Las inyecciones de toxina botulínica se realizan alrededor de las zonas con tendencia a hacer arrugas en el rostro, la frente, el entrecejo y las “patas de gallo” fundamentalmente. Son especialmente utilizadas cuando la arruga no está todavía formada completamente, es decir, cuando los músculos marcan la arruga por la contracción que hacen pero la arruga no está marcada en reposo. Es habitual empezar con la toxina botulínica en algunas zonas a partir de los 30 años de forma "preventiva". El efecto que tienen es paralizar el músculo, de forma que la arruga resultante por al contracción no se forma. Tienen un efecto transitorio y requiere que se repitan cada cierto número de meses. La toxina se deposita mediante leves inyecciones alrededor del músculo. El tratamiento de las arrugas en otras zonas se complementa con las inyecciones de ácido hialurónico.