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... CON O SIN CONDÓN, A FAVOR O EN CONTRA...

Ya en el año de 1992, en plena crisis del SIDA en México y otros países del orbe, el cine francés había planteado la disyuntiva entre usar o no el condón (en Les nuits fauves, o en español Las Noches Salvajes, del director Cyril Collard), y desató la polémica discusión entre los que reconocían la urgencia de frenar a la epidemia del SIDA a través de los métodos preventivos recomendados (acceso a la información, uso del condón, abstinencia o monogamia), por un lado; y por el otro, los que argumentaban que la mejor manera de sentir placer pleno, de suprimir el estrés y el miedo a ser infectado por el VIH, era no preocuparse por adquirirlo y disfrutar con plenitud cada encuentro sexual. Razones más razones menos, cada una de estas posiciones se ha ido fortaleciendo y haciendo de adeptos, lo que -desafortunadamente- ha dado una nueva dimensión al problema del SIDA en el mundo.

Creo que es alarmante esta creciente tendencia a practicar sexo anal sin protección, en México y en el mundo, y que en poco tiempo comenzaremos a ver una nueva oleada de casos de SIDA que impactará, negativamente, a la comunidad gay en particular y a la sociedad en general. Sólo basta con revisar los anuncios clasificados que la gente está colocando en los portales gays de la Internet, como Gay México u otros, para darse cuenta del incremento de la práctica del sexo anal no protegido, sin condón o bareback, en ciudades como el Distrito Federal, Guadalajara y otras. Sea como sea que interpretemos este hecho, las consecuencias en los sistemas de salud de países como México, y sobre todo en el sistema público de salud, serán nefastos y los costos pudieran no combatir y disipar la emergencia.

Sin embargo, y lejos de querer plantear desde un principio de este artículo una posición opuesta, moralista o inquisidora en contra de quienes practican el bareback, quiero hacer un análisis crudo y -en la medida de lo posible- objetivo del fenómeno. Así pues, comencemos desde el principio.

 

Algunas definiciones pertinentes.-

El término bareback (montar sin silla o a pelo) se refiere generalmente a los hombres gays que realizan sexo anal sin protección. Se argumenta que practicar el bareback tiene sus pros y sus contras:

** Los pros

- Hacer bareback simplemente se siente mejor que con condón, pues el sexo anal así es más placentero y gozoso (sin duda, así es para el que juega el papel activo en el coito y concentra sensaciones placenteras en su pene).

- Hacer bareback -se dice- lleva a una mayor intimidad entre los hombres mientras lo hacen.

- El sexo es más espontáneo que cuando se hace con condón. No hay necesidad de preocuparse de utilizar el condón.

- Resulta más barato hacerlo así, que teniendo que comprar condones. Usar condones puede ser caro, especialmente si uno tiene pocos ingresos o si los sistemas de salud pública no tienen una distribución focalizada y suficiente de preservativos entre grupos poblacionales específicos.

- Si ambos hombres no están infectados con VIH, ni de ninguna otra enfermedad de transmisión sexual (ETS), hacer bareback es 100% seguro y libre de enfermedades infecciosas. En este caso, hacer bareback cae en la categoría de "sexo seguro". (Desde luego, bajo el supuesto de que ambos sean 100% fieles a su pareja, monógamos en estricto sentido).

- Hacer bareback puede en algunas ocasiones llevar a la monogamia. Si dos hombres son monógamos y VIH negativos, la posibilidad de hacerlo sin protección y con seguridad les da un incentivo para permanecer monógamos y fieles. El sexo no protegido también refuerza los lazos emocionales entre la pareja gay.

** Los contras:

- Si haces bareback con una persona infectada con VIH u otra ETS (aún cuando no presenten síntomas visibles), puedes infectarte y enfermar con alguna de estas patologías. Enfermar de SIDA o de otra enfermedad de transmisión sexual, ¡no es una experiencia placentera!

- Hacer bareback con una persona infectada con VIH u otra ETS potencialmente mortal (como la hepatitis B), puede llevar al contagio y a la muerte segura causada por cualquiera de estas enfermedades.

- Si tú estás infectado con VIH u otra ETS y haces bareback, puedes infectar a otras personas (incluidas aquellas a las que más quieres, como tu pareja o tus amigos sexuales).

 

¿Por qué los hombres gays tienen sexo bareback (o sin protección), a pesar de los posibles riesgos?

Hay muchas razones para ello, incluyendo lo siguiente:

- Muchos hombres dejaron de temerle al SIDA o las nuevas generaciones de jóvenes gays no lo han vivido con el dramatismo de generaciones de mayor edad. Hay quienes piensan que con tan solo tomar algunas píldoras al día (los conocidos cócteles antivirales), el SIDA no es un problema, es totalmente manejable y algo con lo que se puede vivir fácilmente. Pero..., solamente habla con algunas personas que están viviendo hoy con VIH-SIDA y seguramente te contarán una historia diferente.

