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La plenitud física.-
Se dice que al llegar a los cuarenta años es, en muchos
sentidos, alcanzar la
plenitud de la vida; es el inevitable arribo a esa edad en
donde físicamente todo está al máximo, como una enorme ola
vista en toda su belleza, esplendor y plenitud, pero
-desafortunadamente- también significa
el punto de quiebre donde muchas de las capacidades
desplegadas desde los 20 años comienzan a colapsarse de
manera parcial o definitivamente. En el caso de la mujer,
por ejemplo, la pérdida total de la capacidad reproductiva
(la menopausia), es quizás la
manifestación más dramática de lo que sucede al ser humano
en esta etapa de la vida; si bien la mayoría de las mujeres
experimentan la menopausia hasta los cincuentas, es cierto
que muchas comienzan con su sintomatología prematura durante
los cuarentas.
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Es un hecho, se sufren muchos cambios físicos al alcanzar los 40 años de
edad. La intolerancia a ciertos alimentos (como la lactosa,
leguminosas o
ciertas frutas y vegetales) se agudiza, lo que es
relativamente fácil de solucionar a través del cambio de dieta;
el sentido de la vista decae en diferentes grados y ritmos;
la disfunción eréctil aparece en uno de cada dos hombres;
las canas ocupan cada día más superficie del cuero
cabelludo; el funcionamiento del intestino comienza
a dar
incomodidades y hasta situaciones bochornosas que
derivan en menos salidas de casa o hasta llegar a preferir
el aislamiento. En fin, muchas de las enfermedades crónicas
y
degenerativas comienzan a manifestarse durante esta década
de la vida, sobre todo cuando nada se hizo para
prevenirlo durante las etapas previas a la edad adulta (o sea,
durante la infancia y
la juventud).
Si a lo anterior sumamos un historial de vida en el que
nunca se desarrollaron buenos hábitos físicos (como el
ejercicio disciplinado, la alimentación balanceada o la
moderación en el uso de sustancias estimulantes como el
alcohol, el tabaco o algunas drogas), sin duda la ecuación
se vuelve más dramática y los padecimientos más precoces. |
Llegar físicamente bien a los cuarentas es algo que
-definitivamente- se cultiva y se cosecha como el resultado de haber nacido
y vivido en un entorno familiar y social en el que los hábitos
alimenticios fueron los adecuados, y -sin el afán de ser conservadores
o mojigatos- donde el valor de la disciplina, el cuidado
personal y la moderación erradicaron la afición por el derroche
reiterativo. Así, por ejemplo, en México es muy común observar en los
centros comerciales, en el aeropuerto, en las playas o en la
calle, a familias enteras donde todos sus integrantes
padecen de sobrepeso: mamá y papá son obesos, el hermano, la
hermana y el pequeño también están "gorditos" (como si el
diminutivo redujera los riesgos a la salud). Ello, sin duda, nos habla
de malas costumbres de alimentación que se reproducen
incontenibles al interior de las familias mexicanas; hábitos de
consumo con los que se están educando a millones de personas
en el país, a través de la publicidad inmisericorde -y de
manera masiva- de todo
tipo de alimentos chatarra o procesados, y los que nos han
colocado como una sociedad en la que más del 70% de sus
miembros padecen sobrepeso (y sus nefastas consecuencias, como la
diabetes, enfermedades vasculares, del corazón y otras). Si
bien existen estadísticas respecto a nuestro primerísimo
lugar mundial en consumo de refrescos embotellados y
azucarados, en el consumo de frituras y harinas chatarra no
debemos estar muy lejos de las primeras posiciones
mundiales.
Los cuarenta años de edad es un buen momento, si no lo
hiciste antes, para buscar atenuar o posponer las tendencias
del deterioro físico y -no sin hacer esfuerzos sustanciales-
para conseguir tener una buena salud para los años por venir
como adulto mayor. Practicar regularmente algún ejercicio es la
clave para conservarte en
buenas condiciones físicas a los cuarentas, pero también
lo es la buena alimentación, el descanso adecuado y la
atención oportuna de cualquier problema emergente de salud.
Aunque
siempre es más reconfortante ver hacia atrás y sentirse
orgulloso de la experiencia acumulada, de la fortaleza
creada y de todo lo que se está cosechando en esta etapa de
la vida, resulta muy inteligente también ver hacia adelante (por muy
deprimente que pudiera parecernos el panorama como hombres
gays) y prevenir un futuro en el que se eviten las complicaciones
concomitantes a nuestra condición de individuos solos, de
personas de la tercera edad carentes de apoyos y solidaridad
familiar.
