Gays y tercera edad; texto de Francisco Calderón Córdova

 
   

Vejez funcional.-

Para nadie es un secreto que hombres y mujeres, sean heterosexuales u homosexuales, al alcanzar los 50 y más años de edad, a pesar de encontrarse aún en la etapa productiva de sus vidas, se incorporan a un segmento poblacional para el que ya no resulta tan fácil interactuar plenamente con el resto de la sociedad. Las opciones profesionales y  laborales se reducen; las necesidades de salud y, desde luego, las económicas, se transforman drásticamente. Por su parte, la vida sexual de los también llamados adultos mayores reduce considerablemente y la dinámica emocional y familiar encaja ahora en otros esquemas, en roles que generalmente les son establecidos por lo que el mercado dicta.

Cuando se llega a la quinta y, sobre todo, a la sexta década de vida, las personas maduras por lo general concluyen su papel de padres de familia o de proveedores principales de bienestar para el grupo; ahora son personas que -se supone- cuentan con cierta seguridad material y emocional, que les garantizará un futuro relativamente exento de preocupaciones y/o complicaciones (desde luego, no es así en todos los casos). También, la vida social y las actividades recreativas declinan en su cantidad y frecuencia y, desafortunadamente, lo mismo sucede con el grupo social y la red de intereses que antes resultaba vital para el individuo. Desde luego que esto no es una regla general o una verdad absoluta para todos los quincuagenarios o sexagenarios, pero sí es una tendencia que favorece decididamente un mercado que exalta y aprovisiona estilos de vida juveniles y vigorosos.

A esas alturas de la vida, la sensible mayoría de personas heterosexuales maduras -casi por regla general-, sean casadas o solteras, han formado ya una familia y/o han tenido hijos. Muchos incluso ya tienen nietos adolescentes o que están en la primer etapa de su adultez. Y, desde luego, dependiendo del nivel económico al que pertenezcan, quienes han llegado a esta etapa de la vida se retiran del ejercicio laboral y adoptan actividades de distinto tipo, en intensidades y escalas mucho más relajadas. Si bien los adultos mayores y las personas ancianas (o de la tercera edad) siguen desempeñando papeles relevantes en su familia o en su comunidad, lo cierto es que poco a poco se van quedando marginados e incluso discriminados de muchas actividades.

Cuando la persona se transforma en un "viejo" al que ya no se le pueden asignar responsabilidades al interior del grupo familiar (como el cuidar de los nietos o de los bienes materiales), sino por el contrario se vuelve una carga que demanda atenciones geriátricas de manera permanente, su bienestar estará entonces directamente determinado por el grado de compromiso y de afecto que la familia tenga por ella. Los lazos de la sangre son, en muchos casos, la forma más segura de llegar a la vejez bien arropado y con la garantía de una buena calidad de vida.

 

 

Vejez y homosexualidad.-    

Hablar de la vejez en personas con estilos de vida homosexuales (es decir, fuera del closet) nos pinta un cuadro diametralmente distinto al de los hombres y mujeres de los circuitos heterosexuales. En primer término, incontables factores culturales del ghetto gay hacen que una persona sea considerada "vieja" a muy temprana edad (entre los 45 y 50 años de edad) y, en consecuencia, hablamos de individuos que no sólo son discriminados socialmente por su preferencia sexual distinta a la de la mayoría, sino también por los miembros de su propio grupo y en los lugares de reunión para gays (bares y discotecas donde el culto por la belleza juvenil y, desde luego, el sexo casual son la principal motivación). En segundo lugar, la inexistencia de lazos directos de familiaridad sanguínea les coloca en una posición más vulnerable ante la eventual pérdida de capacidades (físicas, motoras, mentales, laborales, etc.) y por la dependencia real hacia otras personas.