- Hay personas que viven sólo para el hoy, y no piensan para nada en el futuro -lo que no está mal. Algunos hombres piensan que tienen que hacer todo lo que puedan con sus vidas ahora mismo, pues no esperan vivir por mucho tiempo o simplemente porque su idea del futuro gira en torno a otros parámetros.

- Existen hombres gays que se enfrentan cotidianamente a situaciones de baja autoestima. No piensan que valga la pena proteger su salud o su vida. La baja autoestima  es común en la comunidad gay y está relacionada directamente con la manera en que la sociedad trata a los hombres homosexuales, con la discriminación y la homofobia. Ser gay es difícil y muchas personas viven una derrota cotidiana sólo por su condición homosexual.

- Algunos hombres creen y sostienen que "si se siente bien, ¡simplemente hazlo!". Están dispuestos a correr los riesgos y las consecuencias, dando prioridad al hedonismo y al gozo egoísta (o desprendido de atavismos que les parecen inútiles).

- Muchos hombres que ya son VIH positivos piensan que ya no necesitan más usar el condón; se despreocupan de las consecuencias que trae la reinfección del VIH en su salud o de las ETS en general (lo que ya se refleja hoy en un incremento de casos de sífilis, gonorrea y otras enfermedades que se creían controladas).

- Muchos varones gays viven en la negación y creen que nunca se infectarán.

- Algunos, simplemente disfrutan más al hacerlo sin protección y creen que vale la pena correr el riesgo. Prefieren al contacto "piel con piel", desdeñando los riesgos.

- Otras personas simplemente detestan usar el condón. Se quejan de que éste reduce las sensaciones placenteras e incluso de que el preservativo les lleva a perder la erección durante el coito. También hay los que dicen que ponerse un condón es toda una complicación, lo que termina por arruinar sus encuentros sexuales. La queja común es que el condón interfiere con el acto sexual, ya sea mientras se coloca como cuando se lleva a cabo la penetración anal.

- Hay los que han escuchado decir que "el resto de la gente" está haciendo hoy bareback o sexo anal sin condón", así que desean hacerlo también y experimentar el placer como lo hace "la mayoría".

- Cuando alguien está borracho o en el viaje de las drogas, es más afecto al sexo desprotegido. Las cifras más altas de uso de alcohol y drogas, al menos en los EEUU y en países del mundo industrializado, están en la comunidad gay.

- Hay quienes están totalmente desinformados y -por ello- despreocupados de los riesgos de las ETS, padecimientos diferentes al SIDA y con menor difusión pública. En gran medida, ha habido muchos esfuerzos previos para educar a los hombres gays respecto al SIDA, pero -por otra parte- no ha habido suficientes esfuerzos para informar a los hombres gay respecto a otras ETS. Además del VIH, otras serias enfermedades pueden ser transmitidas por hacer sexo sin protección o bareback, como por ejemplo: gonorrea, hepatitis B, hepatitis C, clamidia, condilomas anales o genitales, herpes, sífilis y otras. Algunas de estas ETS son incurables (como el herpes o los condilomas anales y genitales), y muchas son potencialmente mortales (como la hepatitis B y la hepatitis C).

- Muchos están ya tan saturados y hartos de escuchar hablar sobre el SIDA, que simplemente prefieren ignorar todo el asunto y no volverse a preocupar de ello jamás.

- Para algunos hombres, si su pareja no saca el tema del VIH o de otras ETS, es fácil asumir que simplemente su pareja no está infectada y que hacer bareback es completamente seguro. Piensan que "si fuera positivo, me lo diría". Ésta es una presunción peligrosa de hacer, pues hay hombres con VIH u otra ETS, que no le dicen a su pareja en mucho tiempo que están infectados. Esto es generalmente debido a su miedo a ser rechazados, por vergüenza, negación u otras razones.

- Algunos hombres son más afectos al bareback con sus amantes o con otras parejas que conocen de manera personal. Hacer bareback es una manera de mostrar intimidad, afinidad y que el compañero te importa.  El intercambio de semen es visto como una manera de amarrar emocionalmente a dos hombres El uso de condón es visto como una barrera para la intimidad y para esta compenetración entre machos.

- Si la persona no está preocupada de infectarse con el VIH, existe una alta posibilidad de que tampoco  se preocupe por adquirir otra ETS cualquiera.

- Hay a quienes les sorprende el momento culminante "al calor del momento" y terminan teniendo sexo no protegido, aún cuando no planeaban hacer bareback. Algunas veces, cuando el hombre está muy cachondo, sus deseos sexuales sobrepasan su pensamiento racional.

- Unos harán bareback mientras sean quien juegue el papel del activo, mientras sea el que penetre a su compañero. Hay un mito muy extendido que plantea que sólo los hombres pasivos pueden ser infectados durante la penetración anal y que, por tanto, es seguro hacer sexo desprotegido cuando se es solamente activo. Eso no es verdad. En realidad, al tener sexo con una persona infectada con VIH o cualquier ETS, el activo está en alto riesgo, tanto como lo está el pasivo. Es un hecho que ninguno de los dos jamás está en situación de bajo riesgo de contraer infecciones.