Entonces, pensar en adquirir un seguro o ahorro para el retiro es una
estupenda idea, sobre todo cuando sabemos que -por cruel que
se escuche- la mayor parte de los hombres gays concluyen su
vida en soledad. Pensando que a los cuarenta años aún se
cuenta con 20 o 25 años de vida productiva (de acuerdo al
sistema de retiro y pensionario mexicano), es un buen
momento para -de no haberlo hecho antes- comenzar a formar
un patrimonio para la vejez. ¡Disfruta de la cresta de esta hermosa ola que es la
vida!..., y deslízate graciosamente a lo largo de su
vigoroso y prolongado declive, ¡cuídate mucho!, ¡quiérete!

Generación contrastante.-
Gran parte de los hombres gays que hoy -en el año 2007- transitan
por la cuarta década de sus vidas, tanto en México como en el mundo,
presenciaron una época de transición social que se vio llena
de conquistas inéditas, cambios excitantes y, desde luego,
sorpresas espeluznantes. Por un lado, el movimiento de
"liberación gay" -en los setentas- abrió una serie de posibilidades de
realización individual a hombres y mujeres homosexuales que,
hasta entonces, sólo podían optar por la clandestinidad
social y la invisibilidad emocional. Posteriormente, surgieron en diferentes
partes del mundo occidental movimientos sociales y
culturales que
abiertamente reivindicaron el derecho de las personas
homosexuales y/o bisexuales a ser tratadas con dignidad, a gozar de las
libertades civiles como cualquier persona y -sobre todo- del
respeto a una particular forma humana de experimentar el
amor y la sexualidad.
También, el conjunto de los ahora cuarentones se trata de la generación de los hombres gays más
jóvenes en el momento del surgimiento de la crisis del Sida
(en 1981); fueron chicos adolescentes o en sus tempranos
veintes que repentinamente, y a lo largo de los años ochenta
y noventa, vieron caer uno a uno a sus mejores amigos y a la
gente que les rodeaba en el ambiente gay de su ciudad,
víctimas de una mortal enfermedad que golpeó precisamente a
una de las principales motivaciones de su ímpetu libertario:
la sexualidad. Consecuentemente, se podría asumir que muchos
hombres gays cuarentones ejercen hoy su vida sexual con un
alto sentido de responsabilidad, pues la fuerza de la
experiencia les ha entrenado bien respecto de los riesgos y
la mejor forma de evitarles -esto sólo en teoría, cabe
aclarar. Desde luego, el miedo ha sido un componente
determinante en la moderación de las conductas sexuales de
esta generación.
Así pues, y a pesar de los contrastes que caracterizan la
historia de vida de estas personas, muchos hombres gays
cuarentones son esencialmente sujetos idealistas y
soñadores, pero acostumbrados a ver realizadas sus más
íntimas aspiraciones. En México, se trata de la generación
que vivió la apertura social hacia lo gay; fueron los
jóvenes que trajeron sus centros de reunión, discotecas,
bares y espacios públicos, desde la clandestinidad hasta la
visibilidad.
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La plenitud individual.-
Ésta es quizás la más envidiable -o, en algunos
desafortunados casos, deplorable- condición de quienes han
alcanzado las cuatro décadas de vida y su realización plena como
individuos miembros de un grupo social. Particularmente, entre
los hombres gays de esta edad, el hecho de no haber formado
una familia tradicional (con esposa e hijos dependientes de
él), les da una estupenda holgura económica y bastante
tiempo para desplegar sus capacidades personales a plenitud.
Muchos
hombres gays a los cuarentas han alcanzado ya cierto éxito
en lo profesional y en lo laboral, lo que se refleja también en
el gran dinamismo de un mercado de consumo que, tan solo en
México, significa más de 4 mil millones de dólares al año (Milenio
Diario, julio 2007).
En la otra mano, está el hecho de que muchos hombres gays de
esa edad, seis de cada diez, son el sostén económico de sus
padres, hermanos u otros familiares dependientes (ver
encuestas GM). No es gratuito que empresas crediticias
(como BBVA Bancomer) en México, estén abriendo productos al
segmento gay para la adquisición de vivienda (Reforma,
agosto 2007).
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Sin duda, en su gran mayoría, los hombres y mujeres
cuarentones viven en la plenitud de sus
potencialidades económicas, profesionales y laborales; a
unos les ha ido bien y a otros no tanto, pero ambos tienen
aún las fuerzas para salir adelante con más brío. En muchos casos,
estar en una situación desahogada y plena les hace personas
sumamente atractivas para quienes, como ellos, experimentan
también el mejor momento de su crecimiento individual. Pero, sin
duda, para muchos jóvenes gays -sean hombres o mujeres- los
cuarentones resultan una deslumbrante posibilidad de
construir una relación madura, con solidez, estabilidad y certeza, tanto en
el plano emocional y sexual, como en el intelectual y
material.
