En trance por Bahia

Por Carla Guerrero / 22 de octubre de 2006

En las noches de candomblé, los dioses Orixás hacen su aparición y la ciudad entra en hechizo

Enviada

SALVADOR DE BAHIA, Brasil.- Una noche presenciamos un ritual de candomblé. Fuimos a un terreiro o templo familiar, ubicado a unos 20 minutos del centro de Pelourinho. Por fuera era una casa común y corriente en un barrio cualquiera de Bahia. Pero adentro se hacía magia, se invocaba a los dioses Orixás africanos, los mismos que rigen las fuerzas naturales pero que también tienen la facultad de estar entre nosotros.

El ritual inició a las 8 de la noche en un patio interior de la casa. Era lunes y estaba destinado a Omolu, temido y respetado Orixá de las plagas y enfermedades, cuyo sincretismo es San Lázaro o San Roque.

Una joven recibiría por primera vez a ese dios en el cuerpo, por lo que la ceremonia era especial. A un lado se sentaron los hombres; del otro, las mujeres. En un rincón estaban los músicos o alabés, que tocaban los tambores y cantaban en yoruba, un dialecto africano.

Del techo colgaban guirnaldas de flores blancas de plástico. También había ofrendas de comida para este dios, representado en una estatua de piedra. En ciertos casos se hacen sacrificios de animales.

Después de un rato de cánticos aparecieron varias mujeres, jóvenes y viejas, pero todas vestidas con faldas amponas de diferente color, un turbante y pies descalzos, el típico atuendo bahiano. La más joven iba vestida de rojo, con un collar de cuentas carmín, que es el color del dios Exu. Este día entraría en trance.

A ritmo africano, las mujeres empezaron a danzar en círculos, con pasos rítmicos, manos alzadas y movimientos suaves de caderas. Era un baile cálido y arrullador, tanto, que pasaron dos horas completas sin que percibiéramos el paso del tiempo.

La más joven entonces entró en trance. Se empezó a sacudir de forma violenta. La mae de santo, que es como la sacerdotisa, la tomó de los brazos y le pidió que siguiera danzando.

Hubo una pausa y todas se fueron a un cuarto mientras los tambores seguían tocando. Cuando regresaron, la joven llevaba una vestimenta diferente, representativa de Omolu, con una máscara y una espada.

Bailaba con los ojos cerrados en un continuo trance. El dios había poseído su cuerpo.

Nos condujeron a otro espacio de la casa donde se nos daría de comer. Las mismas mujeres trajeron platos grandes con leguminosas, guisos y acarajé. En hojas de plátano empezaron a servir una probada de cada uno de los platillos, mientras los cantos seguían, lo mismo que la mujer en trance.

Había un plato repleto de palomitas de maíz. La sacerdotisa empezó a regarlas por el suelo, entre los familiares, en la entrada de la casa y entre nosotros, los visitantes. Una manera de asegurar las bendiciones de los Orixás.

Salimos del terreiro tras cinco horas de ritual, pero ellos seguirían hasta el amanecer.

 

 Acude a un ritual

El candomblé es una de las principales religiones establecidas en Salvador de Bahia, con seguidores de todas las clases sociales. Unos 3 millones de brasileños, 1.5 por ciento de población total, practican esa religión.

En el candomblé, cada uno de los Orixás o dioses tiene distinta personalidad. Los hay masculinos y femeninos; otros se pueden cambiar de sexo, como Ogun, Oxoss y Oxumaré. Por ello el candomblé acepta la homosexualidad y la bisexualidad.

En Bahia hay más de 2 mil terreiros registrados en la Federación Bahiana de Cultos Afrobrasileños (tel. 3481-7176, Rua Alfredo de Brito, Pelourinho), que proporciona horarios y direcciones de algunos terreiros para que el viajero pueda ser espectador -siempre respetuoso- de este ritual.

Sólo debes llevar ropa clara y permanecer en absoluto silencio.