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Vejez funcional.-
Para nadie es
un secreto que hombres y mujeres, sean heterosexuales u
homosexuales, al alcanzar los 50 y más años de edad, a
pesar de encontrarse aún en la etapa productiva de sus
vidas, se incorporan a un segmento poblacional para el
que ya no resulta tan fácil interactuar plenamente con
el resto de la sociedad. Las opciones profesionales y
laborales se reducen; las necesidades de salud y, desde
luego, las económicas, se transforman drásticamente. Por
su parte, la vida sexual de los también llamados adultos
mayores reduce considerablemente y la dinámica emocional
y familiar encaja ahora en otros esquemas, en roles que
generalmente les son establecidos por lo que el mercado
dicta.
Cuando se
llega a la quinta y, sobre todo, a la sexta década de
vida, las personas maduras por lo general concluyen su papel de padres
de familia o de proveedores principales de bienestar
para el grupo; ahora son personas que -se supone-
cuentan con cierta seguridad material y emocional, que
les garantizará un futuro relativamente exento de
preocupaciones y/o complicaciones (desde luego, no es
así en todos los casos). También, la vida
social y las actividades recreativas declinan en su
cantidad y frecuencia y, desafortunadamente, lo mismo
sucede con el grupo social y la red de intereses que
antes resultaba vital para el individuo. Desde luego que
esto no es una regla general o una verdad absoluta para
todos los quincuagenarios o sexagenarios, pero sí es una
tendencia que favorece decididamente un mercado que
exalta y aprovisiona estilos de vida juveniles y
vigorosos.
A esas
alturas de la vida, la sensible mayoría de personas
heterosexuales maduras -casi por regla general-, sean
casadas o solteras, han formado ya una familia y/o han
tenido hijos. Muchos incluso ya tienen nietos
adolescentes o que están en la primer etapa de su
adultez. Y, desde luego, dependiendo del nivel económico
al que pertenezcan, quienes han llegado a esta etapa de
la vida se retiran del ejercicio laboral y adoptan
actividades de distinto tipo, en intensidades y escalas
mucho más relajadas. Si bien los adultos mayores y las
personas ancianas (o de la tercera edad) siguen
desempeñando papeles relevantes en su familia o en su
comunidad, lo cierto es que poco a poco se van quedando
marginados e incluso discriminados de muchas
actividades.
Cuando la
persona se transforma en un "viejo" al que ya no se le
pueden asignar responsabilidades al interior del grupo
familiar (como el cuidar de los nietos o de los bienes
materiales), sino por el contrario se vuelve una carga
que demanda atenciones geriátricas de manera permanente,
su bienestar estará entonces directamente determinado
por el grado de compromiso y de afecto que la familia
tenga por ella. Los lazos de la sangre son, en muchos
casos, la forma más segura de llegar a la vejez bien
arropado y con la garantía de una buena calidad de vida.

Vejez y homosexualidad.-
Hablar de la
vejez en personas con estilos de vida homosexuales (es
decir, fuera del closet) nos pinta un cuadro
diametralmente distinto al de los hombres y mujeres de
los circuitos heterosexuales. En primer término,
incontables factores culturales del ghetto gay hacen que
una persona sea considerada "vieja" a muy temprana edad
(entre los 45 y 50 años de edad) y, en consecuencia,
hablamos de individuos que no sólo son discriminados
socialmente por su preferencia sexual distinta a la de
la mayoría, sino también por los miembros de su propio
grupo y en
los lugares de reunión para gays (bares y discotecas donde el culto por la
belleza juvenil y, desde luego, el sexo casual son la
principal motivación). En segundo lugar, la inexistencia
de lazos directos de familiaridad sanguínea les coloca
en una posición más vulnerable ante la eventual pérdida
de capacidades (físicas, motoras, mentales, laborales,
etc.) y por la dependencia real hacia otras personas.