Si bien existen estudios sociológicos que aseguran que dada la reciente apertura y configuración de los estilos de vida gay (apenas iniciadas durante las décadas de los setenta y los ochenta), no es posible todavía formular características generales que tipifiquen a los hombres y mujeres homosexuales de la tercera edad, por otra parte sí existen historias individuales y experiencias de vida de gays de la tercera edad que, a pesar de la descarnada discriminación de la que han sido objeto, orbitan u orbitaron visiblemente alrededor de la vida y de los lugares gays de su ciudad. En la experiencia que todas estas personas compartieron conmigo, directa o indirectamente, profunda o superficialmente, hay elementos que se repiten y otros que les son comunes. No hace falta que la generación de Stonewall (New York), de Castro Street (San Francisco) o de la Zona Rosa (Ciudad de México) llegue -como lo está haciendo ya- a la tercera edad, para perfilar o describir lo que significa ser un homosexual en su vejez.

-Disolución de los lazos familiares.- De no suceder en el momento mismo en que le confiesan su homosexualidad a los miembros de su familia, tarde o temprano los vínculos del individuo gay con los integrantes heterosexuales del grupo se irán desdibujando, debilitando y finalmente desapareciendo. Esto es lógico por la marcada diferencia de intereses entre gays y heterosexuales. En verdad, son excepcionales las familias tradicionales que durante toda su vida acogen con respeto, amor y consideración a sus hijos o hermanos gays. El desenlace más común para un hombre gay, es la separación y el abandono por parte de la familia.

- Prostitución y lazos de conveniencia.- Al dejar de ajustarse a los cánones estéticos dominantes que privilegian la sensualidad de los cuerpos jóvenes, atléticos y frescos, los sujetos gays de cincuenta o más años encuentran sumamente difícil continuar con una vida sexual activa e intensa. Si no se tiene la fortuna de contar con una pareja o con amigos sexuales gerontofílicos, acudir a la prostitución se vuelve un hábito frecuente entre gays cuarentones, cincuentones, sesentones o más (incluso muchos hombres homosexuales en sus treintas deben ya contratar estos servicios, al sentir que su físico dejó de ser atractivo para otros gays). Esta realidad pone en enorme riesgo a este segmento de la población, que son personas que generalmente viven solas y están en estado de indefensión ante los abusos de vividores y criminales, sujetos  que saben no serán denunciados ante las autoridades por el temor de la víctima a que se sepa su condición de homosexual. Desafortunadamente, hay documentadas torturas salvajes y crueles asesinatos donde, además del robo, la homofobia fue la causa fundamental que motivó a los victimarios. La solvencia económica que, a diferencia de los hombres heterosexuales casados y con hijos, generalmente alcanzan los gays adultos mayores, es un plato muy apetecible para aquellos que gustan del dinero fácil. En el caso de las mujeres homosexuales la historia es radicalmente distinta, ya que los lazos de convivencia entre mujeres -y sobre todo entre las adultas mayores- apela más a sentimientos como el amor y la solidaridad. 

- Doble discriminación.- Por ser viejo y por ser homosexual. Esto ha llevado a que en países como los Estados Unidos, España, Gran Bretaña, Alemania, Argentina y Holanda, se abran clínicas geriátricas y asilos específicamente para ancianos gays. A pesar de que a las personas de la tercera edad se les tiende a ver como sujetos ya asexuados, se ha observado que existe un rechazo hacia los homosexuales tanto por parte de los trabajadores de la salud como de los demás ancianos recluidos en asilos. Al interior del ghetto gay, existe una discriminación despiadada en contra de los hombres mayores de 40 años y, constantemente, se utiliza el calificativo de "viejitos" o "viejitas" para insultar y desvalorizar a otras personas. El ejemplo más claro, visible y lamentable de esta práctica discriminatoria es el de un medio de comunicación zonal en la Ciudad de México, la revista "SER GAY el magazine nacional gay", en cuyas páginas su -hoy supuestamente finado- director general estableció como línea editorial lanzar ataques en contra de sus incontables enemigos (muchos de ellos en edades entre los cuarenta y cincuenta años), llamándoles "rucas", "viejitas" o "ancianitas".

En otros medios electrónicos, especialmente los de anuncios clasificados, redes sociales y chats gays de ligue, igualmente es muy común encontrar leyendas discriminatorias como: "absténganse viejitos", "no mayores de 35 años", "no me gustan los rucos" y demás advertencias "ruco-fóbicas". El rechazo a los adultos mayores es una constante reflejada en un amplio número de los medios de comunicación gay.

