A diferencia de otras ciudades del mundo, especialmente de los Estados Unidos o de Europa, en México y otras grandes capitales latinoamericanas la oferta de sitios de reunión y de diversión para hombres y mujeres gays que han alcanzado los cuarenta años de edad, es casi inexistente y con ello se desaprovecha absurdamente el poderío económico de un segmento de la población con enormes ventajas y capacidades. En consecuencia, al menos en México, los cuarentones gays son un amplio grupo que se desdibuja de la llamada "comunidad gay" y, ante la carencia de opciones de acción colectiva, se diluyen incontables ventajas que irían en beneficio directo del propio colectivo.

Y como en la mayor parte de los antros, bares y discotecas gays de la ciudad brillan por su ausencia los cuarentones, GAY MÉXICO ha considerado interesante reflexionar sobre este importante segmento de personas que, hoy por hoy, representan más de una cuarta parte de nuestros lectores.

 

 

La plenitud física.-

Se dice que al llegar a los cuarenta años es, en muchos sentidos, alcanzar la plenitud de la vida; es el inevitable arribo a esa edad en donde físicamente todo está al máximo, como una enorme ola vista en toda su belleza, esplendor y plenitud, pero -desafortunadamente- también significa el punto de quiebre donde muchas de las capacidades desplegadas desde los 20 años comienzan a colapsarse de manera parcial o definitivamente. En el caso de la mujer, por ejemplo, la pérdida total de la capacidad reproductiva (la menopausia), es quizás la manifestación más dramática de lo que sucede al ser humano en esta etapa de la vida; si bien la mayoría de las mujeres experimentan la menopausia hasta los cincuentas, es cierto que muchas comienzan con su sintomatología prematura durante los cuarentas.

Es un hecho, se sufren muchos cambios físicos al alcanzar los 40 años de edad. La intolerancia a ciertos alimentos (como la lactosa, leguminosas o ciertas frutas y vegetales) se agudiza, lo que es relativamente fácil de solucionar a través del cambio de dieta; el sentido de la vista decae en diferentes grados y ritmos; la disfunción eréctil aparece en uno de cada dos hombres; las canas ocupan cada día más superficie del cuero cabelludo; el funcionamiento del intestino comienza a dar incomodidades y hasta situaciones bochornosas que derivan en menos salidas de casa o hasta llegar a preferir el aislamiento. En fin, muchas de las enfermedades crónicas y degenerativas comienzan a manifestarse durante esta década de la vida, sobre todo cuando nada se hizo para prevenirlo durante las etapas previas a la edad adulta (o sea, durante la infancia y la juventud).

Si a lo anterior sumamos un historial de vida en el que nunca se desarrollaron buenos hábitos físicos (como el ejercicio disciplinado, la alimentación balanceada o la moderación en el uso de sustancias estimulantes como el alcohol, el tabaco o algunas drogas), sin duda la ecuación se vuelve más dramática y los padecimientos más precoces.

Llegar físicamente bien a los cuarentas es algo que -definitivamente- se cultiva y se cosecha como el resultado de haber nacido y vivido en un entorno familiar y social en el que los hábitos alimenticios fueron los adecuados, y -sin el afán de ser conservadores o mojigatos- donde el valor de la disciplina, el cuidado personal y la moderación erradicaron la afición por el derroche reiterativo. Así, por ejemplo, en México es muy común observar en los centros comerciales, en el aeropuerto, en las playas o en la calle, a familias enteras donde todos sus integrantes padecen de sobrepeso: mamá y papá son obesos, el hermano, la hermana y el pequeño también están "gorditos" (como si el diminutivo redujera los riesgos a la salud). Ello, sin duda, nos habla de malas costumbres de alimentación que se reproducen incontenibles al interior de las familias mexicanas; hábitos de consumo con los que se están educando a millones de personas en el país, a través de la publicidad inmisericorde -y de manera masiva- de todo tipo de alimentos chatarra o procesados, y los que nos han colocado como una sociedad en la que más del 70% de sus  miembros padecen sobrepeso (y sus nefastas consecuencias, como la diabetes, enfermedades vasculares, del corazón y otras). Si bien existen estadísticas respecto a nuestro primerísimo lugar mundial en consumo de refrescos embotellados y azucarados, en el consumo de frituras y harinas chatarra no debemos estar muy lejos de las primeras posiciones mundiales.