Si bien
existen estudios sociológicos que aseguran que dada la
reciente apertura y configuración de los estilos de vida
gay (apenas iniciadas durante las décadas de los setenta
y los ochenta), no es posible todavía formular
características generales que tipifiquen a los hombres y
mujeres homosexuales de la tercera edad, por otra parte
sí existen historias individuales y experiencias de vida
de gays de la tercera edad que, a pesar de la descarnada
discriminación de la que han sido objeto, orbitan u
orbitaron visiblemente alrededor de la vida y de los
lugares gays de su ciudad. En la experiencia que todas
estas personas compartieron conmigo, directa o
indirectamente, profunda o superficialmente, hay
elementos que se repiten y otros que les son comunes. No
hace falta que la generación de Stonewall (New York), de
Castro Street (San Francisco) o de la Zona Rosa (Ciudad
de México) llegue -como lo está haciendo ya- a la
tercera edad, para perfilar o describir lo que significa
ser un homosexual en su vejez.
-Disolución de los lazos familiares.- De no suceder
en el momento mismo en que le confiesan su
homosexualidad a los miembros de su familia, tarde o
temprano los vínculos del individuo gay con los integrantes heterosexuales
del grupo se irán desdibujando, debilitando y finalmente
desapareciendo. Esto es lógico por la marcada diferencia
de intereses entre gays y heterosexuales. En verdad, son
excepcionales las familias tradicionales que durante
toda su vida acogen con respeto, amor y consideración a
sus hijos o hermanos gays. El desenlace más común para
un hombre gay, es la separación y el abandono por
parte de la familia.
-
Prostitución y lazos de conveniencia.- Al dejar de
ajustarse a los cánones estéticos dominantes que
privilegian la sensualidad de los cuerpos jóvenes,
atléticos y frescos, los sujetos gays de cincuenta o más
años encuentran sumamente difícil continuar con una vida
sexual activa e intensa. Si no se tiene la fortuna de
contar con una pareja o con amigos sexuales
gerontofílicos, acudir a la prostitución se vuelve un
hábito frecuente entre gays cuarentones, cincuentones,
sesentones o más (incluso muchos hombres homosexuales en
sus treintas deben ya contratar estos servicios, al
sentir que su físico dejó de ser atractivo para otros
gays). Esta realidad pone en enorme riesgo a este
segmento de la población, que son personas que
generalmente viven solas y están en estado de
indefensión ante los abusos de vividores y criminales,
sujetos que saben no serán denunciados ante las
autoridades por el temor de la víctima a que se sepa su
condición de homosexual. Desafortunadamente, hay
documentadas torturas salvajes y crueles asesinatos
donde, además del robo, la homofobia fue la causa
fundamental que motivó a los victimarios. La solvencia
económica que, a diferencia de los hombres
heterosexuales casados y con hijos, generalmente
alcanzan los gays adultos mayores, es un plato muy
apetecible para aquellos que gustan del dinero fácil. En
el caso de las mujeres homosexuales la historia es
radicalmente distinta, ya que los lazos de convivencia
entre mujeres -y sobre todo entre las adultas mayores-
apela más a sentimientos como el amor y la solidaridad.
- Doble
discriminación.- Por ser viejo y por ser homosexual.
Esto ha llevado a que en países como los Estados Unidos,
España, Gran Bretaña, Alemania, Argentina y Holanda, se
abran clínicas geriátricas y asilos específicamente para
ancianos gays. A pesar de que a las personas de la
tercera edad se les tiende a ver como sujetos ya
asexuados, se ha observado que existe un rechazo hacia
los homosexuales tanto por parte de los trabajadores de
la salud como de los demás ancianos recluidos en asilos.
Al interior del ghetto gay, existe una discriminación
despiadada en contra de los hombres mayores de 40 años
y, constantemente, se utiliza el calificativo de
"viejitos" o "viejitas" para insultar y desvalorizar a
otras personas. El ejemplo más claro, visible y lamentable de
esta práctica discriminatoria es el de un medio de
comunicación zonal en la Ciudad de México, la revista "SER
GAY el magazine nacional gay", en cuyas páginas su
-hoy supuestamente finado- director general estableció
como línea editorial lanzar ataques en contra de sus
incontables enemigos (muchos de ellos en edades entre
los cuarenta y cincuenta años), llamándoles "rucas", "viejitas" o
"ancianitas".
En otros medios electrónicos, especialmente los de
anuncios clasificados, redes sociales y chats gays de
ligue, igualmente es muy común encontrar leyendas discriminatorias
como: "absténganse viejitos", "no mayores de 35 años",
"no me gustan los rucos" y demás advertencias
"ruco-fóbicas". El rechazo a los adultos
mayores es una constante reflejada en un amplio número
de los medios de comunicación gay.

