TESTIMONIOS

Para
quienes no vivieron la fiesta y el reventón del ambiente gay en la
Ciudad de México y en Acapulco durante los años setenta, ochenta,
noventa y principios del siglo XXI, el nombre de Jaime Vite
Kauffmann (24 de mayo de1952 - 14 de marzo de 2003) muy seguramente no les dirá nada.
Bueno,
chiquillos: Jaime
Vite ("La Vite", como le llamaba cariñosamente toda la gente) fue un personaje
central en la historia del movimiento gay no sólo de la ciudad
capital del país -o, desde luego, del puerto de Acapulco-, sino de
México en general. Desde los años setenta, y más intensamente
durante los ochenta y los noventa, La Vite estuvo al frente de las
relaciones públicas y de la administración de los mejores bares y
discotecas de la ciudad, pero también fue un hombre profundamente
comprometido con la conquista y el ejercicio efectivo de los
derechos civiles de los homosexuales. Como nadie, Jaime Vite era y sabía ser
amigo de cientos, de miles de personas que le apreciaban y admiraban
por su arrojo y valentía. Pero el privilegio de ser de
"las íntimas" de Jaime, de pertenecer a su grupo más
estrecho de amigos, muy pocos pueden ostentarlo (porque la
amistad de Jaime es una joya que hay que ostentar, que lucir con
orgullo).
...
Pero comencemos desde el principio:
El
inolvidable año de 1975...
Durante la primera mitad de los años setenta no había muchas
opciones de diversión para los hombres y mujeres homosexuales de la
Ciudad de México, de no ser una cantina de arrabal en la calle de
Independencia -casi esquina con López- llamada "El Villamar". No era
un sitio al que fueran comúnmente los güeritos, bien vestidos y
peinados de la clase media y alta del Distrito Federal (aunque los
había quienes nos aventurábamos). Más bien era un antro al que iban
obreros, taxistas, camioneros, vestidas y gente de los barrios bajos
del centro de la ciudad. El lugar tenía fama de ser extremadamente violento (y lo
era, pero no siempre), de tener constantes pleitos entre sus clientes y, desde luego,
de ser objeto de la represión policíaca -muy común en aquellos años.
Lugares así no eran una opción del todo entretenida
para un chico como yo o como mis amigos: adolescentes de 14 y 15
años de edad, de clase acomodada y acostumbrados a convivir en
ambientes menos sórdidos. Así que, fuera de las fiestas
heterosexuales de la familia o de los amigos del club y de la
escuela, la única opción para conocer a otros hombres "de ambiente"
(es decir, gays) era la calle. No quedaba de otra. Había que andar a
pie o en la bicicleta por la Avenida de los Insurgentes después de
la media noche; deambular por la calle de Génova (en el famoso
restaurante "Carmel" o en el "Toulouse-Lautrec",
del pasaje que conectaba las calles de Liverpool, Genova y Hamburgo,
hoy cerrado definitivamente), en la Zona Rosa; pasar por el área de las revistas del Sanborn´s del Ángel o en los andenes
de la estación del metro Insurgentes; en otras oportunidades,
caminar por Juárez en la acera de la Alameda Central o copiar un
número telefónico escrito sobre la sucia pared de algún retrete del
baño de hombres del Sanborn´s de Aguascalientes. Esas eran las
únicas opciones a nuestro alcance para conseguir parejas sexuales.
Cierta
noche -en el año 1974- mi amigo Álvaro y yo fuimos a dar a un
pequeño café en la calle de Quintana Roo, a media cuadra de
Insurgentes, llamado el "24 Horas", sitio que se ostentaba
abiertamente "de ambiente". Era un pequeño local, con cuatro o cinco
mesas, una rocola y una pequeña barra de alimentos; y, como su
nombre lo decía, permanecía abierto durante todo el día y la noche.
Cuando entramos al lugar ahí estaba Jaime Vite, un chico de 22 años
de edad, de 1.92 metros de estatura, de cabello castaño ondulado y
con pantalón de mezclilla ajustado a la cadera y acampanado. Su
recibimiento fue tan cálido que de inmediato pensamos que se trataba
del propietario del lugar -pero no era así. Conversamos, reímos y
bromeamos por horas, y después le dimos un aventón en mi auto al
hotel donde se hospedaba. Esa situación se repitió en muchas
ocasiones más.
Jaime
había llegado recientemente al DF, desde su natal Tampico, en
Tamaulipas, buscando un ambiente más liberal donde pudiera hacer
amigos, tener novios y divertirse abiertamente como lo que era: un
chico de ambiente. Ocasionalmente, venían a la ciudad a visitarle
sus amigos del puerto, a quienes -con el tiempo- tuve el gusto de
conocer más cercanamente: "Luthor" (un guapo chico, también
veinteañero, muy delgado y que gozaba de tener sexo con
sadomasoquistas), la regia rubia Fernanda Benítez y su esposo Paco
(ex-modelo), la grandota Bertha Cutiño y la inolvidable "Bolis" (una gordita
muy simpática y tremenda que, por cierto,
tenía un esposo muy guapo).
