Texto de Francisco
Calderón Córdova
Para Gerardo Eliu y Samir
Jabdur
Durante
la
cena de Año Nuevo, en la casa de Bety y Xóchitl, se dio un
acalorado debate entre quienes compartíamos la
mesa respecto de la posibilidad de que se pudiera dar marcha atrás o
no a las
conquistas políticas y legislativas alcanzadas en España en materia de
matrimonios homosexuales. En lo personal, manifesté a mis
interlocutores mi temor por las
señales tan negativas que he percibido a través de los medios noticiosos
(principalmente en la prensa escrita mexicana) y que perfilan la
firme intención de ciertos grupos católicos y conservadores
españoles de derogar estos
derechos ciudadanos. Así mismo, expresé a mis acompañantes mi gran enfado por el cada vez más alarmante avance de la iglesia (o
las iglesias) en el campo de los medios de comunicación y la
manipulación mediática, pues justamente esa tarde descubrí un nuevo
canal (el 142) en el sistema de Cablevisión y cuya programación está a cargo,
las 24 horas del día, de
grupos cristianos nacionales y extranjeros (El Sembrador y Pare de
Sufrir, principalemente).
Inmediatamente, enfrenté la reacción
contraria a mis argumentos por parte de Beatriz, amiga muy querida, brillante abogada
y constante viajera al país ibérico; ella aseguraba, definitiva y
convencida de ello, que
no hay forma de echar marcha atrás en este tema, que la institución matrimonial
para personas del mismo sexo en España permanecerá vigente muy a pesar de la
oposición y de los intereses de grupos conservadores e iglesias.
Habló profusamente del ambiente democrático y de apertura que se
vive en aquel país y, desde luego, entre la comunidad gay. Mi
posición, o debiera decir mejor, mi temor fundado, era que el enemigo
no es pequeño y que las señales han sido claras, que el piso se cimbra ya
mientras más se acercan las huestes guerreras de clérigos y
fundamentalistas homofóbicos, en su afán por suprimir el derecho de
los homosexuales en España a unirse civilmente ....; subrayé que nunca borraré de mi memoria
cuando fui injustamente expulsado, mereciendo todos los deshonores y
ofensivas reprobaciones, de aquel internado adventista en el que
estuve algún tiempo durante la escuela secundaria, allá en la Selva Negra, en
Pueblo Nuevo, Solistahuacan, Chiapas, cuando los jerarcas y dueños
de la institución conocieron
de mi homosexualidad (bueno...., supongo que no les quedó de otra al
encontrarme en
la cama con el hijo del director, y peor aún cuando después,
enamorados, ambos defendimos lo que entendíamos como nuestro
derecho a ejercer no sólo nuestra sexualidad, sino nuestra legítima emoción).
En fin, el debate de
la cena de Año Nuevo quedó en suspenso al final; entre la posibilidad real de
que los grupos conservadores españoles, con influencia y presencia en el
senado y el congreso de los diputados, busquen y consigan derogar el derecho de hombres y
mujeres homosexuales a los contratos matrimoniales; y, por otro
lado, la imposibilidad de que esta conquista del pueblo español dé
marcha atrás, muy a pesar de lo que quieran los grupos
conservadores, los clérigos o los ultraderechistas ibéricos. Y ojala que lo que asevera Beatriz sea la verdad, que no haya marcha
atrás en lo alcanzado ya por el pueblo español (y más recientemente
por los ingleses); nada será más reconfortante que presenciar la
normalización de los matrimonios homosexuales y, en un futuro, ni
siquiera hacerlo objeto de cuestionamientos o debates.
Sin embargo,
y especialmente en México, quienes ven a los homosexuales como
sus enemigos naturales, como verdaderos enviados del infierno y potenciales
destructores de la humanidad, están ganando terreno para montar una
confrontación hostil, impregnada de machismo, ignorancia y
estupidez. Al menos, esa es la impresión que la noche del fin de año
tenía yo, después de haber visto en la televisión a un auditorio
repleto de jóvenes fanáticos cristianos coreando canciones dirigidas
al Señor, interpretadas por un grupo pretendidamente rockero y
alternativo. ¡Qué espectáculo!
Y Darwin ... ¿quedó en el
pasado?
Los signos del avance
de los conservadores, del recrudecimiento de sus posiciones, es para
mí evidente al voltear mi vista al norte del continente. El vaquero que está
hoy a la cabeza del imperio norteamericano, George W. Bush, no ha
tenido empacho en mostrar al mundo su profundo conservadurismo y desprecio
por todo aquello que no se ajuste a su moral cristiana y a la
estrechez de sus principios morales (o al menos así nos lo hace
pensar). Y como cabeza de su propia nación, busca contagiar a sus
paisanos de sus convicciones y hacerlas verdad única, razón y visión
del mundo.