Los cuarenta años de edad es un buen momento, si no lo hiciste antes, para buscar atenuar o posponer las tendencias del deterioro físico y -no sin hacer esfuerzos sustanciales- para conseguir tener una buena salud para los años por venir como adulto mayor. Practicar regularmente algún ejercicio es la clave para conservarte en buenas condiciones físicas a los cuarentas, pero también lo es la buena alimentación, el descanso adecuado y la atención oportuna de cualquier problema emergente de salud.

Aunque siempre es más reconfortante ver hacia atrás y sentirse orgulloso de la experiencia acumulada, de la fortaleza creada y de todo lo que se está cosechando en esta etapa de la vida, resulta muy inteligente también ver hacia adelante (por muy deprimente que pudiera parecernos el panorama como hombres gays) y prevenir un futuro en el que se eviten las complicaciones concomitantes a nuestra condición de individuos solos, de personas de la tercera edad carentes de apoyos y solidaridad familiar. Entonces, pensar en adquirir un seguro o ahorro para el retiro es una estupenda idea, sobre todo cuando sabemos que -por cruel que se escuche- la mayor parte de los hombres gays concluyen su vida en soledad. Pensando que a los cuarenta años aún se cuenta con 20 o 25 años de vida productiva (de acuerdo al sistema de retiro y pensionario mexicano), es un buen momento para -de no haberlo hecho antes- comenzar a formar un patrimonio para la vejez. ¡Disfruta de la cresta de esta hermosa ola que es la vida!..., y deslízate graciosamente a lo largo de su vigoroso y prolongado declive, ¡cuídate mucho!, ¡quiérete!

 

Foto: José Altamirano, Marcha Gay de la Ciudad de México, año 2007.

 

Generación contrastante.-

Gran parte de los hombres gays que hoy -en el año 2007- transitan por la cuarta década de sus vidas, tanto en México como en el mundo, presenciaron una época de transición social que se vio llena de conquistas inéditas, cambios excitantes y, desde luego, sorpresas espeluznantes. Por un lado, el movimiento de "liberación gay" -en los setentas- abrió una serie de posibilidades de realización individual a hombres y mujeres homosexuales que, hasta entonces, sólo podían optar por la clandestinidad social y la invisibilidad emocional. Posteriormente, surgieron en diferentes partes del mundo occidental movimientos sociales y culturales que abiertamente reivindicaron el derecho de las personas homosexuales y/o bisexuales a ser tratadas con dignidad, a gozar de las libertades civiles como cualquier persona y -sobre todo- del respeto a una particular forma humana de experimentar el amor y la sexualidad.

También, el conjunto de los ahora cuarentones se trata de la generación de los hombres gays más jóvenes en el momento del surgimiento de la crisis del Sida (en 1981); fueron chicos adolescentes o en sus tempranos veintes que repentinamente, y a lo largo de los años ochenta y noventa, vieron caer uno a uno a sus mejores amigos y a la gente que les rodeaba en el ambiente gay de su ciudad, víctimas de una mortal enfermedad que golpeó precisamente a una de las principales motivaciones de su ímpetu libertario: la sexualidad. Consecuentemente, se podría asumir que muchos hombres gays cuarentones ejercen hoy su vida sexual con un alto sentido de responsabilidad, pues la fuerza de la experiencia les ha entrenado bien respecto de los riesgos y la mejor forma de evitarles -esto sólo en teoría, cabe aclarar. Desde luego, el miedo ha sido un componente determinante en la moderación de las conductas sexuales de esta generación.