- Entre los hombres gays jóvenes, específicamente, no se ha experimentado tanto la pérdida, la devastación o la muerte de amantes o amigos (causada por el SIDA), como los hombres de mayor edad lo han hecho repetidamente y desde los años ochenta. Por tanto, los jóvenes gays están menos asustados y, consecuentemente, son menos afectos a cuidarse de la infección (de no ser que cuenten con la información suficiente y una guía adecuada).

- Incluso entre los hombres gays maduros, la práctica del sexo seguro está disminuyendo notablemente y hacer bareback se está incrementando y es ya más frecuente.  Esto es porque, de manera realista, es difícil para ellos utilizar condón cada vez que tienen sexo con cualquier pareja durante largo tiempo (meses, años o incluso toda la vida). Decirle a un hombre que use condón con cada una de sus parejas y cada vez que tenga sexo, es un reto mayor (y para algunos hombres, una meta poco realista).  A menos de que haya constantes campañas de educación sexual y un acceso efectivo a los métodos de prevención, repito, no resulta sorprendente que el uso del condón sea menor día con día.

- Se ha dicho que el barebck es una manera de revelarse a lo establecido. Los hombres gays han escuchado una y otra vez que "deben" utilizar condón. Para unos, hacer sexo sin protección es una manera de rebelarse en contra del "sistema" o de lo "establecido", que les dice groseramente qué pueden o no hacer.

- Un chico puede hacer bareback con su pareja si éste le ha dicho que resultó VIH Negativo. Pero ello no significa que el bareback sea seguro. Primero que nada, consideremos que toma hasta seis meses para mostrar en una prueba que se es VIH positivo, y un resultado negativo no significa necesariamente que la persona no esté infectada (si se analizan antes de seis meses).  También, si un chico que ha resultado VIH negativo se ha vuelto a poner en situación de riesgo, su resultado negativo no tiene validez y necesitará analizarse nuevamente. Además, algunas personas que no se han analizado recientemente (o que nunca lo han hecho), le dirán a los demás que resultaron negativos, como una forma de enganchar a otros para tener sexo bareback con ellos (en otras palabras, algunos hombres están proclamando ser VIH Negativos como una manera de enganchar a otros para tener sexo no protegido). Finalmente, aún cuando un hombre no esté infectado con VIH, bien podría estar infectado con otra ETS, seis meses o más después de su posible exposición a estas enfermedades.

- Hay incluso un pequeño grupo de hombres quienes tienen el propósito de ser infectados con el VIH (como lo vimos en alguno de los capítulos de la serie televisiva Queer as Folk). Estos hombres son conocidos en Norteamérica como bug chasers (algo así como cazadores del bicho). 

 

 

De igual forma, y es mucho menos común, hay algunos VIH Negativos que buscan hacer bareback con hombres VIH Positivos (aún sabiendo los riesgos).

Hay muchas razones para ello, incluyendo:

- Son personas a las que les gusta vivir la vida "al filo" y obtener placer desafiando al peligro. Podríamos decir que son personas de naturaleza temeraria.

- Si la pareja de algún chico es VIH positiva, hay ocasiones en que éste desearía hacerlo sin protección con él, como una forma de demostrarle su amor, aún sabiendo que pudiera infectarse también por hacerlo sin protección.

- Algunas personas no se preocupan por la posibilidad de ser infectadas, mientras sea su pareja quien le infecte. Ven al VIH como una manera de estrechar más su relación con su pareja infectada (algo que también se planteó en algún capítulo de la serie televisiva que cité más arriba).

- Los hombres VIH positivos, generalmente, tienen su propio círculo social y amistades. Hay quienes permiten ser infectados con tal de ser aceptados e incorporarse al círculo de amigos. Ser VIH positivo les da a algunos "sentimiento de pertenencia". Algunos VIH Negativos han comentado también que "la gente con VIH obtienen toda la atención, misma que yo no tengo".

- En algunos países, como en los EEUU, ser VIH positivo trae consigo el incremento en los servicios sociales y beneficios obtenidos (casa, comida, asistencia pública, etc). Una persona VIH positiva algunas veces califica mejor para obtener más servicios sociales, que otras que no están infectadas.

- A algunos hombres simplemente no les importa saber si están o no infectados. 

- Muchos hombres gays son terriblemente fatalistas. Piensan que adquirir el VIH es algo inevitable, algo que sucederá tarde o temprano, así que no tratan de evitarlo. Creen que buscar permanecer VIH negativos es demasiado estresante, y finalmente se permiten ser infectados a fin de "acabar con el miedo". Hay incluso los que creen que ser VIH positivo es parte del hecho de ser gay, es una consecuencia lógica y natural.