-Deficiente atención a la salud.- En un mundo lleno
de publicidad y de mensajes que han edificado una subcultura de la "eterna juventud", el tema
del cuidado de la salud en las personas mayores no
figura, no tiene cabida y, por ende, no existe. Peor aún, se considera que los
homosexuales viejos no tienen ya vida sexual y, por
tanto, no hay una cultura del cuidado de la salud sexual y mucho menos servicios
especializados para su atención integral. Hombres y
mujeres homosexuales no tienen mayor opción que recurrir
a la medicina geriátrica pública o privada, donde las
especificidades de sus estilos de vida y sexualidad
quedan generalmente diluidas o excluidas de su historial
clínico. A excepción de la república de Argentina, no
hay referencias de que en América Latina existan
iniciativas para legislar e instrumentar políticas
públicas en favor del cuidado y atención integral de las
personas homosexuales de la tercera edad.
La comunidad fragmentada.-
Una sociedad
que no cuida y valora a sus viejos -aunque la idea se escuche
como un cliché muy recurrido-, está condenada al fracaso
por la pérdida de la memoria y el rechazo a la valiosa
experiencia heredada de las generaciones pretéritas. Lo
mismo puede aplicarse a la vivencia de cualquier
agrupación humana que se autonombre "comunidad". Y,
desafortunadamente, en países como México ese rompimiento generacional
comienza a manifestarse ya con toda su crudeza en la
marcha de la
llamada comunidad gay; las nuevas generaciones de
jóvenes gays, sucesoras directas de los hombres y
las mujeres que protagonizaron los movimientos de
liberación homosexual en distintos lugares del mundo,
han hecho a un lado y volteado la cara a sus mayores y viejos y,
con ello, a
su importante legado. Es lo más natural en el relevo
generacional de las sociedades modernas: el rompimiento
con el pasado.
Sin embargo,
esto me parece de lo más delicado
y peligroso en días en los que los
fundamentalismos religiosos y morales han propiciado la
reproducción de una fauna de fanáticos que andan por
ahí, con la Biblia en una mano y con el revolver en la
otra, matando sin piedad a los pecadores en los
andenes del metro o secuestrando aeronaves. No quisiera
ver el día (como aún los hay muchos en distintos países
del orbe), en el que los asesinatos de gays en México
sean justificados y exonerados por considerar como
verdadera la tesis teológica de que la homosexualidad es
"antinatural" (cualquier cosa que este término
signifique).
Quizás el
ejemplo más triste que ilustra esta fragmentación
generacional de la comunidad gay en muchas ciudades del mundo, sea el
comportamiento que está teniendo la pandemia del
VIH/Sida en países como los Estados Unidos y México. Hoy
son los jóvenes menores de 20 años los más afectados por
el virus, quienes por la falta de información y por su
divorcio con las generaciones que fueron flageladas por
la pandemia en la década de los ochenta y noventa, han dejado de
practicar sexo seguro y hasta promueven el "bareback"
como una práctica vanguardista y revolucionaria. Tantos
muertos, tanto dolor y tantas lágrimas, tanta injusticia
y tanta lucha de varias generaciones que han sido
mermadas por la epidemia, para que finalmente todo lo
vivido sea ignorado y el despiadado paso de la muerte
siga ensanchando su camino.

Como sucede
en muchos ámbitos de nuestra vida cotidiana, el mercado también impone
reglas que dominan en la escena gay en todo el mundo. Los
centros de reunión, bares y discotecas, páginas Web de
ligue y chats, están dirigidos preferentemente a la
gente joven y a sus hábitos de consumo. La publicidad gay
en todas partes muestra preferentemente imágenes de
exquisitos muchachos esculpidos en el gimnasio y, desde
luego, estilos de vida donde la vejez no tiene ni por
error un papel destacado. Por su lado, la pornografía ha llevado a la
veneración sensual de chicos que no rebasan los 30 años de edad,
sin dar posibilidades de pensar en que es factible erotizar a
hombres o mujeres diferentes, alejados de esos cánones
calvinkleinezcos. Y es que, dice una mayoría
mediática, ¿quién se quiere
acostar con un hombre calvo y viejo? (como en estos días
lo dice insistentemente un comercial de tintes de pelo
para hombres, marca MaEvans); de no ser los prostitutos y
los vividores profesionales, ¿quién hace semejante
cochinada? (...)
