¿Colapso Republicano?

Norman Birnbaum / 11 de octubre de 2006

Los acontecimientos de las últimas semanas sugieren que las posibilidades que tiene el Partido Republicano de conservar la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado en las elecciones de noviembre se están reduciendo severamente. Y si tiene que enfrentar a una mayoría demócrata aun en una sola de las cámaras (es más probable que la cámara baja cambie de manos), el presidente Bush tendrá dificultades para mantener su actual curso.

El mandatario no puede esperar establecer con los demócratas el acuerdo mínimo que se necesita para mantener al gobierno federal funcionando si los sigue llamando débiles o poco patriotas en materia de seguridad interna y externa, mientras se muestra derrochador y obediente con grupos clientelistas parasitarios en cuestiones presupuestales y poco estricto al defender los valores familiares en cuestiones morales.

Lo que es más, los demócratas podrían usar sus poderes de investigación para tomar la iniciativa en asuntos como la incompetente conducción de la guerra en Irak, la influencia (ejercida con frecuencia de manera corrupta) del empresariado y el sector de las finanzas sobre funcionarios republicanos, y la desatención a los intereses de los ciudadanos comunes en su lucha contra el declinante estándar de vida. Esto a su vez aumentaría sus posibilidades de éxito en la campaña presidencial de 2008, que se intensificará tan pronto como pasen los comicios intermedios.

Esta es la opinión predominante. Los acontecimientos trascendentes que la respaldan son varios. El periodista Robert Woodward, del cual es imposible decir que construye opiniones convencionales, pero que nunca disiente de éstas, critica severamente en su nuevo libro la guerra en Irak y la campaña contra el "terror". Retrata al presidente, a los secretarios de Defensa, Donald Rumsfeld, y de Estado, Condoleezza Rice, y a su personal como rígidamente inflexibles y renuentes a las recomendaciones y la información que contradice sus ideas.

La continuación de la violencia en Irak y la guerra que no acaba de terminarse en Afganistán hacen imposible para la Casa Blanca ignorar su libro. La simpleza mental misma de la doctrina Bush está obrando en su contra. El público no está formado por historiadores o filósofos de la historia. Si EU está fracasando tan evidentemente en la guerra, el estadounidense común piensa que la causa es un liderazgo pobre y no una serie de estructuras geopolíticas que hacen imposible la dominación estadounidense.

Empero, la atención a la guerra de Irak ha cedido su lugar en estos días a un hecho aparentemente trivial. Los líderes republicanos de la cámara baja fueron inexplicablemente lentos para disciplinar o destituir a un congresista de sus filas, Mark Foley, que a pesar de ser presidente de un comité dedicado a la protección de los jóvenes, mostró un abierto interés sexual hacia chicos que trabajaban como mensajeros en el Congreso.

Después de todo, el republicano es el partido de esos tradicionalistas religiosos para quienes la homosexualidad es obra del diablo. Ahora parece ser que la investigación pudo haber sido saboteada por un grupo de funcionarios homosexuales que laboran en los más altos niveles administrativos de la Cámara de Representantes. También es posible que la dirigencia republicana estuviera chantajeando a Foley para obtener su voto en varios asuntos. De cualquier forma, los republicanos quedaron exhibidos como profundamente hipócritas. Aunque también puede decirse eso de los demócratas, ostentosamente abiertos y tolerantes, pero que ahora se muestran ansiosos de explotar el infortunio de Foley para propósitos electorales.

El último acontecimiento es la renuncia de un alto colaborador de Karl Rove, el estratega político de la Casa Blanca, luego de revelarse sus vínculos con el conocido cabildero Jack Abramoff, quien ha sido involucrado en varios casos de pago de sobornos a legisladores y funcionarios, y cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de corrupción. La renuncia es un recordatorio más para los votantes republicanos e independientes de que la virtud reside en alguna parte, pero no se encontrará en el partido mayoritario.

Las encuestas de opinión muestran un público preocupado y preparado a votar por los demócratas, y especialmente crítico con el presidente. Una buena dosis de precaución es recomendable. La participación en las recientes elecciones primarias se ubicó en alrededor de 15% del electorado, y la participación en los comicios al Congreso (cuando no hay contienda presidencial) es normalmente de 40%.

En estas circunstancias, las campañas dirigidas y el uso masivo de dinero para movilizar grupos específicos podrían aún dar a los republicanos una estrecha victoria nacional. De los 435 asientos de la cámara baja, sólo 40 o 50 están verdaderamente abiertos a la competencia y los demócratas deben obtener 15 de éstos para ganar la mayoría. En el Senado, necesitan seis lugares y sólo en 10 o 12 de los 33 en disputa existen probabilidades reales. Los republicanos aún podrían llevar a suficientes votantes de sus grupos clientelares a las casillas para mantener el control.

Ciertamente, la incoherencia y las divisiones internas de los demócratas no les están ayudando. Cuentan con un derrumbe republicano y, sin embargo, podrían seguir siendo vulnerables al viejo adagio político estadounidense: "No puede derrotarse a alguien con nadie". Los demócratas tienen al menos cuatro posiciones equívocas sobre un retiro gradual de Irak. Sólo un puñado de progresistas demandan un retiro inmediato y total. Nadie aparte de estos progresistas se atreve a cuestionar las ideas imperiales que nos llevaron a Irak en primer lugar.

Irán figura en la agenda diplomática pero no en la agenda política, y la incapacidad total de la secretaria Rice para modificar la situación con su viaje a Medio Oriente ni siquiera se menciona. De igual forma, los demócratas carecen de un plan económico claro y directo y por lo tanto hacen una campaña negativa centrada en la redistribución "hacia arriba" promovida por Bush para beneficiar a los que más tienen.

La crisis política que amenaza a los republicanos es una falla del sistema, y los demócratas han contribuido de manera importante a esto con su incapacidad para concebir alternativas nacionales, lo cual resulta en su propia fragmentación. El principal ganador de las elecciones bien podría ser el partido de la adusta indiferencia, los abstencionistas.

Profesor emérito de la Escuela de Leyes de la Universidad de Georgetown