 

Existen algunos términos del slang o caló relacionado con el bareback, y que seguramente escucharás por ahí:

 

 

 

 

 

 

 

 

Fiestas Bareback

Fiestas de sexo grupal donde el uso de los condones no es permitido. Hay diferente tipo de fiestas:

Fiestas bareback de todos Positivos (donde todo mundo en la fiesta es VIH Positivo)
 

Fiestas bareback de todos Negativos (donde todos son VIH Negativos)
 

Fiestas de conversión (ver abajo)
 

Fiestas de Ruleta Rusa (ver abajo)

Bug chasers (o cazadores del bicho )

 

Hombres que están buscando ser infectados con el VIH.

Gift givers  (dadores del regalo)

 

Hombres VIH positivos que buscan infectar a los cazadores del bicho.

The Gift (o el regalo)

 

el VIH

Fiesta de conversión

 

Fiestas de sexo grupal donde los cazadores del bicho permiten que les infecten los dadores del regalo.

Fiestas de ruleta rusa

 

Fiestas bareback con ambos, hombres positivos y negativos. Los VIH negativos corren el riesgo de ser infectados ahí teniendo sexo con los VIH positivos. Dependiendo de las circunstancias, los participantes de la fiesta pueden o no saber más adelante quién es negativo o positivo.

Bug brothers (hermanos de bicho)

 

Un grupo de hombres VIH positivos.

Venida cargada o venida Pos

 

Semen de un hombre VIH positivo.

Cogida de la muerte

Coito en el que la infección es transmitida.

 

En resumen:

Con el incremento de la práctica sexual conocida como bareback, podemos esperar ver un aumento en las tasas de infectados por el VIH y otras enfermedades sexuales. De hecho, a la fecha ya estamos viendo una alza en los casos de gonorrea específicamente entre hombres gays (cuando de hecho la tasa está bajando en otros grupos de la población). Sumado a esto, con el incremento del bareback, también estamos en espera de ver una segunda ola epidémica de infecciones por VIH  entre la comunidad gay, a menos de que se realicen verdaderos esfuerzos, públicos y privados, por tomar cartas en el asunto desde la perspectiva de campañas de educación, prevención y el mejor y mayor acceso a la información pública.

El sexo bareback es un tema extremadamente controversial y complicado, especialmente por relacionarse con la conducta humana. No todos los hombres gays se involucran en el sexo bareback o sin protección.  Muchos gays usan condón cada vez que tienen sexo anal con algún compañero. Pero muchos otros prefieren tener sexo sin condón y correr el riesgo.

Para algunos gays, pesan más los beneficios del sexo anal no protegido (intimidad, placer, etc.) que los riesgos (VIH y ETS). Por otra parte, si dos hombres gays tienen sexo anal sin protección y ninguno de ellos está infectado con el VIH u alguna ETS, entonces el bareback será totalmente seguro y así será mientras estén preocupados e informados respecto de las enfermedades sexuales. Pero si ambos son VIH positivos o tienen alguna otra ETS, entonces hay riesgos significativos de infectarse y agravar su condición de salud como consecuencia directa de esta práctica. Las campañas de prevención que en el futuro se realicen en materia de VIH y ETS entre la población gay, deberá incorporar -definitivamente- el tema del bareback y de la sexualidad de hombres que tienen sexo con hombres (lo que cuesta mucho trabajo entender a sociedades conservadoras como las nuestras)

 

... HASTA DONDE MI MEMORIA ALCANZA ...

Sergio y yo fuimos compañeros de banca desde la escuela secundaria, y fue ahí, en nuestra temprana adolescencia, cuando nos identificamos como gente "de ambiente"; en esos días, a mediados de la década de los setenta, el término gay ni siquiera era conocido en México como un adjetivo para referirse a personas homosexuales. Ya en la preparatoria, sumábamos un grupo de cuatro amigos inseparables e identificados por nuestra "tendencia": Álvaro, Jorge, Sergio y yo. Juntos, descubrimos en nuestra ciudad un mundo antes inexistente para nosotros, una constelación de personas, relaciones y lugares que nos daban identidad y nos hacían entender como legítima esa emoción que compartíamos, hasta entonces, en la clandestinidad de nuestra individualidad y complicidad.

Con el paso de los días y las semanas, el grupo de amigos creció y se sumaron compañeros nuevos y muy entrañables, como Víctor, Emilio, Daniel, Alejandro, Enrique, Miguel Ángel, José Antonio, Jaime, Carlos y otros más que incluso hoy permanecen tan cercanos como lo fuimos desde entonces.

Sergio y yo continuamos juntos nuestros estudios de preparatoria y también los universitarios, en la primera mitad de los años ochenta, además de compartir el gusto y la práctica de diversas expresiones artísticas que gozábamos enormemente desarrollar, como la pintura, la fotografía, el teatro y la música. Ello trajo consigo una complicidad muy estrecha que, hay que decirlo, no compartí tan intensamente con ningún otro de mis más amados amigos. Nuestra relación no estuvo exenta de competencia, sí, pero ésta siempre se tradujo en crecimiento y enriquecimiento espiritual, además del reconocimiento y respeto por las capacidades propias de cada uno de nosotros.

 

...Alma inmortal, espíritu glorioso

¿por qué dejaste cuerpo tan hermoso, y para qué tal alma has despedido?

