Tlatoani, contra el despilfarro de talento

En Guadalajara, el centro da educación artística a 300 alumnos; agrega que "es por eso que los que alcanzan a advertir algo de esto tienen que hacer esfuerzos, hay mucha gente que los hace, que le da tristeza la situación, pero lamentablemente no basta"

Eduardo Cruz Vázquez
El Universal
Lunes 16 de octubre de 2006

Como cantante de ópera, flautista y director de orquesta en Guadalajara, Vladimir Gómez explica la iniciativa de fundar la asociación civil Centro Cultural Tlatoani en el año 2004. Se trata de una respuesta a un medio "en el que se vive día a día", situación que le ha hecho darse cuenta "de la negligencia de las autoridades culturales. En otras palabras diría que el gobierno en general tiene la cultura de la incultura. Es mucho el talento que tenemos y se desperdicia, no alcanzamos a ver este despilfarro. Si tiramos el talento o no le hacemos caso, si no invertimos en él, nos hacemos pobres día a día, tiramos el dinero que representa, es una mina que no se ha explotado".

El actual director artístico del Ensamble del Tecnológico de Monterrey en Guadalajara agrega que "es por eso que los que alcanzan a advertir algo de esto tienen que hacer esfuerzos, hay mucha gente que los hace, que le da tristeza la situación, pero lamentablemente no basta, pues los empeños personales se quedan en eso y es necesaria la unión de muchas personas bajo un mismo fin para que se pueda cambiar el rumbo y por eso creamos la asociación civil".

A contrapelo, enfatiza que "una ventaja es que el gobierno no hace mucho por promover la cultura, y eso provoca que la sociedad esté ávida de bienes y servicios de calidad, y por eso van a nuestros eventos, sean grandes o pequeños".

Al abordar la problemática que representa hacer empresa cultural, Vladimir Gómez indica que "ser independiente en la cultura significa realizar nuestros objetivos con los interesados en ellos. Implica que no contamos con subsidios del gobierno y por lo tanto la labor tiene que ser concebida como autofinanciable, ya sea mediante las colegiaturas o los donativos, y de gran calidad para lograrlo".

Tlatoani inició buscando primero un espacio para desarrollar y producir arte, y por suerte uno de sus integrantes, Carlos Erasmo Segura, contactó con la organización Corporativa de Fundaciones, institución que ayuda al fortalecimiento de las asociaciones civiles. Con ellos de la mano "fuimos dando forma a la iniciativa, con su ayuda económica pudimos crecer rápidamente, su auxilio fue sin duda decisivo para sostener una empresa de tal magnitud".

El Centro Cultural Tlatoani, que imparte educación artística no escolarizada desde nivel básico en un espacio rentado, cuenta con una matrícula de 300 alumnos de todas las edades, la cual genera 20 empleos directos. Entre sus estudiantes y trabajadores se cuentan a personas con discapacidad y de la tercera edad.

Son algunos frutos de sus derroteros un programa de becas, el montaje de una ópera para niños, la primera temporada de ópera juvenil, presentaciones de teatro, conciertos a cargo de grupos y solistas, certámenes, talleres y el Festival Internacional de Música Virreinal Mexicana, actividades todas que bien se llevan a cabo en su sede, en espacios alternos y en comunidades fuera de la capital del estado, muchas de ellas, de manera gratuita.

Vladimir Gómez abunda que "la principal ventaja que tenemos es que no existen muchas entidades como la nuestra en Jalisco, instancias que den la oportunidad a cualquier artista que demuestre su calidad. Además apoyamos los proyectos culturales que ellos emanan, es decir, sumamos esfuerzos. La labor desprovista de fines personales hace que rápidamente se agreguen más promotores y artistas a nuestro equipo".

Una desventaja, sin embargo, es que "las empresas y personas apoyan más a los organismos que se dedican a curar niños con sida, atender ancianos, o a brindar alimentación, olvidando que el arte también sana".

Por un Estado facilitador

-¿Qué estímulos tendrían que darse para que su institución pudiera desempeñarse cabalmente como empresa?

-Una idea simple: que se modifique el régimen fiscal, y que todas las aportaciones que tengan que ver con la cultura sean 100% deducibles de impuestos. En un año se vería la gran diferencia. Es factible hacer empresa cultural en Guadalajara, sólo que es difícil y no sería para hacerse rico. Hay que luchar por que la gente se acostumbre a esta nueva forma de hacer cultura.

-¿Cuál es su opinión sobre la participación del sector privado en cultura?

-Creo que no existe una visión adecuada porque la mayoría de los empresarios o de los negocios que podría coadyuvar, no han tenido una educación cultural importante, de hecho muchas universidades privadas empiezan en sus modelos educativos a integrar el arte.

Por ahora pocas empresas se comprometen. Y es de esperarse, pues muchos de quienes toman decisiones quizá ni siquiera han tenido actividad artística en su vida, y así es muy difícil que se apoye algo que se desconoce.

-¿Qué le pediría al nuevo gobierno para alentar la actividad de las pequeñas y medianas empresas culturales?

-Son muchas las necesidades. Pediría, por ejemplo, que fueran más fáciles los trámites para abrir un espacio o negocio cultural que busque generar recursos; que no se cobren impuestos a eventos de esta naturaleza y que parte del presupuesto federal para la cultura se diera directamente a las iniciativas de las asociaciones civiles.

-¿Cómo aprecia el fenómeno de formación de públicos y/o consumidores para la cultura?

-Sin duda es parte fundamental y sólo se puede lograr combinando tres elementos: educación artística desde el nivel básico; descentralización afectiva de bienes y servicios, y una programación cultural más consistente, diría cotidiana. La diferencia más grande con respecto de Europa, por ejemplo, es que en comunidades pequeñas hay de todo, mientras en México no hay nada en las pequeñas poblaciones.

-¿Qué piensa de la apertura comercial y su efecto en el campo cultural?

-Creo que es para bien de las empresas culturales. Tenemos más opciones para todo y eso siempre será mejor. Además de la competencia que se crea para ser mejores.