho ni siquiera entramos en la desenfrenada búsqueda del posible culpable entre nuestros amantes del pasado, no le encontramos caso alguno. De cualquier manera, ¿qué? ¿le íbamos a ir a buscar para madrearlo o reclamarle?, ¿para qué?  La única conclusión para esto es que uno infectó al otro o bien ya los dos veníamos infectados. Dada la circunstancia, hubiese sido una bizantina discusión sin conclusión. En fin, el buscar sólo nos llevaría a no encontrar nada, y sí a lastimarnos mucho.

Al final, cada uno fue tan irresponsable y descuidado que no nos protegimos, y como nadie nos puso una pistola -bueno- en la cabeza, aceptamos y enfrentamos las consecuencias de los actos que hicimos y con lo que  ahora vivimos. Para estas fechas y a este tiempo de ser diagnosticado, lo más fuerte que me ha pasado es un resfrió de apenas 3 días; a Adrián si le dio un cuadro diarréico fuerte, acompañado de fiebre, que se le complicó por casi un mes y no cedía y no cedía. De hecho, fue por ello que nos hicimos la prueba, de la cual yo ya sabía el resultado. Unas dos semanas antes, su cuadro era típico del virus y tuve tiempo de hablarlo con otro amigo que también es portador y que, a dos años de saberlo, está completamente sano. Él me ayudó muchísimo para mentalizarme al respecto, .....su serenidad cuando él se enteró me fue simbiótica.

Pero en fin, la salud de él -mi pareja- es más sensible que la mía, amén de que es años más joven que yo; sin embargo, le admiro que pese a su corta edad se comportó en esto como todo un adulto, maduro y centrado, ....y de hecho, lo tomó aún más tranquilo que yo, a pesar de la dicha preparación mental que ya había tenido.

Fue curiosa esa noche, después de la crisis que obviamente nos dio, salimos del cuarto de la casa de Raúl, y nos sentamos a tomar la copa, desde ese momento y a la fecha,  nos empezamos a burlar de lo que a los tres nos pasaba, con absurdos; como que en el futuro en lugar de brindar con ron, lo haríamos cada uno con su pastilla del retroviral, o en lugar de pedirnos un body para salir a la disco, diríamos oye... no me prestas un AZT. Las bromas que hacemos son emular a Posadas con su parca, siempre presente y temida, sin embargo encarar la realidad en son de broma, la hace más fácil de llevar.

 Nuestra vida en pareja ha mejorado en la convivencia, nos peleamos por cualquier cosa ...como qué película ver o a dónde salir, pero jamás sobre el virus que llevamos alojado. Mis amigos ahora lo son más, y no por conmiseración, más bien porque son amigos de verdad.

Hemos buscado la atención médica pertinente y cada X meses pues a poner el brazo, para eso de la carga viral y el CD4; aparte de esas desmañanadas para ir al laboratorio de la Condesa, no ha habido absolutamente ningún cambio.  Sabemos que en algún momento él o yo empezaremos a tener que tomar nuestros medicamentos y, con ello, los cambios llegarán, ... tanto de costumbres como de alimentación. Y creo que estamos listos para sufrir esos efectos colaterales y diversos que pasan con los medicamentos, pero es parte del juego y el juego es mantener la cordura y la calidad de vida.

 Muchas veces me quedo viéndolo dormido en la cama y velo su sueño -a veces a fuerza, porque ¡cómo ronca!-, tan sereno, tan frágil, es el sueño de un niño, mi niño. Lo imagino a los 30 o 35en su trabajo y con sus amigos, pero no me veo con él. Quizás ya no me dé la vida para ello o bien la relación se acabe ¡por qué sé yo!  Pero tengo muy claro que preparado, lo quiero independiente, solvente, maduro y con la salud necesaria para hacer frente a lo que venga, y por sobre todo lo veo inteligente y sereno, para afrontar las cosas que tengan que pasar. Conmigo o sin mí.