Sor Juana Inés de la Cruz

 

Hay que decir que, en cuanto a nuestra vida sexual, Sergio y yo compartíamos también gustos y hábitos, y muchas de nuestras aventuras corrían juntos. A ambos nos gustaban mucho el tipo de chicos que uno podía levantar en la Alameda Central o en la famosísima "esquina mágica" (allá en las calles de Insurgentes y Baja California, y que debía su nombre a que cuando uno pasaba conduciendo por ahí, veía a un chico parado en la esquina; pero al dar la vuelta y buscarle nuevamente, éste ya había desaparecido como "por arte de magia").

En esos años aún eran famosos y funcionaban los Baños Ecuador, en el Centro Histórico, donde se hacían verdaderas bacanales sexuales, orgías que jamás olvidaré, donde nutridos grupos de hombres de todas las razas y clases sociales nos reuníamos para tener, durante horas y horas, sexo en todas las maneras e intensidades imaginables. Sin duda que muchos de los recuerdos más exquisitos de mi temprana vida sexual, acontecieron entre las húmedas paredes de aquellos baños públicos y con los hombres más hermosos (o al menos así me lo parecieron) de los que tenga memoria. Verdaderamente, era un pedazo del cielo en la tierra.

 

El hábito de ir a los Baños Ecuador a mi se me quitó de sopetón; un mal día adquirí una horrenda gonorrea que se manifestó con una espantosa excreción de pus amarillento a través de mi uretra, y me libré de ella sólo después de tres dolorosas inyecciones de algún antibiótico que me aplicaron en el hospital del papá de Sergio. Después de ese traumático suceso -al menos lo fue para mi-, jamás volví a acompañar a mi amigo a esas orgías apoteósicas en los Baños Ecuador. Y el susto fue mayor cuando ya se comenzaba a escuchar del AIDS, una especie de cáncer que estaba matando a homosexuales en los Estados Unidos.

Definitivamente, el indescriptible placer del sexo en grupo, las caricias frenéticas de incontables cuerpos, las penetraciones indiferenciadas y las mamadas repetidas hasta perder la noción del tiempo, ya no era una opción que me diera tranquilidad en cuanto a mi vida sexual, así que -muy a mi pesar- preferí evitarlo totalmente.

En cambio, Sergio continuó yendo frecuentemente a los baños, lo que era muy natural hacer siendo jóvenes con una vida sexual asumida; finalmente, para él, hijo de un médico, el adquirir alguna enfermedad venérea era un riesgo que se debía tomar y para el que -generalmente- había soluciones accesibles. Aunque él trataba de disimularlo frente a mi, su mejor amigo, yo me daba cuenta de que seguía acudiendo a los baños, pues fácilmente podía notar que repetidamente mi amigo traía el pelo húmedo y sin peinar con la secadora (algo poco usual en él y en esa época). Me sentía temeroso por él, pero era un límite que yo entendía no debía rebasar.

Por aquellos días -el año de 1983 o 1984- se abrió en la Ciudad de México un nuevo antro llamado La Cantina del Vaquero, ubicado en un local del estacionamiento de una pequeña plaza comercial a lado del Parque Hundido, donde también estaba una discoteca gay de nombre L´Barón (así lo escribían). Recuerdo bien esta cantina porque fue el primer sitio donde obtuve información un poco más específica del "cáncer gay"; era un pequeño letrero escrito a mano y que decía, palabras más, palabras menos: "Cuídate de la nueva enfermedad. No te vengas adentro de nadie ni dejes que se vengan adentro de ti". Así nada más, escueto y simple, pero efectivo. Con eso, uno podía inferir que la nueva enfermedad, el AIDS, que además no se podía curar con dos o tres inyecciones de antibióticos sino -por el contrario- te llevaba a la muerte segura, era transmitida a través del esperma. Tal y como lo indicó el letrerito yo hice las cosas en adelante: evité a toda costa tener contacto con el semen de cualquier chico y, desde luego, nunca depositar el propio en el recto o boca de nadie.

Hasta esos días, toda la información con la que contábamos los gays de mi ciudad sólo hablaba de evitar el intercambio de esperma, pero nada más se sabía y sólo ocasionalmente nos enterábamos de las cifras de gays fallecidos en Nueva York, París, San Francisco, Los Ángeles....., pero aún nadie -hasta el momento- fallecía en México por la irrupción de la nueva enfermedad (o al menos nadie cercano). Consecuentemente, el AIDS (que aún no se le llamaba SIDA) nos parecía a todos algo lejano y confiábamos que pronto sería frenado por los chingones científicos norteamericanos; era lo lógico en plenos años ochenta, los gringos lo podían todo..., hasta tener un vistoso movimiento de liberación de los homosexuales. Hoy sabemos que no fue ni ha sido aún así, y hablo de ambos casos.