Recientemente, en noviembre de
2005, el presidente de
los EE.UU. ha sido uno de los más entusiastas promotores para
incorporar al sistema educativo de su país la visión anti-darwiniana
de la vida, la llamada teoría del diseño inteligente (surgida
en el Discovery Institute), que plantea -entre otras cosas- que los
seres vivos somos demasiado complejos como para haber transcurrido
por un proceso de creación evolutiva tan intrincado como el
planteado por Charles Darwin y las teorías que de ahí han derivado a
lo largo de la historia. La explicación de la complejidad de la
vida y, por ende, del universo que nos conforma, queda adjudicada
con la teoría del diseño inteligente al
arbitrio de un diseñador supremo, de un Dios totalitario como el que
perfilan las religiones católica, musulmana o judía, y desprecia
tajantemente todos los postulados científicos derivados de la teoría darwiniana de la evolución de las especies. Así, Bush hijo ha
abierto la puerta ya para que la teoría del diseño inteligente
se enseñe junto con las teorías darwinianas en las aulas norteamericanas (en Kansas esto ya ha
sido aprobado), abriendo con ello una severa confrontación entre
tolerancia e intolerancia, entre conservadores y liberales, entre regresionistas y progresistas...., entre ciencia y religión.
El peligro, aseguran los conocedores, es que la teoría del diseño
inteligente busca suprimir a las otras explicaciones de la vida;
todo lo contrario a la visión inclusiva y tolerante de la diferencia
del enfoque científico de la evolución.
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Los fundamentalismos,
todos, tienen un eficiente sistema inmunológico cuyo motor principal
es la intolerancia y la supresión del que es y piensa diferente.
Así, por ejemplo, los medios de comunicación occidentales (incluidos
los latinoamericanos) nos han enseñado cotidiana e insistentemente
que la cultura musulmana es intolerante; que se basa en un sistema
de creencias y una religión
equivocada y falaz; nos dicen que los líderes religiosos y políticos
del Medio Oriente y gran parte de Asia, son tiranos desalmados que obligan injustamente a las
mujeres a ocultar sus rostros detrás de sus oscuros velos (hijab),
que les linchan públicamente por tener sexo ilícito y
además les
niegan todos sus derechos ciudadanos; con prácticas
terroristas -insiste la prensa occidental-, los
musulmanes pretenden destruir todo lo que signifique
modernidad, progreso y el avance de la humanidad,
plasmado en el estilo de vida occidental. En fin,
concluyen, el
fundamentalismo islámico es hoy por hoy uno de los
principales enemigos a los que todos, absolutamente
todos, aseguran, estamos expuestos y debemos combatir.
Algo habrá de cierto, pero realmente no todo es así y,
mucho menos, debemos considerar -al puro estilo de la
novela orweliana- que la mitad del planeta es un enemigo
natural al que hay que suprimir. Bush responde al
fundamentalismo con fundamentalismo, ojo por ojo, diente
por diente....
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En consecuencia, para
Bush lo importante no es más si es o no cierto que Irak tenía armas
de destrucción masiva (que es lo que finalmente justificó la invasión
norteamericana a aquella nación frente a su congreso y a su pueblo); lo
que debe alarmar al pueblo norteamericano y a las democracias
occidentales todas -sugiere el vaquerillo-, es que el Islam
enarbola el odio irracional en contra de quienes habitamos el mundo
libre, avanzado, moderno. ¿No hay un dejo de intolerancia en
estos postulados?, me pregunto. ¡Por supuesto!
En un interesante
artículo escrito por Arnoldo Kraus sobre este mismo tema, publicado
en La Jornada el miércoles 4 de enero de 2006, el autor
sostiene que la intolerancia, a diferencia de la tolerancia, no
tiene límites y es responsable de las más profundas heridas de la
geografía contemporánea. La intolerancia se extiende sin
miramientos, atropellándolo todo y
diseminándose virulenta y peligrosamente sin límites. La única forma de lidiar con
la intolerancia, subraya Kraus, es por medio de la tolerancia, que
intrínsecamente es limitada, cauta y respetuosa de la diferencia.
El caso es que las
evidencias de que Irak no tiene ni tuvo jamás las supuestas armas de
destrucción masiva que justificaron la ocupación, no han sido
capaces de justificar los excesos del imperio y del vaquero atómico
-George W. Bush. Las verdaderas razones han quedado evidenciadas y
la mentira descubierta. Ahora, cuando
toda apreciación racional le es adversa, el presidente de los EE.UU.
busca justificar las razones de su sed de poder en la cosmogonía
teológica del catolicismo (la teoría del diseño inteligente,
por ejemplo)
y alimentar así la intolerancia del pueblo norteamericano hacia el islamismo,
alimentando el odio irracional en el
fundamentalismo de la cruz. La Biblia contra el Corán, Cristo contra
Mahoma..., Oriente contra Occidente; el bien en contra del mal. ¿Y
Darwin y las teorías derivadas de sus máximas?...,
¡se pueden ir a chingar a su madre!
