Letras prohibidas

Desde el erotismo experimentado de Anaís Nin hasta el impetú suicida de Virginia Woolf, la vida de los escritores es más apasionante que una novela; relaciones tormentosas, agonías creativas, erotismo desenfrenado, patologías destructivas y una que otra excentricidad son la experiencia de genios literarios

Rosalina Piñera
El Universal
Viernes 10 de noviembre de 2006

Cine y literatura sostienen una relación estrecha desde hace más de un siglo, pero pocos escritores imaginaron que su vida sería punto de partida para el guión de una película. Relaciones tormentosas, agonías creativas, erotismo desenfrenado, patologías destructivas y una que otra excentricidad son la experiencia de genios literarios y no de personajes ficticios nacidos de la inspiración.

Vidas por escrito

Henry and June (Philip Kaufman, 1990) eleva la temperatura en la pantalla con el triángulo amoroso entre el escritor estadounidense Henry Miller (Fred Ward) y su esposa June (Uma Thurman), con la poetisa Anaís Nin (María de Medeiros).

Una biografía del Marqués de Sade parecería estar ligada a los placeres de la carne pero Quills (Letras prohibidas, la leyenda del Marqués de Sade, Kaufman, 2000) se centra en la estancia del escandaloso autor (Geoffrey Rush) en un hospicio de dementes en donde su imaginería lasciva la escribe con su propia sangre.

Un romance tempestuoso fue el del novelista francés George Sand, seudónimo de Aurore Dudevan (Juliette Binoche) con el escritor en decadencia Alfred de Musset (Benoit Maginel) en Les enfants du siécle (Los amantes del siglo, Kurys, 1999). Presente la anécdota cuando Dudevan se disfraza de hombre para accesar al terreno literario dominado por plumas masculinas. Un amor enfermizo devastó a la poetisa Sylvia Plath (Gwyneth Paltrow). Sylvia (Jeffs, 2003) cuenta desde el momento en que conoce al poeta Ted Hughes (Daniel Craig), su pasión ensombrecida por los celos y la depresión crónica que la orilló al suicidio. Otra tragedia es la de Virginia Woolf, la gloria de las letras no fue suficiente cuando pesaba en el alma la búsqueda infructuosa por encontrar un sentido a su vida como se refleja en The hours (Las horas, Daldry, 2002).

Las preferencias amorosas de Oscar Wilde, intolerantes para su época lo condujeron hasta los tribunales, el punto medular de Wilde (Gilbert, 1997).

El filme detalla los debates legales y los discursos del literato (Stephen Fry) para defender su derecho a la vida privada. Carrington (Hampton, 1995) aborda la experiencia de otro escritor homosexual, Lytton Strachey (Jonathan Pryce) quien vivió un romance platónico con la pintora Dora Carrington (Emma Thompson).

El suspenso literario es obligado en autores como Franz Kafka. Lejos de una biografía convencional, Kafka (Kafka, la verdad oculta, Soderbergh, 1991) con Jeremy Irons, es una excursión anticonvencional, a manera de thriller, sobre la génesis temática del escritor y los extraños sucesos que imprimirían el sello enrarecido a su obra.

El mayor misterio de Ágata Christie nunca fue revelado.

La reina de la novela policíaca desapareció durante 11 días en 1926: su auto fue encontrado abandonado cerca de la capital británica sin rastro de ella. Las hipótesis giraron en torno a una aventura pasional, amnesia e incluso hasta asesinato. El enigma dio pie al filme Ágata (Michael Apted, 1979) con Vanesa Redgrave. Ni Mrs. Marple ni el detective Hércules Poirot, los personajes de sus novelas, ayudaron a develar la incógnita.

Capítulo aparte merecen los escritores de ficción con experiencias tenebrosas: En The half dark (La mitad siniestra, Romero, 1993) el novelista George Stark (Timotty Hutton) sufre el acoso mortal de uno de sus personajes que ha cobrado vida. En the naked lunch (El almuerzo desnudo, Cronenberg, 1991) la agonía creativa de William Lee (Peter Weller) lo hacen convivir con cucarachas, cienpiés y máquinas de escribir parlantes. En la película Half light (En las tinieblas, Rosenberg, 2006) la novelista Rachel Carlson (Demi Moore) es perseguida por el fantasma de su hijo. Pero el máximo grado de locura lo alcanza Jack Torrance (Jack Nicholson) en la cinta The shinning (El resplandor, Stanley Kubrick, 1980). Buscando la tranquilidad para escribir un libro queda a cargo de un inmenso hotel durante el invierno. El aislamiento y la carga siniestra del lugar lo conducen al desquiciamiento y su creación literaria se reduce a una frase: “No por mucho madrugar amanece más temprano” repetida demencialmente hasta el infinito.