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No
hay duda que desde la irrupción del Internet en
nuestra vida cotidiana, al menos desde mediados de
los años noventa, el concepto tradicional de
comunidad -en general- ha sufrido una sustancial
transformación. La llamada "súper-carretera de la
información" no sólo vino a convertirse en una
importante herramienta para la obtención de datos e
información de uso público (como bibliotecas o todo
tipo de archivos gubernamentales y del sector de la
educación), sino que también -especialmente durante
la primera mitad de la actual década- ha sido el
medio propicio para el surgimiento de espacios
virtuales de interacción entre las personas. La
Internet pasó rápidamente de ser un acceso para
cualquier persona a la consulta de información fría
e inamovible, a un espacio de intensa
intercomunicación y muy dinámica interacción entre
sus usuarios, entre las personas que conforman las
llamadas "comunidades virtuales".
La posibilidad de conversar (o "chatear") sobre los
más diversos temas con otros usuarios ubicados no
sólo en el contexto local, sino en prácticamente
todas las latitudes del planeta, dejó atrás la
simple función de la Internet como un almacén y vía
de acceso
a datos, para configurarse hoy en verdaderas
ciudades virtuales donde el sentido de pertenencia
(¿la nacionalidad?) gira alrededor de valores e
intereses tan diversos como las partes, grupos,
culturas, idiomas, profesiones, sociedades o países
que confluyen para charlar en la Web. Ello ha
permitido el diálogo entre especialistas de las
diversas fuentes del conocimiento y la ciencia en
todo el mundo, rompiendo las barreras y las
fronteras para la comunicación humana; pero, sobre
todo, está transformando sustancialmente la manera
en que las comunidades y las sociedades en su
conjunto, a su interior o entre ellas, intercambian
y comparten valores, consensúan rumbos y deciden
agendas.
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Así que si tú, al escuchar la palabra "comunidad",
sigues imaginándote a un grupo de seres humanos con
apariencia semejante, asentados en un territorio
definido y viviendo en edificaciones más o menos
homogéneas, muy seguramente perteneces a una
generación previa a la década de los noventa.
Muchos
de quienes nacieron y se educaron durante la última
década del siglo pasado y la primera del actual
(especialmente en las grandes ciudades del mundo),
muy seguramente evocan primero espacios virtuales,
sitios Web o chats al escuchar la palabra
"comunidad", antes que imaginar a un conjunto de
seres humanos reunidos y actuando colectivamente en
plazas o espacios públicos. |
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Del antro a la taberna virtual ...
La clásica taberna (o en nuestros días, "el antro"),
como espacio de interacción social por excelencia,
también se ha transformado e inventado sus
propias versiones, ha abierto sus sucursales en el espacio
virtual de la Internet. Los valores e intereses de
las personas en muchas partes del mundo se han
diversificado en prácticamente infinitas
posibilidades, volviendo prácticamente insuficientes las opciones
de recreación y de entretenimiento que se hallan
disponibles en los circuitos comerciales de las
ciudades. Para mucha gente resulta ya aburrida y
hasta monotemática la vida nocturna de su ciudad:
antros donde se asiste para escuchar o para bailar
la misma música (de un limitado abanico de géneros
comerciales); sitios a donde se va casi
exclusivamente para consumir bebidas alcohólicas o
para ver espectáculos de presupuesto reducido. En el
caso de la comunidad gay, el espectro de
posibilidades de recreación que ofrecen los antros
-al menos en las principales ciudades de México y de
otros países del mundo- se reduce dramáticamente.
Existe un importante segmento de la población gay
que no está interesado ni disfruta de asistir a
sitios de reunión donde solo se va a bailar, a
escuchar música a volumen alto, donde se beben
grandes cantidades de alcohol o donde se consumen "drogas
recreativas". Es gente para la que no son
accesibles o no están disponibles, en los circuitos
comerciales o en los formales, otro tipo de opciones
de recreación. Son personas que viven en ciudades
donde -para ellos- "nunca hay nada qué hacer". A su
vez, las sociedades modernas han limitado aún más
dichas posibilidades de recreación social a través
del ejercicio de la discriminación selectiva y la
exclusión real de amplios sectores de la población;
ya sea por su apariencia, porque están gordos o
flacos, feos o bonitos, viejos o demasiado jóvenes, por
sus niveles de ingreso,
por el sexo, por la forma de pensar o
simplemente porque al cadenero de la puerta del antro no le dio
la gana dejarles entrar, muchas personas son
rechazadas y no tienen entrada a las ya de por sí
limitadas opciones de diversión en sus ciudades.
Para ellos, la Internet y sus espacios virtuales han
significado una bendición, pues han descubierto que
ni eran tan feos ni tan despreciables, y que al otro
lado del cable existen personas perfectamente
compatibles que les están buscando. Si a ello
agregamos el bajo costo de la conexión a Internet,
comparativamente con el precio de entrada y consumo
de alcohol en los antros, las ventajas son
múltiples.
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Y -desde luego- no podemos dejar de señalar como otro motivo
para no querer salir de casa y preferir los
espacios virtuales, los altos índices de
inseguridad pública y criminalidad que
padecen hoy muchas ciudades, principalmente
en México y Latinoamérica. Es un hecho:
mucha gente no se siente ya segura en las
calles de su ciudad y prefieren permanecer
en casa, recibiendo amigos o explayando
libremente sus aficiones.
