Texto de Francisco Calderón Córdova

 Primavera del 2008

El movimiento gay -o de liberación homosexual- en México hizo plena efervescencia durante la segunda década de los años setenta y, desde aquellos días a la fecha, son sólo algunos cuantos  personajes, verdaderos líderes,  los que aún subsisten en la memoria de los miembros de un colectivo social que -hay que decirlo- se ha caracterizado por su poca capacidad de acción colectiva y solidaridad grupal. Aunque la fuerza de su recuerdo hace que estos guías de la comunidad gay y su mensaje persistan, su permanencia como portadores de un discurso unificador tiende a palidecer con el paso del tiempo y ante la vertiginosa sucesión generacional.

En sustitución a ello, a la originalidad hechizante, al carisma individual y al mensaje de unión y armonía enarbolado por personajes memorables de la vida gay mexicana, hoy pretenden ganar terreno liderazgos regidos por la ambición política, el arribismo simplista y la lógica voraz del mercado. Pero, peor aún, incluso presenciamos la irrupción en escena de oscuros personajes cuya incultura e ignorancia sólo es igualada por su arrogancia y su comprobada deshonestidad. El resultado de esto es la apatía individual a la participación ciudadana, la fragmentación del movimiento gay y el desdibujamiento de las aspiraciones comunes o compartidas que, en diversos momentos de su historia, dieron impulso y dirección a este colectivo social. A causa del encono irracional, del enfrentamiento estéril y la descalificación dolosa entre los grupos de interés económico y político al interior del colectivo gay, los ideales sociales que otrora funcionaban como puntos de convergencia de los miembros de un colectivo diverso y plural, han sido eclipsados indefinidamente.

 
 Los iniciadores de la lucha por un sueño

Las ideas libertadoras y modernizadoras que asaltaron al mundo occidental a finales de los años sesenta, particularmente con los movimientos sociales del Verano de 1968, permearon poco a poco en las generaciones de jóvenes de la década de los setenta. La construcción de un mundo en el que cupieran todas las manifestaciones de la naturaleza humana y, particularmente, la libertad para expresar la emoción sensual sin prohibiciones, se constituyó en el compromiso fundamental de intelectuales, líderes y activistas en el mundo y en México. Entre los grupos maginales de la sociedad, y especialmente entre los homosexuales, la subversión al orden moral establecido funcionó como detonador de cambios liberadores y progresistas que, sin duda, sentaron las bases de muchos de los derechos de los que hoy goza la sociedad mexicana.

"... Seguimos viviendo bajo la opresión día a día, expuestos a la ficha policial, la cárcel, el destierro, los insultos, los matones, las sonrisas burlonas, las miradas de conmiseración. Nosotros reivindicamos nuestra condición de plaga social hasta la destrucción total de cualquier imperialismo...".

Documentos contra la Normalidad, Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR), abril de 1971.

Fueron los postulados ideológicos y las vistosas acciones organizadas del francés Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (F.H.A.R.) lo que más influenció a los intelectuales e iniciadores del movimiento en México. El estrecho vínculo del movimiento de liberación homosexual europeo con las causas y grupos sociales representados por la izquierda revolucionaria, brindó argumentos de gran consistencia y fortaleció la convicción de aquellos que -el 26 de julio de 1978- saldrían a las calles de la Ciudad de México para decirle al país que existían y que demandaban equidad en el ejercicio de los derechos ciudadanos.

 

Paseo de la Reforma, 26 de julio de 1978. Foto: Paco Calderón.

 

Entre los líderes que tuvieron mayor vistosidad por aquellos días -y con quienes en diferentes momentos tuve algún tipo de acercamiento-, hay que mencionar a Nancy Cárdenas (+), fundadora y activista de la primera organización homosexual del país, el Frente de Liberación Homosexual, FLH -1974-, doctora en Filosofía y Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México, egresada de dirección teatral en la Universidad de Yale, en los Estados Unidos, especialista de la lengua y cultura polacas, además de periodista y productora de la famosísima comedia Los Chicos de la Banda; Xavier Lizárraga  (maestro y antropólogo físico, cofundador del Instituto Mexicano de Sexología, miembro fundador del Grupo Lambda de Liberación Homosexual en 1978 y del Grupo Guerrilla Gay en 1983), y; Claudia Hinojosa (co-fundadora -en 1978- del Grupo Lambda, escritora e intelectual); Juan Jacobo Hernández (del FHAR), Max Mejía (fundador de Lamda) y Yan María Castro (activista del grupo Oikabeth).