 

 

-Deficiente atención a la salud.- En un mundo lleno de publicidad y de mensajes que han edificado una subcultura de la "eterna juventud", el tema del cuidado de la salud en las personas mayores no figura, no tiene cabida y, por ende, no existe. Peor aún, se considera que los homosexuales viejos no tienen ya vida sexual y, por tanto, no hay una cultura del cuidado de la salud sexual y mucho menos servicios especializados para su atención integral. Hombres y mujeres homosexuales no tienen mayor opción que recurrir a la medicina geriátrica pública o privada, donde las especificidades de sus estilos de vida y sexualidad quedan generalmente diluidas o excluidas de su historial clínico. A excepción de la república de Argentina, no hay referencias de que en América Latina existan iniciativas para legislar e instrumentar políticas públicas en favor del cuidado y atención integral de las personas homosexuales de la tercera edad.

 

La comunidad fragmentada.-    

Una sociedad que no cuida y valora a sus viejos -aunque la idea se escuche como un cliché muy recurrido-, está condenada al fracaso por la pérdida de la memoria y el rechazo a la valiosa experiencia heredada de las generaciones pretéritas. Lo mismo puede aplicarse a la vivencia de cualquier agrupación humana que se autonombre "comunidad". Y, desafortunadamente, en países como México ese rompimiento generacional comienza a manifestarse ya con toda su crudeza en la marcha de la llamada comunidad gay; las nuevas generaciones de jóvenes gays, sucesoras directas de los hombres y las mujeres que protagonizaron los movimientos de liberación homosexual en distintos lugares del mundo, han hecho a un lado y volteado la cara a sus mayores y viejos y, con ello, a su importante legado. Es lo más natural en el relevo generacional de las sociedades modernas: el rompimiento con el pasado.

Sin embargo, esto me parece de lo más delicado y peligroso en días en los que los fundamentalismos religiosos y morales han propiciado la reproducción de una fauna de fanáticos que andan por ahí, con la Biblia en una mano y con el revolver en la otra,  matando sin piedad a los pecadores en los andenes del metro o secuestrando aeronaves. No quisiera ver el día (como aún los hay muchos en distintos países del orbe), en el que los asesinatos de gays en México sean justificados y exonerados por considerar como verdadera la tesis teológica de que la homosexualidad es "antinatural" (cualquier cosa que este término signifique).

Quizás el ejemplo más triste que ilustra esta fragmentación generacional de la comunidad gay en muchas ciudades del mundo, sea el comportamiento que está teniendo la pandemia del VIH/Sida en países como los Estados Unidos y México. Hoy son los jóvenes menores de 20 años los más afectados por el virus, quienes por la falta de información y por su divorcio con las generaciones que fueron flageladas por la pandemia en la década de los ochenta y noventa, han dejado de practicar sexo seguro y hasta promueven el "bareback" como una práctica vanguardista y revolucionaria. Tantos muertos, tanto dolor y tantas lágrimas, tanta injusticia y tanta lucha de varias generaciones que han sido mermadas por la epidemia, para que finalmente todo lo vivido sea ignorado y el despiadado paso de la muerte siga ensanchando su camino.

 

 

Como sucede en muchos ámbitos de nuestra vida cotidiana, el mercado también impone reglas que dominan en la escena gay en todo el mundo. Los centros de reunión, bares y discotecas, páginas Web de ligue y chats, están dirigidos preferentemente a la gente joven y a sus hábitos de consumo. La publicidad gay en todas partes muestra preferentemente imágenes de exquisitos muchachos esculpidos en el gimnasio y, desde luego, estilos de vida donde la vejez no tiene ni por error un papel destacado. Por su lado, la pornografía ha llevado a la veneración sensual de chicos que no rebasan los 30 años de edad, sin dar posibilidades de pensar en que es factible erotizar a hombres o mujeres diferentes, alejados de esos cánones calvinkleinezcos. Y es que, dice una mayoría mediática, ¿quién se quiere acostar con un hombre calvo y viejo? (como en estos días lo dice insistentemente un comercial de tintes de pelo para hombres, marca MaEvans); de no ser los prostitutos y los vividores profesionales, ¿quién hace semejante cochinada? (...)