Un poco de esa información que obtuve en aquella cantina, otro poco lo que se escuchaba esporádicamente en las noticias o leía en revistas, y un mucho el miedo y los afortunados enamoramientos que viví en los años ochenta, me llevaron a modificar mis conductas sexuales de manera radical. Seguí siendo no monogámico, pero me sentía seguro al saber que mis parejas sexuales eran chicos casados supuestamente heterosexuales, miembros de mi grupo de amigos y de quienes sabía prácticamente todos sus movimientos. Con varios de ellos, tuve relaciones sexuales por más de siete años; yo era un refugio para su emoción "pervertida"...., y sabía -o al menos creía- que era el único.

Dos o tres años después, habiendo concluido ya mis estudios de licenciatura, mi amigo Sergio y yo nos entregamos a la euforia de la producción en vídeo y a la fotografía. Organizábamos divertidas grabaciones en las casas de los amigos, en su casa o en la mía; grabábamos vídeos para grupos de Rock poco conocidos (recuerdo el de Size, con mi amigo y ex-compañero de la escuela primaria, Illy Bleeding o Illy Godzila). También, fue la época en que comenzábamos a buscar nuestra independencia económica de la familia e instalábamos ya cada quien su propio espacio fuera de la casa familiar. Estábamos en una etapa de nuestras vidas realmente buena, productiva, exitosa, solvente; jóvenes en sus "late 20´s"  buscando consolidar su seguridad profesional y económica.

Pero sucede que, súbitamente, Sergio comenzó a perder peso, se le inflamaban los ganglios linfáticos del cuello, axilas y pubis, y sus problemas intestinales eran recurrentes y hasta invalidantes; su salud se deterioraba fácilmente a la menor provocación y no parecía haber una razón lógica que lo explicara. Sus amigos comenzamos a sospechar lo peor y, de inmediato, tratamos -sin éxito- de animar a nuestro amigo para hacerse un check-up general. Nunca accedió. Creo que él sabía bien de qué se estaba tratando ese proceso. No fue sino hasta finales de 1987 cuando la salud de Sergio empeoró seriamente. Sus amigos, francamente alarmados por nuestras certezas de que se tratara de un caso real de SIDA (los síntomas se apegaban a la información que ya comenzábamos a conocer bien en México), le informamos a su madre la situación y ésta, como un ángel del cielo, lo sacó de su departamento, lo llevó para su casa y de inmediato lo internó en el Hospital de Ciencias Médicas y Nutrición "Dr. Salvador Zubirán". Ahí se confirmaron nuestras sospechas; nuestro amado amigo Sergio estaba infectado con el virus del SIDA y sus días estaban contados (así de contundente, así de irremediable).

Recuerdo aún al joven médico que nos dio la terrible noticia, afuera de aquella habitación que ocupaba Sergio en el tercer piso del nosocomio, en ese frío pasillo de pisos blancos con olor a alcohol, de apresuradas enfermeras yendo y viniendo de una puerta a la otra. Recuerdo también la actitud de su devastada madre, enfrentando aquel difícil diagnóstico y llenándose de fuerzas para superar el reto de ayudar a su hijo a sobrevivir cualquiera de los muchos pronósticos adversos que salían y salían de la boca del doctor. Sus fuerzas de madre no le bastaron, ni a ella ni a mi enfermo amigo.

Sergio salió del hospital esa y otras dos veces; experimentaba recuperaciones casi milagrosas, sólo para enfrentar peores situaciones a las pocas semanas de su alta. Primero, cuando logró controlar el deterioro causado por los parásitos intestinales y hepáticos, las severas diarreas, fiebres y dolores de cabeza, al poco tiempo, en una linda mañana llena de sol, despertó con la mitad del cuerpo "entumido", víctima de un derrame cerebral que le dejó hemipléjico (con la mitad de su cuerpo inmóvil) para el resto de su vida. Mi amigo hizo un enorme esfuerzo por superar esa situación, y se movía de un lado a otro en su camioneta ignorando que literalmente arrastraba medio cuerpo. Después, vino el diagnóstico de una toxoplasmosis que le estaba destruyendo tejidos en órganos y músculos de su cuerpo, para lo que tenía que permanecer conectado a un suero por más de tres horas diarias. Recuerdo el olor a ajo que despedía su cuerpo por esos días, a causa del medicamento que recibía para combatir a esta nueva y agresiva infección. Poco a poco vinieron nuevos problemas con sus ojos, con su condición pulmonar y su estado general de salud, hasta que no pudo ya levantarse de la cama y finalmente murió (el 16 de febrero del 1990), después de dos angustiantes paros respiratorios.

 

Endurecernos lentamente, lentamente, como una piedra preciosa

-y, al final, yacer inmóviles, para alegría de la eternidad.