El 26 de julio de 1978, mismo año de la fundación del International Gay Asociation (IGA) en Inglaterra, en México hombres y mujeres organizados en diferentes agrupaciones (FHAR,  Oikabeth, Lambda y la Coordinadora de Grupos Homosexuales), participan en diversas manifestaciones públicas a lado del STUNAM y del Partido Comunista Mexicano, expresándose abiertamente como el movimiento de liberación homosexual. Si bien muchos consideran esta fecha como la primer marcha del orgullo homosexual en México, hay que decir que ésta, como tal, fue la celebrada en junio del año de 1979, y que la manifestación del año previo tuvo que ver más con los festejos del décimo aniversario del movimiento estudiantil en México, los siete años de la matanza del "Jueves de Corpus" y con el aniversario del  inicio de la revolución cubana.

El 2 de octubre de 1978, el FHAR, Lambda y Okabeth se unen a la Coordinadora de Grupos Homosexuales y se integran a la marcha por la conmemoración de la Matanza de Tlatelolco en 1968, convocada por el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, dirigido por Rosario Ibarra. A finales de ese año y principios de 1979, el escritor guerrerense Luís Zapata publica su libro El Vampiro de la Colonia Roma, y José Joaquín Blanco publica su crónica Ojos que da pánico Soñar, en el suplemento “Sábado” del periódico Unomásuno, más tarde integrado en el libro Función de Media Noche, de Editorial Era.

En el año de 1979, como un esfuerzo de divulgación de las ideas libertarias, el FHAR produce y edita la revista Nuestro Cuerpo, Información Homosexual, y retoma y reivindica algunos manuscritos de Salvador Novo. Por su parte, el Grupo Lambda de Liberación Homosexual produce y edita la revista Nuevo Ambiente, órgano informativo de la agrupación.

En el entonces Partido Comunista Mexicano militaban personajes de la talla de Rosalba Carrasco (+), destacada luchadora social, incansable activista por los derechos de los más desprotegidos y abierta simpatizante del movimiento homosexual. En la Declaración de Principios de este instituto político se postulaba que "...nadie deberá ser sujeto de discriminación, marginación o subordinación por razones de raza, sexo, religión u opción sexual”, lo que marca un importante antecedente en la normalización e institucionalización de los derechos sexuales en el país.

Luís Zapata / escritor

José Joaquín Blanco / escritor

Rosalba Carrasco (+) / foto: Paco Calderón

En el mes de junio de 1979, las diversas organizaciones del movimiento de liberación homosexual en México organizan la primer marcha del orgullo homosexual, misma que debía avanzar desde las puertas del Monumento a los Niños Héroes de Chapultepec, en la calle de Lieja, hasta el Hemiciclo a Benito Juárez, en la Alameda Central. Sin embargo, a causa de la hostilidad policíaca y la represión la marcha caminó por una ruta "de closet" a través de la calle de Río Lerma (paralela al Paseo de la Reforma), concluyendo en el Jardín del Arte, en la explanada del Monumento a la Madre. Por aquellos días, José Joaquín Blanco publica Ojos que da pánico soñar, que muchos activistas adoptan como manifiesto homosexual.

En el año de 1980, y ante el vertiginoso avance del movimiento de liberación homosexual en el país, el FHAR realiza su primer Congreso Nacional en el que, bajo el tema "Homosexualidad y Trabajo Productivo", reivindica su filiación ideológica con la izquierda mexicana. Ese mismo año, con la participación de más de 7 mil personas, se realiza la segunda edición de la Marcha del Orgullo Homosexual, que recorre del Monumento a la Revolución al Hemiciclo a Benito Juárez. Paralelamente, diversas acciones de protesta protagonizadas por el colectivo gay escandalizaron a los sectores más conservadores de la sociedad mexicana:  el ingreso de activistas de FHAR, Lambda y Oikabeth a la Basílica de Guadalupe, en la procesión por el asesinato del arzobispo de El Salvador, Óscar Arnulfo Romero, y; la protesta frente de las oficinas de la Dirección de Policía y Tránsito (del entonces Departamento del Distrito Federal), en contra de las redadas -o razzias- y de la represión en contra de hombres y mujeres gays, así como de grupos de travestís.