Latinos y homosexuales,
¿primates no evolucionados?
En este contexto del
diseño inteligente con el que el actual mandatario
norteamericano -el fuhrercillo Bush- concibe al mundo, cada quien y cada cual
tiene, dirían las sagradas escrituras, una función y un lugar perfectamente bien definido en el
universo y en la Tierra. En la posición más alta de la creación
divina, diría Bush, Dios puso a los gloriosos norteamericanos blancos, quizás a
los tejanos (...). De esta manera, el universo existe para que los
gringos hagan con él todo tipo de negocios, exploten incesantemente
sus recursos naturales (¡al carajo con el protocolo de Kiotto!), obtengan jugosos usufructos y, desde luego,
se diviertan al máximo de sus capacidades y a costa de los demás,
tal y como lo podemos
atestiguar, muertos de la risa, en las didácticas películas para adolescentes producidas
en Hollywood (American Pie).
Desde luego, estupideces como el cambio
climático o la protección de la ecología, la equidad de género o la
justa
repartición de la riqueza social, la defensa de los derechos
humanos o el respeto a la diversidad, son para los conservadores
fundamentalistas sólo discursos inviables y, desde luego,
elucubraciones tramadas en los débiles cerebros
de las razas inferiores, subespecies humanas cuya función natural es
la de someterse a la voluntad de los súper hombres, ¡claro!,
those who live in the USA!. Entonces, por
favor, no nos vayamos a sorprender cuando, en un futuro cercano, los
predicadores de la teoría del diseño inteligente determinen
que los latinos existimos sólo para levantar las cosechas, barrer
las calles, lavar los platos en los restaurantes de comida fast-food
o comprar desaforadamente la dulce Coca-Cola.
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En el caso de las
llamadas minorías homosexuales, de los grupos gays que se han
organizado -desde la década de los setentas- en los EE.UU. y han
venido luchando por sus derechos civiles, creo que el sistema les encarceló
en ghettos en los que han permanecido a lo largo de estas décadas y
en los que su control político ha resultado relativamente simple.
Sin embargo, y para sorpresa de los conservadores estadounidenses (aglutinados en su
mayoría en el Partido Republicano), en la última mitad de los
noventas y durante el inicio del nuevo milenio, las organizaciones de
homosexuales estadounidenses (y las de otras latitudes del mundo
occidental) se han lanzado a la conquista de nuevos y mayores derechos
ciudadanos, entre
ellos el de legalizar las uniones de parejas del mismo sexo, poder
adoptar hijos y, en resumen, obtener derechos
comparables con los de la institución matrimonial.
Desde luego, estas demandas políticas de los grupos gays
han puesto muy nerviosos a los conservadores, que no
conciben nuevos esquemas de familia nuclear de no ser la
conformada por el padre, la madre y el hijo. En la
actualidad, ya en algunos estados de la Unión Americana
se está restringiendo legalmente la posibilidad de
habitar una casa, exclusivamente para familias formadas
por padres e hijos sanguíneos, en un franco ataque en
contra de las familias latinas que, por razones
económicas, se conforman generalmente por más
miembros. |
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Las sagradas escrituras que
dan sustento al catolicismo seguirán diciendo lo que dicen y
condenando a los homosexuales a las llamas eternas, en
Levíticos o en Romanos del Nuevo Testamento...., y el
recalcitrante fundamentalismo de sus modernos seguidores las interpretará
al pie de la letra y les tomará
como guía de su acción, como verdad absoluta del orden que debe instaurarse en
la Tierra para así alcanzar la perfección del Reino de Dios. De ahí
nadie los saca ya. Modernas hogueras se
preparan para quemarnos en vida, donde el fuego de la
intolerancia, la exclusión y los crímenes homofóbicos se verá
avivado, de así permitírselos nosotros, por el odio consustancial
del fundamentalismo conservador. Y dirá el amable lector que exagero
y me dejo llevar por el apasionamiento de mis frases, de mis
convicciones; pero esto ya está sucediendo aquí mismo en México;
para muestra un botón: en
la ciudad de Querétaro -en el mes de junio del año 2005- fue
asesinado, en muy extrañas circunstancias, Octavio Acuña, activista y abierto defensor de los
derechos de los homosexuales de aquella población (donde los grupos
conservadores han logrado incluso el cierre de todos los centros de
reunión gay, en una abierta posición de enfrentamiento, intolerancia y persecución).
