Desde
la segunda mitad del siglo pasado y en los comienzos del actual, la mayor parte de las sociedades
humanas en el planeta -tanto en Occidente como en Oriente, en el
Norte y en el Sur- han depositado en los medios de comunicación
masiva muchos de los principales valores de su convivencia y
de su cultura.
Creencias comunes, fobias y filias, convicciones compartidas o una visión de la vida
que le es propia a cada uno y al conjunto de los miembros de la
comunidad, forman parte indisolublemente del discurso que
cotidianamente configuran, debaten, tejen y emiten radiodifusoras,
televisoras, medios escritos y circuitos informales de
comunicación.
Esa suerte de
mosaico informativo, de tapiz cultural que cotidianamente
presenta los medios de comunicación a sus públicos, es hoy
la herramienta por excelencia a través de la cual se
socializan valores y hechos determinados, se construye una
interpretación coherente y funcional de la realidad, y se
emite un discurso integrador que -pretendidamente- propicia la
cohesión social en el plano local, en el nacional y en
el internacional. En los medios de comunicación masiva, en
su mensaje, se explica esa identidad y sentido de
pertenencia que, sin importar las desigualdades, comparten
entre sí los miembros de la comunidad. La experiencia
mexicana en medios de comunicación masiva es elocuente y
vasta en ejemplos de lo anterior; no sólo por su tradición y
posicionamiento global en la industria de las
comunicaciones, sino -sobre todo- por su comprobada
capacidad para influir en las grandes decisiones públicas
formando y conformando opinión.
Medios masivos y medios para públicos segmentados
Durante los
últimos 40 años -tanto en México como en otros países del
orbe-, los medios de comunicación masiva se han
venido ganando a pulso el calificativo de "el cuarto poder",
no sólo por su enorme influencia sobre las decisiones
públicas de los tres poderes del Estado republicano (el
legislativo, el ejecutivo y el judicial), sino -sobre
todo- por su comprobada capacidad para facilitar o
dificultar la gobernabilidad en las sociedades
contemporáneas, y para favorecer o desfavorecer la
acción colectiva requerida por los grupos gobernantes para un cambio o avance social.
Si bien tradicionalmente eran las asambleas ciudadanas,
parlamentarias, gremiales o corporativas las que daban
legitimidad a los actos del poder público (del gobierno),
hoy por hoy es un hecho que sin la venia y el apoyo
explícito de los medios de
comunicación no es posible ejercer un liderazgo sustentado,
sólido, funcional y con resultados amplios tanto para gobernados
como para
gobernantes.
Indiscutiblemente, los diversos sectores que componen a las
sociedades en todo el planeta se han dado cuenta de la
importancia de incorporar y posicionar sus mensajes en los
medios de comunicación masiva, no sólo para fortalecer una
postura política con la que se reivindiquen sus derechos de
grupo frente al resto de la sociedad, sino también -hay que
reconocerlo de algunos- para
abonar a la diversidad cultural de la nación, la región o la
localidad.
Desafortunadamente, en México y en
prácticamente todas las naciones del planeta, los medios de
comunicación masiva (tanto públicos como privados) no
cuentan con mecanismos que garanticen el efectivo acceso de todos los
grupos sociales a los procesos de construcción y emisión del
discurso mediático (ni creo que estén interesados en
hacerlo). Peor aún, en la abrumadora mayoría de
los medios de comunicación masiva, impresos y electrónicos,
la línea editorial y las decisiones importantes son
determinadas por sus propietarios y directivos, que
responden más a una lógica empresarial y de mercado que a
criterios socialmente solidarios -o "responsables"- donde se
privilegie la identidad cultural, la lucha contra la
pobreza, el cuidado del medio ambiente o el impulso del
mercado interno.
En el plano
nacional y local, esta misma
fórmula mediática se repite -en otras proporciones e
intensidades- al interior de los grupos, comunidades y
sectores que conforman a la sociedad. Y esto es así porque se reconoce
que quien logra posicionar mejor y más efectivamente entre
los miembros del colectivo sus ideas, convicciones y razones
-y, en general- su discurso, será quien obtenga más apoyo en
el logro de sus objetivos (ya sean políticos, culturales,
empresariales o de cualquier índole) e influirá
decididamente en el rumbo de las cosas. Así pues, durante las
últimas tres décadas hemos presenciado cómo muchos de los
órganos de divulgación interna de algunos gremios, o bien la
propaganda dirigida a los consumidores de segmentos
específicos del mercado, se han transformado y adoptado formatos más parecidos a los de
publicaciones periodísticas y noticiosas hechas para el
público masivo. Hecho éste en el que, sin duda, han tenido
también una enorme influencia las comunicaciones
electrónicas, cuyo vertiginoso desarrollo hemos presenciado
a lo largo de los últimos 30 o 40 años y, particularmente,
con la irrupción de la Internet.
