* Urge a recuperar la vida nocturna del país; deben hacerse espectáculos ingeniosos

Dicta Tito Vasconcelos taller de cabaret en el festival de danza de San Luís

* Insta a terminar con la idea de que el género se trata de encueradas y muchas plumas

Domingo 15 de octubre de 2006

MERRY MACMASTERS ENVIADA

San Luis Potosi, 14 de octubre. La alternativa de escenarios es real y hay que recuperar la vida nocturna del país entero, eso es lo que al actor Tito Vasconcelos quiso que aprendieran los alumnos de su taller de cabaret, aparte de divertirse mucho. El trabajo final consistió en montar el espectáculo Fue en un cabaret en el bar Greko.

En el marco del 26 Festival Internacional de Danza Lila López que concluyó ayer, Vasconcelos fue invitado a impartir su taller a un grupo integrado en su mayoría por bailarines, aunque también hubo actores, con los que se había dicho "dispuesto al experimento y a caminar sobre la cuerda floja, sin red para el vacío".

Lo que Vasconcelos pretende es que sus alumnos regresen a sus lugares de origen "con el virus del cabaret y que éste se esparza por todo el país". Acotó: "Estoy muy centrado en la ciudad de México y aun allí la vida nocturna nos ha sido arrebatada entre el gobierno, los gángsters, los pillos y los hampones de la noche. Me importa que las personas vuelven a salir a vivir las noches porque el cabaret requiere de eso, requiere de la complicidad nocturna. Ya dejaron a los niños acostados, ya se puede hablar de las cosas de adultos".

Pero, ¿cómo recuperar la vida nocturna del país? Vasconcelos sugiere reconquistar los espacios con espectáculos ingeniosos y divertidos: "El concepto de cabaret de señoras encueradas, mucha pluma y harto silicón, tiene que terminarse. El espectáculo de cabaret para adultos debe tener ese contexto cachondo, divertido, ese contexto de la comunicación en directo, en vivo, sobre los problemas sociales que aquejan la comunidad, y que el cabaret permite que se mencionen sin que uno arranque los pelos de la rabia y sin que el hígado se te tuerza".

Entre los grupos y solistas participantes, La Manga y Danza Co., fundada en 1994 por Gabriela Medina y el artista visual Mario Villa, ofreció su espectáculo El Hershey man, "una declaración estética interdisciplinaria en torno a dos extremos de la condición humana: violencia y belleza", en el Centro de Difusión Cultural Raúl Gamboa. La pieza nació de un hecho de la vida real.

Durante una estancia en Nueva York hace tres años, Medina compraba una papaya y de pronto "me convierto en testigo de la violencia; un vagabundo con un par de latas de chocolate Hershey y un tarro de mantequilla de cacahuate escondidos en sus bolsillos, es descubierto por un mexicano que trabaja en la tienda. El dueño, un chino, golpea furioso al Hershey man. Yo observo".

La pieza retoma la estructura de una pelea de box. Medina interviene alrededor de y sobre ese cuadrilátero, cuya superficie es transformada en un sin fin de ambientes -gracias a proyecciones programadas-, desde un estanque con lo que aparentan ser peces, hasta un escenario de guerra.

El promotor cultural potosino Fernando Betancourt recordó que Gabriela Medina comenzó su carrera en los encuentros de danza callejera que organizaba la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de septiembre en la ciudad de México, y que formó parte del grupo Asalto Diario. La Manga, a su vez, se ha propuesto borrar la idea del cuerpo perfecto para la expresión dancística.

En el mismo espacio el bailarín Antonio Salinas presentó su espectáculo unipersonal Tonelada de luz, en donde hay texto, canto en inglés, interacción con el público y uso del objeto. La pieza trata de "la visión masculina de la separación", pero, "más allá de un divorcio legal, es un divorciarse de la posibilidad de establecer una relación de pareja". En concreto, es una visión sobre "lo que los hombres no dicen cuando se separan", acota Salinas.

Tonelada de luz -título casual que se le debe a Abril Boliver- se basa en una experiencia vivida por el bailarín, aunque "ficcionada". Estrenada el año pasado, la obra ha merecido el Premio Miguel Covarrubias, otorgado por el Centro de Investigación Coreográfica, así como el mejor actor de monólogo, éxito que Salinas atribuye precisamente al tema en vista de que "en pleno 2006 los hombres todavía no hablamos de nuestras emociones".