El cambio climático, amenaza a  la vida en el planeta

 

Durante los últimos diez o quince años, todos hemos escuchado hablar sobre el “cambio climático” o el calentamiento global del planeta. También, en los primeros meses del año 2007, y ya desde hace algunos años a la fecha, hemos sabido que se alcanzaron temperaturas record en ciudades como Mexicali, Guadalajara, Tapachula, Hermosillo o Zacatecas, e incluso que en otras latitudes del mundo en las que tradicionalmente el clima era templado (como Francia, Holanda o Inglaterra), ahora los termómetros rebasaron los 30º C –o más- durante el verano.  Muy seguramente tú has percibido ya, en alguna actividad de tu vida cotidiana, los efectos del cambio en los patrones del clima.

Debemos comprender que el cambio climático es un fenómeno ambiental muy complejo que se manifiesta principalmente por el aumento de la temperatura promedio de la atmósfera de nuestro planeta, pero también que éste tiene consecuencias nunca antes vistas en los patrones del clima en todo el mundo (como la presencia de sequías muy prolongadas en zonas agrícolas, mayor intensidad y cantidad de precipitaciones en los trópicos, huracanes con mayor fuerza destructiva en los océanos, entre otros efectos que día a día percibimos con mayor claridad).  De manera natural, la atmósfera de nuestro planeta captura el calor generado por la radiación solar, conservando la energía suficiente como para propiciar y sostener la vida; pero también, la atmósfera terrestre tiene la capacidad de liberar o deshacerse de la energía calorífica sobrante. Desde épocas de la Revolución Industrial y, más recientemente, como consecuencia del vertiginoso avance tecnológico que ha alcanzado la humanidad, el ciclo del carbono en el planeta ha sido gravemente trastocado. Por efecto de la contaminación ambiental de origen humano, las capas superiores de la atmósfera están dificultando la liberación del calor del planeta, propiciando elevaciones en las temperaturas promedio de todas las regiones del globo, cambios en los patrones de las lluvias, sequías y otros fenómenos naturales.

Desde luego, ya no existe polémica respecto a la realidad o no del cambio climático, pues su presencia y efectos destructivos cotidianamente saltan a la vista por todas partes. Hay cada día mayor consenso entre los especialistas en que el cambio climático es producto, fundamentalmente, de las actividades humanas y del desarrollo industrial; todos coinciden en que se trata de un fenómeno generado e intensificado por el uso desmedido de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gasolinas, diesel, gas natural y los combustibles derivados del petróleo), así como por la intensiva e irracional devastación de grandes extensiones de selvas y bosques que ha venido haciendo el ser humano en prácticamente todas las regiones del mundo. México, por ejemplo, ocupa el nada digno segundo lugar en tasas de deforestación de todo el mundo.

 

Por "cambio climático" se entiende un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables. (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Artículo 1. Definiciones 1992)

Umbral V (con luna)

 

Y los escenarios y pronósticos formulados por los científicos que estudian este fenómeno son desalentadores, porque indican que cada vez tendremos climas más extremosos y fenómenos climáticos más radicales en todo el orbe: veranos cada vez más cálidos, aumento de las sequías sobre terrenos fértiles, lluvias más intensas en algunas regiones y menos frecuentes en otras. Y, por deducción lógica, fenómenos como la hambruna, la pobreza y la enfermedad, se sumarán a las amenazas que se ciernen sobre la viabilidad misma de la vida humana en el planeta.

