El metro, espacio para el encuentro de la diversidad sexual

Jóvenes y adolescentes buscan dentro de los andenes un lugar para la convivencia de género

Por Eduardo López

México, D. F., 11 de octubre (Mundo de Hoy).-

En la segunda mitad del siglo XX la Ciudad de México presentaba problemas de transporte público, y enormes congestionamientos viales, particularmente en la zona centro, en las “horas pico” la velocidad de circulación era menor a la de una persona caminando, por ello el ingeniero Bernardo Quintana pensó en una forma de agilizar la vialidad y el traslado de pasajeros  a sus destinos, así fue como surgió el proyecto de construcción de un metro para la ciudad. El 29 de abril de 1967, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto presidencial mediante el cual se crea un organismo público, el Sistema de Transporte Colectivo (STC),  con el objetivo de operar un tren rápido con recorrido subterráneo para aligerar y agilizar el traslado de pasajeros en el Distrito Federal. El 4 de septiembre de 1969 el metro hace su primer recorrido inaugural.

Hoy, el STC, además de ser un medio de transporte para 4.2 millones de personas diarias; con el paso de los años se ha convertido en un espacio de encuentro e interacción para cierto sector de la comunidad gay de la ciudad de México. Miles de jóvenes y adolescentes, buscan dentro de los andenes un sitio para la convivencia y, por qué no, hasta “el ligue” lo que ha generado actos de discriminación por parte de los cerca de 14 mil trabajadores encargados de la “seguridad” y el “orden” en las instalaciones del metro. En el 2005, un caso cobró especial relevancia ya que la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) tuvo que intervenir, y es que un usuario fue detenido y salvajemente golpeado por tres vigilantes de la estación El Rosario debido a su orientación sexual, por ello la CDHDF emitió una recomendación 1/2005, para que las autoridades del STC investigarán los actos registrados y en consecuencia reparar el daño ocasionado. La recomendación tenía el principal objetivo de evitar conductas intimidatorios, homofóbicas o de otra índole que vulnere la divinidad y atente contra los derechos humanos de los usuarios del metro.

Luego de la recomendación, la actual directora del STC se negó a seguir la recomendación, declarando que se trataba de un incidente aislado puesto que no existen mayores denuncias  de agresión a otros usuarios, por parte de los “guardianes del orden” y declaró que los hechos eran “meras especulaciones, y sin fundamento jurídico”. Otro caso le ocurrió a un adolescente en la estación del metro Aragón de la línea 5 que corre de Pantitlán a Politécnico, quien se encontraba abrazado de un amigo en las inmediaciones del metro cuando fue interceptado por un vigilante quien le dijo que era un área federal y que no podían abrazarse porque era una falta a la moral pública y amenazó con expulsarlos, situación muy similar a la que se vive en la estación Bosques de Aragón con la diferencia de que aquí se han registrado agresiones físicas contra personas homosexuales. En la estación Mixcoac de la línea 7 que corre de El Rosario  a Barranca del Muerto, donde a un par de vigilantes detuvieron a un joven argumentando que no podía estar besando a su pareja, porque “es una falta  a la moral“.

Es bien sabido que el metro se convierte en un lugar de reunión de propios y extraños, de heterosexuales y homosexuales, de usuarios y vendedores  toda una gran diversidad de personas; sin embargo quienes deberían de estar pendientes del orden y la seguridad dentro de las instalaciones, asumen un papel de “chantajistas, intolerables a otras tendencias sexuales, incluso, no de machismo grave”, y que al final del día termina en discriminación a la comunidad gay. Las autoridades del metro se filtran en los últimos andenes, donde se sabe que existe el denominado “ligue”, y vestidos de civiles observan a los usuarios para posteriormente ubicar a su “victima”, con la finalidad detenerlos, amenazarlos y finalmente golpearlos o estafarlos.

Un secreto a voces es que los servidores públicos, no se encuentran preparados para establecer una relación cordial, basada en el respeto, la debida atención a las personas con una tendencia sexual distinta a la “establecida”; por otro lado, no existe evidencia alguna de que los servidores públicos tengan la sensibilidad o vocación por respetar y promover los derechos de los usuarios. En cualquiera de las once líneas del metro, la comunidad gay utiliza las estaciones como punto de reunión y encuentro, pues prefieren mantener sus relaciones sociales, emocionales y hasta eróticas, en un contexto basado en el anonimato. Esta situación refleja la necesidad de las personas por encontrar un lugar donde sentirse seguros y acompañados.

Durante el periodo de 2004 a 2005 la CDHDF registró cuatro quejas por discriminación por orientación sexual en el STC. De acuerdo con las reglas del STC, no está permitido permanecer más de 15 minutos dentro de un andén, situación que, en ocasiones, genera altercados entre los usuarios del metro ya que el personal los “invita” a retirarse, y que pueden derivar en actos de homofobia cuando se trata de parejas o grupos de amigos gay. Las demostraciones de afecto, besos, abrazos y caricias entre parejas heterosexuales, no son tomadas como faltas a la moral, sin embargo cuando se trata de las mismas muestras de afecto entre hombres deriva en rechazo y por ende, discriminación. Las autoridades del STC tienen identificadas a las estaciones Hidalgo, Insurgentes, Sevilla, Pino Suárez, Balderas y Tacaba, como focos rojos, donde la comunidad gay se reúne.                                                              

(Con información de NotieSe)