En la mayoría
de los circuitos gays en las principales ciudades del
mundo, y a pesar de ser un segmento poblacional con un
altísimo poder adquisitivo, no existen opciones de
recreación comunitaria ni una atractiva oferta de bienes para la gente
gay mayor. Tampoco hay
-como sí lo hubo en alguna escala durante los años
setenta- vínculos de integración social entre grupos de jóvenes
y de viejos homosexuales, ni tampoco es común encontrar
opciones
de entretenimiento para hombres o mujeres gays que han
llegado a la madurez adulta y a la tercera edad. Ser gay y viejo, hoy por hoy,
no es una opción con posibilidades de integración grupal
o colectiva. A los viejos homosexuales se les
encuentra sólo en aburridas exposiciones en las galerías
de arte, en los saunas, en algunas fiestas aburridísimas o en otras
de plano muy
raras, pero jamás se espera ni se quiere verles en los
bares y discotecas de moda. Se ha suscitado tal
repugnancia hacia la gente mayor al interior de ciertos
circuitos del colectivo gay, que hasta parecería que los
hombres mayores son todos seres sucios, incontinentes y que huelen mal.
Metamorfosis de la pirámide poblacional mexicana.-
Debido a
múltiples razones de orden económico, social, cultural e
incluso como el resultado de las políticas públicas
poblacionales instrumentadas en décadas anteriores, la pirámide
poblacional en México está experimentando una peculiar
metamorfosis en su composición generacional. Si al iniciar la década
de los sesenta las personas de 45 años y más
representaban al 6.7% del total de la población
mexicana, durante el último censo poblacional -del año
2000- la cifra se elevó al 8.4%. De continuar
linealmente con esta
tendencia para el año 2010, diez de cada cien mexicanos
se situarán en ese rango de edades; aunque muy
posiblemente la cifra será mayor debido a intensos
cambios en los estilo de vida y a la cada vez más
acentuada reducción
de nuevos nacimientos. Los derechos y las obligaciones del segmento
"viejo" de la población adquirirán más visibilidad
e importancia, como consecuencia del aumento en la demanda de
servicios públicos y de todo tipo de satisfactores de
mercado a sus particulares necesidades.


Fuente: Dr. Carlos Miranda (http://www.slideshare.net/guest3bf8d2/pirmides-de-poblacin-mxico)
Si hiciéramos
una pirámide en la que consideráramos exclusivamente a
la población que ya inició su vida sexual, lógicamente
el valor del porcentaje del segmento de personas mayores de 45 años se
incrementaría sensiblemente. Suponiendo -como siempre me
ha parecido que lo es- que el colectivo gay es un
reflejo "a escala" de la composición general de la
sociedad mexicana (incluso en su dimensión poblacional),
son muchos retos los que se nos presentan en la
actualidad para construir y operar un modelo de atención
integral para los hombres y mujeres gays de edad mayor y
ancianos. Pero algo es claro: si no es el mismo
colectivo gay el que demanda la atención social a esta
necesidad particular, difícilmente la propuesta saldrá
de otro sector de la sociedad.
Diversidad poblacional en la diversidad sexual.-
Sin lugar a
dudas, en México y en el mundo el movimiento de
liberación homosexual ha sido una revolución del
pensamiento impulsada mayoritariamente por jóvenes.
Ellos, por su empuje y desprejuiciada acción, han dado
visibilidad al movimiento de liberación gay. Tanto las conocidas movilizaciones de los años setenta
en Stonewell y en Castro Street (por mencionar las más
representativas), como las primeras
marchas del orgullo homosexual en México -en 1978-, fueron
encabezadas primordialmente por jóvenes inconformes y
valientes. También fueron
jóvenes quienes -en los años ochenta y noventa-
experimentaron y propusieron una identidad propia para
el colectivo que, en años más recientes, ha comenzado a
cristalizarse en derechos civiles (como la Ley de
Sociedades de Convivencia, en el Distrito Federal). El
impulso de una juventud idealista ha sacado
a la homosexualidad de las sombras de la moralidad, para
traerle a la escena social, para darle visibilidad y
para reclamar el respeto y derecho a expresarse, a existir
con orgullo.