Hace apenas unas décadas, los cuarentones eran demasiado
viejos para usar ropa de moda (como los jeans o las playeras
ajustadas) pero demasiado jóvenes para ser unos decrépitos o
morir; sin embargo, la prolongación de la expectativa de
vida y, sin duda, el fenómeno comercial del que es objeto
este segmento poblacional en nuestros días, han sacado a los
cuarentones de su "crisis del demonio meridiano" (tan
antigua y terrible puede ser la sensación de pasar los
cuarenta, que esta etapa se describió en el siglo IV d.C.
como la crisis del demonio meridiano. El monje Juan Castinao
le atribuyó a este maléfico personaje ser el instigador del
terrible aburrimiento que, hacia la mitad de la vida, se
apoderaba de los monjes haciéndolos hastiarse de su rutina,
de quienes los rodeaban y hasta de sí mismos). Quizás,
habría que recapacitar que en estos momentos de la vida lo más importante no es sólo el
trabajo, los logros profesionales o materiales, sino también
y en una proporción equivalente, el darse tiempo y espacio
para realizar aquellas actividades y cosas que se disfrutan,
que apasionan y para las que se ha trabajado prácticamente a
lo largo de la primera mitad de la vida.
Así pues, para quienes alcanzaron los cuarentas
desahogadamente, con logros concretos en lo laboral,
profesional y material, es un buen tiempo para generar una
transformación y optar por una mejor administración del
tiempo (y, desde luego, de sus recursos). Un poco de hedonismo
y sibaritismo podría ser la fórmula para conservar una buena
salud física y emocional; desde luego, sin desatender el quehacer para atenuar
las presiones cotidianas que caracterizan a la vida moderna,
es decir, el trabajo remunerativo.

Relaciones de calidad.-
Hay un hecho innegable cuando analizamos las conductas del
grupo que nos ocupa: muchos hombres y mujeres que han alcanzado los cuarentas
sienten que es necesario conservar, a toda costa y a
cualquier precio, las relaciones afectivas que han logrado
construir a lo largo de sus vidas. Así, por ejemplo, muchos
matrimonios heterosexuales se aferran a sus relaciones
familiares con especial vehemencia por el miedo a la
soledad, sin importar lo deteriorado que éstas
estén o lo destructivas que puedan resultarles en el plano
individual. Especialmente, muchas de las mujeres heterosexuales que
llegan a los cuarentas habiendo cumplido el rol de
"esposas-madres" por 20 o más años, suelen verse a sí mismas como personas ya
inservibles, que cumplieron con las expectativas últimas de
su existencia y que ahora ya no hay más función útil para ellas (tiempo
en el que coincidentemente gran parte de los hombres
heterosexuales buscan nuevas relaciones afectivas y sexuales
fuera de la pareja o la familia; también es tiempo del
llamado "síndrome del nido vacío", que sobreviene en la
pareja cuando los hijos abandonan el hogar paterno y buscan
su independencia). Entonces, aferrarse a patrones de
convivencia o a relaciones que no brindan un sano
crecimiento individual, sino frustraciones y miedos, es un
error que seguramente veremos repetido en hombres y mujeres
que llegaron a la también llamada "edad de oro".
En el caso de los hombres gays, si acaso no se dio con
anterioridad, al llegar a los cuarentas se está más
susceptible de hacerse de relaciones prostituidas, sobre
todo con chicos mucho más jóvenes y para los que uno o
varios hombres maduros significan una buena fuente de
ingresos. Cuando se es ya un "ruco",
y se tiene la suerte de contar con una posición desahogada y
relativamente solvente, se considera menos degradante el hecho de intercambiar
dinero o bienes materiales por sexo, de lo que esto sería
cuando uno es aún joven. O, también, hay quienes simple y
sencillamente contratan ocasionalmente a chicos (escorts,
acompañantes o chichifos) para tener un rato de sexo y no
tener mayores choques morales o complicaciones emocionales,
y hasta los que se hacen de una
pareja estable -al estilo de los tradicionales matrimonios
o amasiatos heterosexuales- a la que mantienen, visten, alimentan
y le resuelven prácticamente todo en la vida. A diferencia
de las parejas lésbicas, pocas son las parejas de hombres
gays que se conocen en la juventud y llegan juntos a los
cuarentas gozando de una relación estable. No sé si es
cultural o biológico, pero es un hecho que los varones
homosexuales son poco propensos a las relaciones duraderas
con un solo compañero.
Sin embargo, tal parece que al alcanzar la cuarta década de
sus vidas muchos hombres gays se vuelven afectos a las
relaciones estables y, ahora sí, prefieren la monogamia en
lugar de tener múltiples parejas (aunque los hay quienes
sufren el proceso inverso). Si bien la sexualidad sigue
ocupando un lugar predominante en su vinculación con el
otro, aspectos más trascendentes -como los emocionales o los
intelectuales- afianzan ahora los lazos entre el hombre
cuarentón y su pareja.º
En el caso de las relaciones amistosas es casi lo mismo;
muchos hombres y mujeres gays valoran y conservan amistades
con las que les unen hermosos recuerdos de la adolescencia y
la juventud, complicidades y vivencias que son irrepetibles
y determinantes en el carácter personal y en su formación
como individuos. Sin embargo, y para infortunio de quienes
creen vehementemente en el valor de la amistad, algunas de estas
relaciones llegan a corromperse con el tiempo y, justamente
por no querer romper con esos lazos que les unen con el
pasado, con la historia individual, dejan que continúen su
trayecto en un patológico intercambio de agresiones, en una
lucha por el poder que termina por degradar a ambos. Como en
el ejemplo de la mujer heterosexual que teme perderlo todo
de renunciar a un matrimonio que la somete y la degrada,
pero que no la condena -según ella- a la triste soledad, hay
personas que se aferran a sujetos a los que consideran sus
amigos y son incluso capaces de tolerar desprecios y
perdonar traiciones.

A los cuarenta, mejor que nunca.-
Cuando llegues a los cuarenta -o si estás ya en ellos- te
darás cuenta de que nunca antes estuviste mejor que ahora
en todos los aspectos. En contra de esa percepción que
tienen muchos hombres y mujeres de cuarenta años, donde se
cree que se ha llegado al borde del abismo y que en adelante
todo será una estrepitosa caída hacia la senectud, debemos
decir que esto no es así, que bien reza el dicho que "la
vida comienza a los cuarenta". En condiciones óptimas, en lo
físico e intelectual, los cuarentones tienen por delante
todavía -más o menos- 30 años de vida plena y durante los
que pueden desplegar al máximo y dignamente las mejores capacidades
que desarrollaron durante la juventud.
El año pasado, en una entrevista concedida a la cadena
televisiva Logo TV (de MTV) -para el programa australiano
Round
Trip Ticket-, el artista y activista de la comunidad gay
mexicana, Paco Calderón, lamentó que en México y en muchas
partes del mundo el segmento de hombres gays entrados en los
cuarenta años de edad no tuvieran opciones de
diversión (como sitios de reunión, antros, clubes u otras
actividades). En alguna forma, esto fue un llamado de
atención a los empresarios mexicanos respecto de la falta de inversiones para un nicho
de mercado que, hoy por hoy, significa uno de los más
vigorosos, jugosos y redituables segmentos de la economía y
una área de oportunidad que espera ser aprovechada. Y esto
es de llamar poderosamente la atención al constatar que, con
su gran capacidad económica y madurez intelectual, este
segmento de hombres y mujeres gays bien podrían dar un
impulso y un rumbo sustancial a las comunidades gays de
México y de otras partes del mundo.

Pero, en la realidad,
las opciones en México son limitadas, estereotipadas o
francamente discriminatorias. En Argentina, por ejemplo,
se está consolidando una industria turística gay en la que
diversos prestadores de servicios (transportistas,
hoteleros, operadores de centros nocturnos, etc.) están obteniendo
considerables
beneficios económicos, además de estar forjando la consolidación de ese país como un
destino preferido por el turismo gay. Quizás este exitoso
ejemplo fue la razón por la que, en el mes de agosto del
2007, el Jefe del Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, declaró a la Ciudad de México como "ciudad amigable"
para el turismo gay (Reforma,
El Universal,
El Universal Gráfico).
Así pues, si eres gay y estás en los cuarentas, ¡alégrate!;
estás en la mejor etapa de tu vida, con un futuro que puede
ser muy prometedor y, desde luego, con una gama de
oportunidades abriéndose cotidianamente y que no debes
desperdiciar. A estas alturas, has acumulado la suficiente
experiencia como para no permitir que te engañen o se
aprovechen de ti tan fácilmente, pero también ya te conoces
a ti mismo tan bien que -muy seguramente- sabes de la
importancia de quererte, consentirte y cumplirte todos tus
deseos sin cortapisas.

Y si no has llegado a los cuarentas todavía,
¡agárrate!, pues cuando llegues te sorprenderás de la
transformación que experimentarás y en la persona tan
atractiva en la que te convertirás. Quizás entonces tendrás
más suerte de la que tienen hoy los cuarentones, pues será
cuando la pirámide poblacional habrá dado un vuelco y -muy
seguramente- la exaltación publicitaria y comercial que hoy
vemos centrada en los adolescentes y los veinteañeros, se
desplazará estratégicamente a quienes formarán parte
del segmento más vigoroso del mercado mexicano y de otros
países del continente.
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Agosto de 2007
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