Justamente por el acoso de las autoridades policíacas, por esos días
habían sido cerrados algunos bares con clientela "de ambiente": el
"Mio-Mondo" y el "Piccolo-Mondo", allá por las calles de Mariano
Escobedo, y el "Penthouse", en el piso 15 del edificio ubicado en
Manzanillo 100. Al reconocer el enorme carisma de Jaime Vite, su
impactante personalidad (en mucho resaltada por su gran estatura) y
su facilidad para relacionarse con la gente, en el año 1975, el empresario
veracruzano Óscar Calatayud (+) le invitó a trabajar con él en un
nuevo proyecto para abrir un bar. Seguramente, también influyó en
esa decisión la recomendación de Federico Mendiola (+), pareja de
Óscar, un guapísimo tampiqueño recién estrenado en sus veintes, de
rostro angelical, exquisitas caderas y cabello negro al estilo de
Gino Vannelli. Por las noches, Federico nos llevaba a dar
vueltas por la Avenida de los Insurgentes en su Rambler American
1975, de color pistache claro, mientras escuchábamos a Donna Summer
cantar, casi en el orgasmo, Could it be Magic... Fue uno de los grandes amigos de Jaime y,
por qué no decirlo, del que estuvo enamorado por muchos, muchos años.
Mucho
antes de establecerse en un domicilio propio, Jaime vivió en uno y
otro hotel de la ciudad. Siempre que se disponía a dejar uno para
registrarse en otro, la noche anterior nos invitaba una regia
cena en el restaurante del hotel.

Jaime
Vite y los antros gay en México...
La
noche del sábado 11 de diciembre de 1976, Óscar Calatayud, Federico
Mendiola y Jaime Vite, inauguraron con bombo y platillo el bar "D´
Val", en una plaza comercial ubicada en la avenida Baja California,
en la colonia Condesa. Era un local rectangular con mesas y asientos
al estilo Denny´s, con una enorme barra en uno de sus extremos,
donde Óscar estaba en la caja controlando las comandas de sus dos
meseros, Federico poniendo la música desde su improvisada cabina de
sonido en la cocina (...Play that funky music, white boy!!!...),
y Jaime recibiendo y atendiendo a todos y cada uno de los invitados.
Aún recuerdo la regia fiesta para recibir el Año Nuevo 1977 en el "D´
Val", que fue en verdad inolvidable. Jaime vestía una camisa blanca
muy holgada, su corbata de moño negra, tirantes y pantalones de
casimir negros.
¡Se veía espectacular!
"D´
Val" fue muy exitoso y, por ahí de finales del año 1978, pasó de
manos de Óscar Calatayud a las de la empresaria Martha Valdespino.
Uno o dos años después el lugar fue cerrado definitivamente. Óscar
abrió un nuevo bar con relativo éxito, el "Bagoas", en la calle de
Monterrey, casi esquina con Chiapas, en la colonia Roma. Pocos años
después, el legendario empresario jarocho, bajito y de espaldas
anchas, con la piel siempre bronceada y aquellos brillantes ojos
verdes, moriría víctima del cáncer cerebral.
También a
principios de 1977 -según mis registros, el 29 de enero- se inauguró, en un elegante local de
la calle de Londres, en la Zona Rosa, un bar que es un hito
en la historia de los antros gays de la Ciudad de México: "El
Nueve", propiedad de Manolo Fernández (+) y Henri Donnandieu.
Después de una prolongada estancia en el puerto de Acapulco (donde
administró la famosa discoteca "Gallery") y tras haber viajado
durante una larga temporada alrededor del mundo con la famosa vestida Xóchitl, "Reina de
Reinas", Jaime Vite regresó a radicar al DF y tomó las riendas de
las relaciones públicas del bar. Donnadieu y Vite conformaron la
fórmula perfecta para hacer de "El Nueve" el centro nocturno más
vanguardista, auténtico y divertido del naciente ambiente gay (ahora así
en inglés) de la Ciudad de México.
El
paso por "El Nueve" dio a Jaime Vite la oportunidad de sacar a flote
y recrear al maravilloso artista que él era. Con mucho esmero y
alegría,
durante más de una década montó un sinnúmero de espectáculos en los que igual representaba
tanto a Marilyn
Monroe, a Cher, a Klaus Nomi o a Saha Sokol, como a Lola Beltrán, a
María Victoria o a La
Catrina, regalando diversión a manos
llenas a quienes entonces conformaban la clientela del antro. También, Vite y Donnadieu festejaban con especial emoción
festividades muy mexicanas, como el día de la Independencia, la
noche de muertos o el Aniversario de la Revolución, tirando la casa por la ventana para decorar espectacularmente el
local de "El Nueve".