Así pues, y a pesar de los contrastes que caracterizan la historia de vida de estas personas, muchos hombres gays cuarentones son esencialmente sujetos idealistas y soñadores, pero acostumbrados a ver realizadas sus más íntimas aspiraciones. En México, se trata de la generación que vivió la apertura social hacia lo gay; fueron los jóvenes que trajeron sus centros de reunión, discotecas, bares y espacios públicos, desde la clandestinidad hasta la visibilidad.

La plenitud individual.-

Ésta es quizás la más envidiable -o, en algunos desafortunados casos, deplorable- condición de quienes han alcanzado las cuatro décadas de vida y su realización plena como individuos miembros de un grupo social. Particularmente, entre los hombres gays de esta edad, el hecho de no haber formado una familia tradicional (con esposa e hijos dependientes de él), les da una estupenda holgura económica y bastante tiempo para desplegar sus capacidades personales a plenitud.

Muchos hombres gays a los cuarentas han alcanzado ya cierto éxito en lo profesional y en lo laboral, lo que se refleja también en el gran dinamismo de un mercado de consumo que, tan solo en México, significa más de 4 mil millones de dólares al año (Milenio Diario, julio 2007). En la otra mano, está el hecho de que muchos hombres gays de esa edad, seis de cada diez, son el sostén económico de sus padres, hermanos u otros familiares dependientes (ver encuestas GM). No es gratuito que empresas crediticias (como BBVA Bancomer) en México, estén abriendo productos al segmento gay para la adquisición de vivienda (Reforma, agosto 2007).

Sin duda, en su gran mayoría, los hombres y mujeres cuarentones viven en la plenitud de sus potencialidades económicas, profesionales y laborales; a unos les ha ido bien y a otros no tanto, pero ambos tienen aún las fuerzas para salir adelante con más brío. En muchos casos, estar en una situación desahogada y plena les hace personas sumamente atractivas para quienes, como ellos, experimentan también el mejor momento de su crecimiento individual. Pero, sin duda, para muchos jóvenes gays -sean hombres o mujeres- los cuarentones resultan una deslumbrante posibilidad de construir una relación madura, con solidez, estabilidad y certeza, tanto en el plano emocional y sexual, como en el intelectual y material.

Hace apenas unas décadas, los cuarentones eran demasiado viejos para usar ropa de moda (como los jeans o las playeras ajustadas) pero demasiado jóvenes para ser unos decrépitos o morir; sin embargo, la prolongación de la expectativa de vida y, sin duda, el fenómeno comercial del que es objeto este segmento poblacional en nuestros días, han sacado a los cuarentones de su "crisis del demonio meridiano" (tan antigua y terrible puede ser la sensación de pasar los cuarenta, que esta etapa se describió en el siglo IV d.C. como la crisis del demonio meridiano. El monje Juan Castinao le atribuyó a este maléfico personaje ser el instigador del terrible aburrimiento que, hacia la mitad de la vida, se apoderaba de los monjes haciéndolos hastiarse de su rutina, de quienes los rodeaban y hasta de sí mismos). Quizás, habría que recapacitar que en estos momentos de la vida lo más importante no es sólo el trabajo, los logros profesionales o materiales, sino también y en una proporción equivalente, el darse tiempo y espacio para realizar aquellas actividades y cosas que se disfrutan, que apasionan y para las que se ha trabajado prácticamente a lo largo de la primera mitad de la vida.

Así pues, para quienes alcanzaron los cuarentas desahogadamente, con logros concretos en lo laboral, profesional y material, es un buen tiempo para generar una transformación y optar por una mejor administración del tiempo (y, desde luego, de sus recursos). Un poco de hedonismo y sibaritismo podría ser la fórmula para conservar una buena salud física y emocional; desde luego, sin desatender el quehacer para atenuar las presiones cotidianas que caracterizan a la vida moderna, es decir, el trabajo remunerativo.