En la mayoría de los circuitos gays en las principales ciudades del mundo, y a pesar de ser un segmento poblacional con un altísimo poder adquisitivo, no existen opciones de recreación comunitaria ni una atractiva oferta de bienes para la gente gay mayor. Tampoco hay -como sí lo hubo en alguna escala durante los años setenta- vínculos de integración social entre grupos de jóvenes y de viejos homosexuales, ni tampoco es común encontrar opciones de entretenimiento para hombres o mujeres gays que han llegado a la madurez adulta y a la tercera edad. Ser gay y viejo, hoy por hoy, no es una opción con posibilidades de integración grupal o colectiva. A los viejos homosexuales se les encuentra sólo en aburridas exposiciones en las galerías de arte, en los saunas, en algunas fiestas aburridísimas o en otras de plano muy raras, pero jamás se espera ni se quiere verles en los bares y discotecas de moda. Se ha suscitado tal repugnancia hacia la gente mayor al interior de ciertos circuitos del colectivo gay, que hasta parecería que los hombres mayores son todos seres sucios, incontinentes y que huelen mal.

 

Metamorfosis de la pirámide poblacional mexicana.-  

Debido a múltiples razones de orden económico, social, cultural e incluso como el resultado de las políticas públicas poblacionales instrumentadas en décadas anteriores, la pirámide poblacional en México está experimentando una peculiar metamorfosis en su composición generacional. Si al iniciar la década de los sesenta las personas de 45 años y más representaban al 6.7% del total de la población mexicana, durante el último censo poblacional -del año 2000- la cifra se elevó al 8.4%. De continuar linealmente con esta tendencia para el año 2010, diez de cada cien mexicanos se situarán en ese rango de edades; aunque muy posiblemente la cifra será mayor debido a intensos cambios en los estilo de vida y a la cada vez más acentuada reducción de nuevos nacimientos. Los derechos y las obligaciones del segmento "viejo" de la población adquirirán más visibilidad e importancia, como consecuencia del aumento en la demanda de servicios públicos y de todo tipo de satisfactores de mercado a sus particulares necesidades.

 

Fuente: Dr. Carlos Miranda (http://www.slideshare.net/guest3bf8d2/pirmides-de-poblacin-mxico)

 

Si hiciéramos una pirámide en la que consideráramos exclusivamente a la población que ya inició su vida sexual, lógicamente el valor del porcentaje del segmento de personas mayores de 45 años se incrementaría sensiblemente. Suponiendo -como siempre me ha parecido que lo es- que el colectivo gay es un reflejo "a escala" de la composición general de la sociedad mexicana (incluso en su dimensión poblacional), son muchos retos los que se nos presentan en la actualidad para construir y operar un modelo de atención integral para los hombres y mujeres gays de edad mayor y ancianos. Pero algo es claro: si no es el mismo colectivo gay el que demanda la atención social a esta necesidad particular, difícilmente la propuesta saldrá de otro sector de la sociedad. 

 

Diversidad poblacional en la diversidad sexual.-  

Sin lugar a dudas, en México y en el mundo el movimiento de liberación homosexual ha sido una revolución del pensamiento impulsada mayoritariamente por jóvenes. Ellos, por su empuje y desprejuiciada acción, han dado visibilidad al movimiento de liberación gay. Tanto las conocidas movilizaciones de los años setenta en Stonewell y en Castro Street (por mencionar las más representativas), como las primeras marchas del orgullo homosexual en México -en 1978-, fueron encabezadas primordialmente por jóvenes inconformes y valientes. También fueron jóvenes quienes -en los años ochenta y noventa- experimentaron y propusieron una identidad propia para el colectivo que, en años más recientes, ha comenzado a cristalizarse en derechos civiles (como la Ley de Sociedades de Convivencia, en el Distrito Federal). El impulso de una juventud idealista ha sacado a la homosexualidad de las sombras de la moralidad, para traerle a la escena social, para darle visibilidad y para reclamar el respeto y derecho a expresarse, a existir con orgullo.