Cómo
olvidar el regio festejo al que titularon "Toda la Vite", parodiando
a la entonces muy famosa canción que cantaban Franco y/o de Emanuel, que sonaba por todas partes y se llamaba "Toda la Vida". Fue la
noche de un miércoles 3 de junio de 1987, y Jaime lució increíble
cuando, en su propia alfombra roja, descendió de un Rolls-Royce
negro -propiedad de Mario Pedrero- y entró a "El Nueve" a dar su
show y a departir con sus distinguidísimos invitados.



También por esos días -y en sus intensas noches- de principios de
la década de los ochenta, el boom de la música disco
comenzaba a declinar. El DJ de "El Nueve", Ernesto "la leona" (como
le llamábamos sus amigos cercanos por su abundante cabellera rizada
y sus enormes ojos verdes), me propuso cubrirlo en sus días de
descanso y así poder utilizar las tornamesas, la mezcladora y los discos del bar
para grabar mis propias cintas de audio (o cassettes). A mis 19 años,
adorador de la música y ávido de convivir con otros gays, éste fue un
ofrecimiento al que no me pude negar. Así que de inmediato avisé a
mis padres que tomaría un trabajo nocturno en una discoteca todos
los miércoles.
Durante tres o cuatro meses, cada noche de miércoles, yo llegaba a
"El Nueve" con mi deck-recorder, un montón de cables y una
selección de mis propios discos de acetato en una maleta (pues los
discos que se tocaban en el antro ya estaban muy escuchados y eran
fáciles de conseguir en México).
Sorprendentemente, cada vez comenzó a llegar más y más gente al
lugar las
noches de miércoles; eran chicos y chicas que gustaban de mi selección
musical (tan diferente a la música comercial que ahí y en todo
México se tocaba
regularmente) y que se sentían a gusto con la atmósfera que se creaba en el antro.
Al poco tiempo,
Henri y Jaime decidieron instituir las noches del miércoles como las
noches de cóctel; para ello, se imprimían vistosas e ingeniosas invitaciones en
cartoncillo media carta, se distribuían a lo largo de la semana y
los miércoles por la noche no había nada mejor que ir al cóctel de "El Nueve".
Poco después, en 1984, comenzaron a realizarse las famosas tardeadas
de "El Nueve", que iniciaban a las seis de la tarde y terminaban..., hasta que terminaban. Fueron tiempos inolvidables,
porque también fue cuando Jaime Vite conoció a un chico hermoso
-interna y exteriormente- que lo amó incondicionalmente: Marco B.



A lo
largo de los años ochenta hubo otros antros gay que fueron también
muy populares, pero que nunca pudieron ni siquiera imitar las
propuestas de "El Nueve" como un sitio de diversión y convivencia;
como un lugar donde la cultura era la invitada principal de la noche
y en el que se valía y hasta se exigía ser irreverente. Ahí vimos
recitar sus poemas en un par de ocasiones a la poetisa Pita Amor;
escuchamos cantar (el 20 y 21 de junio de 1985) a Kenny y los
Eléctricos, o por primera vez a La Maldita Vecindad, a Café Tacuba y
a la cantante punk Ulalume junto a Casino Shangai. Pero, bueno, el
resto de los antros perfilaban ya a una comunidad gay diversa, tanto
en lo cultural como en los aspectos estructurales de la sociedad
capitalina de los ochenta.
Destacan por su liderazgo, el "L´Barón" -creo que abierto en 1981-,
en Insurgentes Sur, a lado del bello Parque Hundido; y "El
Taller", inaugurado el 17 de junio de 1986, en la calle de
Florencia, en la Zona Rosa. El "L´Barón" era una buena opción para
la gente que vivía en el centro y sur-poniente de la ciudad, aunque
el local y las instalaciones en general no eran más exquisitas que
las del "California Dancin´ Club". Pero, bueno, a ese lugar se iba a
ligar y realmente era raro que no se saliera de ahí siempre con un
novio (o dos). Dado que las autoridades de la Delegación Cuauhtémoc
exigieron durante mucho tiempo a los propietarios de "El Nueve"
cerrar sus puertas a la una de la madrugada, el "L´Barón" (que
por estar ubicado en
la delegación Benito Juárez tenía licencia para cerrar hasta el amanecer) se
volvió el lugar para continuar la fiesta after hours. Se
institucionalizó el "martes de L´Barón" y, poco después, cuando
comenzó el auge de los espectáculos de stripers, los "lunes
de show".
Por su
parte, "El
Taller", propiedad de Luís González de Alba, nació después
de su primer hijo, "La Cantina del Vaquero", como un proyecto
cultural en torno al Sida y la sexualidad homosexual. Desde su
apertura -en 1986- y hasta la fecha, los "martes de El Taller"
convocan a cientos de hombres gays a reflexionar sobre la sexualidad
y a actuar sobre la problemática del Sida. El "L´Barón" cerró sus
puertas -según sabemos- en el año de 1993, y "El
Taller" continúa abierto, hoy relanzándose para cautivar el
gusto de las juventudes gays actuales y para continuar con su
historia como un pilar del movimiento gay en México.
