| Los
iniciadores de la lucha por un sueño
Las ideas
libertadoras y modernizadoras que asaltaron al mundo occidental
a finales de los años sesenta, particularmente con los
movimientos sociales del Verano de 1968, permearon poco a poco
en las generaciones de jóvenes de la década de los setenta. La
construcción de un mundo en el que cupieran todas las
manifestaciones de la naturaleza humana y, particularmente, la
libertad para expresar la emoción sensual sin prohibiciones, se
constituyó en el compromiso fundamental de intelectuales,
líderes y activistas en el mundo y en México. Entre los grupos
maginales de la sociedad, y especialmente entre los
homosexuales, la subversión al orden moral establecido funcionó
como detonador de cambios liberadores y progresistas que, sin
duda, sentaron las bases de muchos de los derechos de los que
hoy goza la sociedad mexicana.
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"... Seguimos viviendo
bajo la opresión día a día, expuestos a la ficha
policial, la cárcel, el destierro, los insultos,
los matones, las sonrisas burlonas, las miradas
de conmiseración. Nosotros reivindicamos nuestra
condición de plaga social hasta la destrucción
total de cualquier imperialismo...".
Documentos contra la Normalidad, Frente
Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR),
abril de 1971.
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Fueron los postulados ideológicos y las vistosas acciones
organizadas del francés Frente Homosexual de Acción
Revolucionaria (F.H.A.R.) lo que más influenció a los
intelectuales e iniciadores del movimiento en México. El
estrecho vínculo del movimiento de liberación homosexual europeo
con las causas y grupos sociales representados por la izquierda
revolucionaria, brindó argumentos de gran consistencia y
fortaleció la convicción de aquellos que -el 26 de julio de
1978- saldrían a las calles de la Ciudad de México para decirle
al país que existían y que demandaban equidad en el ejercicio de
los derechos ciudadanos.

Entre los líderes que tuvieron mayor vistosidad por aquellos
días -y con quienes en diferentes momentos tuve algún tipo de
acercamiento-, hay que mencionar a Nancy Cárdenas (+), fundadora y activista de la primera organización homosexual del
país, el Frente de Liberación Homosexual, FLH -1974-,
doctora en Filosofía y Letras por la Universidad Nacional
Autónoma de México, egresada de dirección teatral en la
Universidad de Yale, en los Estados Unidos, especialista de la
lengua y cultura polacas, además de periodista y productora de
la famosísima comedia Los Chicos de la Banda; Xavier
Lizárraga (maestro y antropólogo físico, cofundador
del Instituto Mexicano de Sexología, miembro fundador del
Grupo Lambda de Liberación Homosexual en 1978 y del Grupo
Guerrilla Gay en 1983), y; Claudia Hinojosa (co-fundadora
-en 1978- del Grupo Lambda, escritora e intelectual); Juan
Jacobo Hernández (del FHAR), Max Mejía (fundador de
Lamda) y Yan María Castro (activista del grupo Oikabeth).
El
26 de julio de 1978, mismo año de la fundación del
International Gay Asociation (IGA) en Inglaterra, en México
hombres y mujeres organizados en diferentes agrupaciones (FHAR,
Oikabeth, Lambda y la Coordinadora de Grupos Homosexuales),
participan en diversas manifestaciones públicas a lado del
STUNAM y del Partido Comunista Mexicano, expresándose
abiertamente como el movimiento de liberación homosexual. Si
bien muchos consideran esta fecha como la primer marcha del
orgullo homosexual en México, hay que decir que ésta, como tal,
fue la celebrada en junio del año de 1979, y que la
manifestación del año previo tuvo que ver más con los festejos
del décimo aniversario del movimiento estudiantil en México, los
siete años de la matanza del "Jueves de Corpus" y con el
aniversario del inicio de la revolución cubana.