En términos de la
efectividad que tiene el mensaje sobre sus destinatarios,
esta fórmula de comunicación empleada por los medios masivos ha
resultado muy provechosa para quienes buscan posicionarse en
circuitos de consumidores, interlocutores y auditorios bien definidos En la
Ciudad de México, por ejemplo, existe una gran cantidad de
publicaciones periódicas dirigidas a grupos sociales
definidos (como los discapacitados, los gays o las
lesbianas) o a polígonos
zonales de población (habitantes de ciertas colonias o
barrios), con las que se busca fortalecer la identidad
grupal o la actividad económica, cultural y política de
poblaciones bien
definidas.
En este sentido,
hablar de medios de comunicación en el presente nos remite
a, cuando menos, dos contextos o planos de análisis
diferenciados (pero no excluyentes): el del discurso que
construyen y sustentan las grandes empresas de la
comunicación masiva a través de estaciones televisivas,
radiofónicas, periódicos, revistas y otros medios
publicitarios (incluida la Internet); y, por otro lado, el
contexto en el que se despliegan y desarrollan incontables
mecanismos de comunicación social construidos y sostenidos
por colectivos y organizaciones sociales, grupos de
población o de consumidores con intereses particulares.
Lo gay
visto desde los medios de comunicación masiva
A lo largo de la
historia, el tema de la homosexualidad -masculina y
femenina- ha tenido que recorrer un largo trayecto para
vencer los incontables obstáculos que le han impedido
desprenderse de la discriminación y del oscurantismo,
inquisidor y maniqueo, al que le confinó la tradición y la
moral judeocristiana durante tantos siglos. Es apenas
durante las tres décadas pasadas cuando la discusión de la
sexualidad humana -en general- toma un cauce abierto,
relativamente inclusivo y público, a través de los medios de
comunicación masiva. Desde luego que la literatura, la
poesía y otras expresiones artísticas, han abordado
históricamente esta faceta de la naturaleza humana; sin
embargo, sus alcances se limitan a ciertas elites comparados
con los alcances de los medios masivos de comunicación.

Ciertamente aún
con actitudes mojigatas y conservadoras, pero otras veces
asertivas y llenas de agudeza, el tema "gay" ha venido
ganando espacios, poco a poco, en el discurso social a
través de su presentación en las noticias, artículos de análisis, columnas y
editoriales periodísticas, así como en programas
informativos o de debate en medios radiofónicos y
televisivos. En general, el saldo que reporta la abierta
socialización de los estilos de vida de cientos de miles de
hombres y mujeres gays en todas partes del mundo, es muy
positivo y ha traído beneficios tangibles para los miembros
del colectivo (antes sumidos en la clandestinidad). Un
ejemplo de ello es el reconocimiento jurídico de las parejas
del mismo sexo, tanto en países europeos como americanos.
Sin embargo, hablar abiertamente de nuevos tipos de
familias, de amor, erotismo o prácticas específicas entre
homosexuales (como el sexo anal), sigue causando rubor y
risitas burlonas que delatan un trasfondo machista y homofóbico.
En México, los
medios impresos, o sea, la prensa escrita y ciertas revistas
de amplia circulación nacional, abordan cotidianamente el
tema de la homosexualidad desde diversas perspectivas y
temas, oscilando desde la perspectiva histórica y/o
científica, hasta los planteamientos banales o abiertamente
discriminatorios. Durante los últimos años, diarios como Reforma, La
Jornada, La Crónica de Hoy, Milenio y Excelsior,
casi a diario tocan temas relacionados con el tema gay y,
hay que decirlo, lo hacen casi generalmente con la
neutralidad y la seriedad que demanda el tema;
otros periódicos, como El Universal, El Centro, El
Financiero y otros, lo hacen también, aunque de manera
más esporádica y conservadora. Pero -hay que decirlo-, en un
país en el que la lectura no es un hábito arraigado o
habitual, se sabe que los medios impresos sólo son
consultados por menos del 12% de la población.
