Doblegan religiosos a gays en Jerusalén

Por Ricardo Mir / 10 de noviembre de 2006

Cancelan marcha masiva en la Ciudad Santa. Ceden homosexuales ante la creciente presión de los grupos ortodoxos; harán acto en un estadio

Especial

 JERUSALÉN.- El fanatismo religioso ha puesto en jaque a la sociedad civil en Israel. Después de dos semanas de disturbios callejeros y amenazas de muerte por parte de la comunidad judía ultraortodoxa contra la celebración del Orgullo gay en Jerusalén, los organizadores del evento dieron ayer su brazo a torcer.

En lugar de desfilar por las calles de la ciudad santa, como ocurrió en las anteriores cuatro ediciones, la comunidad de gays y lesbianas se comprometió a celebrar hoy su día grande en un recinto cerrado: el estadio de la Universidad Hebrea.

Esta fórmula, ofrecida por la organización ante las dificultades de la Policía para garantizar su seguridad, incluye otras demandas de los religiosos como la prohibición en las calles de todo símbolo de orgullo homosexual.

Mucho ha influido en el cambio de planes la nueva situación generada en Gaza tras la masacre israelí de 19 civiles palestinos. Israel ha elevado al máximo la alerta de atentados suicidas.

Miles de policías y soldados están desplegados por todo el país. De ahí que las fuerzas de seguridad insistieran tanto en las dificultades de poner a disposición de la marcha los más de 10 mil agentes necesarios para hacer frente a la manifestación de protesta convocada por los religiosos y la extrema derecha.

Según fuentes policiales, la marcha gay podría haber reunido hasta medio millón de personas. Ante todo se ha querido evitar el precedente del año pasado, cuando tres personas fueron acuchilladas por un ultraortodoxo durante la marcha gay.

"Es una pena que pasemos de un desfile a una fiesta cerrada, pero el momento es muy malo en cuanto a la seguridad tras la tragedia de Gaza", explicó a REFORMA, Noa Satat, presidenta de la entidad organizadora, la Open House, en la que participan judíos y árabes.

La conclusión, sin embargo, es que la intimidación violenta de los religiosos ha dado frutos. Incluso a pesar de que el Tribunal Supremo autorizara la marcha.

Cada noche durante dos semanas levantaron barricadas, quemaron contenedores, vehículos policiales y se enfrentaron con piedras y hasta cócteles molotov a las fuerzas de seguridad.

Casi medio centenar de policías resultaron heridos y 150 ultraortodoxos fueron detenidos, según el inspector de policía Micky Rosenfeld.

Sus acciones se han visto espoleadas por los rabinos, seguidos con fe ciega en la comunidad. En todo momento han llamado a boicotear la marcha gay, aunque desmarcándose en algunos casos de la violencia de las protestas.

"Nos horroriza el complot que una minoría de degenerados entre nuestros hermanos ha preparado para reunirse y llevar a cabo abominaciones que les relegan a lo más bajo de la especie humana", rezaba un comunicado de la máxima jerarquía rabínica de Israel.

Las calles de Mea Sharim han sido el centro de las protestas. Aquí viven los sectores más tradicionalistas (ultraortodoxos) del judaísmo. La Torah (Antiguo Testamento) y el Talmud son las únicas leyes válidas en sus calles atestadas de sinagogas y escuelas rabínicas.

Todo se rige por una estricta separación de sexos y el puritanismo más atávico. Y ni los extranjeros ni los judíos laicos son bienvenidos. Como tampoco la modernidad, vista como una corrupción de los valores bíblicos.

Algunos incluso no reconocen al Estado de Israel, el cual será sólo legítimo tras la llegada del Mesías y la restauración de la monarquía de David. "No quiero que estos enfermos perviertan a mis hijos. La Biblia prohíbe la homosexualidad y lo único que pretenden es manchar la pureza de la ciudad santa", decía Yitzhak Cohen, un joven matriculado en una escuela rabínica de Mea Sharim.

"La prensa es toda izquierdista. Márchate a tu país, aquí no te queremos", dijo otro residente hebreo.