 

 

Relaciones de calidad.-

Hay un hecho innegable cuando analizamos las conductas del grupo que nos ocupa: muchos hombres y mujeres que han alcanzado los cuarentas sienten que es necesario conservar, a toda costa y a cualquier precio, las relaciones afectivas que han logrado construir a lo largo de sus vidas. Así, por ejemplo, muchos matrimonios heterosexuales se aferran a sus relaciones familiares con especial vehemencia por el miedo a la soledad, sin importar lo deteriorado que éstas estén o lo destructivas que puedan resultarles en el plano individual. Especialmente, muchas de las mujeres heterosexuales que llegan a los cuarentas habiendo cumplido el rol de "esposas-madres" por 20 o más años, suelen verse a sí mismas como personas ya inservibles, que cumplieron con las expectativas últimas de su existencia y que ahora ya no hay más función útil para ellas (tiempo en el que coincidentemente gran parte de los hombres heterosexuales buscan nuevas relaciones afectivas y sexuales fuera de la pareja o la familia; también es tiempo del llamado "síndrome del nido vacío", que sobreviene en la pareja cuando los hijos abandonan el hogar paterno y buscan su independencia). Entonces, aferrarse a patrones de convivencia o a relaciones que no brindan un sano crecimiento individual, sino frustraciones y miedos, es un error que seguramente veremos repetido en hombres y mujeres que llegaron a la también llamada "edad de oro".

En el caso de los hombres gays, si acaso no se dio con anterioridad, al llegar a los cuarentas se está más susceptible de hacerse de relaciones prostituidas, sobre todo con chicos mucho más jóvenes y para los que uno o varios hombres maduros significan una buena fuente de ingresos. Cuando se es ya un "ruco", y se tiene la suerte de contar con una posición desahogada y relativamente solvente, se considera menos degradante el hecho de intercambiar dinero o bienes materiales por sexo, de lo que esto sería cuando uno es aún joven. O, también, hay quienes simple y sencillamente contratan ocasionalmente a chicos (escorts, acompañantes o chichifos) para tener un rato de sexo y no tener mayores choques morales o complicaciones emocionales, y hasta los que se hacen de una pareja estable -al estilo de los tradicionales matrimonios o amasiatos heterosexuales- a la que mantienen, visten, alimentan y le resuelven prácticamente todo en la vida. A diferencia de las parejas lésbicas, pocas son las parejas de hombres gays que se conocen en la juventud y llegan juntos a los cuarentas gozando de una relación estable. No sé si es cultural o biológico, pero es un hecho que los varones homosexuales son poco propensos a las relaciones duraderas con un solo compañero.

Sin embargo, tal parece que al alcanzar la cuarta década de sus vidas muchos hombres gays se vuelven afectos a las relaciones estables y, ahora sí, prefieren la monogamia en lugar de tener múltiples parejas (aunque los hay quienes sufren el proceso inverso). Si bien la sexualidad sigue ocupando un lugar predominante en su vinculación con el otro, aspectos más trascendentes -como los emocionales o los intelectuales- afianzan ahora los lazos entre el hombre cuarentón y su pareja.º

En el caso de las relaciones amistosas es casi lo mismo; muchos hombres y mujeres gays valoran y conservan amistades con las que les unen hermosos recuerdos de la adolescencia y la juventud, complicidades y vivencias que son irrepetibles y determinantes en el carácter personal y en su formación como individuos. Sin embargo, y para infortunio de quienes creen vehementemente en el valor de la amistad, algunas de estas relaciones llegan a corromperse con el tiempo y, justamente por no querer romper con esos lazos que les unen con el pasado, con la historia individual, dejan que continúen su trayecto en un patológico intercambio de agresiones, en una lucha por el poder que termina por degradar a ambos. Como en el ejemplo de la mujer heterosexual que teme perderlo todo de renunciar a un matrimonio que la somete y la degrada, pero que no la condena -según ella- a la triste soledad, hay personas que se aferran a sujetos a los que consideran sus amigos y son incluso capaces de tolerar desprecios y perdonar traiciones.

