Quiere ser ejemplo con coraje y con su raqueta de pluralidad

Señala que, pese al amor por su país, jamás cambiaría su corona de Wimbledon por una de Roland Garros, debido a la jerarquía del certamen británico; confesó que, aunque ha tenido dificultades por haberse declarado públicamente homosexual, no se arrepiente y espera convertirse en un icono para las nuevas generaciones, con base en la tolerancia, dentro y fuera de una cancha de tenis

MIGUEL LUENGO/EFE
El Universal
Miércoles 25 de octubre de 2006

La francesa Amelie Mauresmo, número uno del mundo, competirá en Madrid, del 7 al 12 de noviembre por acabar en ese puesto a final de año. Tiene 27 años, 23 títulos en su carrera, dos de ellos de Grand Slam, y sabe que mucho de lo que ha conseguido ha sido gracias a su trabajo y a la libertad, a la hora de expresar sus sentimientos y su condición sexual.

La tenista señala que le importa mucho la equidad entre hombres y mujeres que considera que la sociedad ha cambiado, y es ahora más abierta en ciertos temas.

Nunca. No, porque la emoción que sentí en Wimbledon fue increíble. Es el torneo más prestigioso del mundo y lo que se siente al levantar ese trofeo es muy complicado explicarlo. Si sigo jugando en Roland Garros sé que ese título llegará un día y será extraordinario también. Pero puede también que no llegue a lograrlo y si eso sucede, tendré esa sensación que significó Wimbledon.

Desde luego, hace que mi vida sea más agradable, pero no me hace feliz estar en la pista y trabajar únicamente por ganar dinero. Es algo bonito para cualquier jugadora disponer de ello, para rehacer tu vida cuando termina tu carrera en el tenis, y en ese aspecto soy muy feliz y me siento afortunada. Pero no es el motivo por el que yo me entreno. Quiero ganar torneos.

Es algo que va a cambiar algún día y espero que sea lo antes posible, pero la cuestión no es el dinero solamente. Nosotras no estamos preocupadas por ganar más o menos dinero que ellos. Es un aspecto social. El deporte, hoy en día, tiene que ser un reflejo de la propia sociedad, y si las mujeres no están equiparadas económicamente con los hombres, me parece que no es algo coherente, pero no únicamente en el deporte, también en los negocios y en otros aspectos de la vida. En Francia seguimos teniendo esa diferencia de un 20% ó 25%, con las mismas competencias. Creo que debe ser un ejemplo global para la sociedad en general.

Esta temporada ha sido el ejemplo más claro, porque tres jugadoras hemos ganado los cuatro más importantes, Justine Henin, el Roland Garros, Sharapova, el US Open, y yo, Australia y Wimbledon. Pero las cosas cambian y hay que ser muy cuidadosa en ese aspecto, estar siempre mejorando.

Me ha gustado siempre ser muy honesta con lo que digo, creo que es un acto de honradez cuando alguien dice que está con un hombre o una mujer. Quise ser sincera y después de esa experiencia me di cuenta de la reacción de la gente, del público y de los medios de comunicación, y en general fue muy positiva. Pero lo que siguió fue muy duro. Ha sido muy duro, especialmente algunas veces, porque hay reacciones que yo no comprendo todavía. Casi ocho años después de aquello, creo que a la gente realmente no le importa y que le interesa más saber que soy la campeona, que también tengo problemas físicos, que lo paso mal. Quizá en un momento sí me importaba, cuando decían algunas cosas, pero todo eso ya pasó. Lo que espero con mi aportación es que la gente me haya visto crecer, madurar y diga: "Es una chica que lucha, que se esfuerza por sus objetivos".

No sé aún lo que voy a hacer al final de mi carrera. Formo parte de varias asociaciones y tal vez en el futuro sí lo haga.