Democracia neoliberal

Jorge Eugenio Ortiz Gallegos
04 de octubre de 2006

La palabra "democracia" ha sido manejada por los estadounidenses como una formula mágica, casi como una expresión religioso-política. El sistema a que da origen es materialista y entraña deficiencias sociales que no es posible evitar en el seno de la sociedad: así, por ejemplo, la creciente disolución de las familias, el aumento de la homosexualidad, la inclinación hacia el hedonismo, la adicción a las drogas.

La democracia permaneció como una palabra aislada y sin ninguna influencia durante mil 900 años, desde que los romanos dominaron a Grecia 146 años antes de Cristo. Resucitó y floreció cuando la Revolución Francesa en 1789 y se le dio un sesgo distinto llamado "democracia liberal".

El liberalismo fue adaptado por Jefferson y Hamilton en Estados Unidos, se volvió una fuerza incontenible que generaba recursos materiales y que hacia 1990 se transformó en "globalismo", o sea el supuesto mercado libre entre las naciones, que es una encarnación del neoliberalismo.

La democracia neoliberal se ha revestido de un sello de internacionalismo, que le permite a las grandes naciones profesar la convicción y la intervención constante en asuntos de otros países.

Con la disolución del marxismo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas declinó el lema del comunismo "proletarios del mundo, uníos". Las naciones de Occidente proclaman la fórmula "millonarios del mundo unidos". La instrumentación horada, a veces imperceptiblemente, por medio de la sociedad secreta denominada El Yunque.

La gran falla de la democracia neoliberal consiste en que le basta con conseguir la primera minoría en la elección de los congresos electorales y con ellos suele gobernar, porque la mayoría de los ciudadanos se abstiene de votar.

Basta que un 70% de los ciudadanos con derecho a votar no se presenten en las casillas, para que sean las minorías las que alcancen el poder. Tal es el caso en la campaña realizada en pos de la Presidencia de la República por Andrés Manuel López Obrador. Ciertamente hubo un complot que los contrincantes armaron contra la coalición Por el Bien de Todos. Fue una consecuencia de que Andrés Manuel López Obrador se negase a ser parte del programa acuñado por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Y los dos partidos sobresalientes no pudieron recoger sino los votos correspondientes a un 30% de los electores y cada uno un 15% de los sufragios.

Según la revelación hecha por Miguel Ángel Yunes Linares, Salinas de Gortari instó años atrás a Andrés Manuel López Obrador a ocupar la Secretaría de Desarrollo Social, a cambio de declinar la candidatura del Frente Democrático Nacional al gobierno de Tabasco. Ante las múltiples embestidas por ligar a Andrés Manuel con los designios de Salinas de Gortari, hubo las siguientes declaraciones:

"Mira, Elías (Elías Miguel Moreno Brizuela, ex senador), diles que nunca me voy a reunir con Salinas para negociar nada. Los principios no se negocian. Y diles que no habrá revanchismos, pero sí habrá justicia. Además, no le creo a Salinas, es muy perverso. Y, bueno, ahora reconfirmamos que, en efecto, Salinas está detrás del complot.

"No hay un grupo político tan perverso en el país como el que encabeza Carlos Salinas de Gortari. Salinas se ha dedicado a sembrar miedo entre los hombres del dinero y decirles que no respalden los proyectos de López Obrador" (v. ps. 22 y 23, larevista, EL UNIVERSAL, 11 de septiembre, 2005).

Por lo pronto, está comprobado por los politólogos la corriente de temor que sembraron los candidatos panistas para espantar a los ciudadanos votantes. Entró el miedo de las actuaciones y la conducta, unas ciertas y otras más inventadas de López Obrador.

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Escritor