Un año después, en 1981, el FHAR se disuelve y muchos de sus integrantes se unen a la candidatura presidencial de Rosario Ibarra, agrupados en un Comité de Lesbianas y Homosexuales en Apoyo a Rosario Ibarra (CLHARI). Otros más crean el Colectivo Sol A.C., integrado por Juan Jacobo Hernández, Mario Rivas, Braulio Tenorio y Rafael Manrique, entre otras agrupaciones que harían visible su trabajo durante la convocatoria, organización y realización de la tercera Marcha del Orgullo homosexual. 

 El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) realiza, en 1982, una campaña en pro de los derechos de homosexuales y lesbianas, y postula las primeras fórmulas a candidatos a diputados federales durante las elecciones intermedias del país, con nombres como: Max Mejía, Claudia Hinojosa, Pedro Preciado, Patria Jiménez y Guadalupe López. Estas candidaturas desataron reacciones de sectores conservadores, como cuando los candidatos homosexuales fueron atacados en el Parque México, en la colonia Hipódromo-Condesa de la Ciudad de México, durante un acto de campaña. Ese mismo año se realizó la cuarta Marcha del Orgullo Homosexual.

 

Fuente en el Parque México / foto: Paco Calderón

 

El año de 1983 es el inicio de una terrible pesadilla para los homosexuales -sobre todo los varones- en México, por la aparición del VIH y el registro de los primeros casos de SIDA. El activismo homosexual queda casi paralizado ante la irrupción de la epidemia y -desde luego- por la estigmatización social de la enfermedad, pero algunas agrupaciones organizan y realizan diversas campañas de información y prevención al interior del colectivo. Durante la quinta Marcha del Orgullo Homosexual, al incorporarse consignas referentes al SIDA y sus afectaciones al interior del colectivo, se constató la presencia de este nuevo y fatal acompañante del movimiento.

El año de 1984 es determinante en el rumbo del movimiento de liberación homosexual, sobre todo por la polarización ideológica entre las diversas agrupaciones del colectivo y, desde luego, por el agravamiento de la epidemia del SIDA. Durante el mitin previo y posterior a la Sexta Marcha de Orgullo, circula y se discute el documento Eutanasia al Movimiento Lilo, ¡Pero Ya!, donde se cuestionaba la representatividad de buena parte de las organizaciones y el sentido mismo que éstas estaban dando a la lucha; así, durante su trayecto las agrupaciones participantes en la marcha se “rompen  y dividen”. Al llegar al Hemiciclo a Juárez, sitio en el que tradicionalmente concluía la marcha y en el que se hacían las declaraciones y los discursos políticos más relevantes, un contingente pequeño del FHAR continúa avanzando hacia el Zócalo, lo rodea y termina con una fiesta  junto al Templo Mayor.

 

Por aquellos días también, el grupo Comunidad Gay  venía ya organizando la Semana Cultural Gay, primero, en el Café de Nadie y, unos años después, se traslada al Museo Universitario de El Chopo; este esfuerzo de divulgación de la cultura homosexual sería encabezado -a partir de 1987- por José María Covarrubias (+). Por su parte, en Guadalajara, Jalisco, el cineasta tapatío Jaime Humberto Hermosillo estrenaba su película Doña Herlinda y su Hijo, donde aborda la doble moral de las familias conservadoras mexicanas frente al hecho de la homosexualidad.