Cuando
iniciaba la época "punk" en México -a finales de los años setenta-
hubo dos antros muy divertidos a los que llegaban algunos de los
primeros chicos vestidos estrafalariamente, con los labios pintados
de negro y con alfileres de seguridad como aretes: "El Sótano
Inglés", que estaba a una cuadra de las avenidas Bucareli y
Cuauhtémoc, en la colonia Juárez; y el otro, enfrente del Monumento
a la Revolución Mexicana, llamado "El Topo". Para
la gente de Ciudad Nezahualcóyotl, municipio del Estado de México
conurbado al DF, nació a principios de la década de los ochenta el "Spartacus",
una discoteca que conserva el sabor de la fiesta provincial y el
bravío de los hombres marginales. A unas cuadras estaba también
"Romanos", un estrecho local con show de stripers. Para los hombres maduros y que ya
pintaban canas, existía desde los años setenta el "Bar Paseo"; un
regio local ubicado a un lado del edificio del University Club del
Paseo de la Reforma, y donde había un piano de cola al centro de las
mesas y un perro afgano de color hueso -propiedad del pianista-
siempre descansando bajo el negro instrumento. Para quienes
preferían los lugares mixtos, con chicas y chicos gays, estaba "El
Don", en la esquina de Río Nasas y Río Rhin, en la Cuauhtémoc. Para comer y tomar
una copa disfrutando de la luz del atardecer, "El Olivo"
restaurante-bar era una excelente opción (también propiedad de Henri Donnadieu y
ocasionalmente con Jaime Vite como anfitrión y con el guapísimo
mesero, Enrique, en la barra).
Para los avecinados al norte de la ciudad, en 1985 se abrió en las
inmediaciones de Plaza Satélite una discoteca estupendamente
decorada y equipada: el "Kagba"; que años después cambiaría su
nombre a "Trastévere" y "Caztzy" (abriendo incluso una sucursal en San Ángel, al
sur de la ciudad y otra en Cuernavaca) y que sería cerrado a
principios de los noventa. Por una corta temporada, "Camelia la
Texana" abrió sus puertas en un local del Pedregal de San Ángel, a
lado de un famoso y elegante restaurante polinesio. Para las chicas
lesbianas había algunas opciones exclusivas, como el bar "Los
Veintes", instalado en un local en forma de submarino (por su
concepto original de los años setenta llamado "El Submarino
Amarillo"), "Las Rosas", "El Don" y el "Blue Inn".
En el número 41 de la calle de Hamburgo, en la colonia Juárez, abrió
sus puertas "El 41", de la
pareja de empresarios Meche y Carlos.
"El
Nueve" siempre estuvo por encima de todos ellos, a pesar del
relativamente reducido tamaño del local en la calle de Londres. Finalmente, cerró sus puertas al público en el año de 1990, concluyendo
así una década llena de historias irrepetibles y lo que fue para
muchos la época dorada del ambiente gay en la Ciudad de México. En
verdad espero que mi tan querido amigo, Henri Donnadieu, escriba y
publique -como me dijo hace unos cuantos meses que lo haría- las
memorias del bar gay mexicano que presenció la apertura y el
nacimiento de un colectivo social lleno de fuerza para innovar, creatividad
para inventarse diariamente y
optimismo para enfrentar a los aguafiestas y conservadores.

El Boom
de los antros gay en la ciudad ...
Otros
antros más -al finalizar los años ochenta e iniciar los noventa-
conformaron el circuito de bares gays de la Ciudad de México: "La
Cucaracha", bar mixto (gay y buga) instalado en una estupenda casona victoriana de la calle
de Hamburgo esquina con Lancaster, en la Zona Rosa; "Histeria", en Mazarik, en el corazón de Polanco, un lugar en realidad divertido
pero a veces excesivo; "El
Famoso 42", en el Centro, donde acudían
militares, obreros y gente del pueblo, al igual que a la cantina
"Viena" y al "Men´s", en la calle República de Cuba; el "Danzoo",
una estupenda discoteca en la avenida Insurgentes Sur que, poco a
poco, terminó siendo la favorita de los chicos heterosexuales de esa
área de la ciudad; el "Metal", también de Henri Donnadieu, con tres
pisos lujosa y regiamente equipados, pero que tuvo una breve
existencia; el "May-day" (antes "Andy Bridges" y después
"Amor"), bonita discoteca instalada soberbiamente
en Echegaray, al norte de la ciudad, que asemejaba a un hangar de la
Segunda Guerra Mundial e incluso contaba con el esqueleto de una
avioneta estrellado contra una pared; el "Cyprus", de Marta Valdespino, que trató de competir
con "El Taller" instalándose a escasos 100 metros; "Los Presidentes"
(después -en 1991- llamado "El Sax") y el "Gina´s", en la Cerrada de
Salamanca y en la calle de Oaxaca, en la colonia Condesa,
respectivamente; el "Bugambilias", en la colonia Narvarte y, desde
luego, el "Butterfly´s", en el Salto del Agua y Eje Central,
ocupando el local de lo que antes fue una estación de camiones de
pasajeros.