 Veo a mi alrededor y me pregunto qué será si me voy rápido. Mis padres no saben nada de esto, no soy quién para darle a mi madre tal dolor, ¡no!, ¡nunca lo haría!. Veo mi casa, mi jardín (lugar donde mi abuelo solía reflexionar), mis plantas. Recuerdo ahora las cosas de manera distinta; ahora cada objeto se hace más parte de una historia, de un cuento: mi sala, las escaleras, la recámara, ....mi casa y sus contenidos pasan a ser protagonistas de mis sentimientos, ....recuerdos y planes.

¿Quién cuidará mi jardín?, ... o mi colección de discos, ¡mis escritos!, ¿quién vivirá en esta casa?, ¿quién se acordará de mí?

No tengo cómo heredar a Adrián, amén, claro, de que las legislaciones cambiaran -ja, ja, ja. Por ende pues, hallaré un mecanismo de trascendencia, ya sea con sobrinos o amigos. Esta es la parte que de verdad me puede doler, ¿llorar? ... no ya no. No lo hice al principio menos ahora. 

Ya me distraje Adrián entró para preguntarme qué pantalón se le veía mejor, y es que la verdad es que se ve bien con todos, pero para esto del viajecito, bueno. ¿En qué estaba?, ¡sí!, eso de la permanencia, hedonismo de humano tal vez, o bien como dice otro amigo, cuestión cultural.

Después que me enteré de mí y de él, poco a poco supe de otros más que no lo tomaron a la buena. Fue por esos días que me enteré de aquella nota de noticieros, de un chavo que se había aventado del puente de Santa Fe, suicidándose porque estaba infectado. ¡Joder!, ¿qué nadie lo puedo asesorar en lugar de hacer del hecho un vodevil de TV?, ¡o haberle puesto una red de bomberos para cuando se dejara caer¡, ¡qué poca madre de quienes estuvieron presentes!.

Si no nos hubiéramos realizado la prueba de Elisa, tal vez para hoy no pasaría nada, y todo sería igual y ya. Podría ser que inclusive sin ello, para hoy, ya no fuéramos pareja. Pero para efectos prácticos lo que logramos fue una gran paz mental, y la conciencia de que hay que cuidar nuestra salud, y con ello yo la de él y viceversa. De hecho es lo mejor que hemos hecho en pareja, me encuentro orgulloso de ambos.

Si alguien me pregunta si se debe o no hacer la prueba, soy el primero que positivamente - y es textual- digo que sí, por supuesto. Preferible mil veces saberse VIH+, que ser especulativo; así pues, en su caso, tener la atención precisa para tal o cual afección.  Además,  ya viéndolo del lado positivo, no es tan malo: ni hay razones para entrar en histerias o paranoias, pues ya con los tratamientos actuales y con la disciplina de alimentación y administración de medicamentos, junto con ejercicio y salud mental, ¡hombre!, el diagnóstico no cambia la vida de uno, ... de hecho la puede enriquecer, ya sea a los veinte o a los cincuenta.

Sí, yo sé que no es curable, pero no tiene por qué ser un martirio desde el día que te enteran que eres positivo; el VIH es un virus, la tortura se la hará uno mismo con la cabeza. Para cuando nos toque el momento de sufrir las  consecuencias del SIDA como tal, no habrá más que enfrentarlas con la conciencia de que son inevitables, más sí controlables y, bueno, cada cual afrontarlo como mejor pueda con la adecuada atención médica y sin buscar culpables o sentirse victimado por lo que nos aqueja. Quien no se atiende hasta de una tos mal diagnosticada, se le puede complicar hasta decir bye, y eso no es por VIH, es por necedad e ignorancia de no asumir que con una simple prueba los médicos sabrán exactamente por dónde atacar y, por ende, curar. Con ello pues, ¡carajo!, las cosas serán mejores para uno mismo. Esto de la prueba no beneficia a nadie más que a uno mismo, a la postre, sólo uno puede ayudarse y sólo hay que aceptar las consecuencias de nuestros actos  (ya sean "buenos o malos") y con ello, con el cerebro en la mano y el corazón guardado, tomar las acciones pertinentes. Y a seguir adelante, pues la vida sigue 1, 10, 15 ó qué sé yo cuántos años;  y lo único que hay que hacer es atenderse y vivir y disfrutar estos años. Pero hay que hacerlo a tiempo, no cuando el niño ya se está ahogando. Como Raúl dice: “No es que todo esté bien, es que aún nada esta mal”...