O qué decir de la capital de la República Mexicana, del Distrito
Federal, la "Ciudad de la Esperanza", donde en más de una ocasión se
ha buscado la discusión y aprobación en su congreso local de una Ley
de Sociedades de Convivencia que dé nuevos y legítimos derechos
civiles a los homosexuales, y que a pesar de contar
con una mayoría de representantes parlamentarios de la "izquierda
progresista", la iniciativa (impulsada en su momento por los
partidos Democracia Social y el Verde Ecologista, no por el PRD) simplemente no se ha podido aprobar y
permanece en la congeladora de la Asamblea Legislativa del Distrito
Federal (ALDF).
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El conservadurismo
continúa ganando la batalla en esta parte del planeta y, día a día,
abarca mayores espacios de los que históricamente ocupaba o le
estaban acotados. El Benemérito de las
Américas estará revolcándose en su tumba desde que el régimen salinista abrió la puerta a las iglesias, para permitirles
participar en la política y en la toma de decisiones de la nación,
ignorando tajantemente la historia nacional (la época de la Reforma) y condenándonos a repetirla. Ahora, con
Vicente Fox y el derechista Partido Acción Nacional en el poder, la homofobia
institucional se traduce en terribles omisiones y raquíticos
presupuestos destinados a programas destinados a atender las
necesidades específicas de la población gay; se manifiesta en
desabasto de medicamentos para los enfermos de Sida en el Instituto
Mexicano del Seguro Social (IMSS) o en pálidas
campañas publicitarias para frenar el galopante avance del odio contra
hombres y mujeres homosexuales; ...en un alarmante incremento de la
presencia de las iglesias en la vida nacional, en la política, en
los medios de comunicación y en nuestras vidas cotidianas (sólo hay
que ver cómo ha crecido la congregación brasileña "Pare de Sufrir",
cuyos templos se han instalado en antiguos cines -como el Estadio o
Silvia Pinal, o el Cine Jalisco de Tacubaya- y que ocupan horas
enteras de programación televisiva diurna y nocturna en señales
abiertas y por cable. Recientemente, los multimillonarios negocios,
fraudes y
turbios engaños de esta congregación fueron evidenciados en España
y, al parecer, se encuentra ya en problemas legales para continuar
operando). |
En los EE.UU., como lo denuncia en su
última temporada la serie televisiva de la cadena HBO Queer as Folk, la ultraderecha y el
poder económico de los conservadores está obstaculizando y, en algunos casos,
arrebatando las conquistas legales por las que -durante más de 30 años- han
luchado los gays de aquel país. Sin duda, una tendencia preocupante
al considerar el impulso y la capacidad de acción colectiva que
siempre mostró la comunidad GLBT estadounidense, y el poder y
capacidad de influir en las decisiones de gobierno que tienen los
grupos conservadores bajo el régimen de Bush.
Constructores de muros
vs. amantes de la libertad
Mi generación vivió
emocionada aquellos festivos días de la caída del muro de Berlín.
Ver unirse a la Alemania Oriental con la Alemania Federal fue un
suceso que a muchos arranco lágrimas. Entonces, los jóvenes cantamos
con vehemencia las piezas del álbum The Wall, del grupo
británico Pink Floyd, en cuyas estrofas se les decía a los
moralistas y tiranos totalitarios -por fin- que nos dejaran en paz,
..."Teachers, leave those
kids alone...All in all it´s just another brick on the wall". También,
sacudimos de nuestras vestiduras el falso puritanismo burgués que
groseramente nos homogeneizaba y nos hacía iguales en la negación de
la diferencia; y créanme, no fue fácil y se requirió coraje, valor y
creatividad para enfrentarles y expresarse diferente con un lenguaje que no
existía; por el contrario, la existencia de muchos individuos, de
muchas emociones, se percibía sólo a partir de su rotunda negación.
Ese fue el caso del movimiento de liberación homosexual de los
setentas, cuya primer marcha del orgullo en México se llevó a cabo en 1978,
ante la sorpresa y azoro de los habitantes de la capital del país, y
donde comenzó a inventarse un lenguaje mediante el cual el colectivo
gay pudiera iniciar a dialogar con el resto de la sociedad mexicana
(profundamente católica, represiva, discriminadora y homofóbica).
