¿Cambio de régimen en Washington?

ARTURO VALENZUELA
El Universal
Martes 07 de noviembre de 2006

En la víspera de las elecciones en Estados Unidos los sondeos de opinión pública muestran que el Partido Republicano se encuentra en el peor clima político que ha tenido que enfrentar desde el escándalo de Watergate en 1974, con las posibilidades de entregarle al presidente George W. Bush una derrota de carácter histórico. Son pocos los analistas que dudan que la Cámara de Representantes pasará a ser controlada por el Partido Demócrata y muchos que el Senado sufrirá la misma suerte. El politólogo Larry Sabato de la Universidad de Virginia va incluso más lejos al decir que tanto en la Cámara como en el Senado, como entre las gubernaturas, es improbable que un republicano esté en condiciones de derrotar a un demócrata, mientras que los demócratas tienen buenas posibilidades de ganar unos 30 escaños en la Cámara (necesitan 15 para obtener la mayoría) y siete en el Senado (necesitan seis) y obtener una mayoría de las gubernaturas.

En vez de mejorar, el clima político para los republicanos ha empeorado al aproximarse los comicios. La valorización de la gestión del presidente ha caído nuevamente a los niveles más bajos de su presidencia, con sólo 34% diciendo que lo está haciendo bien según la última encuesta de CBS/The New York Times. El mismo sondeo revela que 52% de los votantes probables prefiere un Congreso demócrata, mientras que sólo 34% prefiere uno republicano.

Voceros de la Casa Blanca, incluyendo el asesor Karl Rove, insisten que esos datos son irrelevantes ya que reflejan una valoración del Congreso en abstracto y no el desempeño de diputados con nombre y apellido, que tendrían mayor aceptación en distritos individuales. Si bien esa observación es cierta para el país en general, una encuesta realizada por la firma Greenberg Quinlan Rosner en los 50 distritos más competitivos que controlan los republicanos, refleja un rechazo de sus candidatos por más de siete puntos, un incremento de tres puntos en el curso de la última semana.

En estos distritos republicanos la gestión del presidente es valorada en forma positiva por sólo 39% de los electores.

Lo que claramente está perjudicando tanto al presidente como a los legisladores de su partido es la guerra en Irak, que en estos distritos republicanos es vista como el tema principal de la elección por un 40% del electorado, mientras que el terrorismo es visto como la mayor preocupación por sólo 20%. Y 53% de los encuestados en los mismos distritos se pronuncian ahora a favor de un retiro de las tropas de Irak, mostrando la impopularidad creciente de la guerra y el rechazo a la política del presidente.

Los demócratas también aventajan a los republicanos por más de nueve puntos como el partido que manejaría mejor la economía y el tema de los impuestos. Aunque los candidatos republicanos han perdido apoyo entre sus propios correligionarios (uno de cinco), lo más preocupante para ellos es lo que ha pasado con los independientes, ya que aun en "distritos republicanos" éstos favorecen a los demócratas por 23 puntos (56 a 33).

A pesar de esta evidencia, algunos analistas republicanos insisten que a su partido le va a ir mejor de lo esperado por tener mayor capacidad de movilización de su "base dura" -factor crucial en elecciones intermedias, que tienden a tener una participación no muy superior al 40%-. Greenberg muestra que hay mucho más interés en esta elección por el descontento con Irak -y efectivamente los demócratas dicen tener mayor "entusiasmo" que sus contrapartes-. Tampoco está claro que los republicanos puedan confiar en su "base dura" como antes.

Un estudio de encuestas públicas realizada por World Public Opinion muestra que los votantes cristianos fundamentalistas que apoyaron contundentemente al Partido Republicano por su preocupación por los temas como el aborto y la homosexualidad, estarían ahora más preocupados por la guerra y temas de política exterior.

El apoyo a la guerra bajó de 54% a 43% entre esa población con una mayoría significativa opinando que la guerra ha agravado el peligro de un ataque terrorista.

Si se da una pérdida de esta magnitud para el partido gobernante, provocaría un verdadero cambio de régimen en Washington, forzando al presidente a buscar consensos con un partido que ha sido duramente golpeado por las hasta ahora férreas mayorías del partido conservador que lo marginaron del proceso de toma de decisiones.

El estilo arrogante y agresivo de la Casa Blanca tendría que cambiar en forma significativa para establecer un ambiente de cooperación.

Dada la trayectoria de su gobierno y de su propio carácter como gobernante, un giro de esta naturaleza no se ve fácil y para muchos expertos es altamente improbable lo que podría desencadenar en dos años de parálisis política en la potencia más grande del mundo al tiempo que busca cómo desenmarañarse del desastre de Irak.

Arturo Valenzuela es director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown en Washington, D.C. En el segundo gobierno del presidente Clinton fue director jefe de la Oficina de Asuntos Interamericanos en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca