Te
recomiendo que hagas un ejercicio cualquiera de estos días,
simplemente hojeando el suplemento de sociales de tu periódico
favorito, las revistas de sociales (como el Hola, Caras
o Club de Reforma) o incluso el álbum familiar y de tus
amigos. Fíjate bien en quiénes son las personas que salen mejor en
las fotos, que se ven estupendos y hasta guapísimos. Entonces, muy
seguramente, hallarás que hay un común denominador entre todos
ellos: muestran a la cámara una abierta sonrisa, una dentadura
agradable y brillante.
Y hay que decirlo: tener una boca sana y
bonita no es sólo una cuestión estética o de vanidad; como parte
importante de tu cuerpo en su relación con el medio ambiente, la
boca y tu dentadura determinan en gran medida tu estado de salud y
tu calidad de vida. Es por ello que es importante no esperar a tener
alguna afección seria o a sentir dolor, para tomar la decisión de
visitar al dentista. Definitivamente, debemos pensar que uno de los
avances más significativos de la medicina moderna es su visión
preventiva de las enfermedades, y -desde luego- la salud bucal ocupa
un lugar muy relevante.
La Organización Mundial de la Salud (OMS)
y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han estimado que
el 90% de la población mexicana padece caries, y que
más de la mitad de los adultos tienen problemas de periodontitis.
Ambas enfermedades bucodentales, las más frecuentes entre la
población, provocan dolor intenso y, si no se tratan a tiempo,
pueden llevar incluso a la pérdida de piezas dentales (sin dejar de
mencionar los problemas gastrointestinales, dolores de cabeza,
malestar general y fiebre que, en muchas ocasiones, son causadas por
una mala higiene y salud bucal).
La periodontitis es una enfermedad dental que
ataca más comúnmente a personas mayores de los treinta años de edad,
quienes asisten al dentista cuando el daño está sumamente avanzado.
Sin embargo, los malos hábitos de higiene bucal pueden hacer que
esta patología aparezca en cualquier momento o edad. La
periodontitis comienza con una inflamación y cambio de
tonalidad de las encías, fundamentalmente por la acumulación de
sarro entre la raíz del diente y la encía, y es fácilmente
reconocible por el peculiar y muy desagradable mal aliento que ésta
provoca (y que muchas veces lo perciben mejor otras personas que
quien la padece). La gingivitis progresiva lleva a la infección de
los ligamentos y huesos que sirven de soporte a los dientes,
provocando en casos extremos la irremediable pérdida de la pieza
dental.
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Para evitar estos
dolorosos, desagradables y muy dañinos padecimientos, es importante
asumir que debemos incorporar a nuestros hábitos de consumo y a la
disciplina personal, el cuidado preventivo de nuestra salud,
especialmente, todo lo referente a la salud bucal.
Existe el temor
generalizado a visitar al dentista, pues se tiene la idea de que las
consultas con este especialista de la salud bucal es dolorosa,
tortuosa y hasta raya en el masoquismo. Falso de toda falsedad.
Quizás esa sea la opinión de los pacientes que han llegado ya
tardíamente a atender alguna patología dental, cuya curación
requiere ya de procedimientos más fuertes y, desde luego, dolorosos.
Por muy
poca tolerancia que tengas al dolor (o umbral
débil), ir al dentista se ha convertido día con día
en una experiencia menos ingrata y fácil de
confrontar para cualquiera. Así, por ejemplo, la
limpieza dental que antes se hacía a través de
ganchos y fresas de taladro, hoy es realizada por la
mayoría de los odontólogos con tecnología de
ultrasonido.
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Caries: el dolor se puede prevenir
Un dolor bucodental suele estar causado por una caries que
se aproxima peligrosamente al nervio, llagas en la boca por una infección, problemas de
mandíbula (disfunción de la articulación temporomandibular).
En el
caso de la caries, la patología infecciosa más extendida en el mundo
según la OMS, comienza con una pequeña placa de esmalte
desmineralizado en la superficie, que se extiende hacia el interior,
por la dentina, destruyendo progresivamente el diente.
A medida que
aumenta y se extiende por la dentina, tejido altamente sensible,
tiende a causar molestias y reacciones dolorosas al frío, al calor o
al azúcar. Así, un dolor espontáneo o un dolor fuerte frente a
cambios de temperatura suele ser consecuencia de una caries profunda
en la dentina.
Desafortunadamente, el diente no se regenera a sí mismo -como lo
puede hacer nuestra piel; por ello, al detectar la aparición de una
caries es importante curarla mediante un sencillo procedimiento de
desvaste, limpieza y empaste (o tapadura) de la zona afectada, y así
evitar que el daño llegue a la raíz o al nervio del diente, lo que
provoca fuertes dolores, infección y, en muchos casos, la pérdida de la pieza.
Una sencilla revisión de
rutina puede detectar la existencia de caries y, mediante un
sencillo procedimiento, eliminar a tiempo su aparición. Por ello, es
recomendable que visites al dentista cada seis meses y, en caso de
requerir tratamiento, asistir a las citas programadas con
puntualidad.