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Quienes fuimos
púberes, adolescentes y jóvenes adultos en esos años, experimentamos
una serie de vivencias que las generaciones actuales de gays
no tienen, en su relativa mayoría, registradas en su memoria, ni
individual ni colectivamente: la represión policíaca en contra de
personas homosexuales, por el simple hecho de reunirse con sus
iguales en espacios públicos e incluso en domicilios privados; la
obligada clandestinidad y simulación de nuestros estilos de vida,
sólo por ser personas diferentes al ideal heterosexual del hombre y
la mujer (soltero a los 30, ¡seguro es maricón!); la reprobación, la
agresión, la exclusión y el escándalo social por manifestar una
naturaleza sexual diferente a la exigida por los cánones de
comportamiento aceptados o impuestos por la moral colectiva o
católica; la supresión de cualquier manifestación artística
donde se representaran emociones homotípicas; la experimentación del sexo sin miedo a
la muerte y, a través de éste, la imaginación de un orden social
alternativo plasmado en las relaciones de pareja;
también, la droga como el vehículo de socialización
entre los sujetos individualizados al extremo por las
máximas de igualdad a tabla raja. Finalmente, vivencias
que derivaron de la confrontación y trasgresión de un
orden que nos reprimía, nos incomodaba y a veces hasta
nos asfixiaba, y al que decidimos derribar ..., como a
un muro. |
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Las generaciones de
gays mexicanos de los setentas y ochentas, al menos una gran
mayoría de aquellos que nos asumimos abiertamente como tales,
supimos de la tarea cotidiana de
desmantelar barreras, de tirar muros hasta entonces infranqueables, erguidos
en los más diversos espacios de nuestra vida cotidiana: en la familia, en
la escuela, en el trabajo, en la calle. El costo, en todos los
casos, fue muy alto y hubo que enfrentar discriminación, rechazo,
agresiones y hasta la muerte (¡Alarma!..."Mujercitos asesinados en
Hotel del Centro", "Crimen pasional de jotos"). En lo personal, debo decirlo,
incluso fui
víctima de un ataque de odio homofóbico en el año de 1983, que me
tuvo hospitalizado durante tres días y cuyas lesiones físicas pude
superar hasta pasados los dos meses. En cambio, y gracias al camino
que allanamos muchos de nosotros, hoy "salir del closet" no
suele ser ya una experiencia tan traumática, o mejor dicho, con
tanta carga de rechazo -aunque no exenta de éste- en los ámbitos
familiar o social. Reunirse en un antro gay para convivir con
otros semejantes ya no es motivo de
represión policíaca (al menos no es una práctica común en las
grandes ciudades de México); realizar una marcha gay por las calles
de la ciudad no es más un acto de confrontación contra el gobierno,
pues éste da el permiso oficial a sus organizadores e incluso le
escolta en todo su trayecto con la fuerza pública. En fin,
indudablemente después de 30 años de lucha han habido avances y conquistas
irrenunciables;
sin embargo, como en muchos otros temas, la pérdida de la memoria
respecto a la situación que prevalecía en el pasado es algo
peligroso. Bien dice el refrán: "quien olvida su pasado, está
condenado a repetirle". De ahí mi profundo temor, y el de muchos otros
gays de mi generación, de que las fuerzas
conservadoras retornen y nos envuelvan con un nuevo y vigorizado oscurantismo
(ahora sustentado en diseños "inteligentes" o razonamientos
pretendidamente perfectos de la creación
divina).
Creo que nadie ama
tanto la libertad como aquellos que han sido prisioneros de órdenes
absolutos o racionalidades totalitarias, como ha sido históricamente
-y es- el caso de los hombres y mujeres homosexuales. Entiendo bien cuando mi adorada amiga Bety me dice que ya no hay marcha atrás en las conquistas jurídicas
alcanzadas por el pueblo español en lo relativo a las uniones
civiles entre homosexuales, pero también me invade el temor porque
mi memoria registra aún, vívidamente, experiencias que tengo la
seguridad ella no pasó (y de las cuales sólo menciono aquí dos: mi
expulsión de una escuela chiapaneca de corte religioso y mi hospitalización por
severas lesiones físicas causadas por un ataque homofóbico). Sé del
alcance que tienen los postulados ideológicos que determinan que mi emoción de
vida, mi condición de persona homosexual, se perciba como incorrecta, perversa, anti-natural o trasgresora; conozco de las pasiones y sinrazones que
despierta la religión en los individuos ignorantes, enfermos de miedos mórbidos
y dudas sobre la vida. Y, finalmente, estoy bien documentado
respecto a los excesos, injusticias y abusos que se dan en contra de
hombres y mujeres homosexuales en sociedades conservadoras, que se
traducen -desde luego- en rechazo, exclusión, represión y hasta la muerte.
