Alerta ante el abuso sexual en escuelas

Sexualidad
Patricia Kelly
25 de octubre de 2006

 

No se trata de crear pánico ni de impedir que nuestros niños asistan a las escuelas y guarderías, ni de poner a nuestra familia dentro de una burbuja de cristal. Con este comentario intento que nuestros ojos y oídos se mantengan abiertos ante un fenómeno que por décadas se ocultó bajo el manto cómplice del silencio.

Estamos hablando del abuso sexual de menores en las escuelas, públicas o privadas. Lo hemos dicho muchas veces, este es un delito en todo el país.

 

Hace mucho daño a quien lo experimenta y si lo calla, sus efectos se multiplican; en cambio, si es atendido, la persona puede recuperarse del evento sin grandes complicaciones.

 

El abuso sexual en preescolar, primaria y secundaria ahora se denuncia con mayor frecuencia, y no es porque haya más abusos, sino que poco a poco se ha ido creando conciencia sobre el tema y cuando los menores lo comunican, los padres y madres están más preparados para entenderlos. La educación sexual ha tenido logros importantes en este renglón.

 

El pasada lunes, el periódico Reforma reportó una cifra nada despreciable: "En los últimos seis años, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha investigado 204 casos relacionados con abuso sexual a niños de preescolar, primarias y secundarias públicas y privadas en el DF. Del total de las investigaciones, 173 fueron contra maestros, 2 contra directores, y el resto implica a otro tipo de personal de las escuelas.".

 

Más adelante, esta nota de Hernández, Sierra y Baranda señaló: "La Procuraduría General de Justicia del DF recibe en promedio cinco denuncias al mes por abuso sexual cometidos en escuelas de la capital".

 

En las públicas y en las privadas

 

¿Qué está haciendo la Secretaría de Educación Pública con sus maestros agresores? Durante muchos años hizo lo que la iglesia católica, cambiarlos de lugar, pero no atenderlos, ni mucho menos hacer justicia. En septiembre de 2004, la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió tres recomendaciones al secretario de Educación Pública, Reyes Tamez Guerra, una de las cuales (53/2004) se refería al abuso sexual de un menor de 13 años con retraso mental.

 

Poco antes, en mayo de ese mismo año, Emilio Fernández publicó en EL UNIVERSAL un artículo titulado "Crece violación dentro de las aulas". Se refería al Estado de México en donde en ese momento se había detenido a 8 maestros de educación básica acusados de pederastia.

 

Esa misma fecha, 24 de mayo de 2004, Fernández hacia un recuento de algunos casos: Carlos Solís Martínez abusaba sexualmente de sus alumnos; Omar Martínez Huerta, educador en una secundaria, fue acusado de agredir a cerca de 25 víctimas a las que fotografiaba desnudas; Jorge Alberto Alarcón Bolaños, en Nezahualcóyotl, amenazaba a sus alumnas con reprobarlas si no tenían relaciones sexuales con él. Ricardo Claudio Valdivia fue detenido acusado de violar a su alumno de tres años. ¿Seguimos?

 

EL UNIVERSAL publicó también el pasado lunes un artículo del New York Times firmado por James C. McKinley Jr., en el que acusa a México de ser un lugar ideal para la evasión de la justicia contra los pederastas ". los sacerdotes pueden evitar un proceso legal en Estados Unidos escondiéndose en México donde jueces y fiscales son renuentes a desafiar el perdurable poder político de la Iglesia católica".

 

Los agresores sexuales no son exclusivos de las escuelas públicas como algunos pueden pensar, las escuelas privadas y, además, religiosas, también han sido escenario de abusos sexuales contra menores. El más reciente ejemplo es el del Colegio Oxford Preschool, en donde un maestro coordinador de deportes, Joaquín Francisco Mondragón abusó de un niño de 3 años. El presunto criminal se dio a la fuga.

 

Auténticos criminales

 

Las iglesias y las escuelas, se supone, son lugares en donde nuestros niños y niñas están protegidos, en donde laboran personas interesadas en su bienestar y desarrollo saludable. Con esa confianza padres y madres de familia eligen, de acuerdo a sus posibilidades e intereses, el lugar en donde complementarán la formación de sus hijos.

 

Es lamentable que también allí se reúnan los interesados en abusar de ellos, pero lo trágico es que los altos mandos, llámense jerarcas eclesiásticos o directores e inspectores de escuelas se conviertan en cómplices de estos criminales. Y no se exagera cuando se les llama así, ya que con su agresión lastiman fibras muy delicadas de la mente y el cuerpo de los y las menores.

 

El abuso sexual puede provocar en el niño o la niña desde pesadillas hasta inseguridad, deseos de no volver a la escuela, pérdida del control de esfínteres, hasta casos en los que se atrofia el desarrollo sexual que se manifiesta en algunas disfunciones, en fobias y rechazo al sexo, y en situaciones extremas, hasta en el suicidio.

 

La Secretaría de Educación Pública, que tiene la obligación de atender los casos de pederastia en cualquiera de sus planteles, públicos o privados, debería estar atenta no sólo al acto de justicia más elemental, sino proteger a su población, es decir a los niños y niñas de este país para que esos maestros y maestras no vuelvan a estar en contacto con los menores.

 

Mientras la SEP despierta, hay que estar muy atentos a lo que los pequeños nos pueden comunicar, ya sea de manera verbal o a través de su conducta; es muy difícil que en su gran imaginación puedan inventar e incluir episodios de abuso sexual. Cuando lo hablan o lo expresan en sus juegos, muy probablemente lo han experimentado. Miles de personas hoy adultos (as) vivieron esta agresión en su más tierna edad y todavía no se brindan la oportunidad de pedir ayuda.

 

Algunas terapeutas que trabajan con mujeres anorgásmicas han reportado la presencia del abuso sexual en muchas de ellas. Y en los hombres la situación no es tan diferente, si ellas tienen miedo y vergüenza de manifestarlo, los varones todavía más, ya que pesa sobre ellos la equivocada idea de que el abuso o la violación traerá como consecuencia irremediable la homosexualidad.

 

De ninguna manera hay que dejarse derrotar por falsas informaciones o por vergüenzas injustificadas, no importa la edad que se tenga, usted puede pedir ayuda profesional para descargar ese enorme dolor y malestar. Busque un grupo especializado o un terapeuta con capacidad y entrenamiento para ayudarlo de verdad. No permita que una situación como esta afecte el desarrollo de su vida sexual y amorosa.

 

Hay tres áreas importantes en las que debemos incidir en el tema del abuso sexual: ofrecer una educación sexual objetiva, científica y laica que nos permita hablar del tema sin temor; segundo, seguir insistiendo en la cultura de la denuncia aunque la justicia a veces tarde en llegar y, tercero, pedir ayuda profesional.

 

Fax: 5424-0771 patricia.kelly@eluniversal.com.mx