Los de Coatza en el ambiente

Por Rocío Sánchez / Agencia NotieSe* / 6 de noviembre de 2006

 

El espíritu jarocho es franco, abierto y tolerante —aunque todavía “hasta cierto punto”. La visibilidad con que viven gays y otros varones con prácticas homosexuales es fundamental para lidiar con el VIH/sida en el puerto de Coatzacoalcos, lugar de encuentro, cosmopolita: de ambiente y de riesgos.

 

La Puerta del Sureste, según el lugar común oficial, es el puerto donde se ubican los complejos petroquímicos más importantes del país. Las numerosas fuentes de trabajo han atraído a Coatzacoalcos durante décadas a gente de todas partes, además de recibir diariamente a cientos de marineros. Esto, según sus habitantes, da cierto aire cosmopolita a la ciudad.

 

Su compleja composición sociocultural ha acompañado la dispersión del VIH/sida, que llevó a esta cabecera municipal a ocupar el primer lugar estatal en incidencia de casos en 2005, aun por encima del puerto de Veracruz. La entidad ocupa el tercer lugar en casos acumulados de sida en México.

 

Coatza —de cariño— no escapa del espíritu festivo y abierto que poseen todos los jarochos. Quizás por eso sus habitantes coinciden en señalar que hay mayor tolerancia que en otros estados hacia la homosexualidad masculina. “Aunque tampoco significa que sea fácil que un gay se asuma abiertamente ante su familia”, comenta Arturo Rabelo, integrante de una de las dos organizaciones civiles dedicadas a la lucha contra el VIH/sida en el puerto, Creyentes Unidos contra el Sida.

 

Eso sí, el sexo entre hombres está acotado, al menos en la percepción de la sociedad, a los bares donde gays, travestis, bisexuales y hombres que no se asumen homosexuales se ven obligados a convivir, así como a las zonas de trabajo sexual como el antiguo malecón, donde el marinero solo tiene que dar unos pasos fuera de su barco para contratar hombres o mujeres, de cualquier edad, para tener relaciones sexuales.

 

Gente alegre

 

Aunque la supervisión sanitaria del gobierno municipal pretende ser estricta en la vigilancia epidemiológica del VIH entre trabajadores sexuales, lo consigue sólo parcialmente. “Nos llaman a revisión una vez a la semana”, dice Grecia, joven trabajadora sexual travesti de uno de los lugares de sexoservicio del llamado Barrio Alegre, una única colonia donde se puede acceder al ambiente gay. Sentada en la orilla del escenario donde ella y sus cinco compañeras hacen table dance o bailan con sus clientes, asegura que sabe que debe usar condón, pero comenta con desdén que el municipio les da sólo cuatro condones en cada revisión.

 

La clientela comienza a llegar como a las diez de la noche. Sus clientes son de todos tipos, algunos de ellos casados.

 

Todas aseguran usar condón, salvo con su pareja estable: “Entonces no, porque no es normal, es tu pareja”, dice Alexa, quien dice creer que su novio le es fiel, y que de saber lo contrario “lo mataba”.

 

Ninguna llega siquiera a los 30 años. Enfundadas en breves tops y minifaldas, cuentan que son del puerto de Veracruz, de Salina Cruz, de Villahermosa. Ninguna de Coatza. Igual que sus colegas de otros bares, viven en su mismo sitio de trabajo; algunas de ellas ni siquiera pueden salir con facilidad pues su techo y su sustento se lo deben al dueño del negocio. Paradójicamente, es por esto que tanto las organizaciones civiles como las mismas autoridades del programa de VIH/sida del puerto pueden trabajar con ellas de manera más cercana y certera.

 

Acciones oficiales

 

Norberto Pacheco, responsable del Programa de Prevención y Control del VIH/sida en la Jurisdicción Sanitaria XI, de donde Coatzacoalcos es cabecera, asegura en entrevista que él mismo visita los bares de sexoservicio travesti para acercar la información. Sin embargo, esta parece ser la única acción concreta que el sector salud estatal realiza entre hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH). El resto de los esfuerzos está enfocado, al menos en los meses más recientes, a prevenir la infección entre adolescentes y jóvenes.

 

Esto quizá porque, según las estadísticas de la Jurisdicción —actualizadas sólo hasta 2004—, Coatzacoalcos no sigue el patrón nacional de mayor incidencia de VIH entre varones que se relacionan con su mismo sexo. Mientras la media nacional indica que 83 por ciento de las infecciones se dan en hombres, y que de éstas 60 por ciento son entre HSH, el puerto registra que sólo 20 por ciento de los casos registrados en varones se debieron a contacto homosexual. “Esos datos me parecen muy dudosos; creo que es porque los hombres no lo reconocen, aunque les expliques lo que significa HSH ellos se declaran heterosexuales”, comenta Arturo Rabelo.

 

Atención y más prevención

 

Para atender a las personas que ya viven con VIH y también para evitar nuevas infecciones, en Coatzacoalcos se puso en marcha el tercer Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención del VIH/sida y otras Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits). El Capasits es un nuevo modelo de atención que inició en el puerto de Veracruz para brindar atención integral a las personas seropositivas, ya que además de brindar consulta médica, odontológica y exámenes de laboratorio, cuenta con servicios psicológicos, de trabajo social y acciones de prevención de la epidemia.

 

Su titular, el médico Pedro Chang, asegura que el Capasits es un lugar donde toda persona recibirá un trato digno sin juzgar su orientación sexual. Actualmente atiende a 463 personas, cuando hace cuatro años sólo tenía registradas 18.

 

Chang Mercader explicó que, entre las acciones de prevención en HSH, “hacemos talleres para sensibilizar a los trabajadores del sexo comercial y a sus clientes. También trabajamos con la comunidad gay y transexual, y hemos tenido muy buena respuesta”. Para conjuntar estrategias y unir esfuerzos, desde marzo de este año se ha conformado el Grupo Multidisciplinario en ITS/VIHSida, que reúne a diversos sectores de la sociedad: la Jurisdicción Sanitaria, el Capasits, organizaciones de la sociedad civil, el Cereso regional, el DIF de Coatzacoalcos, la Universidad Veracruzana y el sector religioso católico.

 

Coordinado por Amaranta Gómez, activista transexual de la organización Binni Laanu, el grupo impulsa un proyecto que incluye un programa de radio, campañas de sensibilización en poblaciones clave (jóvenes, hombres privados de libertad, HSH y comunidad lésbico, gay, bisexual y transgénero), cabildeo político y sensibilización de los medios de comunicación.

 

Coatzacoalcos se encuentra, en efecto, en un momento crítico en lo referente a VIH/sida, pero parece que tiene un gran aliado en su actitud y su apertura para emprender acciones que frenen el costo de la epidemia.

 

* Este texto forma parte de la “Estrategia de Comunicación e Información de Combate a la Homofobia y Discriminación para Crear Climas Favorables para la Prevención del VIH” apoyada por el Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/sida (Censida)