Admiro sinceramente
el valor y coraje de Gerardo Eliu y Samir
Jabdur, la pareja de hombres gays que,
con lujo de violencia, fueron expulsados hace unas semanas de un
hotel en Los Cabos, Baja California Sur, por haberse besado en la
alberca, y que han tenido el coraje y empuje suficiente para llevar
su inconformidad no sólo a los medios de comunicación, sino al
mismísimo Congreso del país. ¿Qué sería de México si todos
tuviéramos los suficientes como para, como ellos dos, levantar la
voz? Estoy seguro que como comunidad -me refiero al colectivo GLBT-
estaríamos mucho mejor; sin embargo, es un hecho que ninguna
organización gay tuvo, ni tiene, la capacidad de defender y
representar a estos dos valientes chicos. Sin su coraje y
determinación para denunciar los abusos y actos de discriminación de
los que fueron objeto, nada hubiera sucedido y los hechos estarían,
como muchos otros, descansando entre las miles y miles de
averiguaciones previas por crímenes homofóbicos.
Quiero comentar que,
la iniciativa (y
esperemos que no el hecho) de construir un muro a lo largo de la frontera entre
México y los EE.UU. debe preocuparnos superlativamente, y no sólo
por las implicaciones que ello pudiera traer en cuanto a la política
migratoria, la economía y las relaciones bilaterales de nuestro
país y su vecino del Norte. En lo personal, no creo que los estadounidenses
sean tan estúpidos como nos lo parecen y se hagan el
harakiri cortando de tajo el activo flujo de inmigrantes ilegales a su país que,
todos lo sabemos, es una enorme fuente de creación de riqueza para
el imperio. Para nadie es un secreto que la relativa ilegalidad en la que muchos mexicanos y
centroamericanos realizan su trabajo en el país del Tío Sam, es una enorme
ventaja y fuente de riqueza para sus empleadores, pues además de ser
mano de obra barata, no generan a sus patrones los costos laborales que la fuerza
de trabajo legal sí trae consigo (prestaciones económicas de ley,
seguro social y otras). El trabajo ilegal de miles de mexicanos en
la Unión Americana significa miles de millones de dólares, no sólo
para nuestro país en forma de remesas, sino -sobre todo- para la
economía estadounidense en su conjunto. Por ello, creo que el debate público en la
materia no ha puesto en la mesa de discusión todos los factores que implica y
están en juego a partir de esta ridícula, ignominiosa y retrógrada
iniciativa de la fracción republicana. La construcción del muro nos
debe preocupar, sobre todo, por lo que ello significa en tanto a las
posturas ideológicas que hoy por hoy dominan entre los grupos
gobernantes del imperio, por el recrudecimiento de la intolerancia,
la discriminación, el radicalismo y, peor aún, la xenofobia. Por lo
demás, los flujos migratorios persistirán y muy seguramente se
incrementarán, pues es el imperio el que devora, cual hambriento
dragón que escupe fuego, la fuerza de trabajo de miles de mexicanos
que son atrapados por el insalvable magnetismo de su galopante
economía.
Quienes sugieren y
apoyan la construcción de un muro fronterizo para detener a los
inmigrantes ilegales, son los mismos
grupos que rechazan y niegan derechos civiles a los homosexuales y a
otras minorías discriminadas. Recordemos que el "governnator", el republicano Arnold
Schwarzenegger, vetó hace pocos meses la ley aprobada por el
congreso californiano en la que se legalizaban las uniones entre
homosexuales, y que más recientemente se peleó con sus paisanos de
Graz, Austria, por sus mismas posiciones radicales y excluyentes.
Como lo anoté ya más arriba, la serie televisiva Queer as Folk
ha denunciado, durante su última temporada, el avance de poderosos
grupos políticos, religiosos y económicos en los EE.UU. de tendencia
conservadora, que están buscando no sólo negar derechos civiles a los
homosexuales, sino también echar para atrás las conquistas ya alcanzadas en
los sistemas judiciales de algunos estados de la Unión. Así, la tendencia por
levantar muros,
ideológicos o de concreto, es alarmante. Y le digo a mi paciente
lector: no basta con que amemos la
libertad; hay que defenderla.
Y se nos casaron Elton y
David..., ¿y Juan Ga cuándo?
Afortunadamente, una
ola renovadora, vanguardista y revolucionaria está recorriendo el
planeta y viene, con singular vigor, desde varios frentes de nuestra
geografía. En
América Latina, por ejemplo, el electorado de países como Chile, Argentina,
Venezuela, Bolivia o Brasil, ha optado por apoyar gobiernos de
izquierda progresista y por implantar políticas públicas que favorezcan los
beneficios sociales sobre los intereses económicos privados (con los
que conviven y junto con los que fundamentan el progreso nacional).