Las capas de hielo que actualmente existen en los polos y en las montañas más altas, se han venido derritiendo de manera acelerada durante los últimos quince o veinte años, lo que ya está aumentando de forma inevitable el nivel medio del mar. De continuar esta tendencia, los océanos cubrirán permanentemente amplias zonas y ciudades costeras de todo el planeta (y México es especialmente vulnerable a esta amenaza, especialmente en la Península de Yucatán). Hay que decir que, desafortunadamente, especies animales como el oso polar comienzan ya a colapsarse y caminan certeramente hacia la extinción, pues hoy muchos de ellos están muriendo ahogados en el mar por la disminución de los témpanos de hielo en sus ecosistemas. A esto, hay que sumar los cambios en la composición y salinidad de las aguas marítimas, lo que repercutirá en alteraciones sobre los actuales patrones de las corrientes marinas y -sobre todo- en sus aportaciones a la marcha misma de la vida. Hay que recordar que ya han sido detectados cambios alarmantes en las propiedades y cantidades del fitoplantom en los océanos, elemento que es el directamente responsable de la generación de más del 80% del oxígeno existente en nuestra atmósfera.

 

Umbral XIII

Por otra parte, estudios revelan que el  calentamiento global está cambiando los patrones de conducta de algunas especies animales y vegetales, así como de las cadenas básicas de la vida, o -peor aún- que las temperaturas altas favorecen ya el surgimiento de nuevas amenazas bacteriales o virales que afectan a las más variadas poblaciones de seres vivos en diversas regiones del planeta (como la gripe aviar o la enfermedad de las "vacas locas", en Asia y Europa).

Así, es fácil advertir que las consecuencias previstas del cambio climático son alarmantes y, sin duda alguna, ponen en grave peligro la existencia misma de la vida en la Tierra.  ¿Seremos tan estúpidos como para permitir que esto suceda? ...Yo -a veces- lo dudo muy seriamente.

 

¿Qué hacer para  revertir esta fatal tendencia?

Si bien algunos gobiernos del mundo se han comprometido y están emprendiendo acciones concretas para atacar las causas y revertir las actuales tendencias del cambio climático (sobre todo a través del Protocolo de Kyoto -1999-, que es un acuerdo internacional que busca establecer compromisos nacionales para la reducción paulatina de las emisiones a la atmósfera de los seis principales gases de efecto invernadero); por otro lado, la urgencia del problema hace necesario que todos y cada uno de quienes habitamos el planeta emprendamos y sumemos esfuerzos individuales encaminados a  enfrentar éste que es uno de los retos más formidables de la humanidad.

 

El Protocolo de Kyoto se aplica a las emisiones de seis gases de efecto invernadero:

  • dióxido de carbono (CO2);
  • metano (CH4);
  • óxido nitroso (N2O);
  • hidrofluorocarbonos (HFC);
  • perfluorocarbonos (PFC);
  • hexafluoruro de azufre (SF6).

Representa un importante paso hacia adelante en la lucha contra el calentamiento del planeta, ya que contiene objetivos obligatorios y cuantificados de limitación y reducción de gases de efecto invernadero.

Umbral XI

 

Participar en la construcción de las políticas públicas y en la toma de decisiones democráticas de nuestro país es, desde luego, una estupenda vía para ordenar nuestras acciones como colectividad y, así, buscar revertir las causas sociales del cambio climático. Pero ello supone, como acción única, desde luego, tomarnos un tiempo muy preciado -desde la perspectiva ambiental- para hacer madurar al sistema político mexicano, reordenar sus prioridades financieras y transformar la forma misma de gobernar de la clase en turno en el poder. La agenda ambiental no es prioritaria para la mayoría de los gobiernos locales ni para el nacional, al igual que tampoco lo está siendo para países cuyos recursos no están siendo suficientes como para lograr estándares óptimos en la calidad de vida de su población. En el camino, cada uno de nosotros podemos hacer mucho para revertir el cambio climático; algo tan simple como detenerse a reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo cotidiano o en la necesidad de racionalizar el uso de los recursos energéticos de los que disponemos individualmente, es quizás el camino más certero hacia la solución del problema. No se trata de dejar de usar o de consumir, ni tampoco de convertirnos en franciscanos ortodoxos o deteriorar nuestra calidad de vida, sino más bien de hacer un mejor aprovechamiento de la energía (como la electricidad, el gas o la gasolina), de los productos que adquirimos (como recursos naturales) o de los residuos que generamos.