F. Nietzsche

 

No acabábamos de llorar la muerte de Sergio, cuando supimos que Álvaro y su pareja estaban también infectados con el VIH; mi amado amigo, compañero de juegos callejeros y vecino de la colonia, supo de mi boca que estaba infectado cuando salimos del laboratorio del Hospital Metropolitano y, ahí, abrí ansioso el sobre para conocer sus resultados, que tenía la certeza serían buenas noticias. "Positivo"...., ¡no lo podía creer!...., tuve que echar una segunda mirada a aquel papel. Álvaro quedó devastado, engarrotado en la puerta principal del hospital. Cinco años después, mi amigo perdía la vista rápidamente y por completo, pues un agresivo virus consumía a dentelladas partes de su cerebro, hasta que -después de una etapa de terrible ansiedad y pérdida de la razón- sus funciones vitales se fueron desconectando una tras otra. Me avisaron de su muerte -el 28 de abril de 1995- mientras estaba en mi trabajo festejando con mis compañeros la concreción de un importante proyecto; no fue sino hasta que concluyó aquella larga jornada parlamentaria cuando pude irme a reunir con la familia de mi hermano del alma y con todos nuestros amigos. Su cuerpo inmóvil había recuperado la paz perdida seis años atrás.

Víctor, por su parte, comenzó la misma pesadilla con un súbito desmayo en el supermercado, en la Comercial Mexicana de la Costera Miguel Alemán, en Acapulco. Estuvo inconsciente por dos o tres horas ahí, recostado sobre los tapetes de la tienda y acompañado de nuestro querido Jaime Vite. Los estudios médicos dieron el resultado nefasto, pasó unos meses negros durante los que vio deteriorarse su salud, su gran corpulencia y su singular belleza, y poco más tarde murió en la Ciudad de México, en casa de sus padres, después de una serie de dolorosas y denigrantes enfermedades. Y digo denigrantes, porque es terrible ver cómo seres cabales sucumben de forma tan indigna ante la abusiva enfermedad del SIDA.

Un año después, derrotado por la tristeza de la muerte de Álvaro, el amor de su vida, Daniel perdió rápida y definitivamente la salud, con  fuertes problemas intestinales, pérdida de peso, ataques nerviosos y convulsivos, y finalmente murió, al segundo día de haber sido hospitalizado. Casualmente, su familia depositó sus cenizas justamente en la misma iglesia en la que están los restos de su gran amor: Álvaro. Fue una suerte enterarme de su muerte, pues siendo su familia extremadamente católica, escondieron a Daniel, a su enfermedad y su misma muerte hasta donde pudieron. Pasaba yo en mi bicicleta frente a la casa de Daniel, en la colonia Condesa, cuando me di cuenta de que  su hermano (corresponsal en el Vaticano de cierta televisora, por cierto) y su recatada y joven esposa estaban vaciándola. En la calle, montado en mi bicicleta, me acerqué a ella para preguntarle por mi amigo; me dijo que acababa de fallecer y que esa noche habría una misa en su memoria -pero la elegante dama también me pidió no comunicar la noticia a nadie, a pesar de que Daniel había dejado una lista de amigos a los que deseaba se les diera aviso de su fallecimiento. Fui el único de sus amigos presente esa noche en la iglesia de San Antonio de Padua.

Más recientemente, Jaime se fue de nuestro lado, consumido por esa vorágine de fallas sistémicas, lamentos doloroso y deterioro irrefrenable que trae consigo el SIDA; ya al final, problemas derivados del citomegalovirus estuvieron aquejándole por meses y meses, pérdida parcial de la vista y finalmente daños hepáticos, quizás causados por el Sarcoma de Kaposi, lo llevaron a una hospitalización de emergencia de la que ya no pudo salir.

En fin, de aquel grupo de amigos que nos conocimos desde la época de la escuela secundaria, en nuestra temprana adolescencia, más de la mitad fallecieron ya y algunos más viven hoy con el VIH en su sangre, esclavizados por el resto de sus días a ingerir un rosario de medicamentos y a ajustarse a prohibiciones y limitaciones que, como no lo era antes, determinan el futuro  de sus vidas. Pasan días buenos, otros realmente fatales, pero por fortuna aquí los tengo aún..., ¿hasta cuándo?

Muchas historias más se han tejido desde la década de los ochenta y hasta la fecha, con personas a las que tuvimos cerca y que constituían parte del entorno en el que crecimos, del mundo que hemos conocido. Así de repente se van, desaparecen de nuestra historia de vida y para nunca jamás. Los años ochenta y noventa viví una masacre sangrienta. De un momento a otro, así como así, muchas de las personas con las que me encontraba en el antro, en las fiestas, en eventos o reuniones de amigos, desaparecieron para siempre arrebatadas por la muerte y no las volveré a ver jamás; sólo permanecen sus historias, su vívida imagen en mi memoria....., pero nada más.

 

 

 

... INFORMACIÓN VS. MODA (mi reflexión a la distancia) ...

Hay ocasiones en que me siento como el personaje que interpreta David Bowie en El Ansia (The Hunger, 1983), del director Tony Scott, quien está condenado a vivir por siempre y ver morir a las personas que ama y amará, sufriendo el desamor por el resto de la eternidad. 