En el caso de los medios electrónicos,
en las últimas dos décadas la
radio ha sido mucho más abierta al tema de la homosexualidad
-desde luego-, de lo que ha sido la televisión abierta. A lo
largo del cuadrante y por las frecuencias de AM y FM, es
posible escuchar hoy una cantidad considerable de programas en
los que se aborda lo gay también desde enfoques muy variados, unos
sorprendentemente triviales y otros con gran seriedad.
Mención aparte merece el Canal Once de
televisión abierta, del Instituto Politécnico Nacional, que presentó en
2006 y 2007 la serie inglesa Queer as Folk y, que
permanentemente incluye en su programación una extensa
cartelera de películas y cortometrajes nacionales e
internacionales que abordan el tema de la homosexualidad
masculina y femenina.
La televisión
abierta privada, por su parte,
pocas veces profundiza en el tema gay y, cuando lo hace, es
en la mayoría de los casos para repetir el trillado
estereotipo del hombre homosexual afeminado, diseñador de
modas, estilista o enfermo de Sida, o el de la lesbiana
masculinizada y misándrica que envidia el pene del hombre.
Y, en el mejor de los casos, el género del reportaje de
fondo que presentan algunos noticiarios en sus horarios
estelares, siempre se queda muy en la superficie del asunto
gay, quizás buscando no lastimar a los postulados morales de
corte conservador que cobija a clase empresarial mexicana
presentando a los homosexuales como seres humanos cabales. En el caso
de la televisión por cable, por su parte, ha habido una
mayor apertura para presentar temas gays como algo más
apegado a la normalidad social. Desde la transmisión de la
serie Queer as Folk en su versión norteamericana,
hasta la revista de comedia cómica de Horacio Villalobos, Desde Gayola, la televisión por cable ha abierto la
posibilidad real de presentar un rostro diferente de
los homosexuales.
En conclusión,
para muchos medios de comunicación masiva el estar abiertos
a hablar sobre el asunto gay, les da un rostro que les
presenta como liberales, progresistas, incluyentes y hasta
democráticos. Sin embargo, aún dejan mucho qué desear
los enfoques (y el tono) con los que están abordando el tema y, desde
luego, el verdadero fondo y los alcances de sus
conclusiones.
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Medios de comunicación gays en México
Los
primeros medios de comunicación fundados por gays y
dirigidos para gays (y que circularon discretamente
en México gracias a los sistemas postales de la
época), fueron algunas revistas y guías
norteamericanas (como la prestigiosa Blue Boy).
Además de contener información de interés y utilidad
para los hombres homosexuales, también
presentaban el sello gráfico común y tan socorrido
en las estrategias publicitarias -o de ventas- de
los negocios vinculados al sexo: fotografías,
dibujos e imágenes eróticas en general. La
publicación que no estuviese aderezada con guapos
chicos con esculturales cuerpos, desde luego que era
la última en despertar el interés de sus potenciales
compradores. Para los inicios de la década de los
ochenta, esta fórmula de comunicación sería
repetida de manera muy exitosa al interior del
colectivo gay mexicano. |
Durante esa
década presenciamos algunos intentos fallidos en
términos mercantiles (como la revista Del Otro Lado,
cuya buena calidad se extrañó), pero también otros que se
convirtieron en verdaderas leyendas (Macho Tips y
Hermes) o que permanecieron en el tiempo y gusto de los
consumidores por su robustez como empresa (Boys & Toys).
Muchos de los medios de comunicación al interior del
colectivo gay surgieron de manera paralela o como
consecuencia al movimiento de liberación homosexual,
básicamente para satisfacer la necesidad primaria que tiene
todo grupo social de hacer fluir la comunicación entre sus
miembros o integrantes.
En una primera
etapa, las revistas gays estaban elaboradas bajo el formato
tradicional (que aún persiste), en donde el editor ofrece a
su público -que no exclusivamente lectores- un producto
atractivo, útil y satisfactorio; pero donde el consumidor no
tiene mayor opción que la de elegir si llevarse a casa o no
la publicación. Los principales problemas que
enfrentaron las nacientes revistas gays en México, además de
los financieros, fueron los que traía aparejado el complejo
proceso de negociaciones, permisos y vistos buenos por parte
de las autoridades gubernamentales (la Secretaría de
Gobernación). Los criterios editoriales y los
contenidos de estas publicaciones, respondían más a la
necesidad de lograr la aprobación de las autoridades para
circular libremente, que a los requerimientos informativos
de sus consumidores o del colectivo gay. Aunque, en verdad,
muchos al interior de la sociedad mexicana pensaban entonces
que Gobernación resultaba ser bastante permisiva respecto de
algunas imágenes o ideas publicadas. Para quienes les
comparaban con las publicaciones norteamericanas o europeas,
las diferencias resultaban abismales y colocaban a las
revistas gays mexicanas en un retraso evidente de contenidos
que, a veces, hasta parecía ingenuidad intelectual.
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Las
escasas revistas gays que se produjeron en México
-fundamentalmente durante los años ochenta-
circularon a través de estrechos canales de
distribución, cuyo punto de venta era generalmente
en los bares o discotecas donde se les abrían las
puertas. Para el consumidor, adquirir una revista
gay mexicana era casi como llevarse a casa un
artículo caro, de tipo pornográfico e incluso como
subversivo (por la indefinición jurídica de su
legalidad). La única publicación que logró abrirse
paso y permanecer a la venta en los puestos
callejeros de revistas, fue
Boys & Toys, de
Arturo Coste y Azul Editores. Durante muchos años,
esta revista (con formato a colores y con papel de
buena calidad) publicó fotografías de modelos y
artículos editoriales comprados a empresas
norteamericanas; y no fue sino hasta finales de los
años noventa y, de manera más consistente, durante
la presente década, cuando Boys & Toys buscó
tener una imagen propia y más identificada con el
mercado gay nacional. |
En cuanto a las
publicaciones lésbicas de la época, hay que apuntar que la
historia es otra y que documentarle no es tarea fácil.
Muchas publicaciones lésbicas, de calidad intelectual y
editorial estupenda, fueron producidas en tirajes muy
modestos y artesanales, distribuidas en canales aún más
informales (que no estrechos) que los de las revistas
masculinas. A un nivel más masivo, la revista Fem fue
quizás la más conocida e identificada con el feminismo
militante en el país, y donde muchas de las activistas
lesbianas encontraron un espacio para difundir sus ideas. Es
de destacar la incursión en la radio del actor Tito
Vasconcelos con el programa Ton's ké?, después
bautizado como Media Noche en Babilonia, y el cual
gozó siempre de una cabal libertad de expresión (o al menos
eso parecería) en la radio pública. Actualmente, y a través
de la señal de la XEW, el programa radiofónico
Triple G -conducido por Eduardo Iniestra
(productor) y Rodrigo Márquez- aborda diferentes temas de
interés para el público gay.
En una segunda
etapa, y a lo largo de la
década de los noventa, los clientes de bares y discotecas
gays de ciudades mexicanas como el Distrito Federal,
Guadalajara y Monterrey, comenzaron a ver circular en sus
centros de reunión guías locales que adoptaron la
fórmula de distribución gratuita patrocinada por los
anunciantes. Quizás la primera guía de este género fue
Ser Gay, en 1995,; que se imprimía en blanco y negro
sobre un pliego de papel periódico doblado (que después
evolucionaría en un folleto engrapado) que, además de
publicidad pagada por negocios gays, contenía las
direcciones de los principales antros del Distrito Federal y
Cuernavaca, una breve sección de sociales, una que promovía
negocios de prostitución de su propiedad (Sexy-Clean,
Machos Masajistas, etc.), otra de arte y una más de servicios, así como
la columna editorial "foro" y una más de crítica -"Puntos
Blancos y Negros"- en la que se lisonjeaba o se ridiculizaba
a algún empresario, líder político o personaje destacado del
mundo gay de la ciudad. En su momento, Ser Gay fue la
publicación que vino a llenar ese vacío (o nicho de
oportunidad) en los medios de comunicación del "mercado
rosa" mexicano.
