Álvarez Icaza fue expulsado de la sesión a solicitud panista; la Iglesia califica de "farsa" la nueva ley

La Asamblea se pintó de rosa

Casi cinco años de controversia y discusión no fueron suficientes para evitar que el debate se desbordara y rozara en la confrontación el día en que, por fin, se aprobó la Ley de Sociedades en Convivencia.

10-Noviembre-06

Casi cinco años de controversia y discusión no fueron suficientes para evitar que el debate se desbordara y rozara en la confrontación el día en que, por fin, se aprobó la Ley de Sociedades en Convivencia.

Las expresiones encontradas se manifestaron desde las afueras de la Asamblea Legislativa del DF en sus escalinatas divididas entre los “derechosos” y los “diversos” —cuya zona de guerra fue delimitada por la fuerza pública—, pero también entre las curules y hasta por más de cinco horas en la tribuna.

La figura clave de la negociación de último momento fue la “madre” de esta ley, es decir, Enoé Uranga. De curul en curul, fue la ex asambleísta recién llegada de Alemania quien logró “amarrar” el voto de los indecisos priistas, que solicitó mesura y respeto a los panistas y quien por fin celebró, agradeció y sonrió triunfante ante la aprobación de las sociedades en convivencia.

Durante el debate, que se dio con mayor interés entre las curules que en las exposiciones planteadas en tribuna, se veía el ir y venir de grupos de legisladores, quienes, acompañados por Uranga, acudían con los opositores en busca de un debate sin descalificaciones y con los indecisos para plantear las ventajas y hasta algunos acuerdos, con tal de que se pronunciaran en favor.

Aunque el público se mantuvo tranquilo, uno de los invitados, el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF, Emilio Alvarez Icaza, apareció a mitad del debate para saludar efusivamente a varios perredistas. A final de cuentas fue expulsado a petición de un grupo de diputados panistas, que rompieron en gritos y reclamos.

El PAN, que buscó a toda costa ocultar sus razones políticas e ideológicas bajo sus argumentos, que muchos calificaron de “legaloides”, no logró convencer a nadie, porque en la votación general perdió el apoyo que el PVEM había mostrado hacia su moción suspensiva y los priistas que se abstuvieron en un principio después se unieron a la aprobación.

La intervención que por fin despertaría los ánimos del público invitado fue la del coordinador parlamentario del PRD, Víctor Hugo Círigo. Su discurso sacó de la modorra en que habían caído tras las múltiples intervenciones en favor y en contra, los aplausos estallarían y acallarían los reclamos de los opositores.

Después de más de 20 intervenciones en tribuna se definió votar esta norma en lo general. Su aprobación, con 43 votos —algunos a regañadientes como el de los priistas—, causó un gran revuelo, salieron las banderas multicolores y los aplausos duraron varios minutos. Uranga iría de curul en curul a agradecer los votos en favor.

Los panistas se dieron por perdidos una vez que se conoció el resultado de la votación. Las organizaciones de derecha, cuya presencia para ese momento ya era mínima, también se dieron por vencidas.

"Una farsa": la Iglesia

El Arzobispado de México se sumó a la condena del cardenal Norberto Rivera contra la Ley de Sociedades en Convivencia, a la que calificó como “una farsa”.

En un comunicado, los prelados sostuvieron que dicha aprobación obedece a grupos minoritarios y radicales, y menosprecia el parecer de la mayoría de los católicos.

Sostuvieron que la norma aprobada por la ALDF, tiene inconsistencias jurídicas y desconoce la opinión de la mayoría de los feligreses católicos que “representan más de 80 por ciento de la población de nuestra ciudad”.

El documento asegura que la ley también contraviene a otras confesiones, grupos e instituciones de la sociedad civil, además de ser un atentado contra la familia.

Los adornos

Sólo tres curules fueron adornadas con banderas de arco iris —símbolo de la comunidad lésbico-gay—, dos de perredistas y una de los socialdemócratas.

Entre los invitados se encontraban el senador René Arce; el dirigente perredista Martí Batres; el flautista Horacio Franco y el actor Tito Vasconcelos.

México/Valeria Berumen