En el camino,
sin embargo, muy poco se ha pensado en la construcción
de derechos o en la creación de satisfactores públicos y
de mercado para los hombres y mujeres homosexuales en
edad adulta (mayores de 45 años y ancianos). Esa es una
realidad con la que, en diferentes momentos de su
historia reciente, se han tenido que enfrentar los
colectivos gays en diferentes partes del mundo. Al igual
que sucede con la población general, para los
homosexuales adultos mayores y de la tercera edad se
reduce significativamente el número de satisfactores
sociales y de mercado para cubrir sus necesidades. Para
muchos gays mayores de 45 años, es ya un hecho que no
existen suficientes opciones disponibles para socializar
con otros individuos afines y, desde luego, que un sin
fin de sus necesidades actuales no cuentan con
satisfactores plenos.
La diversidad
sexual se ha planteado como la existencia visible
socialmente de
lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y transgéneros
(LGBT, se bautiza pomposamente al movimiento, suponiendo
que esa clasificación es la sustancia de su diversidad), desconociendo
y no considerando que la diversidad implica o contiene a
otras complejidades que construyen al individuo (estilos
de vida, nivel socioeconómico, raza, edad, escolaridad,
etc.). Como en el resto de la sociedad, en
el colectivo de hombres y/o de mujeres homosexuales
-generalmente definido por compartir un circuito comercial de
bares, discotecas, restaurantes o tiendas- también hay
individuos de edades diferentes, jóvenes y viejos, de
niveles socio-económicos o etnias distintas; hay sujetos
físicamente sanos y otros con necesidades específicas de
salud o discapacidades, así como los que tienen un nivel de escolaridad o
de responsabilidad laboral distinta.
Para que el
colectivo gay continúe con el impulso que le han dado -y
le dan- sus generaciones de jóvenes, y para que sus
bases sean lo suficientemente sólidas en su permanente lucha por
erradicar prejuicios y prácticas discriminatorias, es
necesario que se reconozca a sí mismo como parte
actuante de una
diversidad más compleja, como integrante o elemento
inseparable de una sociedad en la que efectivamente
existe. Echando mano de sus potencialidades implícitas y
de la enorme pluralidad que contiene como grupo social, no sólo
abonara a la conquista de sus propios derechos sino,
sobre todo, a la ampliación de las libertades de todo el
cuerpo social.
Por todo lo
hasta aquí dicho, me parece que dejar a un lado
conceptos mercantilistas, prejuicios sociales y estilos de vida que margina a
los hombres y mujeres gays mayores y de la tercera edad
al interior del colectivo, resultará en el
fortalecimiento de la comunidad que, hoy por hoy, vive
desintegrada, confrontada y en
permanente riesgo de sufrir un retroceso y caer en un
nuevo
oscurantismo que a todas luces promueven ya las fuerzas políticas
conservadoras. En México, estamos viendo la
radicalización de las posiciones liberales y
conservadoras en el ámbito
legislativo y de gobierno. Mientras que en la capital
del país ha sido despenalizado el aborto y se han
legalizado las uniones de parejas del mismo sexo, por
otra parte, en los textos constitucionales de algunos
estados de la república se está criminalizando a las mujeres
que deciden interrumpir un embarazo y/o decidir sobre su
propio cuerpo. Lo que sigue será
criminalizar a quienes sostengan relaciones
homosexuales, no tengo dudas, esgrimiendo argumentos
teológicos y religiosos.
La
experiencia acumulada en nuestros hombres y mujeres gays
en edad madura, es un capital que desafortunadamente no
estamos sabiendo aprovechar y -literalmente- estamos
dejando morir. Las libertades que hoy en día gozan
hombres y mujeres gays, en México y en otras partes del
mundo occidental, son el resultado de la lucha y el
trabajo de generaciones que, durante las tres décadas
anteriores, lucharon y obtuvieron conquistas para el
colectivo gay. Esa exigencia de respeto y reconocimiento
social, la reivindicación de su derecho a ser -a ser
gays-, a existir y a vivir una ciudadanía plena, no
puede ni debe perder su memoria. ▄
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