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Ser Gay
circula hasta la fecha y a pesar de las incontables
enemistades que su propietario, Julio Román Ayala, se ha
ganado a pulso y como consecuencia de su conducta desleal,
tramposa, fraudulenta y corrupta (lo que está plenamente
documentado por las autoridades judiciales) en perjuicio de
un sin fin de personajes del mundo gay capitalino. Así, por
ejemplo, durante más de media década el editor de este
folleto ha estado confrontado con el actor, activista de los
derechos gays y -más recientemente- empresario, Tito
Vasconcelos. Se sabe que a partir de una riña personal entre
Román Ayala y Vasconcelos, el segundo decidió retirar
definitivamente de las páginas de Ser Gay la publicación de anuncios publicitarios
de sus negocios; esto, sin duda, afectó
gravemente las finanzas del folleto. La respuesta de Julio Román fue el
inicio de una sucia campaña de desprestigio público y de
acusaciones falsas de pederastia, violaciones sexuales y tráfico de
drogas en contra de Tito Vasconcelos, sus socios y sus
negocios. Ninguna de esas acusaciones han sido comprobadas
por las autoridades judiciales en ninguno de los operativos,
investigaciones
y cateos realizados en los negocios y domicilio
particular de Vasconcelos y de su socio, David
Rangel; pero Román Ayala, con la complicidad de
funcionarios gubernamentales del PRD, continúa impunemente
no sólo con su deshonesta campaña de mentiras y desprestigio,
sino defraudando a quienes ingenuamente aún le brindan apoyo.
También durante los noventa, aparecieron otras publicaciones
con el mismo esquema (distribución gratuita
patrocinada por anunciantes), ahora con formato de
revista pero con contenidos muy similares entre
sí: guía local de lugares, secciones de
sociales, eventos, editoriales y anuncios
publicitarios. En la ciudad de Monterrey la guía
más conocida fue Guía Gay, después
Hola Gay y hoy
Rola Gay -1997-, que también en su
versión electrónica subsiste hasta la fecha como
una de las empresas de comunicación más
consolidadas del colectivo gay del norte del
país. En el
Occidente, en el estado de Jalisco, también surgieron diversas
publicaciones dirigidas al público gay que
asiste a lugares de reunión; y esto no sólo en la ciudad de
Guadalajara, sino también en Puerto Vallarta,
que hoy está consolidado ya como uno de los
destinos turísticos de playa para el mercado gay
nacional e internacional. No hay duda de que los
esfuerzos de comunicación al interior de la
comunidad jalisciense, han contribuido para
fortalecerle y poder enfrentar honrosamente los embates
del actual gobierno ultra conservador del
Partido Acción Nacional (PAN), tan
estrechamente apegado a la iglesia católica.
Dentro de esta misma fórmula de comunicación
impresa, han surgido en muchas localidades del país
guías gays con formatos y mecanismos de
distribución parecidos. En la Ciudad de México,
destacan La Otra Guía y, más
recientemente, Homópolis. Nacida
como un proyecto de comunicación con formato de
revista de contenidos, Homópolis comenzó
manejando un formato en tamaño carta y
evolucionó al volumen de bolsillo. A pesar de
sus problemas financieros por los costos del
papel y la impresión a color, continúa
circulando en los mejores establecimientos gays
de la ciudad y cada vez gana más apoyo entre los
empresarios. Quizás lo mejor que le pudo pasar a
Homópolis es que su principal
competencia, Ser Gay, esté dirigida por
un personaje tan siniestro y despreciado por
tantos dentro del colectivo gay.
En
los meses recientes, se ha escuchado hablar de
la revista
OhM, sobre todo por la
publicidad que logró al entrevistar al cantante
juvenil recientemente salido del closet
Christian Chávez. Se trata de una publicación
que incursiona en el género de la revista de
consejos para la superación personal,
reportajes, modas, salud, sexualidad y otros
temas de interés para los jóvenes gays y para
los no tanto. A diferencia de Boys & Toys,
OhM es una revista dirigida tanto a
hombres como mujeres gays y se aleja de la
fórmula tradicional de incluir gráficos
explícitamente sexuales para lograr la venta. El
mercado gay de las publicaciones impresas está
experimentando una interesante evolución que,
sin duda, abre múltiples áreas de oportunidad
para quienes busquen incursionar en él.