En
1992 abrió el "Bar Milán", estupendamente instalado en una antigua
casona de la colonia Juárez y, en 1993, el "Anyway" -posiblemente de
Martha Valdespino-, un complejo de tres pisos donde había bar mixto,
un piso exclusivo para mujeres y otro más para hombres. También por
esas fechas se abrió "El 14", inicialmente en la calle de
Allende número 14 y, después, en lo que antes fue
el edificio de los legendarios Baños Ecuador. Cerca de ahí, en la
avenida Bucareli, justo enfrente de la Secretaría de Gobernación,
abrió durante un breve tiempo el "Bar Limbo"; y en la Plaza de la
Solidaridad, en plena Alameda Central, comenzó a funcionar el "Darkroom"
(después "Clandestine"), un antro donde el principal atractivo eran
los stripers, los meseros y la prostitución. "La Cúpula", el
"Cactus", el "Botas", "La Escuelita", "El Metro", el "Flash", el
"Superstar" y el "Privata", fueron antros gays abiertos en esa época
en diferentes zonas de la ciudad. Hubo incluso un
bar que se llamó "Beso Negro"....
Y,
para quienes pasábamos casi todos los fines de semana en la ciudad
de la eterna primavera, Cuernavaca, en el estado de Morelos,
además de las fiestas organizadas en el jardín de alguna casa, había
una pequeña, linda y discreta cantina en la plaza principal del
Centro de la ciudad, "La Terraza", propiedad del empresario Roberto
Laredo. Luego vendría "Shadé", que marcó una época ascendente para
la comunidad gay de aquella ciudad y, también, el XS. En Acapulco, además del
club de playa "Yes" de Carlos Romero, el "Gallery" y el "Peacock-alley", hubo
algunos antros que fueron fugaces -como la memoria de sus nombres-,
pero muy divertidos como todo en el turístico puerto guerrerense.
Jaime volvería a Acapulco a principios de los años noventa, con
nuevos proyectos y renovado ánimo.
Un amigo
a toda prueba ...
No
sólo cuando yo y mis mejores amigos éramos unos adolescentes de 15 y
16 años, Jaime Vite nos cobijó y nos aconsejo para protegernos de un
ambiente hostil y represivo. Ya siendo yo veinteañero, en
marzo de 1982, Jaime Vite me demostró su amistad a cabalidad y, con
ello, ambos refrendamos una hermandad que nos unió hasta el final de su
vida. Resulta que una noche saliendo de "El Nueve", un chico de
nombre Salvador y su amigo me pidieron un aventón; aseguraron
dirigirse al igual que yo al sur de la ciudad. Como el tal Salvador era alguien a
quien yo veía con frecuencia en el antro y le identificaba como
parte del séquito de La Xóchitl (la travestí "reina de reinas"),
le consideré inofensivo, no
desconfié y accedí a llevarlos en mi auto hasta un sitio cercano a
mi domicilio.
Aquella noche fui víctima de un ataque de odio, de pura y llana
homofobia, y fui violentamente asaltado por un par de chicos
resentidos que no pudieron conener sus deseos de
arrebatarme mi auto, mi reloj y mi anillo, el equipo de sonido,
parte de mi ropa, todo mi dinero
y hasta mis botas.
Después de golpearme brutalmente y creyéndome muerto, me dejaron
tirado en un camellón desierto al poniente de la ciudad, de donde
logré salir para llegar -sólo Dios sabe cómo- a mi casa y después al
hospital (donde estuve internado por tres días).
Cuando iniciaron
las investigaciones policíacas para detener a los culpables del
delito del que fui objeto, Jaime Vite intervino de inmediato ante
las autoridades,
señaló sin ningún miramiento a Salvador como el autor material y,
sin importarle que se trataba de uno de los novios favoritos de La
Xóchitl, compañera de viajes y benefactora, indicó a la policía
judicial la ubicación y
les acompañó a capturar al bandido. Mi agradecimiento para Jaime aún
es infinito.
Durante todos esos años que nos unió la amistad con Jaime,
conformamos juntos un grupo de amigos muy unido y solidario.
Viajábamos juntos a pasar las vacaciones o los fines de semana en
Acapulco, a Cuernavaca o a Valle de Bravo, íbamos a fiestas o
simplemente inventábamos cualquier pretexto para reunirnos en la casa de
alguno de nosotros para
convivir y divertirnos.
Dolce
vita..., dolce Vite ...