El
2 de octubre de 1978, el FHAR, Lambda y Okabeth se unen a la
Coordinadora de Grupos Homosexuales y se integran a la marcha
por la conmemoración de la Matanza de Tlatelolco en 1968,
convocada por el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos,
Desaparecidos y Exiliados Políticos, dirigido por Rosario
Ibarra. A finales de ese año y principios de 1979, el
escritor guerrerense Luís Zapata publica su libro El
Vampiro de la Colonia Roma, y José Joaquín Blanco
publica su crónica Ojos que da pánico Soñar, en el
suplemento “Sábado” del periódico Unomásuno, más tarde integrado
en el libro Función de Media Noche, de Editorial Era.
En
el año de 1979, como un esfuerzo de divulgación de las ideas
libertarias, el FHAR produce
y edita la revista Nuestro Cuerpo,
Información Homosexual, y retoma y
reivindica algunos manuscritos de Salvador Novo. Por su parte, el Grupo Lambda
de Liberación Homosexual produce y edita la
revista Nuevo Ambiente, órgano
informativo de la agrupación.
En
el entonces Partido
Comunista Mexicano militaban personajes de la
talla de Rosalba Carrasco (+), destacada luchadora social,
incansable activista por los derechos de los más desprotegidos y
abierta simpatizante del movimiento homosexual. En la
Declaración de Principios de este instituto político se postulaba
que "...nadie deberá ser sujeto de discriminación,
marginación o subordinación por razones de raza, sexo, religión
u opción sexual”, lo que marca un importante antecedente en
la normalización e institucionalización de los derechos sexuales
en el país.
En
el mes de junio de 1979, las diversas organizaciones del
movimiento de liberación homosexual en México organizan la
primer marcha del orgullo homosexual, misma que debía avanzar
desde las puertas del Monumento a los Niños Héroes de
Chapultepec, en la calle de Lieja, hasta el Hemiciclo a Benito
Juárez, en la Alameda Central. Sin embargo, a causa de la
hostilidad policíaca y la represión la marcha caminó por una
ruta "de closet" a través de la calle de Río Lerma (paralela al
Paseo de la Reforma), concluyendo en el Jardín del Arte, en la
explanada del Monumento a la Madre. Por aquellos días, José
Joaquín Blanco publica Ojos que da pánico soñar, que
muchos activistas adoptan como manifiesto homosexual.
En
el año de 1980, y ante el vertiginoso avance del movimiento de
liberación homosexual en el país, el FHAR realiza su primer
Congreso Nacional en el que, bajo el tema "Homosexualidad y
Trabajo Productivo", reivindica su filiación ideológica con la
izquierda mexicana. Ese mismo año, con la participación de más
de 7 mil personas, se realiza la segunda edición de la Marcha
del Orgullo Homosexual, que recorre del Monumento a la
Revolución al Hemiciclo a Benito Juárez. Paralelamente, diversas
acciones de protesta protagonizadas por el colectivo gay
escandalizaron a los sectores más conservadores de la sociedad
mexicana: el ingreso de activistas de FHAR,
Lambda y Oikabeth a la Basílica de Guadalupe, en la procesión por el
asesinato del arzobispo de El Salvador, Óscar Arnulfo Romero, y;
la protesta frente de las oficinas de la Dirección de Policía y
Tránsito (del entonces Departamento del Distrito Federal), en
contra de las redadas -o razzias- y de la represión en contra de
hombres y mujeres gays, así como de grupos de travestís.
Un
año después, en 1981, el FHAR se disuelve y muchos de sus
integrantes se unen a la candidatura presidencial de Rosario
Ibarra, agrupados en un Comité de Lesbianas y Homosexuales
en Apoyo a Rosario Ibarra (CLHARI). Otros más crean el Colectivo
Sol A.C., integrado por Juan Jacobo
Hernández, Mario Rivas, Braulio Tenorio
y Rafael Manrique, entre otras agrupaciones que
harían visible su trabajo durante la convocatoria, organización
y realización de la tercera Marcha del Orgullo homosexual.
El Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT)
realiza, en 1982, una campaña en pro de los derechos de
homosexuales y lesbianas, y postula las
primeras fórmulas a candidatos a diputados
federales durante las elecciones intermedias del país, con
nombres como: Max
Mejía, Claudia Hinojosa, Pedro
Preciado, Patria Jiménez y Guadalupe López.
Estas candidaturas desataron reacciones de sectores
conservadores, como cuando los candidatos homosexuales fueron
atacados en el Parque México, en la colonia Hipódromo-Condesa de
la Ciudad de México, durante un acto de campaña. Ese mismo año
se realizó la cuarta Marcha del Orgullo Homosexual.

El año de 1983 es el
inicio de una terrible pesadilla para los homosexuales -sobre
todo los varones- en México, por la aparición del VIH y el
registro de los primeros casos de SIDA. El activismo homosexual
queda casi paralizado ante la irrupción de la epidemia y -desde
luego- por la estigmatización social de la enfermedad, pero
algunas agrupaciones organizan y realizan diversas campañas de
información y prevención al interior del colectivo. Durante la
quinta Marcha del Orgullo Homosexual, al incorporarse consignas
referentes al SIDA y sus afectaciones al interior del colectivo, se constató la presencia de
este nuevo y fatal acompañante del movimiento.
El año de 1984 es
determinante en el rumbo del movimiento de liberación homosexual, sobre
todo por la polarización ideológica entre las diversas
agrupaciones del colectivo y, desde luego, por el agravamiento
de la epidemia del SIDA. Durante
el mitin previo y posterior a la Sexta Marcha de
Orgullo, circula y se discute el documento
Eutanasia al Movimiento Lilo, ¡Pero Ya!,
donde se cuestionaba la representatividad de buena parte de las
organizaciones y el sentido mismo que éstas estaban dando a la
lucha; así,
durante su trayecto las agrupaciones participantes en la marcha se
“rompen y dividen”. Al llegar al Hemiciclo a
Juárez, sitio en el que tradicionalmente
concluía la marcha y en el que se hacían las declaraciones y los
discursos políticos más relevantes, un contingente pequeño del FHAR
continúa avanzando hacia el Zócalo, lo rodea y
termina con una fiesta junto
al Templo Mayor.
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Por aquellos días también, el grupo Comunidad Gay venía ya
organizando la Semana Cultural Gay, primero, en el Café de
Nadie y, unos años después, se traslada al Museo
Universitario de El Chopo; este esfuerzo de divulgación
de la cultura homosexual sería encabezado -a partir de 1987- por
José María Covarrubias (+). Por su parte, en Guadalajara,
Jalisco, el cineasta tapatío Jaime Humberto Hermosillo
estrenaba su película
Doña Herlinda y su Hijo, donde aborda la doble moral de
las familias conservadoras mexicanas frente al hecho de la
homosexualidad. |
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La dramaturgia y el teatro fueron un importante
medio de expresión del movimiento homosexual en México a lo
largo de su historia (como lo demuestra el trabajo de Nancy
Cárdenas (+)). En la primera mitad de los años ochenta, el actor
Tito Vasconcelos, junto con Sergio Torres Cuesta, escribe
y dirige A
otra Cosa Maricosas (ya sabes que no puedo
escuchar bien cuando estás en el clóset).
También, es insoslayable recordar al talentoso
sinaloense Oscar Liera (+), cuyo monólogo Camaleones
impactó positivamente a muchas lesbianas mexicanas. Hugo
Argüelles (+) y Jesús González Dávila, junto con otros
más, son también destacados escritores que, a través del
teatro, pusieron en el ánimo del público mexicano
cuestionamientos y realidades sobre la homosexualidad.
Durante la segunda
mitad de los años ochenta, el infrenable avance del SIDA en México
lleva a la organización de diversos grupos en apoyo de las
personas afectadas y el activismo "revolucionario" se ve
menguado y mermado notablemente por la urgencia. En 1986, la octava Marcha del
Orgullo tiene muy poca asistencia y, además, es objeto de
agresiones por parte de la policía; la estigmatización del
movimiento por parte de los sectores conservadores de la
sociedad mexicana era patente, como también fue claro el
palidecer del activismo y de muchos de sus líderes.