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La
segunda mitad de los años noventa y la primera de la
actual década, ha sido testigo de un vertiginoso
desarrollo de las comunicaciones electrónicas al
interior del colectivo gay. Lo nacional y lo
internacional se ha fusionado en comunidades
virtuales donde se intercambia información de todo
tipo (personal, empresarial, noticiosa, editorial,
sobre prevención y tratamiento del VIH/Sida,
etc.) y los públicos se agrupan ahora en torno a
intereses bien definidos y segmentados. En este
sentido, algunas de las publicaciones impresas
fueron las primeras en incursionar en la Internet y
difundir electrónicamente sus contenidos, pero
-también- desarrollando mecanismos de comunicación
virtual para sus lectores. En un principio, se
abrieron canales de IRC (Internet Relay Chat) y
chats, listas de correo, secciones de avisos
clasificados y otras herramientas, que permitieron
la comunicación entre los miembros de comunidades
virtuales. Ese fue el caso de
#Gay México (asentado en el Distrito
Federal) o de
Aquí Estamos (con base en Guadalajara).
Poco
tiempo después, en el año de 1998,
Gay México, La Revista Virtual, comienza
operaciones como suplemento de una guía virtual,
incluyendo entre sus opciones secciones editoriales,
noticias, guía de lugares a nivel nacional,
artículos sobre salud, galerías
fotográficas, chat, listas de correo y anuncios
clasificados; y, a partir de enero del año 2001,
se lanza como un proyecto unitario que se ha logrado
posicionar exitosamente en la red mundial. Otros esfuerzos de comunicación virtual comenzaron a
aparecer, como
Olé México Gay,
Gay Guadalajara y -desde luego-
Gay.com,
entre muchísimos otros esfuerzos lanzados por
hombres y mujeres gays emprendedores, comprometidos
con la difusión y divulgación de la cultura gay.
En años
recientes vimos surgir agencias informativas cuyo
trabajo noticioso, incluso, es utilizado por diarios
y revistas nacionales. La construcción de sus
mensajes y contenidos es especializado, con un
enfoque analítico y generalmente imparcial de la
realidad gay mexicana y del mundo. Destaca la
Agencia de Noticias sobre Diversidad Sexual (Anodis)
-nacida en el año 2002-, que además de
contar con espléndidas plumas editoriales e
información gráfica, ha logrado conformar un archivo
muy sólido para documentar detalladamente la
historia del movimiento gay en México. En el mismo
tenor, la revista virtual
Enkidu ha venido destacando como un
banco de información imprescindible para conocer el
rostro y el acontecer cotidiano de la comunidad gay
mexicana. Con un carácter más abierto al resto
de la población, la
Agencia de NotieSe ha tenido un trabajo
destacadísimo en la investigación y divulgación de
temas de sexualidad, salud y VIH/Sida.
El
desarrollo de las comunicaciones electrónicas con
plataforma en la Internet, ha permitido también el
lanzamiento de canales de radio y televisión
dirigidos a la comunidad gay. Destacan
GTV, presentado con bombo y
platillo a través de los medios masivos de
comunicación como el primer canal de televisión gay
en México. Así mismo,
E Radio y
Radar 41 son canales de radio a través
de la Web que se han venido posicionando en el gusto
de muchos cibernautas gays de habla hispana, y que
transmiten todo tipo de programación musical,
noticiosa y de contenidos diversos. Sin lugar a
dudas, la primer década del milenio será fascinante
y estará caracterizada por el surgimiento y
consolidación (y también la desaparición) de medios
de comunicación electrónica de gays para gays.
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Los gays vistos desde los medios gays
Afortunadamente, la imagen que los gays hemos
construido de nosotros mismos a través de nuestros
medios de comunicación colectiva a lo largo de la
historia, ha sido positiva, progresista y
dignificante. Existe, en general, una percepción de
que somos una comunidad unida, actuante e
inconforme, preocupada por causas verdaderamente
vinculadas con la conquista de la democracia ("sin
libertad sexual, no hay libertad política"). La
calidad de la información que manejan los medios de
comunicación del colectivo gay está más cercana al
balance positivo, que a la visión maniquea,
reduccionista y tendenciosa que presentan sólo algunos
medios bien identificados y que -por cierto- no son manejados por
profesionales de la comunicación. |
Mediante
la construcción de mensajes, de imágenes y formas de
comunicación alternativa al interior del colectivo
gay, hemos incidido también en la transformación del
estereotipo tradicional que persiste del varón
homosexual (de un sujeto extremadamente refinado y
afeminado, al que vemos representado en películas,
obras de teatro y dramatizaciones de los siglos XIX
y XX, pero también en los mensajes que muestran
sobre el presente los medios masivos), para perfilar
ahora una nueva imagen -quizás igual de
transgresora y defensiva- de hombres homosexuales
rudos,
deportistas, prósperos, responsables de nuestra
sexualidad, estupendos consumidores y
trabajadores productivos, que brindan además muchos
beneficios materiales y culturales a la sociedad (lo que, en una valoración general, es
cierto para una enorme proporción de hombres y
mujeres gays). Hemos transferido y colocado
una imagen ideal de nosotros mismos al inconsciente
colectivo, lo que podría resultar ciertamente
subversivo (...).