Un año
-o quizás dos
después- del cierre definitivo de "El Nueve", Jaime Vite se fue a
vivir al Puerto de Acapulco. Allá, se instaló en un piso de la casa
propiedad de nuestro
amigo Víctor Pineda (+), justo enfrente de la playa más gay de la ciudad:
la Condesa. Tras una temporada trabajando en los antros gays ya
tradicionales de Acapulco, Jaime abrió un bar de su propiedad al
interior de la plaza comercial que está enfrente del Hotel Condesa,
en plena Costera Miguel Alemán. Le llamó "La Dolce Vita", pero sus
amigos decíamos "La Dolce Vite", para destacar el apellido de su
propietario. Las discotecas "Gallery" y "Relax", ya bien
consolidadas entonces, compitieron fuertemente con "La Dolce...", y
esta última permaneció abierta sólo durante dos o tres períodos
vacacionales para después, finalmente, cerrar.



Cuando
la salud de nuestro amado Víctor comenzó a decaer -a principios de
1995- se trasladó al DF, para atenderse médicamente e instalarse
definitivamente en la casa de sus padres (donde finalmente falleció
el 22 de octubre de ese año). Al desencadenarse estos hechos, Jaime
Vite desistió de continuar en Acapulco, sobre todo por la ausencia
de Víctor y, también, porque los miembros de su grupo de amigos del
puerto comenzaron a morir, uno a uno, víctimas del VIH/Sida.
El 26
de abril de 1995, Jaime Vite abrió una nueva discoteca en la calle
de Orizaba, en la Colonia Roma, utilizando el nombre de "La Dolce
Vite"; era una casona de principios del siglo XX, donde se
combinaban el ambiente de bar (al interior de la casa) y de
discoteca con música electrónica y alucinantes luces (en un amplio
jardín trasero perfectamente cubierto). "La Dolce Vite" se volvió el
sitio favorito de las nuevas generaciones de chicos y chicas gay de
la Ciudad de México, éxito que absorbió y ocupó el tiempo de Jaime a
tal grado, que incluso instaló su domicilio particular a unas
cuantas cuadras de ahí, en la calle de Tonalá.
|
|
Cerca de ahí, ese
mismo año y en la esquina de las calles Yucatán y Álvaro
Obregón, abrió el "Unicornio´s"; un sitio para tomar la
copa, ver show de stripers e incluso poder rentar una
habitación y a cualquiera de ellos. Su existencia fue
también breve, aunque el concepto parecía innovador. Otros antros
aparecieron entonces: el "Kao´s", que desde entonces a la
fecha, ocupa un amplio local en la calle de Querétaro, y el
"Tom´s
Leather Bar", sobre la avenida de los Insurgentes.
Ambos establecimientos siguen operando a la fecha (como
también sucede con "El Ansia", en Insurgentes-Mixcoac). "El
Mito", "Toon-Town" y el "Zipper",
más hacia la zona centro de la capital, tuvieron una
relativamente breve existencia.
En 1996, en un bodegón de la calle de Antonio
Caso (antes una tienda de libros de una cadena comercial),
en la colonia San Rafael, nuestro amigo Roberto "Tico" Ashentrup abrió la magnífica discoteca "La Bola", que hizo
época por su originalidad. Cuando el establecimiento cambió
de propietarios y de nombre (a "Penélope" y "Detour",
en el año 2001), no tardó mucho en colapsar y cerrar
en definitiva. |
También ese año, Tico Ashentrup organizó estupendas tardeadas los
domingos en una bodega estilo Art Decó del Centro de la ciudad -en
las calles de Bolivar y Diagonal 20 de Noviembre-, en la "Planta
Baja" de un edificio de los años treita o cuarenta del siglo pasado.
Quizás
en un contrasentido al incremento de la información sobre el
VIH/Sida y las prácticas de riesgo, comenzaron a ponerse de moda los
cuartos oscuros (o dark-rooms). Fue entonces que nació "La Casita",
primero en Viaducto y Bolívar, en la colonia Obrera, y luego en
Insurgentes Centro, a unas cuadras del metro Insurgentes.
|
El
Numerito y Zig-Zag Factory ...
El jueves 21 de noviembre
de 1996, nuevamente en mancuerna con el empresario Henri Donnadieu, Jaime Vite
inauguró "El Numerito", justamente enfrente del Monumento a la
Revolución Mexicana, en Plaza de la República número 9, en la colonia Tabacalera. Retomando el concepto
de "El Nueve", el lugar contaba con un vistoso escenario donde,
nuevamente y con renovado entusiasmo, Jaime protagonizó regios
espectáculos para un público más diverso y exigente. Como
siempre, la fórmula ViteDonnadieu fue exitosa; el lugar se convirtió en poco
tiempo en el más exclusivo y nombrado de la ciudad.
Entonces, Jaime
se mudó a un piso en Plaza de la República, a unos
cuantos metros de su trabajo.
A pesar de lo reducido que resultó ser
el local donde estuvo "El Numerito", Jaime y Henri lograron
regalarnos espectaculares fiestas: noches vaqueras, con potro
salvaje y todo; festejos del Día del Niño; homenajes a la época de la música disco o a la
villana de "101 Dálmatas", ahora interpretada por "Cruela Devite",
en una producción de la Kisch Company. Nuevamente, la
cultura se convirtió en la invitada principal de Vite y
Donnadieu. |
|
También por esos días de 1996, en la planta alta de "El Taller", al
nivel de la calle de Florencia, se abría la cantina "El Almacén".
