El ´sí se pudo´ dominó a opositoresen la ALDF

Alberto Cuenca
El Universal
Viernes 10 de noviembre de 2006

El recinto parecía un estadio de futbol con porras y descalificaciones de uno y de otro bando. Como si se tratara de barras bravas , simpatizantes y opositores a la Ley de Sociedades en Convivencia tomaron sus lugares en las galeras de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), listos para la reacción a la hora de aclamar el triunfo, como si fuera un gol.

Los promotores eran mayoría en esos asientos y lograron que sus gritos destacaran sobre la bulla de sus adversarios. "¡Sí se pudo!", exclamaron cuando la ley se aprobó; los contrarios hicieron una retirada discreta y poco a poco, aún antes de esta votación que duró cinco horas.

Unos vestían de blanco. Eran los contrarios a esta ley, integrantes de la Unión de Padres de Familia o de los Caballeros de Colón, quienes lanzaban miradas penetrantes al otro bando y abucheos a los diputados que defendían la propuesta.

Los otros eran de la comunidad lésbico-gay y organizaciones en lucha contra el sida; algunos venían con ropa casual, cabellos erizados a punta de gel y banderines multicolores que contrabandearon, pues el personal de resguardo de la ALDF, como si granaderos de estadio dueran, decomisaron todo.

A nivel de galeras, entre esa lucha de ruido que ganaron los "multicolores"; parecía que se emulaba la dosis que abajo, a nivel de curules, la fracción mayoritaria del PRD, en alianza con partidos pequeños, estaba a punto de recetarle al PAN, al momento de aprobar la ley.

En esta cancha legislativa el cabildeo y el vaivén de los diputados era intenso; algunos se movían para atacar. Alfredo Vinalay, del PAN, y Jorge Schiaffino, del PRI, se enfrascaron en una disputa con los perredistas por una palabra, pues querían el cambio del concepto de "hogar común" por el de "lugar común".

En uno de esos ataques, hasta el ombudsman capitalino Emilio Alvarez Icaza, salió raspado, pues de su lugar como espectador en las galeras bajó a nivel de cancha para saludar a los legisladores, y cuando hizo esto, Vinalay le pidió al presidente de la mesa directiva que sacara al defensor de los derechos humanos.

"¡Qué intolerante!", le gritó a Vinalay el diputado de Alternativa, Jorge Carlos Díaz Cuervo, quien a su vez la hizo de defensa del dictamen; logró que no se le moviera una sola coma al documento que previamente se había aprobado en comisiones.

En este cabildeo fue pieza clave la ex asambleísta Enoé Uranga, quien se movía con toda soltura por las curules. Junto al coordinador de los diputados del PRD, Víctor Hugo Círigo, la ex diputada y autora de la primera iniciativa de esta ley escuchaba a los otros partidos pero sin prometer nada, y de eso fueron testigos los diputados del PRI, quienes aseguraban que Círigo, en compañía de Uranga, habían asegurado que sus 20 propuestas de cambios a la ley pasarían, pero no fue cierto.