Apoyo a Bush, cuestión de fe

Los cristianos evangélicos han sido clave para el presidente, quien dijo haber llegado al cargo "por un llamado de Dios"

TEXTO JOSÉ CARREÑO . CORRESPONSAL
El Universal
Martes 31 de octubre de 2006

WASHINGTON.- El presidente George W. Bush y la guerra en Irak tienen ahora el respaldo de alrededor de la terce- ra parte de los estadounidenses y, por coincidencia, la tercera parte de los estadounidenses son cristianos evangélicos...

La correlación no es una casualidad. De hecho, los cristianos evangélicos han sido la audiencia que con su apoyo formó el núcleo de respaldo a Bush y la guerra: al primero porque era literalmente uno de ellos y los cortejó y hasta se puede decir que les cumplió en una serie de temas. A la otra, porque hay un fondo misionero y hasta de creencia en un designio divino engranado en la fe como la practican muchos cristianos en EU.

La relación entre Bush y los cristianos evangélicos es bien conocida. Tanto, que de hecho muchos conservadores históricos han expresado su preocupación de una u otra forma. Más aún, consigna el especialista Garry Wills, "Bush le dijo a varios grupos evangélicos que sintió que Dios le había llamado para buscar la presidencia en 2000".

Cuando durante su campaña electoral en 2000 Bush se declaró un cristiano renacido y subrayó que su filósofo favorito era Jesucristo, su declaración resonó en un ámbito que hasta ese momento no era frecuentemente visitado aunque sí cuidado por los políticos estadounidenses: la derecha religiosa.

Bush y su consejero político, Karl Rove, fueron más lejos. Literalmente consultaron a los grupos religiosos fundamentalistas en la mayoría de sus iniciativas sociales, sin pasar por alto educación, ciencia y hasta medio ambiente. Después de todo, la idea del "calentamiento" de la tierra va contra la idea de que el mundo fue creado de la nada por una mano divina. Rove pretendía y aún no abandona la idea de crear una mayoría republicana que dominase EU por décadas y una de las partes fundamentales serían los cristianos conservadores, grupos religiosos que a pesar de su actividad, riqueza e influencia, se sentían marginados incluso por mandatarios tan conservadores como Ronald Reagan.

Bush remedió eso. No sólo nombró funcionarios abiertamente religiosos en puestos de importancia sino literalmente activistas, como el procurador general John Ashcroft, un abierto opositor de la libertad de opción (aborto), que llegó a establecer una oficina dedicada a preservar los derechos religiosos dentro de su Unidad de Derechos Civiles.

La Oficina de Personal de la Casa Blanca fue puesta en manos de una activista cristiana-evangélica, Kay Coles James, muy cercana al predicador y activista Pat Robertson, que se convirtió en la clave de una política de contratación de personal adecuado para las causas de los cristianos conservadores.

Sin embargo, eso abrió la puerta a otros problemas. Muchos de los estadounidenses enviados para apoyar la Autoridad Provisional de Reconstrucción en Irak no tenían idea de lo que hacían pero sí impecables credenciales cristianas conservadoras. La consecuencia: los iraquíes escucharon campañas de abstinencia y contra el cigarrillo mientras sus hospitales se desmoronaban.

En todo caso, la administración Bush promovió una política de "valores", que impulsó una enmienda constitucional para prohibir el matrimonio entre homosexuales y entregó recursos del Estado a iglesias para promoción de servicios sociales que por supuesto eran los que esas iglesias querían: la educación sexual fue transformada en mensajes de abstinencia.

En el ámbito de la política exterior, el apoyo a Israel se volvió más evidente. Después de todo, para que el Mesías pueda llegar por segunda ocasión es necesario que exista el Estado de Israel y, para no pocos activistas evangélicos, la Biblia asigna a Estados Unidos la misión de proteger y asegurar esa segunda llegada. Más allá de eso, algunos piensan que en el caso concreto de Bush fue colocado en su puesto por Dios para encabezar a la nación y al mundo.

El general William Boykin, subsecretario de Defensa para Inteligencia, saltó a la fama cuando aseguró que la guerra de EU en Medio Oriente no era contra Osama bin Laden o en su momento contra Saddam Hussein, sino "contra un tipo llamado Satanás.... Satanás quiere destruir esta nación".

Para muchos estadounidenses cristianos, la guerra contra Irak fue parte de esa misión. El propio gobierno Bush tuvo que maniobrar con cuidado cuando líderes religiosos como Billy Graham (hijo) hablaron de la oportunidad para catequizar musulmanes, pero su discurso, cuando menos hasta hace poco, estaba lleno de palabras como "misión".