Plaza Pública / Humana, demasiado humana

Por Miguel Ángel Granados Chapa / 1º de octubre de 2006

Joaquín Aguilar presentó una demanda civil por haber sido víctima de abuso sexual por parte de un sacerdote. Dirigió la moción también contra los cardenales Roger Mahony y Norberto Rivera, por haber encubierto al cura delincuente

El martes pasado, en la librería Gandhi, la señora Flora Barragán de Garza expresó su propio testimonio acerca del daño causado por Marcial Maciel a su familia. Además de la voracidad mostrada por la Legión frente a la fortuna de su señora madre, "narró la separación de su hermano del seno familiar durante 10 años, por indicación de Maciel, y la constante ausencia de la madre, consagrada a la Iglesia y a la propia figura del fundador.

"La voz de Flora... dejaba apenas imaginar un profundo sentimiento de rencor mantenido por décadas contra Marcial Maciel" (Carmen Aristegui, Reforma, 29 de septiembre).

Ese día fue presentado el libro del investigador Fernando M. González sobre el fundador de los Legionarios de Cristo, un contundente e irrefragable análisis, basado en documentos y testimonios hasta ahora no conocidos -es decir, no sólo en las conmovedoras denuncias de quienes fueron sus víctimas- sobre las atrocidades cometidas por Maciel, que en más de una ocasión, y no sólo en mayo pasado cuando se le condenó sin condenarlo, fue hallado responsable de pederastia. La obra de González, que lleva el nombre del protagonista, revela que, además de esa inclinación sexual perversa, Maciel era morfinómano y padecía una irrefrenable avidez financiera, como lo muestra el modo en que esquilmó a la señora Flora Barragán de Garza, cuya fortuna sirvió para construir el Instituto Cumbres en la Ciudad de México. La hija de la benefactora, que ofreció al investigador la correspondencia de su madre con los legionarios, lo enteró también de cómo ella misma tuvo que poner fin a las donaciones realizadas por su madre pues, según el autor, ya había sido más que suficiente lo que su madre les había dado a los legionarios:

 

Según el relato, el abogado Ricardo Margáin Zozaya comunicó en 1983 a los hijos que su madre "como último escalón para entrar al cielo, quiere regalarle al padre Maciel solamente dos terrenos, el de X (que era como de cien hectáreas) y el del rancho (como de 50)... Roberto dijo que no había problema. Yo, en cambio, dije:

 

"-Fíjese, don Ricardo, que no.

"-Pero ¿cómo le niegas a tu madre el último escalón al que quiere subir?

"-Pues que no lo suba".

La presentación de este libro sobre un clérigo famoso en cuya vida se encarnan varias de las dolencias más graves que afectan a la Iglesia jerárquica en general (que la hacen, si le aplicamos la fórmula de Nietzsche, humana, demasiado humana), coincidió con un nuevo pasaje de la discusión pública sobre la pederastia perpetrada por sacerdotes contra monaguillos y seminaristas. El tema del debate había sido aportado por la presentación, el 19 de septiembre, de una demanda civil ante un tribunal de Los Ángeles, por Joaquín Aguilar, un muchacho de 25 años que hace 12 fue víctima en la Ciudad de México de abuso sexual por el sacerdote Nicolás Aguilar, señalado como responsable de innumerables actos de esa naturaleza, tanto en Puebla y el DF como en California. La moción legal está dirigida también contra los arzobispos de Los Ángeles y la capital mexicana, cardenales Roger Mahony y Norberto Rivera, de quienes se reclama haber encubierto al cura delincuente.

Del caso se tuvo noticia pública hace más de un año. El 22 de junio de 2005 los reporteros Brooks Egerton y Brendan M. Case, del diario texano The Dallas Morning News, dieron cuenta de las andanzas del "padre" Aguilar, y de la presencia en el caso de los cardenales. El 30 de octubre siguiente, el semanario Proceso amplió considerablemente la información sobre el asunto, en trabajos de los reporteros Sanjuana Martínez y Rodrigo Vera. Aparecieron entonces los textos de cartas cruzadas entre Mahony y Rivera Carrera a propósito de Aguilar. Era documentos públicos, aportados por autoridades angelinas en el curso de investigaciones sobre la conducta de Aguilar que, para decirlo en términos que deben serle propios, es un pecador relapso. El 4 de marzo de 1988 Mahony escribió a su colega mexicano sobre "la situación grave y urgente del Pbo. Nicolás Aguilar Rivera, sacerdote incardinado en la diócesis de Tehuacán, Pue. México" (de que Rivera Carrera era entonces obispo). El cardenal refirió una comunicación anterior, que su vicario Thomas Curry había dirigido al prelado mexicano para "avisarle de las acciones depravadas y criminales de este sacerdote durante su tiempo aquí... Es casi imposible determinar precisamente el número de jóvenes acólitos que él ha molestado sexualmente, pero el número es grande.