El
vigoroso desarrollo que están teniendo las
comunicaciones virtuales a través de la Internet
plantea insospechados escenarios, herramientas y
posibilidades, para diversificar el intercambio de
información y experiencias entre los miembros del
colectivo gay. Esto, desde luego, estará sujeto a
los avances en el desarrollo tecnológico de la Web y
a la incorporación de nuevos recursos informáticos
que resulten adecuados para las capacidades de
transferencia en el ancho de banda disponible (como
de hecho ya está sucediendo desde hace varios años
en términos de audio y vídeo). Como en todo, el
mejor recurso será el de la creatividad y la
voluntad de hacer bien las cosas, en todos y cada
uno de los aspectos que involucra la grave
responsabilidad y el compromiso de hacer
comunicación colectiva.

Sea como
vaya a ser el tipo de nuevas herramientas que
nos vaya brindando la Internet, lo que seguramente habrá de
permanecer en el tiempo es ese lenguaje adornado
de erotismo que ha caracterizado a los medios gays
gráficos (y que tan eficientemente comunica). Subsistirá
indudablemente esa imagen ideal del gay aceptado y
asimilado por el resto de la sociedad, y también
estará presente por mucho tiempo la inconformidad
por las incontables formas de rechazo y
discriminación que practican las sociedades
contemporáneas. En cualquier caso, será deseable que
el discurso que construyan los medios de
comunicación del colectivo gay en nuestro país, no
se conviertan en trincheras facciosas y
efectivamente propicien la difusión de valores
-entre otros- como la unidad, la equidad, la
legalidad y la solidaridad.
Durante
el festejo por los
30 años del movimiento de liberación gay en México,
se pudo ver la diversidad social con la que está
conformada la comunidad gay, pero -sobre todo-
destacó la capacidad organizativa, la fuerza y la
rica variedad de mensajes que postulan los
diferentes grupos participantes. Sin duda, esa
vitalidad colectiva irá buscando desfogarse a través
de canales y mecanismos de comunicación mediante los
que puedan transmitir y hacer públicas sus ideas,
códigos, necesidades y demandas específicas. Será
fascinante ver la riqueza de propuestas
comunicativas, perspectivas y reflexiones sobre el
hecho de ser homosexual, además de la apertura a una
diversidad cultural más rica. Si los medios
tradicionales de comunicación (impresa y
electrónica) no visualizan e incorporan al mayor
número de grupos de hombres y mujeres, homosexuales
y no (potenciales emisores y receptores de
mensajes), necesariamente caducarán y desaparecerán
del firmamento mediático.
Ojalá que
los esfuerzos por integrar a la comunidad gay, de
transformarle en una unidad con capacidad de
actuación colectiva para propiciar su propio
desarrollo y prosperidad, sean los que persistan y
se reiteren a través de sus medios de comunicación.
Fue muy triste para quienes hacemos
Gay México, La Revista Virtual,
presenciar durante el acto de cierre del
festejo por los
30 años del movimiento de liberación gay en México,
que un grupo de jóvenes, arengados por el
propietario de una publicación gay, profirieran
insultos, llenos de intolerancia y odio, en contra
del actor Tito Vasconcelos. No será un hombre
encantador o especialmente amistoso (de eso no
tenemos dudas), pero los resultados concretos de sus
acciones públicas y la trayectoria de Vasconcelos en
la lucha de liberación homosexual -gústele o
disgústele a quien sea-, han reportado mayores
beneficios para los miembros del colectivo gay. Por
el contrario, quienes han sembrado y alimentado la
división y el odio, seguramente se sienten agobiados
por la enanes y la pequeñez de sus capacidades y
alcances, porque esa será la causa misma de su
extinción. ▄
