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Editorial GAY MÉXICO
En nuestros días,
comprar productos y servicios sexuales a través de la Internet
es algo relativamente normal y enormemente fácil de accesar.
Sólo es necesario contar con una computadora personal, una
conexión a la red mundial y, desde luego, con algo de dinero, ¡y
listo!, miles de hombres calientes están a tu disposición las 24
horas del día y de la noche.
Ya sea para
contratar a un chico y llevarlo a la cama -en vivo y a todo
calor-, o para tener "sexo
virtual" enfrente del ordenador utilizando un chat o
en una vídeo-conferencia, o simplemente para ver y hasta
adquirir accesorios, películas y fotografías pornográficas, la
red cuenta con un sinnúmero de ofertas accesibles para
todo tipo de clientela.
Muchos
productos y servicios ofertados en este mercado están regulados
y es completamente legal adquirirles en prácticamente todo el
mundo; sin embrago, existen otros que, dependiendo del país que
se trate, no cuentan con ninguna clase de regulación jurídica o
incluso se encuentran expresamente prohibidos. Éste es el caso
de la prostitución, que en México y en otros países
latinoamericanos no cuenta con reglas claras.
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Sexo-traficantes
en la red (sexo-menudeo)
Al igual de lo que sucede con el mercado de las drogas,
la compra y venta de sexo en países como México no está
plenamente regulada e incluso, en algunos ordenamientos
jurídicos del país, es una actividad que está penada.
Pero, como también sucede con el mercado de las drogas,
centenares de personas se dedican hoy a la prostitución
y muchos lo hacen activamente a través de la Internet,
formando un vigoroso mercado de ofertantes y demandantes
de sexo cuyos beneficios y
ganancias son difícilmente ponderables.
En el segmento gay del ciberespacio, exquisitos
"sexo-traficantes" navegan en distintos sitios
Web y a
través de las redes sociales, ofreciendo sus servicios
de manera independiente y bajo todo tipo de modalidades,
para toda clase de fantasías y con las más variadas
tarifas y clientelas.
En un primer momento, allá en la década de los noventa y
por largo tiempo, el esquema de agencia de escorts
virtual
funcionó espléndidamente, debido a la relativa seguridad que daba a las
personas saber que alguien o algún tipo de empresa
respaldaba la efectividad de los chicos
(nombrados sexoservidores, escorts, masajistas,
acompañantes, modelos, etc.).
Sin embargo, quizás como una consecuencia de la crisis
económica en la región y cada día con mayor intensidad,
decenas de hombres jóvenes ingresan a las filas de la
prostitución aprovechando las ventajas que brindan las
nuevas tecnologías de la comunicación para desempeñar
esta actividad. Redes sociales
como
Manhunt
o
Gay.Com
conectan, día con día, a un gran número de
escorts con nuevos clientes en ciudades como el
Distrito Federal, Guadalajara, Cancún o Monterrey,
conformando un mercado activo y ágil.
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Sexo-traficantes
en la red (los cárteles... o algo así)
Existen también en la red negocios establecidos
cuyo objeto es exclusivamente la promoción de chicos acompañantes. En
casi todos los casos, la mayor
parte de sus ganancias viene directamente de la venta de
espacios a sus anunciantes e incluso de la producción de
materiales gráficos (como fotos y vídeos). Otros
portales, sólo incluyen anuncios de sexoservidores para
diversificar su oferta y, claro, atraer a más
cibernautas.
La ventaja que reporta a estas organizaciones el manejo
de sitios Web, de tecnología digital y de importantes flujos de
tráfico virtual, es bien aprovechada para atraer y
mantener participando a chicos que ofrecen sus servicios
sexuales.
De acuerdo con
Anodis
(Agencia de Noticias sobre la Diversidad Sexual), en
México existen más de 800 sitios Web vinculados con la
venta de servicios sexuales para la comunidad gay, lo
que no necesariamente tendría que corresponder con el número de
agencias existentes en el país y, mucho menos, con el
grueso de personas dedicadas a esta actividad.
En materia de compra-venta de materiales con contenidos
de sexo explícito (ya sean fotografías o películas en
distintos formatos), hay que decir que la insuficiente y
a veces inexistente regulación jurídica del mercado -en
México y en gran parte de los países latinoamericanos- ha
impedido el surgimiento y crecimiento de una industria
domestica con producción y distribución propia, fortaleciendo en
su lugar al gran
empresariado norteamericano y europeo de la pornografía
distribuida en la red.
En México (Mecos Films) y en Brasil (AMG),
son sólo dos empresas que surgen hoy tímidamente a la
competencia en un mercado mundial vigoroso, acaparado
hoy por los "cárteles" norteamericano y europeo -los
principales productores y distribuidores de
"entretenimiento para adultos".
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El debate de la legalización
Como pasa con el mercado de las drogas -como la
marihuana y otras sustancias "suaves"-, la actividad de
la prostitución no ha sido alcanzada por la ampliación
de derechos mercantiles y civiles para quienes la ejercen. Por el
contrario, al igual que quienes comercian con las
sustancias enervantes, los que venden ciertos productos
y servicios sexuales
siguen siendo satanizados, marginados y -en cierta
medida- discriminados por la sociedad.
En muchas ciudades, la corrupción policiaca y de las
autoridades, y desde luego sus enormes ganancias
económicas, han sido el principal motivo para
desalentar la regulación de esta actividad. Tal y
como sucede con el narcotráfico, autoridades
corruptas en contubernio con criminales cobran
derecho de piso, explotan y maltratan a los
trabajadores sexuales e incluso a sus clientes.
Varios intentos se han hecho en cámaras legislativas
locales (como en la Asamblea del Distrito
Federal, en México) para regular el mercado y dar
certeza jurídica a quienes se dedican a la prostitución, pero
ninguna de estas iniciativas ha prosperado en su
propósito
de ampliar derechos civiles para sus actores.
Mejor
suerte ha tenido la promoción de leyes y códigos -de
corte conservador y reaccionario- que penalizan y
satanizan estas conductas; la prohibición en los hechos
posterga cualquier intento
de dar certeza a una actividad que, a pesar de todo,
existe vigorosa en los márgenes de la legalidad, transcurre con
discreta complicidad y abrumadora normalidad.
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Para decidir en libertad
Distintas son las motivaciones que llevan a una persona
a ofrecer sus servicios como trabajador sexual o, en la
otra mano, a contratarlos. Estas son decisiones que
suponen una valoración inteligente o racional por parte
de cada individuo, y no está a discusión aquí ningún
argumento sobre su moralidad o su compatibilidad con las
"buenas costumbres".
Lo que es un hecho -al menos en la Ciudad de México-, es
que muchos chicos para los que están cerrándose hoy las
posibilidades de emplearse y desarrollarse en los
sectores formales de la economía, el sexoservicio se
abre como una opción de vida que, en muchos casos, puede
resultar tan lucrativa, seductora y disfrutable como
cualquier otra.
Como en cualquier otra actividad humana, el ejercicio de
la prostitución encierra sus propios riesgos; la
explotación económica, la violencia física y la
transmisión de enfermedades sexuales, por mencionar
algunos, son hechos que vulneran negativamente a quienes
trabajan con su cuerpo. Su actividad, pareciera ser, les
aleja de la posibilidad de poder ejercer con plenitud un
importante número de derechos económicos y civiles, o
garantías constitucionales como el acceso a la salud,
a la educación o a la vivienda.
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Texto
y fotografía:
Paco Calderón
© para
GAY MÉXICO |
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