
Ruido y salud humana
La presencia de todo tipo de sonidos en las
ciudades modernas es hoy tan común, que muchos hemos terminado por
acostumbrarnos a ellos y cada vez percibimos menos las graves
consecuencias físicas que esto nos acarrea. Las autoridades
internacionales en salud coinciden en que la contaminación acústica
presente en los espacios urbanos puede incidir negativamente en la
calidad de vida, el bienestar y la salud de las personas,
dependiendo de las características de exposición y de las fuentes
generadoras del ruido. A partir del reconocimiento de esta realidad,
la física y la medicina han orientado sus investigaciones a
determinar las repercusiones en los individuos expuestos a
diferentes niveles de presión sonora, relacionando los parámetros
medidos con sus efectos biológicos y fisiológicos.
García Sanz y Javier Garrido (2003) señalan
que la diferencia del sonido como señal informativa y saludable, o
como ruido indeseado y dañino, depende tanto de sus parámetros
físicos objetivos –medición de decibeles (dB)- como de la modulación
subjetiva que hace cada receptor, existiendo una enorme variabilidad
individual que va desde los sujetos insensibles a los
hipersensibles. Con base en las investigaciones más serias y de
mayor rigor científico, se sabe que son varios los efectos en la
salud humana atribuibles al ruido, siendo los más comunes o
recurrentes algunas afecciones fisiológicas como la pérdida
progresiva de la audición, cefaleas crónicas, trastornos de la
presión arterial y del ritmo cardiaco, la posibilidad de sufrir
infartos, la interferencia en la comunicación oral, alteraciones del
sueño, estrés e irritabilidad, así como daños psicofisiológicos
sobre la salud mental como alteraciones en la conducta y disminución
de la capacidad de concentración, aprendizaje y rendimiento.
No sólo en México, sino en casi todo el mundo,
la contaminación acústica o auditiva es un fenómeno que no ha
ocupado la atención de las autoridades en la proporción de –por
ejemplo- la contaminación del aire; y, en consecuencia, no existen
medidas de control ni normatividad suficientes para proteger a la
población de los enormes daños que causa. En las Guías para el
Ruido Urbano (Guidelines for Community Noise) publicadas por la
Organización Mundial de la Salud (OMS), se describen con detalle las
consecuencias de la contaminación acústica para la salud, entre las
que podemos señalar brevemente las siguientes:
Trastornos del sueño.-
El ruido produce trastornos primarios durante
las horas de sueño y efectos secundarios al día siguiente; esto es,
los efectos primarios se presentan como dificultad o imposibilidad
para conciliar el sueño, interrupción del sueño y alteración en la
profundidad del sueño; y como consecuencia de lo señalado, se pueden
producir cambios en la presión arterial y arritmia cardiaca,
vasoconstricción, variación en el ritmo respiratorio, y sobresaltos
corporales.
 |
En el caso de que el ruido no
sea continuo, sino intermitente (por ciclos) o un ruido
impulsivo, la probabilidad de despertar aumenta con el
número de eventos por noche, disminuyendo la calidad del
sueño.
Los efectos secundarios o posteriores
se presentan a la mañana siguiente o incluso puede
prolongarse por varios días en personas hipersensibles;
tales efectos son por ejemplo, fatiga, depresión y reducción
del rendimiento. Si estas situaciones se prolongan por días,
el equilibrio físio-psicológico se verá seriamente
perturbado.
La OMS indica que para tener un
descanso apropiado el nivel de sonido equivalente no debe
exceder de 30 dB para el ruido continuo de fondo y, para el
caso de ruido producido por fuentes fijas individuales, no
debe superar los 45 dB. |
Efectos sobre las funciones
fisiológicas.-
De acuerdo con la OMS, «La exposición al
ruido puede tener un impacto permanente sobre las funciones
fisiológicas de los trabajadores y personas que viven cerca de
aeropuertos, industrias y calles ruidosas. Después de una exposición
prolongada, los individuos susceptibles pueden desarrollar efectos
permanentes, como hipertensión y cardiopatía asociadas con la
exposición a altos niveles de sonido. La magnitud y duración de los
efectos se determinan en parte por las características individuales,
estilo de vida y condiciones ambientales. Los sonidos también
provocan respuestas reflejo, en particular cuando son poco
familiares y aparecen súbitamente.»
Asimismo, señala que la exposición de largo
plazo al ruido del tránsito con valores de 65 a 70 dB y en periodos
de exposición de 24 horas, también puede inducir padecimientos
cardiovasculares como la hipertensión, siendo la cardiopatía
isquémica la afección más seria que se puede presentar.