"Sabemos que él ha regresado a México y nosotros queremos cooperar totalmente con la policía de Los Ángeles. Es necesario que este sacerdote esté detenido y regresado aquí... para sufrir las consecuencias de sus acciones tan inmorales. Él ha causado daño terrible a estos jóvenes y, además, ha causado escándalo grave.

"Le pido a usted si pudiera mandarme lo más pronto que sea posible una lista de todos los familiares de este sacerdote. Incluyendo los nombres de sus padres, sus hermanos, tíos y otros familiares...".

Rivera Carrera contestó el 17 de marzo. Dijo que para él era muy "doloroso... recibir estas informaciones de parte de la curia y por la prensa de Estados Unidos y de México.

"Estoy totalmente de acuerdo con usted en que el padre responda ante las autoridades competentes de los crímenes que se le imputan. El sacerdote mencionado no ha regresado a esta diócesis y no cuenta por lo tanto con las licencias que se le concedieron por un año con motivo del permiso que solicitó para residir en Los Ángeles. Puedo informarle que el padre estuvo por más de diez años en la parroquia de San Sebastián Cuacnopalan y sin duda alguna la policía ahí puede encontrar mucha información".

Luego de aportar algunos nombres solicitados, Rivera Carrera se excusó: "Usted comprenderá que no estoy en posibilidad de localizarlo y mucho menos de poder enviarlo por la fuerza a que comparezca en los tribunales. Estoy en la mejor disposición de colaborar para que se haga justicia y para que se evite el escándalo.

"En la carta de presentación de 27 de enero de 1987 incluí una fotografía de identificación y en carta CONFIDENCIAL (así, con mayúsculas en el original) de 23 de marzo del mismo año le hice un resumen de la problemática homosexual del padre".

El 30 de marzo Mahony respondió "muy sorprendido y trastornado" por esa última expresión. Negó haber recibido la carta confidencial del 23 de marzo ni otra información sobre esa "problemática". Recuerda a Rivera Carrera que cuando le pidió recibir a Aguilar Rivera expuso que el viaje del párroco obedecía a "motivos familiares... y de salud". Muy "confundido", el cardenal angelino razonó ante el mexicano que "si usted me hubiera escrito que el padre Aguilar tenía algún problema 'homosexual' le aseguro que no lo habríamos recibido aquí...". Y le reprochó: "Usted supo el 27 de enero de 1987 que el padre Aguilar Rivera tenía problemas homosexuales y no compartió esa información conmigo ni con los oficiales de nuestra arquidiócesis... en su primera carta".

Actualizado el caso por la demanda civil en Los Ángeles, los abogados que la presentaron viajaron a México para hacer conocer al arzobispado la demanda y ofrecer una conferencia de prensa, junto con Joaquín Aguilar, una de las muchas víctimas, así como representantes de la Red de Sobrevivientes de Víctimas de Abuso Sexual de Sacerdotes (SNAP, su sigla en inglés) para dar pormenores del caso. Estuvieron a punto de no poder hacerlo, porque se apersonaron en el local acondicionado para ese efecto diligentes inspectores del Instituto Nacional de Migración, que pretendieron detenerlos para deportarlos, alegando que realizaban acciones para las que no los autorizaba la naturaleza de su visa.

El domingo siguiente el propio cardenal negó haber encubierto al sacerdote señalado, enumeró las medidas que ha dictado para contener y atajar el abuso sexual y contraatacó acusando a los promotores de la demanda de "comercializar" el caso "sin escrúpulo alguno", e instó a Aguilar Rivera a entregarse "por el bien de su propia conciencia y para evitar un daño mayor a la Iglesia", llamado público que no hizo durante los 18 años que han corrido desde que el caso tuvo su primera expresión policiaca en Los Ángeles, y de que él tuvo conocimiento.

De un momento a otro recibirá la notificación oficial de la demanda civil. En ese proceso podrá explicarse.

 

Correo electrónico: miguelangel@granadoschapa.com