Arturo Meza y Marco Antonio Treviño en "Doña Herlinda y su Hijo" / de Jaime Humberto Hermosillo / 1983

La dramaturgia y el teatro fueron un importante medio de expresión del movimiento homosexual en México a lo largo de su historia (como lo demuestra el trabajo de Nancy Cárdenas (+)). En la primera mitad de los años ochenta, el actor Tito Vasconcelos, junto con Sergio Torres Cuesta, escribe y dirige A otra Cosa Maricosas (ya sabes que no puedo escuchar bien cuando estás en el clóset). También, es insoslayable recordar al talentoso sinaloense Oscar Liera (+), cuyo monólogo Camaleones impactó positivamente a muchas lesbianas mexicanas. Hugo Argüelles (+) y Jesús González Dávila, junto con otros más, son también destacados escritores que, a través del teatro, pusieron en el ánimo del público mexicano cuestionamientos y realidades sobre la homosexualidad.

Durante la segunda mitad de los años ochenta, el infrenable avance del SIDA en México lleva a la organización de diversos grupos en apoyo de las personas afectadas y el activismo "revolucionario" se ve menguado y mermado notablemente por la urgencia. En 1986, la octava Marcha del Orgullo tiene muy poca asistencia y, además, es objeto de agresiones por parte de la policía; la estigmatización del movimiento por parte de los sectores conservadores de la sociedad mexicana era patente, como también fue claro el palidecer del activismo y de muchos de sus líderes.

En 1987, la Semana Cultural Gay se traslada al Museo del Chopo, organizada por el Círculo Cultural Gay. Se realiza en México el Primer Encuentro de Lesbianas de Latinoamérica y El Caribe. Se forma la Coordinadora Nacional de Lesbianas Feministas. En 1991, y después de ser vetado por autoridades de Jalisco para que se llevara a cabo en Guadalajara, se realiza en Acapulco, Guerrero, el XIII Congreso de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas. Un año después, en 1992, se realiza en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, la primera marcha gay, organizada por grupos locales con el apoyo del Círculo Cultural Gay, para exigir el esclarecimiento de los 30 crímenes de travestís cometidos desde 1989. El 23 de mayo de 1993, fallece Francisco Galván, director de Sociedad y Sida (antecedente de Letra S), defensor de las causas homosexuales y de los derechos de las personas que viven con VIH/sida. Un año después, en 1994, fallece uno de los pilares del movimiento de liberación homosexual de México, Nancy Cárdenas, víctima del cáncer de pecho.

En el año de 1997, el movimiento de liberación homosexual vio llegar a la Cámara de Diputados a la primera legisladora abiertamente lesbiana, Elsa Patria Jiménez Flores, postulada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Muy lamentablemente, la deficiente preparación política y el nulo compromiso de la diputada hacia el colectivo gay (hombres y mujeres), resultó en un contundente fracaso por la ausencia de iniciativas o siquiera planteamientos discursivos en favor del movimiento. 

En 1998, por la iniciativa de David Sánchez Camacho, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal realiza el Primer Foro Legislativo sobre Diversidad Sexual. Se establece el Premio al Mérito Gay y el escritor y activista en la lucha por los derechos de las personas afectadas por el VIH/SIDA, Joaquín Hurtado, es el primero en recibirlo. Ese mismo año nace la Comisión Ciudadana Contra los Crímenes de Odio por Homofobia.

Patria Jiménez / foto: Archivo

Joaquín Hurtado/ foto: Anodis

David Sánchez Camacho / foto: Paco Calderón

Después de una intensa campaña del Partido Democracia Social en favor de la diversidad sexual, Enoé Uranga se convierte en la primera diputada local abiertamente lesbiana. Con el decidido apoyo de otros diputados a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (como Arnold Ricalde de Jager), de reconocidos artistas y activistas del colectivo gay (como el flautista Horacio Franco y los actores Tito Vasconcelos, Astrid Hadad y Jesusa Rodríguez), la legisladora promueve la iniciativa de Ley de Sociedades de Convivencia que, entre otros objetivos, buscaba dar garantías jurídicas a las parejas del mismo sexo. Entusiasmados por la experiencia vivida en otros países -especialmente en España e Inglaterra- con la legalización de las uniones homosexuales, este grupo de valientes líderes impulsan el debate y posicionan la iniciativa en la opinión pública nacional (despertando, desde luego, las más embravecidas reacciones de la iglesia y los grupos más conservadores del país).