Un par de mis amigos cercanos y sobrevivientes de aquellos días, viven hoy con el VIH en su cuerpo y tienen el beneficio que nuestros otros compañeros fallecidos no pudieron tener: mejores medicamentos para combatir los efectos del VIH en su calidad de vida. Sin embrago, esto tiene un costo muy elevado no sólo por la necesidad de modificar radicalmente su estilo de vida, sino en sus bolsillos, en los de sus familias y en el sistema nacional de salud mismo. Y no piense el lector que tomando los medicamentos las cosas transcurren con cierta normalidad, no; estos traen consecuencias que no resultan cómodas ni deseables, y hay días en los que la vida se vuelve un infierno por los malestares y otros en los que se ruega al cielo seguir sintiéndose más o menos bien.

Vivir con VIH implica sacrificios personales, elevados gastos en alimentación, en medicamentos tanto preventivos como curativos (tantos que se vuelve un verdadero martirio cotidiano consumirlos), en sofisticados estudios de laboratorio y atención médica especializada. En resumen, estos amigos, que son hombres maduros y aún jóvenes, en sus plenos treintas o cuarentas, viven ya como si fueran ancianos del doble de la edad que realmente tienen. Sus vidas, en comparación con las de quienes no son VIH positivos, tienen marcadas diferencias en términos de calidad.

Respeto la libre decisión de aquellos que practican el sexo anal sin protección o bareback, como debo respetar a cualquiera que piense diferente a mi y que crea vehementemente en sus convicciones e ideas. Sin embargo, me siento obligado a compartirles mis recuerdos y la memoria de mis pérdidas, así como la información que todos debemos conocer para formar sólidamente nuestros criterios. Y ese es el punto que me parece más relevante en cuanto a la falsa disyuntiva del bareback, de usar o no el condón: el derecho a la información.

Hay un hecho irrefutable, un axioma que sólo no se cumple en casos cuya información proviene de dudosas fuentes: hacer sexo anal sin condón y con un compañero VIH positivo, sea activo o sea pasivo, trae consigo el contagio de la infección por VIH. El VIH-SIDA se transmite a través de fluidos corporales, como lo es el semen. El SIDA es una enfermedad incurable y mortal. Los medicamentos disponibles en la actualidad, que aún son de difícil acceso, no curan la enfermedad y sólo prolongan la vida de la persona infectada por cierto tiempo. Estos tratamientos, además de caros, no garantizan que la persona no tendrá molestias o síntomas duros de resistir. Y aún más irrefutable es el hecho de que si se tiene sexo desprotegido, el tan de moda bareback, la posibilidad de contraer VIH-SIDA es total, es un hecho, cuando alguna de las dos personas es VIH positiva.

Quizás sea cierto, como lo aseguro más arriba, el hecho de que las nuevas generaciones de jóvenes gays no teman al VIH-SIDA porque no han visto morir a sus amigos por esta causa, ya sea porque han tenido acceso a la información y a la prevención de manera oportuna o porque con los medicamentos disponibles han logrado mantenerse vivos. Sin embargo, creo que es necesario revivir la memoria, la memoria colectiva de la comunidad gay, que como ningún otro ejército humano del planeta ha tenido incontables bajas por motivo de esta guerra inmoral, como lo son todas las guerras.

Es hasta cierto punto entendible que los jóvenes que han nacido a la sexualidad bajo el imperativo del uso del condón, sientan curiosidad y hasta heroísmo por tener sexo no protegido. Pero lo que no es entendible es que las campañas públicas hayan sido y continúen siendo tan pálidas e indiferentes frente a una realidad tan clara, y que la moral social nos haya llevado a los miembros de la comunidad gay a enterrar y olvidar a nuestros muertos en el closet, por vergüenza, discriminación o -peor aún- indiferencia.

La información respecto al VIH-SIDA existe y es, hasta cierto punto, suficiente para que cualquier persona sexualmente activa reduzca significativamente el riesgo del contagio y la muerte temprana. Si una persona que está informada y conoce las formas y consecuencias del contagio aún así elige tener sexo anal desprotegido, o bareback, es una decisión que no puede ser criticada fácilmente, menos aún si también es el caso de su o sus parejas. Pero hacerlo simplemente por moda, desinformadamente, y sólo por experimentar un placer que otros aseguran digno de correr cualquier riesgo, me parece una franca y total estupidez. Los partidarios y promotores del sexo bareback tienen en sus manos una grave responsabilidad social, misma que espero sean capaces de entender y -sobre todo- comunicar; ¿cuál?....., aquí está dicha hasta el cansancio.

 

Ciudad de México, Primavera del 2005


Con información de los U.S. Centers for Disease / Control AIDS hotline, 1-800-342-2437 (EEUU)  y 1-301-217-0023 (resto del mundo). Y The Body's Safe Sex and Prevention ForumWork hard, play hard, play safe, stay sober!  De un artículo sobre la moda del sexo bareback en los EEUU, escrito por Rick Sowadsky, MSPH.

También puede verse información en:

Bareback Jack's
http://www.barebackjack.com

Bareback WebRing
http://www.webring.org/cgi-bin/webring?ring=bareback&list