Ahí fue donde el actor Tito Vasconcelos, apoyado por su pareja David
Rangel, co-propietario de "El Taller", abrió un pequeño escenario al
que llamó "El
Cabaré-Tito" y donde montaba un divertido show que gustaba
mucho a los jóvenes que paseaban por las calles de la Zona Rosa.
Poco tiempo después, Vasconcelos y Rangel rentaron un local en la
Plaza del Ángel, a unos metros de "El Almacén", y con ello dieron
inicio al portentoso
Grupo Cabaré-Tito que -en los primeros años del
siglo XXI- conformó una cadena de cafeterías, restaurantes y
discotecas preferentemente frecuentadas por jóvenes.
En el mismísimo local
donde el director Miguel M. Delgado filmó, en 1975 y 1976, la pista de baile de
películas como "Bellas de Noche" y "Las Ficheras", en la calle de
Londres, entre Insurgentes y Niza, en la Zona Rosa, veinte años
después fue abierto un
mega-antro en el que igual había piano-bar, jaulas de baile con
cubículos para shows privados, como también un foro gigante
donde se montaban vistosas coreografías y una sala de proyecciones con cuarto oscuro:
"El Antro".
Nuevamente, en agosto de 1997, Tico Ashentrup -asociado con la
empresaria Mónica Signoret- nos sorprendió con la apertura de uno de
los antros gay -en mi opinión- más bonitos que hayan sido abiertos en el DF: el
"Box", en la calle de Versalles número 68. Era una enorme bodega de tres
pisos, estupendamente equipada y decorada, donde la música
electrónica imprimía un ambiente tan intenso que por lo regular te
sorprendía el amanecer. Sin duda, el nacimiento del "Box" afectó
certeramente a "El Numerito", muchísimo más pequeño en
espacio. En respuesta a ello, Jaime Vite y
Henri Donnadieu decidieron cerrar el lugar frente al Monumento de la
Revolución Mexicana y mudarse a un local en verdad enorme en la
calle peatonal de Gante, en pleno Centro Histórico de la ciudad. En
el mes de octubre de ese año abrió "Zig-Zag Factory". A pesar
de lo espectacular que fue el sitio y del esmero de Henri y Jaime,
"Zig-Zag Factory" duró muy poco tiempo.

Otros
lugares llegaron con el nuevo milenio y, en verdad, fue notoria la
transformación de los sitios de diversión gay pues, en general, hubo
un énfasis en mejorar la calidad de los antros, sus instalaciones y
sus servicios. Con el boom de la Internet las formas de
promocionar a éste o aquél lugar, a tal o cual servicio, se
diversificó y especializó. Inició una nueva época y muchos
aprovecharon las nuevas herramientas tecnológicas, pero otros
permanecieron haciendo las cosas en la misma forma de antes.
El año 2001 fue muy
difícil para los antros gay asentados en la demarcación de la
delegación Cuauhtémoc -en el Centro de la ciudad-, pues la
gobernante local, Dolores Padierna, del izquierdista Partido de la
Revolución Democrática, encabezó acciones para "regularizar" el
funcionamiento de todos los establecimientos. En el proceso, varios
lugares gay fueron clausurados ("El Taller" y el "Anyway", entre los
más conocidos), lo que se interpretó por algunos como una acción de
represión en contra del colectivo -y lo que aprovecharon otros para
pretender salir de su mediocridad y destacar políticamente al
señalar y atacar a Padierna Luna. Sin duda, hubo actos sucios y
donde la corrupción de inspectores y funcionarios públicos
fue la nota en los operativos; sin embargo, el resultado esperado por
la delegada de la Cuauhtémoc se logró: muchos antros mejoraron aspectos de sus
instalaciones y a los que no le ponía mucha atención a esas fechas, como
lo eran los señalamientos de salidas de emergencia y protección
civil, entre otros más contemplados en la ley.
El bar
"Blush", a media cuadra del Monumento a la Revolución y
estupendamente montado, vino a llenar el espacio que dejó "El
Numerito" y, poco después, con el cierre temporal de "Box"
(que abriría en el local más grande hasta entonces utilizado para un
bar gay, en las inmediaciones de Polanco, en la zona de bodegas de
la colonia Ampliación Granada). La idea de
contar con espacios y ambientes diferentes al interior del mismo
establecimiento, hizo del "Blush" el lugar más popular y visitado
por los gays pudientes del DF. Lo mismo sucedió más adelante con el
"Living-Room" (después sólo "Living"),
que hasta la fecha y a pesar de sus constantes cambios de domicilio
aún subsiste. Continuando con el nicho de clientela que gustaban
despedir el fin de semana -los domingos por la noche- en un antro,
Tico Ashentrup abrió "La Victoria", en la esquina de las calles
Jalapa y Coahuila, en la colonia Roma.