Arnold Ricalde / foto: Paco Calderón

Horacio Franco / foto: Paco Calderón

Enoé Uranga / foto: Paco Calderón

Por esas fechas, se realiza el primer registro simbólico de convivientes en la explanada del Palacio de las Bellas Artes; también, se cumplen cien años de la famosa redada contra 41 homosexuales en la capital del país, para lo que se lleva una conmemoración en el Museo de la Ciudad de México.

En el año 2003, es organizada y realizada la Primera Marcha Lésbica que tuvo como punto de llegada al zócalo capitalino. El Partido México Posible, encabezado por Patricia Mercado, postula a entre 30 y 40 lesbianas, homosexuales y transgéneros como candidatos a diputados federales (entre estos, la muxhe juchiteca Amaranta Gómez). Ese año se realiza la XXV Marcha del Orgullo LGBTT, donde una de las principales demandas del colectivo gay era la aprobación de la Ley de Sociedades de Convivencia, misma que sería congelada tramposa y definitivamente por el entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, se asegura que como el resultado de una oscura negociación con Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de la Ciudad de México, para no obstaculizar sus aspiraciones políticas para competir por la presidencia de la república y -lo que sí es evidente- en un claro gesto de conservadurismo político, innegable machismo y de un abierto desprecio hacia el colectivo gay de la ciudad.

Durante las Marchas del Orgullo Homosexual de los años 2004 y 2005, quedó patente el indiscutible liderazgo de las organizaciones de la sociedad civil y, por su parte, las estériles confrontaciones entre los empresarios (dueños de bares y de publicaciones gays) en su absurda disputa por adjudicarse la representatividad del movimiento. Lo anterior quedó testimoniado cuando, durante la 28ava. edición de la Marcha del Orgullo Homosexual en la Ciudad de México, el presidente de la Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal, el maestro Emilio Álvarez Icaza, encabezó el arranque del festejo en la Columna de la Independencia. 

Patricia Mercado / foto: Paco Calderón

Andrés Manuel López Obrador / foto: Paco Calderón

Emilio Álvarez Icaza / foto: Paco Calderón

El 9 de noviembre del año 2006 fue aprobada la Ley de Sociedades de Convivencia en el Distrito Federal, y los lineamientos para su aplicación fueron publicados el 5 de marzo de 2007. Casi paralelamente, el 12 de enero de 2007, el Congreso del estado mexicano de Coahuila, en el norte del país, aprobó el "Pacto Civil de Solidaridad", que permite la unión entre personas del mismo sexo.  En diversas legislaturas locales en los estados de la República Mexicana se presentan e impulsan iniciativas de ley para instituir las uniones entre personas del mismo sexo, e incluso se debaten acaloradamente (como en Chihuahua, Michoacán, Veracruz y otras entidades), lo que continúa sucediendo al día de hoy con tímidos resultados. Nuevamente, en el Congreso federal, en la LX Legislatura, el colectivo gay cuenta con un legislador abiertamente homosexual en voz de David Sánchez Camacho.

La lucha por la conquista de los derechos de los homosexuales en México no se agota con la institucionalización de las uniones civiles en algunas entidades del país; además de la ausencia de derechos para los homosexuales en los tres órdenes de gobierno, subyacen aún un conjunto de injusticias y prejuicios que -hay que subrayarlo- no desaparecerán por decreto sino a través de acciones que trastoquen nuestra arraigada cultura machista, homofóbica y antidemocrática. Los avances son significativos y constituyen un sólido cimiento para encaminarnos por la ruta del sueño....., pero aún falta mucho por recorrer.

 

 

Los otros líderes...

