El temor de los republicanos

De ganar los comicios legislativos del 7 de noviembre, la agenda demócrata podría poner en jaque a su partido rival

JOSÉ CARREÑO . CORRESPONSAL
El Universal
Miércoles 01 de noviembre de 2006

WASHINGTON.- La pérdida del poder, la posibilidad de que una mayoría demócrata en el Congreso busque una impugnación constitucional del presidente George W. Bush y trate de echar atrás 10 años de legislación es una combinación de pesadilla para los republicanos.

"Tonterías", dicen los demócratas. La lideresa de la minoría en la Cámara baja, Nancy Pelosi, se ha cansado de reiterar que de lograr la mayoría los demócratas van a buscar posturas "moderadas" que no van a sacudir al país o llevar a una crisis constitucional como la que implicaría una impugnación presidencial.

John Conyers, que podría regresar a la presidencia del Comité Judicial, ha declarado consistentemente que Bush ha cometido acciones y abusos de poder que ameritan la impugnación constitucional, pero también que el país no soportaría una crisis de ese tipo y que él no iniciaría ese proceso.

El tono tranquilizador asumido por Pelosi o Conyers no es el que usan los republicanos para describir lo que sería una mayoría legislativa demócrata. De investigaciones políticas sin fin a la derrota en Irak sin olvidar aumentos de impuestos y una quiebra económica, los republicanos tratan ahora de poner a los demócratas bajo la peor luz posible.

"Van a incrementar impuestos", parece un mantra, tanto como la pregunta "¿quieren perder la guerra en Irak?", expresadas una y otra vez por candidatos o voceros republicanos. En todo caso, el sólo poner bajo supervisión legislativa a un gobierno que en sus seis años de existencia no ha tenido mayor molestia del Congreso tendría un impacto. La consecuencia de ese tipo de supervisión sobre la guerra en Irak o la forma en que se realizó la ocupación serían sin duda considerables.

De creer a algunos de los anuncios que los republicanos usan para movilizar a sus simpatizantes, una mayoría demócrata buscaría la impugnación de Bush, el inmediato retiro de tropas de Irak y por tanto la derrota de EU, una imagen que el actual partido de minoría teme y se preocupa por combatir.

Y de creer a los republicanos, también sería de esperar un incremento en los impuestos y un proteccionismo reemplazando la política de mercados abiertos. Y ciertamente, habría una reforma de las leyes migratorias, que incluiría una "amnistía" para millones de indocumentados y un programa de trabajadores invitados, aunque tal vez las medidas no serían tan amplias como desearían pensar algunos.

Pero sobre todo, habría tal vez una mayor tolerancia hacia temas que son "tabú" para la audiencia republicana: libertad de aborto, mayor separación entre religión y Estado, neutralidad ante el matrimonio de homosexuales, mayor apoyo a la investigación sobre células madre, derecho a la muerte.

El principal temor, sin embargo, podría estar en el retorno de algunos de los "viejos leones" demócratas a la presidencia de comités desde los que podrían desarrollar una serie de campañas que acorralarían al gobierno Bush. Pero también es cierto que en su gesta por reconquistar la mayoría legislativa, los demócratas han postulado candidatos que a veces no parecen muy distintos de sus contendientes republicanos.

Con todo, una victoria demócrata sería un frenón brutal a lo que Bush y sus allegados esperaban fuera la creación de una coalición político-electoral que dominara Estados Unidos por décadas. Las consecuencias irían más allá. Los demócratas estarían otra vez en posición de alterar políticas y de forzar posiciones, en temas que van del medio ambiente a la educación pública, del salario mínimo a los tratados de libre comercio, de la guerra en Irak a la transparencia gubernamental.

Pero los temores actuales regresan siempre a Irak y la planificación y administración de un conflicto en el que Estados Unidos ha gastado más de 300 mil millones de dólares, ha sufrido casi 3 mil muertos y millares de heridos, y no parece estar cerca de lograr los resultados anunciados hace tres años. "Fue un error" afirma Pelosi, "un error histórico". Y esa opinión se reflejará en el trabajo de una mayoría demócrata en cualquiera de las cámaras o las dos.