Hace unas semanas apenas, Evo Morales se sumó a esta oleada
renovadora e instaurará,
ante el evidente desagrado del imperio, un gobierno de izquierda en
Bolivia que será presidido por el primer presidente indígena en la
historia contemporánea de aquel país. Por otra parte, durante el año
2005, España e Inglaterra se sumaron a los países en los que la
unión entre homosexuales es legal, sorprendiendo al mundo por el
empuje mostrado por los grupos de la sociedad civil organizada y que
habitan, contradictoriamente, en algunas de las pocas monarquías
constitucionales que aún permanecen en el mundo (¿y qué decir de
Holanda?). También, como nunca antes en la historia del movimiento
gay mundial, el año 2005 presenció marchas del orgullo en
decenas de ciudades y países del orbe, en donde hombres y mujeres homosexuales
reclaman el ejercicio pleno de sus derechos civiles y ciudadanos (y,
por qué no, humanos).
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Y hace unas semanas,
la superestrella del Rock británico, Elton John, llamó la atención
de todo el mundo al contraer matrimonio con su pareja, David Furnish,
precisamente en el mismo juzgado civil en el que el príncipe Carlos
se casó con su nueva amada, Camila Parker. El talentoso cantante George Michael, otro
famoso inglés, ha anunciado también su boda con su amado en fechas
próximas. Como es costumbre, el Reino Unido nos alecciona sobre lo
que es estar y vivir a la vanguardia.
El muro de la
intolerancia sexual y la homofobia ha comenzado a ser demolido ya, con
contundencia y entusiasmo, en el Viejo Continente. ¿Cuándo sucederá
lo mismo en América Latina?, ¿cuándo escucharemos que se nos casa
Juan Ga, Horacio Villalobos o la Decalaf? Ojala que pronto, en verdad, pues ello
contribuirá a la consolidación jurídica de las conquistas alcanzadas no sólo
por los grupos gays que han luchado -en el caso mexicano- por
ya treinta años, sino de los pocos o muchos avances en el perfeccionamiento permanente
de nuestra democracia y cultura política. Veo con profunda simpatía
la instauración de regímenes vanguardistas en el continente
americano, pero
también quisiera ver mayor participación de organizaciones de la
sociedad civil en estos, entre ellas, las agrupaciones de hombres y
mujeres homosexuales que demandan el ejercicio pleno de sus
derechos, que reclaman la prestación de bienes y servicios públicos
diseñados a su medida (servicios de salud, educación,
vivienda y seguridad social, entre otros mínimos de bienestar). |
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Veo con preocupación
el caso mexicano ("tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados
Unidos...¡y los republicanos!"), pues si bien existe ya una
destacada presencia de la comunidad gay en los ámbitos social,
cultural, político y hasta económico de algunas ciudades del país,
por otra parte, su capacidad de actuar colectivamente e influir
efectivamente en la toma de decisiones públicas, no ha logrado
madurar y trascender al plano institucional. Lo más que ha sucedido,
y gracias a la gestión de don Gilberto Rincón Gallardo al frente de
una
Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación, ha sido una muy
pálida campaña en contra de la homofobia..., pero nada más. Como lo
anoté más arriba, "oscuras" fuerzas conservadoras han cerrado el
paso a la aprobación jurídica de las uniones civiles entre
homosexuales en el Distrito Federal, muy a pesar de que la entidad
cuenta con un congreso local y un gobierno dominantemente
izquierdista (del Partido de la Revolución Democrática).
Por otra parte, este
año -2006- será intenso en campañas políticas y pleno en promesas
para todos. La
oferta política ofrecida por los pre-candidatos y candidatos a la
jefatura de gobierno del Distrito Federal y a la presidencia de la
República de todos los partidos, no cuenta -hasta donde lo he podido
constatar- con una estrategia concreta o serie de programas
específicos dirigidos a la atención de las necesidades y demandas de
la comunidad gay (muy a pesar de que alguno de los
candidatos perredistas ya tuvo, en el marco de su pre-campaña electoral, una
reunión con alguna agrupación gay para pedir el voto de la
comunidad). Los aspirantes a representantes del pueblo no hablan,
por ejemplo, de prioridades presupuestales
para atender a quienes padecen hoy VIH-Sida (homosexuales todavía en
su mayoría), de acciones institucionales y recursos para combatir la
discriminación, de programas públicos de educación sexual dirigida a
hombres que tienen sexo con hombres (o mujeres que tienen sexo con
mujeres), ni de una serie de necesidades propias de la comunidad. La
causa de ello es, desde luego, porque la desconocen, no se acercan a
ella por prejuiciosas convicciones y tampoco tienen
otro interés más que el de obtener solamente sus votos.
Sacaremos a ese güey de
la barranca...