Evidentemente, esta taberna virtual también es
una muy atractiva posibilidad para encontrar
o conseguir parejas sexuales (virtuales y
reales).
En el ambiente gay, donde el sexo es
fundamental para perfilar las relaciones
interpersonales y el sentido de comunidad,
quizás sean los chats de búsqueda (o
de "ligue") los puntos de reunión más
exitosos; al menos, así sucede en una
extensa porción de las comunidades gays
hispano parlantes y en las anglosajonas,
donde el principal interés que manifiestan
los usuarios de sitios Web como
Gay.Com,
Manhunt o los
Anuncios Clasificados de Gay México,
es la búsqueda de parejas sexuales en todas
sus modalidades.
El sexo es, hoy por hoy, el tema más popular
entre los miembros de la comunidad
homosexual (ver
artículo en NotieSe). |
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Decenas de miles de personas de cientos de ciudades
de Norteamérica, América Latina, Europa, Asía,
África y Australia, coinciden diariamente en éstos y
otros espacios virtuales, compartiendo intereses,
intercambiando valoraciones de la realidad, tejiendo
cotidianamente complicidades (en el sentido filosófico del término)
y -desde luego- propiciando encuentros que
satisfagan nuestra humana y permanente búsqueda por
establecer, en última instancia, relaciones
emocionales recíprocamente satisfactorias. La
posibilidad de encontrar parejas sexuales
ocasionales, nuevas amistades o -"por fin"- una
relación de pareja estable, es por muchas razones más alta en
el interior de la taberna virtual (en el chat)
de lo que sucede en el antro más concurrido de la
ciudad.
Además de contar con mayores oportunidades
para charlar abiertamente con el interlocutor, sin tanto ruido,
desembolso monetario o
distracciones, es un hecho que en la taberna virtual
las convenciones sociales (como la moda o la
apariencia física) y la expresión gestual se
diluyen, pasando a un segundo plano y facilitando la
comunicación y el entendimiento. En el antro, el bar
o la discoteca, es el alcohol el que cumple esta
función de diluir las convenciones e inhibiciones;
pero los resultados no siempre son los más
racionales o coherentes.
Hay
opiniones -muy cuestionables, por cierto- que
aseguran un sensible incremento de las enfermedades
de transmisión sexual por dos vectores
fundamentales: el uso del Viagra y la frecuencia de
parejas sexuales distintas que se conocen en los
chats.
Lo cierto es que el consumo de alcohol y de ciertas
drogas, algo común en los bares y discotecas de
muchas ciudades del mundo, suma elementos de riesgo
que favorecen encuentros sexuales en los que se
dejan de lado las precauciones básicas y la práctica
estricta del sexo seguro. Sin embargo, también es
cierto que existe un nutrido número de personas que
frecuentan los chats y que abiertamente
promueven el
bareback (o sexo sin condón) y el consumo de
drogas.
En última instancia, no existen conclusiones
contundentes que señalen a la taberna virtual -o
chat- como un espacio de encuentro de mayor o
menor riesgo para la transmisión del VIH, en
comparación con la extensa oferta de bares y
discotecas de cualquier ciudad. |
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Cuestión de opciones ...
No se trata (como lo sugiere a propósito el título
de este artículo) de concluir quién la pasa mejor,
si quienes sólo asisten a los antros o el que se mete al
chat a conversar. Finalmente, hay quienes sólo eligen o
tienen acceso a una opción y hay otros quienes las
diversifican; unos van a los antros y son ajenos al
ambiente virtual, o viceversa, y otros multiplican
sus opciones visitando y conociendo gente en ambos
espacios. De lo que sí se trata el presente
artículo, es de buscar desmitificar esa tendencia
(persistente en algunos medios de comunicación en
meses recientes -ver
Hemeroteca GM) de señalar a los chats
gays como un vector de riesgo para adquirir
infecciones de transmisión sexual.
Tanto el antro como la taberna virtual son espacios
donde confluyen personas para entablar relaciones
humanas (que, desde luego, también implican a la
sexualidad), y asumir que uno u otro medio es en sí
mismo un vector de riesgo para patologías
infecto-contagiosas, es tanto como sostener que el
hecho de que un grupo humano (como los homosexuales) socialice es un peligro
para la humanidad. Este tipo de argumentos han sido
fundamento para cometer genocidios y crímenes en el pasado, y
sólo denotan de quienes los emiten ignorancia y
falta de visión respecto de las nuevas formas
de interacción social en las culturas
contemporáneas.
Lo que sí es grave y se constituye como vector y
detonador de problemas como la transmisión de
enfermedades sexuales (entre ellas el VIH), es la
falta de información preventiva y de campañas
focalizadas a segmentos poblacionales específicos.
Si toda la tinta, la saliva y los recursos que se
invierten para hacernos creer -por ejemplo- que el
uso del condón promueve la promiscuidad entre los
jóvenes, mejor se aplicaran en campañas de
información sobre la importancia y práctica del sexo
seguro, posiblemente no estaríamos viendo prosperar
creencias como la de que el VIH no existe y que sólo
se trata de una trampa publicitaria de las grandes
empresas farmacéuticas trasnacionales para obtener
ganancias, o prácticas como el
bareback u otras que favorecen el aumento de
enfermedades de transmisión sexual (como la sífilis,
la gonorrea, la clamidia o el VIH). Esto es también
cuestión de opciones.
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Editorial
GAY MÉXICO,
por Paco Calderón. Septiembre de 2007
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