A lo largo de estas tres décadas de la lucha y del avance del movimiento de liberación homosexual en México no todo ha sido activismo político, marchas del orgullo o la férrea defensa de las ideas progresistas. De hecho, ha sido la mayoría de los miembros del colectivo quien han permanecido en el silencio público (que no en el closet) para no ser sujeto de discriminación, del rechazo familiar y social, y así poder conservar cierta normalidad en su desarrollo hacia la prosperidad individual. Cuando inició la lucha por los derechos de los homosexuales en México, en los años setenta, miles de hombres y mujeres con esta orientación permanecían al interior de sus familias, de sus escuelas y sus trabajos, representando el papel de "normalidad" que su grupo social inmediato les exigía y toleraba: ..."es medio afeminado, pero sé que le encantan las mujeres"..., "sí, es rarito, pero no creo que sea joto".... "se le va a quitar con los años"..... "ya está viendo a un psicólogo".

El movimiento de liberación gay en México siempre fue acompañado por un conjunto de no menos destacados personajes, verdaderas criaturas de la noche y bohemios novelescos, que dando espacios para la reunión y la recreación de la sensualidad, el erotismo, la pasión y el amor homosexual, lograron acercar a su alrededor a cientos y hasta a miles de hombres y mujeres. Muchos de ellos, gente de empresa y visionarios del negocio del entretenimiento; pero también otros, memorables personajes de la noche, luminosos habitantes de las calles y de los bares, verdaderas personalidades del ambiente, de la vida gay de la ciudad. Muchos de ellos entendieron al movimiento de liberación homosexual como el Gay Liberation estadounidense e hicieron una lucha por conquistar espacios de reunión, tanto en la calle como en bares y discotecas, donde el miedo a la redada o a las agresiones policíacas quedara erradicada.

A principios de los años setenta, en la Ciudad de México existían muy pocas opciones de reunión para los homosexuales; sin embargo, el movimiento artístico y cultural que se apropió de las calles, galerías, restaurantes, cafeterías y bares de la Zona Rosa, propició el ambiente de tolerancia suficiente como para permitir a decenas de hombres y mujeres gays encontrarse, entenderse, identificarse, enamorarse, relacionarse e incluso convivir. Hasta entonces, sólo un pequeñísimo grupos de hombres (y muy pocas mujeres) homosexuales se reunían para departir, intercambiar ideas y construir un estilo de convivencia que les diferenciara y destacara del resto de la sociedad. En general, se trataba de personas con cierta holgura económica y de pensamiento liberal, muchos de los cuales gustaban incluso de transformarse en alucinantes personajes, en una suerte de diosas de la noche cuyos reinos estaban bien delimitados.

En primer lugar, La Xóchitl, Reina de Reinas (+), un corpulento hombre de talla y estatura inusual, de piel morena oscura y facciones indígenas, cuyo verdadero nombre era Gustavo. Junto con su séquito de subordinadas -las otras reinas-, organizaba espectaculares y lujosas fiestas en salones de la época (como el famosísimo Salón Riviera, de la Colonia Del Valle) o en prestigiosos hoteles y restaurantes de la ciudad, a las que acudían personajes de la vida política para rendir pleitesía a uno de los más destacados empresarios de la prostitución. Entre las reinas menores, recordamos a La Samanta, espectacular rubia, muy esbelta y de estatura semejante a la de la reina mayor, y quien llegó al nuevo milenio con este tipo de negocios y con relativa holgura material. También, recordamos a Aisha, a La Esmeralda (quien se decía hijo de la cantante vernácula del mismo nombre y conocida en los años cincuenta o sesenta) y -por supuesto- a Camelia "la Texana", quien a lo largo de la crisis del VIH/SIDA ha venido encabezando importantes esfuerzos de prevención y apoyo a los afectados al frente de una fundación civil.

Había quienes, sin ser parte de la corte de la Reina de Reinas, eran conocidos por los personajes que representaban con excepcional maestría: La Vanesa, un guapo chico de nombre Moisés Cohen, que interpretaba a una o a varias espectaculares rubias, siempre con exquisitas joyas y vestidos que eran la envidia de cualquier señora judía de la colonia Condesa, y; La Naná (+), una bellísima transexual que transitaba por las calles y los bares de ambiente de la Ciudad de México, desplegando una personalidad femenina en verdad cautivadora para muchos de sus seguidores.