 

 

A los cuarenta, mejor que nunca.-

Cuando llegues a los cuarenta -o si estás ya en ellos- te darás cuenta de que nunca antes estuviste mejor que ahora en todos los aspectos. En contra de esa percepción que tienen muchos hombres y mujeres de cuarenta años, donde se cree que se ha llegado al borde del abismo y que en adelante todo será una estrepitosa caída hacia la senectud, debemos decir que esto no es así, que bien reza el dicho que "la vida comienza a los cuarenta". En condiciones óptimas, en lo físico e intelectual, los cuarentones tienen por delante todavía -más o menos- 30 años de vida plena y durante los que pueden desplegar al máximo y dignamente las mejores capacidades que desarrollaron durante la juventud.

El año pasado, en una entrevista concedida a la cadena televisiva Logo TV (de MTV) -para el programa australiano Round Trip Ticket-, el artista y activista de la comunidad gay mexicana, Paco Calderón, lamentó que en México y en muchas partes del mundo el segmento de hombres gays entrados en los cuarenta años de edad no tuvieran opciones de diversión (como sitios de reunión, antros, clubes u otras actividades). En alguna forma, esto fue un llamado de atención a los empresarios mexicanos respecto de la falta de inversiones para un nicho de mercado que, hoy por hoy, significa uno de los más vigorosos, jugosos y redituables segmentos de la economía y una área de oportunidad que espera ser aprovechada. Y esto es de llamar poderosamente la atención al constatar que, con su gran capacidad económica y madurez intelectual, este segmento de hombres y mujeres gays bien podrían dar un impulso y un rumbo sustancial a las comunidades gays de México y de otras partes del mundo.

 

 

Pero, en la realidad, las opciones en México son limitadas, estereotipadas o francamente discriminatorias. En Argentina, por ejemplo, se está consolidando una industria turística gay en la que diversos prestadores de servicios (transportistas, hoteleros, operadores de centros nocturnos, etc.) están obteniendo considerables beneficios económicos, además de estar forjando la consolidación de ese país como un destino preferido por el turismo gay. Quizás este exitoso ejemplo fue la razón por la que, en el mes de agosto del 2007, el Jefe del Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, declaró a la Ciudad de México como "ciudad amigable" para el turismo gay (Reforma, El Universal, El Universal Gráfico).

Así pues, si eres gay y estás en los cuarentas, ¡alégrate!; estás en la mejor etapa de tu vida, con un futuro que puede ser muy prometedor y, desde luego, con una gama de oportunidades abriéndose cotidianamente y que no debes desperdiciar. A estas alturas, has acumulado la suficiente experiencia como para no permitir que te engañen o se aprovechen de ti tan fácilmente, pero también ya te conoces a ti mismo tan bien que -muy seguramente- sabes de la importancia de quererte, consentirte y cumplirte todos tus deseos sin cortapisas.

 

 

 Y si no has llegado a los cuarentas todavía, ¡agárrate!, pues cuando llegues te sorprenderás de la transformación que experimentarás y en la persona tan atractiva en la que te convertirás. Quizás entonces tendrás más suerte de la que tienen hoy los cuarentones, pues será cuando la pirámide poblacional habrá dado un vuelco y -muy seguramente- la exaltación publicitaria y comercial que hoy vemos centrada en los adolescentes y los veinteañeros, se desplazará  estratégicamente a quienes formarán parte del segmento más vigoroso del mercado mexicano y de otros países del continente.

 

Agosto de 2007


Fotos: Blue Magazine, Australia; y José Altamirano, México.