El
recuento de los años ...
La nueva década fue para
Jaime Vite cuesta arriba, pues su salud física y su ánimo comenzó a
deteriorarse aceleradamente; pero bien se encargó de que nadie lo
viera así y siguió, como siempre, regalándole a todos alegría y
optimismo. Sus apariciones públicas en bares y fiestas menguaron
notablemente, mientras su apariencia física se transformaba
evidentemente a pesar de que él trataba de disimularlo con abundante
maquillaje. Asistió a la marcha del orgullo gay en 2001 y, juntos,
caminamos todo el trayecto desde la Columna de la Independencia
hasta el Zócalo. El año siguiente, Jaime ya no estuvo en condiciones
de hacer el recorrido y saludó a quienes pasaban frente a él,
instalado en una silla en una acera del Paseo de la Reforma.

En el
año 2001, Jaime Vite se alejó deliberadamente de quienes fuimos sus
amigos de toda la vida, quizás para no tener que darnos
explicaciones de su reducida salud física, pero muy seguramente para
no vernos sufrir por causa de su enfermedad y de su decisión de no
enfrentarla. Ese año, Jaime se acercó a los editores de la
publicación local de la Zona Rosa, Ser Gay,
básicamente con la intención de contar con un medio para así dejar testimonio escrito
a las nuevas generaciones de algunos
de los pasajes más emocionantes de su vida (como sus viajes con La
Xóchitl, "Reina de Reinas", o su paso por "El Nueve"). Así lo hizo y después,
los editores le convencieron
de continuar colaborando con una sección llamada "El Señor de la
Noche". Aunque Jaime confesaba no sentirse muy entusiasmado ni con
la revista ni con sus propietarios (un grupo de improvisados
pseudo-reporteros, dedicados a la crítica destructiva a través de un
pobre lenguaje y enfocados a satisfacer a un público de gays más lumpen,
resentido y radicalmente diferente al que Jaime siempre procuró y
perteneció), el
hecho de tener una actividad cotidiana -"aunque fuera con esas"- le estimulaba mucho,
lo mantenía ocupado y no le
dejaba caer.
Cuando el propietario del
folleto zonal
Ser Gay, Julio Román, me comunicó que Jaime Vite había ido a
la Fundación Mexicana de Lucha contra el Sida (en la colonia San Pedro de los
Pinos) y que había resultado seropositivo en sus estudios
sanguíneos -y al ver que no había la voluntad de éste para ayudar
verdaderamente a Jaime-, busqué el mejor momento para hablar con mi amigo y así
recomendarle se atendiera y le diera la lucha al VIH. Durante el último viaje que hicimos
juntos (el 23 de febrero de 2002) a la ciudad de Cuernavaca para acompañar
y ayudar en su convalecencia a Julio
Román, quien en esos días sufrió un infarto cardiaco -o algo que se
le pareció- y que era
atendido en un hospital público de Morelos, aproveché que íbamos solos en mi auto
y hablé con él al respecto.
Para ninguno de los dos fue fácil, sobre
todo porque durante los últimos quince años vimos morir a causa del
Sida a gran parte de nuestros amigos más cercanos y amados, además
de cualquier cantidad de nuestros conocidos desde los días de "D´Val
y "El Nueve". Después
de un silencio aterrador, Jaime me negó el hecho de estar siendo afectado
por el VIH, me pidió no volver
a tocar el tema porque le resultaba molesto y me di cuenta entonces de lo irrevocable de su
decisión.

Poco
después, y en mi desesperación por ver el avanzado deterioro físico
que ya manifestaba Jaime,
pedí a algunos de nuestros amigos íntimos que también lo buscaran y
trataran de convencerle para recibir atención médica. Resultó prácticamente
inútil, pues Jaime dejó su departamento de Plaza de la República
y se refugió en la casa de un conocido suyo -"La Fahur", un perfecto
desconocido para nosotros-, al sur de la ciudad, en la que rara vez
Jaime respondía al teléfono y donde finalmente tuvo la
crisis que desencadenó su muerte (la tarde del viernes 14 de marzo
de 2003).
Durante toda la noche y a
la mañana siguiente, estuvimos presentes en la funeraria los pocos
amigos de toda la vida y los muchos otros que Jaime hizo en el
camino. Me emocionó profundamente ver ahí, después de tantos años,
entre otros, a
mis muy queridos Henri Donnadieu -enorme amigo y cómplice de Jaime- y a Marco
B., uno de los amores de su vida. Y, desde luego, a sus padres, ya
ancianos pero aún gallardos, orgullosos de ver cuántos fuimos los
que acompañábamos en su última gran noche a "La Vite", a nuestra
Vite.
Hasta siempre.
▄
... Endurecernos lentamente,
lentamente, como una piedra preciosa -y, al final, yacer
inmóviles, para alegría de la eternidad.
F. Nietzsche

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