En
1987, la Semana
Cultural Gay se traslada al Museo del Chopo, organizada por el
Círculo Cultural Gay. Se realiza en México el Primer Encuentro de
Lesbianas de Latinoamérica y El Caribe. Se forma la Coordinadora
Nacional de Lesbianas Feministas. En 1991, y después de ser vetado
por autoridades de Jalisco para que se llevara a cabo en
Guadalajara, se realiza en
Acapulco, Guerrero, el XIII Congreso de la Asociación Internacional
de Gays y Lesbianas. Un año después, en 1992, se realiza en Tuxtla
Gutiérrez, Chiapas, la primera marcha gay, organizada por grupos
locales con el apoyo del Círculo Cultural Gay, para exigir el
esclarecimiento de los 30 crímenes de travestís cometidos desde
1989. El 23 de mayo de 1993, fallece Francisco Galván,
director de Sociedad y Sida (antecedente de Letra S),
defensor de las causas homosexuales y de los derechos de las
personas que viven con VIH/sida.
Un año después, en 1994, fallece uno de los pilares
del movimiento de liberación homosexual de México, Nancy
Cárdenas, víctima del cáncer de pecho.
En el
año de 1997, el movimiento de liberación homosexual vio llegar a
la Cámara de Diputados a la primera legisladora abiertamente
lesbiana, Elsa Patria Jiménez Flores, postulada por el Partido de la
Revolución Democrática (PRD). Muy lamentablemente, la deficiente
preparación política y el nulo compromiso de la diputada hacia
el colectivo gay (hombres y mujeres), resultó en un contundente
fracaso por la ausencia de iniciativas o siquiera planteamientos
discursivos en favor del movimiento.
En 1998, por la
iniciativa de David Sánchez Camacho, la Asamblea
Legislativa del Distrito Federal realiza el
Primer Foro Legislativo sobre Diversidad Sexual.
Se establece el Premio al Mérito Gay y el escritor y
activista en la lucha por los derechos de las personas afectadas
por el VIH/SIDA,
Joaquín Hurtado,
es el primero en recibirlo. Ese mismo año nace la Comisión
Ciudadana Contra los Crímenes de Odio por Homofobia.
Después de una intensa campaña del Partido Democracia Social en
favor de la diversidad sexual, Enoé Uranga se convierte
en la primera diputada local abiertamente lesbiana. Con el
decidido apoyo de
otros diputados a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal
(como Arnold Ricalde de Jager), de reconocidos artistas y
activistas del colectivo gay (como el flautista Horacio
Franco y los actores Tito Vasconcelos, Astrid
Hadad y Jesusa Rodríguez), la legisladora promueve la
iniciativa de Ley de Sociedades de Convivencia que, entre otros
objetivos, buscaba dar garantías jurídicas a las parejas del
mismo sexo. Entusiasmados por la experiencia vivida en otros
países -especialmente en España e Inglaterra- con la
legalización de las uniones homosexuales, este grupo de
valientes líderes impulsan el debate y posicionan la iniciativa
en la opinión pública nacional (despertando, desde luego, las
más embravecidas reacciones de la iglesia y los grupos más
conservadores del país).
Por
esas fechas, se realiza el primer registro simbólico de
convivientes en la explanada del Palacio de las Bellas Artes;
también, se cumplen cien años de la famosa redada contra 41
homosexuales en la capital del país, para lo que se lleva una
conmemoración en el Museo de la Ciudad de México.