 

 

Y pongamos sólo algunos ejemplos. Haciendo un mejor uso de la energía y de los aparatos eléctricos que tenemos en casa, contribuimos enormemente a disminuir la generación de gases de efecto invernadero. Como es bien sabido, México produce más del 75% de su electricidad a través de la quema de combustibles fósiles (el petróleo), lo que significa que cada vez que dejamos encendido un foco o un electrodoméstico de manera innecesaria estamos aportando una cantidad adicional de dióxido de carbono a la atmósfera y contribuimos al calentamiento del planeta. De igual manera, cuando generamos todo tipo de basura y -sobre todo- la depositamos en sitios inadecuados (como en  barrancas, bosques, terrenos baldíos y calles), ésta favorece la propagación de enfermedades, fauna nociva e incluso despide gases muy peligrosos (como el metano) que al no ser manejados de forma controlada dañan severamente al medio ambiente.

Hay que reconocer también que nuestros hábitos alimenticios, de vestido o incluso los recreativos, están induciendo cambios en el equilibrio de la vida en el planeta. Por ejemplo, al preferir una dieta rica en arroz, azúcar, productos cárnicos y lácteos, estamos fomentando el mantenimiento y crecimiento de la industria agrícola y ganadera intensiva, que es la responsable de la generación de altos volúmenes de gas metano (como el contenido en el excremento del ganado o en los cultivos de arroz). 

 

No tengo dudas que cuando asumamos al tema del cambio climático como un problema propio y no mediático, que tiene su origen tanto en lo social como en lo individual, habremos avanzado entonces en la dirección correcta hacia el principio de una solución compartida. Pero, para ello, cada uno de nosotros estamos obligados a investigar y a conocer suficiente información sobre el tema, la mínima necesaria como para modificar conscientemente nuestros patrones culturales y los hábitos de consumo que hacen insustentable el desarrollo de la vida. Es decir, tenemos que estar conscientes de los impactos que causan nuestras actividades cotidianas en el medio ambiente y en el fluir de las cadenas de la vida.

Afortunadamente, la tecnología actual está brindando opciones cada vez más amigables con el medio ambiente; por ejemplo, puedes instalar en tu casa focos ahorradores de energía, dispositivos en la regadera o en los retretes para economizar el agua, preferir caminar, la bicicleta o el transporte público sobre el automóvil, entre otras soluciones prácticas.

Umbral XVIII

 

Así que, la próxima vez que escuches hablar en los noticieros sobre el cambio climático y/o el calentamiento global del planeta, asúmete como directamente responsable del avance o -también- del retroceso de este formidable reto que enfrenta la humanidad. Como todos los problemas de carácter ambiental, el cambio climático no es responsabilidad de los gobiernos o de la industria en sí mismos; más bien, se trata de un asunto en el que estamos involucrados todos y donde la mayor parte de la responsabilidad recae sobre cada uno de nosotros, en lo individual, en tu propia persona, como consumidor de energía, al demandar bienes y servicios.

Finalmente, te invito a hacer uso de los instrumentos de política ambiental que existen en México y, muy seguramente, en tu país. Estas instancias de gobierno cuentan con diferentes mecanismos a través de los cuales puedes participar en la protección y conservación del medio ambiente y los recursos naturales de tu país, además de que te ofrecen diversas opciones de acceso a la información ambiental. Desde la posibilidad de denunciar a quienes afectan al medio ambiente y obligarles -con la ley en la mano- a reparar los daños, hasta la participación activa en acciones para el cuidado y restauración de la naturaleza, existen opciones institucionales para asumir el formidable reto del cambio climático y de sumarse a la impostergable tarea de salvar a nuestro planeta.

 

El Izta y el eje volcánico, foto: Paco Calderón, 2006

GAY MÉXICO / Texto y fotografías: Paco Calderón ©, México 2006-2007