Fantasmas de la Guerra Fría y la embajada de EE.UU. marcan las elecciones en Nicaragua

Por José de Cordoba / 3 de noviembre de 2006

THE WALL STREET JOURNAL

MANAGUA- Cuando el embajador de Estados Unidos en Nicaragua dijo de un candidato presidencial que “si parece un pato, camina como un pato y nada como un pato, entonces probablemente es un pato”, causó una gran agitación.

Desde que se produjeron estos comentarios, hace algunos meses, el candidato, José Rizo, un canoso empresario cafetero, ha sido objeto de bromas en la prensa nicaragüense, que lo ha representado como un “pato”, que en la jerga callejera también significa homosexual. Los amigos de Paul Trivelli, el embajador estadounidense, aseguran que lo único que quiso decir el diplomático es que Rizo es un personaje controlado por el ex presidente Arnoldo Alemán, actualmente bajo arresto domiciliario por desfalco millonario. De todas maneras, no son pocos quienes sospechan que Trivelli, que habla español con fluidez, conocía perfectamente el significado de la palabra.

“Me llamó pato, y eso significa homosexual”, dice Rizo, quien asegura que no es gay y está enfadado por tener que defenderse. Trivelli y otros funcionarios de la embajada no quisieron ser entrevistados para este artículo.

La “crisis del pato” es un buen ejemplo de lo que los nicaragüenses consideran una intromisión de EE.UU. en las elecciones presidenciales de este domingo, en las que el ex comandante sandinista y ex presidente Daniel Ortega, odiado por Washington, cuenta con una amplia ventaja sobre el banquero Eduardo Montealegre, el favorito del Departamento de Estado. Rizo aparece tercero en las encuestas, bastante lejos de los demás, pero está captando la atención de EE.UU., porque los votos en su favor fragmentarán la oposición contra Ortega. Y mantener a Ortega fuera del poder es muy importante para los diplomáticos de EE.UU.

La controversia es un eco de los años 80, cuando EE.UU. intentó derrocar a Ortega después de que su gobierno se aliara con la Unión Soviética. La actual campaña de Ortega genera fuertes emociones en el Departamento de Estado, en tanto que es un recordatorio de aquellos tiempos. Incluso el teniente coronel retirado Oliver North, una notoria figura de la batalla contra los sandinistas durante la Guerra Fría, se ha involucrado en las elecciones, criticando a EE.UU. por oponerse a Rizo.

Desde que llegó a Managua, el año pasado, Trivelli, de 52 años, se ha convertido en una figura habitual en los medios de comunicación nicaragüenses, en los que ataca a menudo a lo que él llama las fuerzas antidemocráticas del país: los sandinistas de Ortega y el Partido Liberal Constitucional (PLC) de Rizo. Trivelli dice que EE.UU. está combatiendo la corrupción, una amenaza para la democracia de Nicaragua y especialmente virulenta en el PLC. “Nunca aprobaremos a un candidato o partido que tenga como candidato a Arnoldo Alemán, a su familia, a su cúpula o a alguien designado por él”, dijo Trivelli este año en la televisión nicaragüense. Aún así, incluso los amigos de EE.UU. en Nicaragua creen que las tácticas del embajador han sido poco sutiles.

Carlos Briceño, un estadounidense que dirige un canal de televisión en Managua, dice que recibió una llamada de un asistente de Trivelli para decirle que las elecciones eran un asunto de interés nacional para EE.UU., y sugerirle que sus emisiones deberían reflejar esta idea. “EE.UU. ha perdido los parámetros de lo que es permisible y lo que es totalmente inaceptable”, afirma.

El mes pasado, la Organización de Estados Americanos, que supervisa las elecciones, emitió un comunicado en el que criticó las interferencias externas y al propio Trivelli.

Rizo, quien como muchos nicaragüenses acaudalados viaja con frecuencia a EE.UU. para asuntos familiares o de negocios, dijo recientemente que había tenido problemas en la embajada de Trivelli. Cuando su visa caducó, en junio, Rizo dijo que, después de ser interrogado sin piedad, le dieron otra nueva por sólo tres meses, que ya también caducó.

La embajada de EE.UU. también ha retirado el visado de al menos dos docenas de destacadas figuras del PLC, en su mayoría jueces, alegando en muchos casos que son unos corruptos. El asunto de los visados ha sido denunciado por el PLC como políticamente motivado. En ciertos círculos de Managua y en la prensa, quienes se han visto privados de sus visas son llamados “los desvisados”.

EE.UU. se ha opuesto al PLC desde que Alemán, un caudillo político de 140 kilos conocido como “El Gordo”, selló un acuerdo en 1999 con Ortega, entonces líder de la oposición sandinista. Como parte del pacto, ambos partidos cambiaron las leyes electorales, de tal manera que un candidato presidencial pudiera evitar una segunda vuelta con sólo el 35% de los sufragios. Esto fue una bendición para Ortega, rechazado por gran parte del electorado.

En los últimos sondeos, Ortega tenía el 33% de los votos, frente al 25% de Montealegre y el 17% de Rizo.