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Niveles Sonoros y Respuesta Humana |
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Sonidos característicos |
Nivel
de presión sonora [dB] |
Efecto |
|
Zona de
lanzamiento de cohetes
(sin protección auditiva) |
180 |
Pérdida
auditiva irreversible |
|
Operación en
pista de jets
Sirena antiaérea |
140 |
Dolorosamente fuerte |
|
Trueno |
130 |
|
|
Despegue de
jets (a 60 mts. de distancia)
Bocina de auto (a 1 m. de distancia) |
120 |
Máximo
esfuerzo vocal |
|
Martillo
neumático
Concierto de Rock |
110 |
Extremadamente fuerte |
|
Camión
recolector
Petardos |
100 |
Muy fuerte |
|
Camión
pesado (15 m)
Tránsito urbano |
90 |
Muy molesto
Daño auditivo (8 Hrs) |
|
Reloj
Despertador (0,5 m)
Secador de cabello |
80 |
Molesto |
|
Restaurante
ruidoso
Tránsito por autopista
Oficina de negocios |
70 |
Difícil uso
del teléfono |
|
Aire
acondicionado
Conversación normal |
60 |
Intrusivo |
|
Tránsito de
vehículos livianos
(30 m) |
50 |
Silencio |
|
Dormitorio
Oficina tranquila |
40 |
|
|
Biblioteca
Susurro a 5 m |
30 |
Muy
silencioso |
|
Estudio de
radiodifusión |
20 |
|
|
|
10 |
Apenas
audible |
|
|
0 |
Umbral
auditivo |
Interferencia con la comunicación oral.-
La comprensión en una conversación normal
depende del nivel sonoro emitido al hablar, de la entonación en la
pronunciación, de la distancia entre el parlante e interlocutor, del
nivel y las características del ruido de fondo o circundante y de la
agudeza auditiva y capacidad de atención de los parlantes. El nivel
de presión sonora de la comunicación oral normal es de 50 a 55 dB a
un metro de distancia, y las personas que hablan en voz alta o a
gritos, pueden emitir presiones acústicas de 75 u 80 dB. La voz
hablada es inteligible cuando su intensidad supera al ruido de fondo
en 15 dB pero, en medios acústicos en los que el ruido supera los 40
dB, se empieza a dificultar la comunicación oral y a partir de los
65 dB la comunicación obliga a elevar la voz. El ruido interfiere en
la comunicación hablada a tal grado que en muchas ocasiones
constituye una seria limitante social y en ocasiones genera
problemas de personalidad y cambios en la conducta. Las
investigaciones demuestran que los grupos particularmente
vulnerables por interferencias auditivas son las personas de la
llamada tercera edad y los niños en el proceso de adquisición de la
lengua.
 |
Efectos sobre la audición.-
La deficiencia auditiva o pérdida
progresiva de la audición es el riesgo más grave que puede
sufrir el ser humano expuesto a elevados niveles de presión
acústica.
La OMS señala que las personas con
mayor riesgo de sufrir deficiencia auditiva son las
expuestas a niveles de ruido por arriba de 75 dB, en
ambientes laborales y con periodos de exposición superiores
a ocho horas.
Se considera que las personas
expuestas al ruido ambiental por periodos hasta de 24 horas
y un nivel menor de 70 dB, no sufrirán pérdida de la
audición. No obstante, todavía no existe una confirmación de
los efectos aquí indicados basada en hechos experimentales,
dado que los efectos perjudiciales de la exposición a
niveles de ruido elevados se detectan a largo plazo. |
Niveles de exposición al ruido máximos
recomendados.-
La Oficina de Reducción y Control del Ruido de
la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos de América
(EPA por sus siglas en inglés) publicó, en 1974, el documento
denominado: Informe sobre los Niveles de Ruido Ambiental
Recomendados para Proteger el Bienestar y la Salud Pública con un
Adecuado Margen de Seguridad. En este documento se establece que
la pérdida de la audición o deficiencia auditiva puede ocurrir a
partir de la exposición a niveles de energía acústica mayores a 70
dB en periodos de 24 horas. Por su parte, la Organización Mundial de
la Salud elaboró –en 1997- las Guías para el Ruido Urbano (Guidelines
for Community Noise), en donde se encuentra una tabla con los
valores guía para el ruido urbano en ambientes específicos y sus
efectos críticos sobre la salud; aquí, es claro que sonidos
superiores a los 35 dB interfieren notablemente en la comunicación
oral, en el proceso de aprendizaje y –desde luego- contribuyen a
padecimientos relacionados con el trastorno del sueño.
Los países más desarrollados del planeta han
realizado en los últimos cuarenta años grandes esfuerzos para
estudiar e investigar los efectos del ruido en los seres humanos, a
partir de los cuales, tanto organismos públicos, como organizaciones
no gubernamentales, han determinado instrumentos jurídicos de
gestión y control que se complementan con parámetros y métodos de
medición desarrollados.
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En todos los casos, la meta de la
gestión y control del ruido es la de reducir las emisiones
acústicas de las fuentes generadoras y mantener niveles
bajos de exposición por parte de las personas afectadas.
Afortunadamente, en nuestro país
existe la Norma Oficial Mexicana NOM-081- SEMARNAT-1994, que
establece límites a las fuentes fijas generadoras de ruido
(68dB durante el día y 65 dB en horario nocturno); y en el
Distrito Federal, se cuenta (desde septiembre del año 2006)
con una normatividad más estricta que reduce estos límites a
65 y 62 dB respectivamente. Pero, hoy por hoy, la mejor
manera de combatir y evitar la contaminación auditiva, es
tener conciencia, respeto y consideración hacia los demás, y
tratar que nuestras actividades cotidianas no generen este
tipo de contaminación que, sin duda, afecta severamente a
la salud y a nuestra calidad de vida. ▄
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Texto y
fotografía: Paco Calderón ©, 2008.