En el camino, sin embargo, muy poco se ha pensado en la construcción de derechos o en la creación de satisfactores públicos y de mercado para los hombres y mujeres homosexuales en edad adulta (mayores de 45 años y ancianos). Esa es una realidad con la que, en diferentes momentos de su historia reciente, se han tenido que enfrentar los colectivos gays en diferentes partes del mundo. Al igual que sucede con la población general, para los homosexuales adultos mayores y de la tercera edad se reduce significativamente el número de satisfactores sociales y de mercado para cubrir sus necesidades. Para muchos gays mayores de 45 años, es ya un hecho que no existen suficientes opciones disponibles para socializar con otros individuos afines y, desde luego, que un sin fin de sus necesidades actuales no cuentan con satisfactores plenos.

La diversidad sexual se ha planteado como la existencia visible socialmente de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y transgéneros (LGBT, se bautiza pomposamente al movimiento, suponiendo que esa clasificación es la sustancia de su diversidad), desconociendo y no considerando que la diversidad implica o contiene a otras complejidades que construyen al individuo (estilos de vida, nivel socioeconómico, raza, edad, escolaridad, etc.). Como en el resto de la sociedad, en el colectivo de hombres y/o de mujeres homosexuales -generalmente definido por compartir un circuito comercial de bares, discotecas, restaurantes o tiendas- también hay individuos de edades diferentes, jóvenes y viejos, de niveles socio-económicos o etnias distintas; hay sujetos físicamente sanos y otros con necesidades específicas de salud o discapacidades, así como los que tienen un nivel de escolaridad o de responsabilidad laboral distinta.

Para que el colectivo gay continúe con el impulso que le han dado -y le dan- sus generaciones de jóvenes, y para que sus bases sean lo suficientemente sólidas en su permanente lucha por erradicar prejuicios y prácticas discriminatorias, es necesario que se reconozca a sí mismo como parte actuante de una diversidad más compleja, como integrante o elemento inseparable de una sociedad en la que efectivamente existe. Echando mano de sus potencialidades implícitas y de la enorme pluralidad que contiene como grupo social, no sólo abonara a la conquista de sus propios derechos sino, sobre todo, a la ampliación de las libertades de todo el cuerpo social.

Por todo lo hasta aquí dicho, me parece que dejar a un lado conceptos mercantilistas, prejuicios sociales y estilos de vida que margina a los hombres y mujeres gays mayores y de la tercera edad al interior del colectivo, resultará en el fortalecimiento de la comunidad que, hoy por hoy, vive desintegrada, confrontada y en permanente riesgo de sufrir un retroceso y caer en un nuevo oscurantismo que a todas luces promueven ya las fuerzas políticas conservadoras. En México, estamos viendo la radicalización de las posiciones liberales y conservadoras en el ámbito legislativo y de gobierno. Mientras que en la capital del país ha sido despenalizado el aborto y se han legalizado las uniones de parejas del mismo sexo, por otra parte, en los textos constitucionales de algunos estados de la república se está criminalizando a las mujeres que deciden interrumpir un embarazo y/o decidir sobre su propio cuerpo. Lo que sigue será criminalizar a quienes sostengan relaciones homosexuales, no tengo dudas, esgrimiendo argumentos teológicos y religiosos.

La experiencia acumulada en nuestros hombres y mujeres gays en edad madura, es un capital que desafortunadamente no estamos sabiendo aprovechar y -literalmente- estamos dejando morir. Las libertades que hoy en día gozan hombres y mujeres gays, en México y en otras partes del mundo occidental, son el resultado de la lucha y el trabajo de generaciones que, durante las tres décadas anteriores, lucharon y obtuvieron conquistas para el colectivo gay. Esa exigencia de respeto y reconocimiento social, la reivindicación de su derecho a ser -a ser gays-, a existir y a vivir una ciudadanía plena, no puede ni debe perder su memoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

All photos by the great artist: Nate Ndosi (http://www.flickr.com/photos/nndosi/)

________________________________________________________________________________________________________

Otras fuentes:

http://blogs.chueca.com/comunistagay/c_140.htm

http://www.amicsgais.org/forums/showthread.php?t=1225

http://expresos-sociales.blogspot.com/2008/08/homosexualidad-y-tercera-edad.html