En el
año 2003, es organizada y realizada la
Primera Marcha Lésbica que tuvo como punto de llegada al zócalo
capitalino. El Partido México Posible, encabezado por
Patricia Mercado,
postula a entre 30 y 40 lesbianas, homosexuales y transgéneros como
candidatos a diputados federales (entre estos, la muxhe juchiteca
Amaranta Gómez). Ese año se realiza la
XXV Marcha del Orgullo LGBTT,
donde una de las principales demandas del colectivo gay era la
aprobación de la Ley de Sociedades de Convivencia, misma que
sería congelada tramposa y definitivamente por el entonces Jefe de Gobierno
del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, se
asegura que como
el resultado de una oscura negociación con Norberto Rivera
Carrera, Arzobispo de la Ciudad de México, para no
obstaculizar sus aspiraciones políticas para competir por la
presidencia de la república y -lo que sí es evidente- en un
claro gesto de conservadurismo político, innegable machismo y de
un abierto desprecio
hacia el colectivo gay de la ciudad.
Durante las Marchas del Orgullo Homosexual de los años 2004 y
2005, quedó patente el indiscutible liderazgo de las
organizaciones de la sociedad civil y, por su parte, las
estériles confrontaciones entre los empresarios (dueños de bares
y de publicaciones gays) en su absurda disputa por adjudicarse la
representatividad del movimiento. Lo anterior quedó testimoniado
cuando, durante la 28ava. edición de la Marcha del Orgullo
Homosexual en la Ciudad de México, el presidente de la Comisión
de los Derechos Humanos del Distrito Federal, el maestro
Emilio Álvarez Icaza, encabezó el arranque del festejo en la
Columna de la Independencia.
El 9
de noviembre del año 2006 fue aprobada la
Ley de Sociedades de Convivencia en el Distrito Federal,
y los lineamientos para su aplicación fueron publicados el 5 de
marzo de 2007. Casi paralelamente, el 12 de enero de 2007, el
Congreso del estado mexicano de Coahuila, en el norte del país,
aprobó el "Pacto Civil de Solidaridad", que permite la unión
entre personas del mismo sexo. En diversas legislaturas
locales en los estados de la República Mexicana se presentan e
impulsan iniciativas de ley para instituir las uniones entre
personas del mismo sexo, e incluso se debaten acaloradamente
(como en Chihuahua, Michoacán, Veracruz y otras entidades), lo
que continúa sucediendo al día de hoy con tímidos resultados.
Nuevamente, en el Congreso federal, en la LX Legislatura, el
colectivo gay cuenta con un legislador abiertamente homosexual
en voz de David Sánchez Camacho.

La lucha por
la conquista de los derechos de los homosexuales en México no se
agota con la institucionalización de las uniones civiles en
algunas entidades del país; además de la ausencia de derechos
para los homosexuales en los tres órdenes de gobierno, subyacen aún un conjunto de
injusticias y prejuicios que -hay que subrayarlo- no
desaparecerán por decreto sino a través de acciones que
trastoquen nuestra arraigada cultura machista, homofóbica y
antidemocrática. Los avances son significativos y constituyen un
sólido cimiento para encaminarnos por la ruta del sueño.....,
pero aún falta mucho por recorrer.

Los
otros líderes...
A lo largo
de estas tres décadas de la lucha y del avance del movimiento de
liberación homosexual en México no todo ha sido activismo
político, marchas del orgullo o la férrea defensa de las ideas
progresistas. De hecho, ha sido la mayoría de los miembros del
colectivo quien han permanecido en el silencio público (que no
en el closet) para no ser sujeto de discriminación, del rechazo
familiar y social, y así poder conservar cierta normalidad en su
desarrollo hacia la prosperidad individual. Cuando inició la
lucha por los derechos de los homosexuales en México, en los
años setenta, miles de hombres y mujeres con esta orientación
permanecían al interior de sus familias, de sus escuelas y sus
trabajos, representando el papel de "normalidad" que su grupo
social inmediato les exigía y toleraba: ..."es medio afeminado,
pero sé que le encantan las mujeres"..., "sí, es rarito, pero no
creo que sea joto".... "se le va a quitar con los años"..... "ya
está viendo a un psicólogo".
El
movimiento de liberación gay en México siempre fue acompañado
por un conjunto de no menos destacados personajes, verdaderas
criaturas de la noche y bohemios novelescos, que dando espacios
para la reunión y la recreación de la sensualidad, el erotismo,
la pasión y el amor homosexual, lograron acercar a su alrededor
a cientos y hasta a miles de hombres y mujeres. Muchos de ellos,
gente de empresa y visionarios del negocio del entretenimiento;
pero también otros, memorables personajes de la noche, luminosos
habitantes de las calles y de los bares, verdaderas
personalidades del ambiente, de la vida gay de la ciudad. Muchos
de ellos entendieron al movimiento de liberación homosexual como
el Gay Liberation estadounidense e hicieron una lucha por
conquistar espacios de reunión, tanto en la calle como en bares
y discotecas, donde el miedo a la redada o a las agresiones
policíacas quedara erradicada.
A principios de los años setenta,
en la Ciudad de México existían muy pocas opciones de reunión
para los homosexuales; sin embargo, el movimiento artístico y
cultural que se apropió de las calles, galerías, restaurantes,
cafeterías y bares de la
Zona Rosa, propició el ambiente de tolerancia suficiente
como para permitir a decenas de hombres y mujeres gays
encontrarse, entenderse, identificarse, enamorarse, relacionarse
e incluso convivir. Hasta entonces, sólo un pequeñísimo grupos
de hombres (y muy pocas mujeres) homosexuales se reunían para
departir, intercambiar ideas y construir un estilo de
convivencia que les diferenciara y destacara del resto de la
sociedad. En general, se trataba de personas con cierta holgura
económica y de pensamiento liberal, muchos de los cuales
gustaban incluso de transformarse en alucinantes personajes, en
una suerte de diosas de la noche cuyos reinos estaban bien
delimitados.
En primer lugar, La Xóchitl,
Reina de Reinas (+), un corpulento hombre de talla y
estatura inusual, de piel morena oscura y facciones indígenas,
cuyo verdadero nombre era Gustavo. Junto con su séquito de
subordinadas -las otras reinas-, organizaba espectaculares y
lujosas fiestas en salones de la época (como el famosísimo Salón
Riviera, de la Colonia Del Valle) o en prestigiosos hoteles y
restaurantes de la ciudad, a las que acudían personajes de la
vida política para rendir pleitesía a uno de los más destacados
empresarios de la prostitución. Entre las reinas menores,
recordamos a La Samanta, espectacular rubia, muy esbelta
y de estatura semejante a la de la reina mayor, y quien llegó al
nuevo milenio con este tipo de negocios y con relativa holgura
material. También, recordamos a Aisha, a La Esmeralda
(quien se decía hijo de la cantante vernácula del mismo nombre y
conocida en los años cincuenta o sesenta) y -por supuesto- a
Camelia "la Texana", quien a lo largo de la crisis del
VIH/SIDA ha venido encabezando importantes esfuerzos de
prevención y apoyo a los afectados al frente de una fundación
civil.
Había quienes, sin ser parte de la
corte de la Reina de Reinas, eran conocidos por los personajes
que representaban con excepcional maestría: La Vanesa, un
guapo chico de nombre Moisés Cohen, que interpretaba a una o a
varias espectaculares rubias, siempre con exquisitas joyas y
vestidos que eran la envidia de cualquier señora judía de la
colonia Condesa, y; La Naná (+), una bellísima transexual
que transitaba por las calles y los bares de ambiente de la
Ciudad de México, desplegando una personalidad femenina en
verdad cautivadora para muchos de sus seguidores.
Un destacado empresario de
origen veracruzano, que abrió los primeros bares para hombres
gays de clase media y alta de la Ciudad de México -en diversas
épocas y locales de la colonia Roma-, fue el señor Óscar
Calatayud (+). Además de su gran simpatía y ecuanimidad,
este hombre de negocios se hizo acompañar siempre de personas
con buenas habilidades para las relaciones públicas; el mejor de
ellos fue el señor Jaime Vite Kauffman (+), "La Vite",
hombre tamaulipeco de 1.88 metros de estatura, poseedor de un
carisma, sensibilidad y sentido de la dignidad arrolladores, y quien por más
de 20 años llenó locales -en México y en Acapulco- y les
convirtió en los más populares y prestigiosos del momento.
Y hablando de los establecimientos
que "La Vite" acompañó en el éxito, uno en particular dejó
huella en la historia del movimiento de liberación homosexual en
México por las propuestas culturales y de vanguardia que albergó
y por la cantidad de celebridades que reunió a lo largo de sus
13 años de funcionamiento: El Nueve, propiedad de los
señores Henri Donnadieu y Manolo Fernández (+).
Ambos empresarios gay, y en especial Donnadieu, impulsaron
decididamente -abriendo las puertas de su lugar- el trabajo de
jóvenes artistas plásticos, teatreros, performanceros, grupos
musicales de la época (como Botellita de Jerez, La
Maldita Vecindad, Kenny y los Eléctricos, Casino
Shangai, Los Caifanes y muchos más).
El bar El Nueve tuvo
durante muchos años el liderazgo indiscutible en la preferencia
de los gays de las clases medias y altas de la Ciudad de México,
sobre todo porque albergó al movimiento cultural producto del
encuentro y el reconocimiento, a finales de los años setenta, de
hombres y mujeres integrantes de una comunidad diversa,
creativa, idealista y hasta entonces estrictamente marginada.
Los años
ochenta y, sobre todo, la década de los noventa, fueron tiempos
durante los que se registró un intenso y masivo ingreso de
miembros al colectivo gay en México, imprimiendo mayor
diversidad y pluralidad al movimiento. Sobre todo, surgieron nuevas opciones de reunión para
hombres y mujeres gays, segmentando un mercado destinado a
crecer y fortalecerse en pocos años. Un espacio representativo
de este cambio fue El Taller, en la Ciudad de México, propiedad del ex-líder
estudiantil de 1968,
Luís González de Alba, bar en el que
confluyeron expresiones menos "exquisitas" de las que promovía
el bar El Nueve. Abierto como un bar estricta y
exclusivamente para hombres, El Taller priorizó una
clientela de corte masculinizado, al estilo de los leathers
o los cowboys norteamericanos. Aunque con otros
propietarios, el lugar permanece funcionando en su tradicional
local de la calle Florencia.
Fragmentación y perspectivas del movimiento gay ...
Si bien la
Zona Rosa -en la Ciudad de México- durante algún tiempo más continuó siendo el espacio
por excelencia de los establecimientos comerciales gays, en los
años noventa el circuito de bares y discotecas se expandió a otras
zonas de la capital, quizás, como una expresión de la diferenciación
social y
de la búsqueda de identidades propias entre los grupos desiguales
del colectivo gay (fenómeno que se repitió en importantes
ciudades del país, como Guadalajara y Monterrey).
Consecuentemente, los liderazgos al interior del
colectivo gay se diversificaron en
incontables causas sociales y opciones políticas -muchas de ellas
plasmadas en las distintas
consignas registradas durante las marchas
del orgullo homosexual. A través de una constelación compleja de organizaciones
civiles,
diferentes grupos de gays han venido enarbolando -durante los
últimos ocho o nueve años-, entre otras, consignas en contra de la homofobia,
de la persistencia de
la represión policíaca en contra de grupos específicos
(travestís y sexoservidores), en contra del retrógrada discurso
de la iglesia católica en contra de los homosexuales o en defensa de los derechos de las
personas afectadas por el VIH/SIDA.
Durante la
primera década del siglo XXI, en México hemos presenciado una vertiginosa
y compleja transformación de la sociedad y de las organizaciones
civiles identificadas con los intereses de los homosexuales. La
problemática social, política, económica y cultural de hombres y
mujeres, así como de las agrupaciones de homosexuales, se ha
vuelto más compleja en todos los planos. Aunado a esta
situación -o tal vez como consecuencia de ésta-, los liderazgos de carácter integrador del movimiento
gay (como los surgidos en la década de los setenta), se han
diluido o palidecido notablemente. En su lugar, ha dominado un
discurso que exalta
las diferencias al interior del colectivo,
y la
confrontación, la enemistad, la agresión y la violencia manifiesta
entre sus miembros más visibles, han
asaltado la escena en detrimento de lo ya conquistado.
Quizás uno
de los últimos líderes del movimiento gay con un discurso
creativo e integrador sea Tito Vasconcelos, actor y
empresario, propietario del Corporativo Cabaretito, quien
durante más de una década ha buscado unificar no sólo la
presencia e influencia de los propietarios de establecimientos
gays ante los abusos de las autoridades de la ciudad, sino
también, ha querido imprimir un rumbo definido a la acción
colectiva de jóvenes adolescentes (para los cuales existen muy
reducidas opciones de recreación y cultura en todo el país). No
ha sido una labor fácil para Vasconcelos o para su socio
David Rangel, sobre todo cuando se han vuelto blanco de los
ataques cobardes, de injurias y de la envidia evidente de
personajes tan siniestros, corruptos y oportunistas, de quienes
no hablaremos no porque no existan pruebas de sus fechorías,
sino porque realmente no han brindado aportaciones o generado
avances positivos ni inteligentes para el bien del movimiento
gay en México -sino todo lo contrario, lo han dividido sembrando
la intriga y la desconfianza. (Ver
nota periodística)
El fenómeno
Internet ha contribuido también a la reconformación de las
relaciones sociales al interior del colectivo gay en México,
integrando comunidades virtuales cuyos intereses se
desentienden en su mayoría de territorialidades definidas, de
filiaciones políticas o de congregaciones ideologías, dando en
su lugar paso a la satisfacción cómoda de intereses más
inmediatos o individuales (compra y venta de servicios, o la
búsqueda de relaciones amistosas, sexuales o de pareja).
Por otra
parte, los medios masivos de comunicación y su creciente
influencia a lo largo de las décadas de los ochenta y noventa,
no ha permanecido ajeno a los avances del movimiento gay en todo
el planeta. Como resultado de ello,
durante estos años, una considerable cantidad de artistas
(actores, cantantes, músicos, pintores, etc.) de fama nacional e
internacional, han "salido del closet" públicamente y puesto a
la vista de millones de personas sus estilos de vida como
homosexuales. En muchos casos, también, actores heterosexuales
de enorme fama han interpretado personajes gays que buscan
dignificar a este sector de la población; pero,
desafortunadamente, ha habido quienes representan parodias de
homosexuales que caen en la ridiculización. Pero, a final de
cuentas, el amor homosexual, la discriminación social y
familiar, el problema del VIH/SIDA y una serie de temas
más vinculados con las personas gays, han sido abordados desde
diferentes perspectivas en la televisión, el cine, el teatro y
otras expresiones artísticas y mediáticas.
.En verdad
que será interesante observar cuáles serán las consignas y
demandas de las agrupaciones civiles de los homosexuales durante
la próxima Marcha del Orgullo Homosexual en la Ciudad de México,
para poder así perfilar un diagnóstico de los logros alcanzados
y del rumbo que está tomando en el presente el movimiento. Esta
festividad, que reúne anualmente ya a decenas de miles de
hombres y mujeres gays en las calles de la capital mexicana, es
una oportunidad privilegiada para echar un vistazo de conjunto a
un colectivo social que ha sido -desde los años setenta del
siglo pasado- portador de consignas progresistas,
revolucionarias y visionarias, y que han abonado al avance e
instauración de nuevas formas de convivencia en diferentes
sentidos. El Verano del año 2008 será, sin lugar a dudas,
revelador para las muchas voces y plumas que hablarán del
aniversario número 30 del inicio público del movimiento de
liberación homosexual en México.
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