Condenan ley por un lado; por el otro, muestran júbilo

Sara Pantoja
El Universal
Viernes 10 de noviembre de 2006

No lanzó arroz porque no fue una boda, pero sí aventó conffeti a puños para celebrar que después de 20 años de vivir con su pareja, Juan Carlos Escandón podrá legalizar su relación homosexual, "para toda la vida" y proteger económica y socialmente a su novio para el día en que él falte.

De hecho, apenas las bocinas lanzaron el resultado positivo de la votación desde la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Juan Carlos le marcó por el teléfono celular: "Mi vida, te amo... ¿Te quieres unir en Ley de Sociedades de Convivencia conmigo?", le preguntó mientras los ojos se le cristalizaban y le venía un tic nervioso-emocional en la mejilla.

"Me dijo que sííí... me dijo que ssííí!", gritó el integrante del grupo Amigos lesbianas y homosexuales de Andrés Manuel López Obrador y siguió aventando papelitos circulares de colores.

Atrás quedaron los gritos, jaloneos y empujones que hubo por la mañana entre grupos en pro y en contra de la Ley de Sociedades de Convivencia. Algunos llegaron alrededor de las seis de la mañana.

Católicos, cristianos y evangélicos a la izquierda; homosexuales y lesbianas a la derecha, así se agruparon -irónica e involuntariamente- decenas de personas en las escalinatas del recinto legislativo de Donceles y Allende, en el centro histórico.

Los primeros eran de la Unión fraternal de iglesias cristianas evangélicas y de la Iglesia mexicana del Evangelio, Partido Encuentro Social y del Comité orgullo méxico. Gritaban "Somos mayoría, queremos consulta" y cantaban "Levántate, grita, grita" y "Un grito de júbilo, Cristo vive", "Aleluya, Aleluya" y "Alabaré a mi Señor", ayudados de tres megáfonos y al ritmo de una guitarra acústica.

También había algunos padres de familia y hasta una viejita con una bandera del PRD y a quien más de tres veces las policías tuvieron que salvar para que no fuera expulsada del grupo a empujones.

A su alrededor y para calmar los ánimos, medio centenar de mujeres policía de la Unidad de Protección Ciudadana del Centro Histórico los arrinconaron y dejaron un pasillo para la entrada de los diputados capitalinos e invitados. También apoyaron estas labores uniformados del Sector Alameda y del Agrupamiento de Granaderos Oriente.

Los de la derecha eran de más agrupaciones: Diversum México, AIPsIAC, Diverse AC, Foro de hombres gay, Comex AC, Letra S, Grupo madres de gays y lesbianas, Colectivo Sol, Combo móvil, Mujeres trabajadoras unidas, Musas de metal, Nueva generación de jóvenes lesbianas, Grupo de madres lesbianas y el Comité unitario universalistas de México. Había muchos heterosexuales que apoyaban y dos mujeres vestidas de vaqueras y chinas poblanas. Montaron un templete donde el grupo La nebulosa acompañó a un cantautor vestido de monje, con collar de rosario y bufanda arcoiris.

Entre ambos grupos había un hombre alto que repartía copias de un escrito titulado Los guerreros de Jacob y que entre sus 39 líneas contenía pasajes del Génesis: "No podrás cambiar jamás...tu naturaleza, ni hormonas".

A la derecha, un simpatizante regalaba globos verdes, amarillos, rojos y morados, mientras un vendedor ofrecía maquillaje arcoiris por cinco pesos o pulseritas de a 10 y condones inflados volaban como pelotas de playa.

La espera fue larga. La batalla verbal se tranquilizaba por momentos y hasta se alegraba: "Fiesta, fiesta... pluma, pluma gay", entonaban los de colores; era el llamado Himno gay que cantan Los Morancos. También cantaron A quién le importa lo que yo haga que Thalía le copió a Alaska y Dinarama; pero, definitivamente, Paulina Rubio y su canción Ni una sola palabra... hizo tararear hasta a las policías que formaban parte de la valla.

Aquella fiesta se alegró más pasado el medio día, cuando en el recinto se negó una moción de los panistas, pero también terminó con las protestas de los católicos y padres de familia que, avisorando la derrota, se retiraron del lugar.