Una condición
esencial para lograr fortalecer la participación ciudadana y la
cultura política en nuestro país, estoy convencido, es la de
garantizar la transparencia de la gestión gubernamental y el acceso
de la población a la información pública (entendiendo lo público en
su sentido más amplio). La responsabilidad de brindar información
veraz y oportuna a los miembros de una comunidad descansa, hoy por
hoy, no sólo en las instancias gubernamentales, sino también en los
medios de comunicación (privados, sociales o públicos) que acopian,
procesan, interpretan, traducen y transfieren información
especializada a segmentos bien definidos del público, de la
comunidad. En este sentido, los insipientes medios de comunicación
de la comunidad gay mexicana tienen, o debiera decir, tenemos una
grave responsabilidad a cuestas, pues al conocer de cerca las
necesidades, estilos de vida y aspiraciones de los integrantes del
colectivo, estamos obligados a brindar y ofertar información de la
mejor calidad, imparcial, veraz y suficiente, para garantizar así la
formación de individuos libres, solidarios y comprometidos con sus
semejantes. Una comunidad bien preparada, con cultura y conciencia
política, sin duda, estará en mejor posición de exigir sus derechos,
asumir sus obligaciones y de no permitir la construcción de muros
que coarten su movilidad y desarrollo.
En lo tocante a la
información sobre VIH-Sida, por ejemplo, no se ha profundizado más
en la información disponible o en la instrumentación de campañas a
través de los medios de comunicación seculares por causa de un recato estúpido
que no permite hablar, sin pelos en la lengua, abiertamente de las
prácticas y costumbres específicas de las personas homosexuales.
Así, mientras se habla sólo de cifras, condones y fluidos
corporales, por otra parte es impresionante constatar el grado de
desinformación y falta de conciencia social de extensos sectores del
colectivo gay respecto de asuntos de tanta relevancia pública
como el Sida. Alarma ver a tantas personas con un supuesto alto
nivel cultural o educacional teniendo prácticas de alto riesgo, en
cuartos oscuros, clubes de sexo o fiestas y orgías, sin tomar las
precauciones debidas para evitar el contagio del virus (y que conste
que no hablo de monogamia ni repruebo este tipo de "convivios"). Entonces,
uno se pregunta, ¿hay suficientes campañas o información accesible
en la materia, como para lograr modificar las conductas de estas
personas? Definitivamente, la respuesta es no.
Tampoco los
medios de comunicación gays han tenido la fuerza ni la
capacidad de solventar esas deficiencias informativas, pues muchos
de ellos -no todos, aclaro- han preferido educar a su público sólo
para consumir temas irrelevantes, banales, pleitos personales entre
empresarios o locas de la farándula, información facciosa, parcial y
hasta falseada. El costo más alto lo pagan, indudablemente, quienes acuden a
estos medios como fuente de información al no obtener más que basura,
invitaciones a la desunión, nula creatividad y una ofensiva falta de
respeto hacia la inteligencia del lector. En la otra mano y afortunadamente,
debemos reconocerlo, hay nuevos, creativos e importantes esfuerzos
de comunicación entre la comunidad gay mexicana, impresos y
electrónicos, que nos están dignificando e invitan a la unión, a la
acción colectiva y a la solidaridad. También, y como me lo hacía ver
Bety en la cena de Año Nuevo, existe gente honesta en muchas partes
de este mundo que, con sentido fraternal e idealismo, está logrando lo que
apenas hace unos cuantos años se pensaba imposible alcanzar. En los
últimos dos o tres años han surgido en México agencias informativas
especializadas, revistas y guías confiables, de buena calidad y
-sobre todo- imparciales, además de
visionarios empresarios y artistas que nos convocan a congresos,
exposiciones, festivales artísticos y demás tipo de eventos dirigidos
específicamente a la comunidad gay. Así pues, en la medida en
la que continúen surgiendo y concretándose estas iniciativas, no
habrá muros lo suficientemente altos como para evitar que avancemos
en la conquista de nuestro derecho a una convivencia digna,
respetuosa e inclusiva.
Celebro que,
diariamente, me encuentro con noticias de México y del mundo donde
se constata que grupos de hombres y mujeres gays reclaman y
conquistan sus derechos, y con sus acciones afirmativas cambian
certeramente la mentalidad de grandes sectores de sociedades en todo
el orbe; festejo y veo con emoción que, a pesar del avance de grupos
conservadores, con todo su poder ideológico y económico, hay avances
en la legislación de naciones donde, afortunadamente, las fuerzas
conservadoras están siendo desplazadas. Ojala que esto suceda pronto
también en América Latina y en México, pero para ello habrá que
hacer esfuerzos no sólo en cuanto a la organización de los grupos e
intereses políticos de la comunidad GLBT, sino -sobre todo- en la
consolidación de la democracia en todo el continente, para así
garantizar niveles de educación y bienestar que hagan posible el
avance de nuestros pueblos. ¡Así sea! ▄
Ciudad de
México. Invierno 2005-2006