 Un destacado empresario de origen veracruzano, que abrió los primeros bares para hombres gays de clase media y alta de la Ciudad de México -en diversas épocas y locales de la colonia Roma-, fue el señor Óscar Calatayud (+). Además de su gran simpatía y ecuanimidad, este hombre de negocios se hizo acompañar siempre de personas con buenas habilidades para las relaciones públicas; el mejor de ellos fue el señor Jaime Vite Kauffman (+), "La Vite", hombre tamaulipeco de 1.88 metros de estatura, poseedor de un carisma, sensibilidad y sentido de la dignidad arrolladores, y quien por más de 20 años llenó locales -en México y en Acapulco- y les convirtió en los más populares y prestigiosos del momento.

Vanesa / foto archivo La Naná / foto: archivo

Y hablando de los establecimientos que "La Vite" acompañó en el éxito, uno en particular dejó huella en la historia del movimiento de liberación homosexual en México por las propuestas culturales y de vanguardia que albergó y por la cantidad de celebridades que reunió a lo largo de sus 13 años de funcionamiento: El Nueve, propiedad de los señores Henri Donnadieu y Manolo Fernández (+). Ambos empresarios gay, y en especial Donnadieu, impulsaron decididamente -abriendo las puertas de su lugar- el trabajo de jóvenes artistas plásticos, teatreros, performanceros, grupos musicales de la época (como Botellita de Jerez, La Maldita Vecindad, Kenny y los Eléctricos, Casino Shangai, Los Caifanes y muchos más).

El bar El Nueve tuvo durante muchos años el liderazgo indiscutible en la preferencia de los gays de las clases medias y altas de la Ciudad de México, sobre todo porque albergó al movimiento cultural producto del encuentro y el reconocimiento, a finales de los años setenta, de hombres y mujeres integrantes de una comunidad diversa, creativa, idealista y hasta entonces estrictamente marginada.

Los años ochenta y, sobre todo, la década de los noventa, fueron tiempos durante los que se registró un intenso y masivo ingreso de miembros al colectivo gay en México, imprimiendo mayor diversidad y pluralidad al movimiento. Sobre todo, surgieron nuevas opciones de reunión para hombres y mujeres gays, segmentando un mercado destinado a crecer y fortalecerse en pocos años. Un espacio representativo de este cambio fue El Taller, en la Ciudad de México, propiedad del ex-líder estudiantil de 1968, Luís González de Alba, bar en el que confluyeron expresiones menos "exquisitas" de las que promovía el bar El Nueve. Abierto como un bar estricta y exclusivamente para hombres, El Taller priorizó una clientela de corte masculinizado, al estilo de los leathers o los cowboys norteamericanos. Aunque con otros propietarios, el lugar permanece funcionando en su tradicional local de la calle Florencia.

En camisetas blancas, Henri Donnadieu y Manolo Fernández Luís González de Alba / foto archivo

 

Fragmentación y perspectivas del movimiento gay ...

Si bien la Zona Rosa -en la Ciudad de México- durante algún tiempo más continuó siendo el espacio por excelencia de los establecimientos comerciales gays, en los años noventa el circuito de bares y discotecas se expandió a otras zonas de la capital, quizás, como una expresión de la diferenciación social y de la búsqueda de identidades propias entre los grupos desiguales del colectivo gay (fenómeno que se repitió en importantes ciudades del país, como Guadalajara y Monterrey).

Consecuentemente, los liderazgos al interior del colectivo gay se diversificaron en incontables causas sociales y opciones políticas -muchas de ellas plasmadas en las distintas consignas registradas durante las marchas del orgullo homosexual. A través de una constelación compleja de organizaciones civiles, diferentes grupos de gays han venido enarbolando -durante los últimos ocho o nueve años-, entre otras, consignas en contra de la homofobia, de la persistencia de la represión policíaca en contra de grupos específicos (travestís y sexoservidores), en contra del retrógrada discurso de la iglesia católica en contra de los homosexuales o  en defensa de los derechos de las personas afectadas por el VIH/SIDA.

