Afuera también se peleó palmo a palmo por un espacio

Raúl Llanos Samaniego y Gabriela Romero Sánchez / 10 de noviembre de 2006

Exactamente cinco años y siete meses debieron pasar para que fuera aprobada la Ley de Sociedades de Convivencia para el Distrito Federal.

Durante ese tiempo se suscitaron cientos de debates, discusiones y rispideces entre partidos, grupos parlamentarios y otros sectores de la sociedad capitalina, y hasta tomas de la tribuna legislativa.

Pero la aduana de ayer en la ALDF no fue fácil. Los riesgos para su aprobación comenzaron desde las 6 de la mañana, cuando grupos conservadores intentaron bloquear los accesos al recinto de Donceles y Allende, para evitar que hubiera sesión ordinaria.

Pero la movilización de grupos sociales, de la comunidad lésbico-gay y de partidos políticos impidieron esa acción, pues también se apostaron en las escalinatas de la ALDF y a partir de ese momento se peleó cada palmo de terreno.

Incluso, se suscitaron empujones y agresiones verbales, por lo que fue necesaria la intervención del agrupamiento femenil de tránsito de la Secretaría de Seguridad Pública local, que formó una valla para separar a ambos bandos.

Sólo que los ánimos estaban tan caldeados que rebasaron los esfuerzos de las mujeres policías, lo que obligó a la intervención de elementos del agrupamiento de granaderos, quienes mantuvieron bajo control la situación.

Pero desde su respectiva trinchera cada bando hacía su lucha por frenar o promover el dictamen sobre la polémica ley. Por un lado, los de la Red Familias, la Unión Nacional de Padres de Familia y la Unión Fraternal de Iglesias Cristianas Evangélicas entonaban cánticos religiosos, rezaban plegarias, levantaban sus biblias contra sus detractores y se desgañitaban con consignas como: "hombre y mujer, así tiene que ser", "sí a la consulta", "no va a pasar".

Del bando contrario, integrado por militantes partidistas, miembros de la comunidad lésbico-gay y simpatizantes de las uniones de convivencia, la respuesta era inmediata: "cristiano, amigo, si te persiguen ven conmigo...", "discriminación no, convivencia sí..." y decenas de pancartas, mantas y banderolas con los colores internacionales de su movimieno, que ondeaban al calor de las notas musicales del grupo de reggae Pistache Sound.

Así transcurrió desde la mañana hasta el mediodía, pero cerca de la una de tarde se subió el volumen al sonido que transmitía en vivo la sesión de los diputados locales. Votaban nominalmente la moción suspensiva presentada por el PAN, y cuando se declaró que se desechaba el recurso, afuera se pensó que era el dictamen, y los detractores enrollaron sus pancartas y mantas y entre risas y burlas de sus contrapartes, se retiraron sin más. El espacio era ya sólo para un bando.

Horas más tarde, a las 15 horas con 46 minutos vino la votación final: a favor del dictamen 43 votos (PRD, PT, Convergencia, Alternativa, PRI y dos diputados del Panal); 17 en contra (del PAN) y cinco abstenciones (una del PRD). Afuera estalló el júbilo que se convirtió en fiesta de abrazos y besos públicamente reprimidos. Y una que otra lágrima.