¿Que muchos se entregan a la depresión, al alcohol y a las drogas?; bueno, en mi caso desde que tenía 14 años me gustó la copita, pero gracias a Adrián, a Francisco y a Raúl  que, con su apoyo y -hay que decirlo- fregar de siempre, me apartaron justo a tiempo de caer en rollos de un alcoholismo que iba en camino de convertirse en un infierno. Y más desde que me supe positivo, pues las culpas me atacaban a los pocos meses de que nos dijeron que éramos VIH+. Ahí entre copas sí que se me iba toda la coherencia; y no tanto por mí, sino por Adrián, Sin embargo, tuvieron el tino y el cariño para hacerme enderezar ese detalle, que para hoy ya me hubiese devastado en el fondo de una botella. Fue gracias a mi pareja y a mis amigos que el freno llegó a tiempo, así que ese punto quedó en control y, con ello, todo está en santa paz con mi cabeza..... Y  bueno, drogas nunca usé.

No se vale caer en conmiseraciones de "pobre de mí, ¿qué voy a hacer?" o "¿qué será de mí?"; ya no vale la pena, hay que atenderse. Si se es trabajador asegurado, en el IMSS; y si no, en la clínica Condesa. Y si se tiene el dinero, de forma particular; pero atenderse, ahí están las asociaciones civiles que brindan atención psicológica y médica a muy bajo costo. Hay que contar con los amigos, y si nos rechazan pues a la chin...  con ellos, que al fin entonces no eran amigos. Y si no se tienen, buscar ayuda psicológica, ¡carajo!, esto es un putazo de los más grandes que hay, y si uno no tiene el seso para manejar la situación, pues ir con quien nos pueda ayudar, donde y como sea, pero no dejarse caer en un círculo de penas que no nos llevarán a nada, y recalco, a nada. Búsquedas de tratamientos disque alternativos que ofertan salud y la cura absoluta, ¡por favor!, ¡tal cosa no existe!, no dejarse estafar por esos fariseos sin escrúpulos que lo único que hacen es joder más la salud física y devastar la esperanza de los que somos VIH+.

Lo primero que devasta a quien es VIH+, no es el virus, es la actitud que se toma ante el hecho de saberse portador y a la larga enfermo del SIDA; se debe de tomar -y lo repito- con el cerebro en la mano y el corazón guardado, no hay de otra....

En una hora estaremos en el aeropuerto, ¡por fin Adrián tiene la maleta hecha!  Ya sólo falta se arregle el peinado, que es otra ceremonia. Nos iremos a disfrutar de unas merecidas vacaciones. ¿Saben?, él a sus 20 años me enseñó algo que ni se imagina: la más grande comprensión y el amor que nunca pude esperar de alguno de su edad. Aquel abrazo donde los dos lloramos por no sé cuántas horas el día del diagnóstico, y la dicha de estar juntos desde entonces me ha hecho más allá de amarlo, respetarlo.

Lo grandioso que me ha enseñado ser VIH+, es saberme con la mejor pareja que pude tener para enfrentar y compartir el hecho de sabernos positivos. Contar con amigos como Raúl, Francisco y Julián, que están ahí, para todo,  que no cambiaron en nada y que de igual manera lo hicieron extensivo para Adrián; el ser portador me enseñó a ser más sensible y a ser más disciplinado en mi vida, a decir no cuando así lo creo, y pedir disculpas cuando me equivoco, a disfrutar de mis cosas y mi tiempo,  a querer mejor a mi madre, pareja y amigos,  a mi mismo. A saber cuándo retirarme y cuándo luchar, y ahora es tiempo de luchar y enfrentar, después de todo, tengo la vida por delante...

Llego el taxi, es tiempo de volar...

Anónimo

Recibido el 9 de julio de 2001.