Durante la primera década del siglo XXI, en México hemos presenciado una vertiginosa y compleja transformación de la sociedad y de las organizaciones civiles identificadas con los intereses de los homosexuales. La problemática social, política, económica y cultural de hombres y mujeres, así como de las agrupaciones de homosexuales, se ha vuelto más compleja en todos los planos. Aunado a esta situación -o tal vez como consecuencia de ésta-, los liderazgos de carácter integrador del movimiento gay (como los surgidos en la década de los setenta), se han diluido o palidecido notablemente. En su lugar, ha dominado un discurso que exalta las diferencias al interior del colectivo, y la confrontación, la enemistad, la agresión y la violencia manifiesta entre sus miembros más visibles, han asaltado la escena en detrimento de lo ya conquistado.

Quizás uno de los últimos líderes del movimiento gay con un discurso creativo e integrador sea Tito Vasconcelos, actor y empresario, propietario del Corporativo Cabaretito, quien durante más de una década ha buscado unificar no sólo la presencia e influencia de los propietarios de establecimientos gays ante los abusos de las autoridades de la ciudad, sino también, ha querido imprimir un rumbo definido a la acción colectiva de jóvenes adolescentes (para los cuales existen muy reducidas opciones de recreación y cultura en todo el país). No ha sido una labor fácil para Vasconcelos o para su socio David Rangel, sobre todo cuando se han vuelto blanco de los ataques cobardes, de injurias y de la envidia evidente de personajes tan siniestros, corruptos y oportunistas, de quienes no hablaremos no porque no existan pruebas de sus fechorías, sino porque realmente no han brindado aportaciones o generado avances positivos ni inteligentes para el bien del movimiento gay en México -sino todo lo contrario, lo han dividido sembrando la intriga y la desconfianza. (Ver nota periodística)

Tito Vasconcelos en el Zócalo Capitalino / foto: Paco Calderón

El fenómeno Internet ha contribuido también a la reconformación de las relaciones sociales al interior del colectivo gay en México, integrando comunidades virtuales cuyos intereses se desentienden en su mayoría de territorialidades definidas, de filiaciones políticas o de congregaciones ideologías, dando en su lugar paso a la satisfacción cómoda de intereses más inmediatos o individuales (compra y venta de servicios, o la búsqueda de relaciones amistosas, sexuales o de pareja).

Por otra  parte, los medios masivos de comunicación y su creciente influencia a lo largo de las décadas de los ochenta y noventa, no ha permanecido ajeno a los avances del movimiento gay en todo el planeta. Como resultado de ello, durante estos años, una considerable cantidad de artistas (actores, cantantes, músicos, pintores, etc.) de fama nacional e internacional, han "salido del closet" públicamente y puesto a la vista de millones de personas sus estilos de vida como homosexuales. En muchos casos, también, actores heterosexuales de enorme fama han interpretado personajes gays que buscan dignificar a este sector de la población; pero, desafortunadamente, ha habido quienes representan parodias de homosexuales que caen en la ridiculización. Pero, a final de cuentas, el amor homosexual, la discriminación social y familiar, el problema del VIH/SIDA  y una serie de temas más vinculados con las personas gays, han sido abordados desde diferentes perspectivas en la televisión, el cine, el teatro y otras expresiones artísticas y mediáticas.

Ellen Degeneres / foto archivo Sergio Mayer / foto archivo Christian Chávez / foto archivo

.En verdad que será interesante observar cuáles serán las consignas y demandas de las agrupaciones civiles de los homosexuales durante la próxima Marcha del Orgullo Homosexual en la Ciudad de México, para poder así perfilar un diagnóstico de los logros alcanzados y del rumbo que está tomando en el presente el movimiento. Esta festividad, que reúne anualmente ya a decenas de miles de hombres y mujeres gays en las calles de la capital mexicana, es una oportunidad privilegiada para echar un vistazo de conjunto a un colectivo social que ha sido -desde los años setenta del siglo pasado- portador de consignas progresistas, revolucionarias y visionarias, y que han abonado al avance e instauración de nuevas formas de convivencia  en diferentes sentidos. El Verano del año 2008 será, sin lugar a dudas, revelador para las muchas voces y plumas que hablarán del aniversario número 30 del inicio público del movimiento de liberación homosexual en México.

 

 

Texto y fotografía: Paco Calderón

Fotografías adicionales: Archivo Gay México

Fuentes: