La primera derrota de Karl Rove

Por Antonio de la Cuesta / 11 de noviembre de 2006

Opinión Internacional. El hasta ahora invencible 'gurú' o 'arquitecto' de la carrera político - electoral de George W. Bush, Karl Rove, acaba de sufrir una importante derrota

Su fracaso ha dejado a su sempiterno cliente con un escenario legislativo complicado para los últimos dos años de su administración.

Tras el reconocimiento de su estrecha derrota de poco más de 7 mil votos y declinar la opción de un recuento, el senador republicano George Allen cederá su lugar representando al estado de Virginia al demócrata James Webb. Esto oficializa el cambio de 180 grados en el equilibrio de poderes en el gobierno estadounidense.

La pérdida de las mayorías legislativas en ambas cámaras del Capitolio en Washington ha sido un duro golpe para el presidente Bush y el Partido Republicano. El análisis del proceso electoral del pasado 7 de noviembre puede ser tratado desde distintos ángulos.

Rove ha sido consejero de Bush desde la campaña de éste a la gubernatura de Texas en 1993, y se le ha señalado como pieza clave en los triunfos del actual Presidente en los comicios de 2000 y 2004, así como en la interesante reconquista republicana del Senado en 2002.

La trayectoria de este personaje fue reseñada recientemente en un libro de James Moore y Wayne Slater titulado "The Architect. Karl Rove and the Master Plan for Absolute Power".

En palabras de estos autores, Rove juega al descontento y a la pasión más que a la convicción política cuando se trata de convencer al electorado.

Por tanto, no debe sorprender la manipulación de los miedos al terrorismo de un buen porcentaje de la ciudadanía estadounidense utilizado en las elecciones intermedias de 2002, ni el impulso a los temas morales del repudio al matrimonio entre homosexuales, al aborto, o a la investigación del potencial en la ciencia médica de las células madre en la campaña presidencial de 2004.

A principios de 2006, Rove, en una conferencia ante miembros del Partido Republicano, resaltó la relevancia de continuar explotando el tema de la seguridad antiterrorista a favor de su causa.

No obstante, conforme los decesos de soldados estadounidenses en Iraq van en aumento -sólo en octubre se añadió un centenar más de fallecidos y el número total está por igualar la cifra de cerca de 3 mil víctimas caídas en los atentados del 11-S-, y la estrategia de seguridad migratoria no queda clara ni para personas a favor del muro ni para aquellas en pro de la regularización de los trabajadores indocumentados, el asunto predilecto de Bush y los republicanos ya no tiene el empuje de años anteriores.

Tal vez esto explique la conformación de la estrategia de las campañas republicanas en 2006: una mezcla entre defensa de la invasión a Iraq como algo irremediable si Estados Unidos busca mantener su seguridad, y agenciarse el voto de su base conservadora al poner énfasis en su oposición a los casamientos gay, el aborto y el uso de fetos humanos en investigación científica.

Desafortunadamente para ellos, los republicanos encontraron problemas en su afán de congruencia con los valores que postulan.

El escándalo sexual del representante por Florida, Mark Foley, develado apenas en septiembre de 2006, golpeó la imagen moralina del republicanismo.

Como es sabido, Foley habría enviado mensajes electrónicos a ex-becarios varones del Congreso solicitándoles fotografías personales y haciendo insinuaciones sexuales.

Al principio, los abogados de Foley explicaron las peticiones de fotografías por un mero trámite de cartas de recomendación. Luego, cuando se corroboró el contenido sexual de los comunicados, se "justificaron" los mensajes arguyendo que el congresista los había escrito bajo los efectos del alcohol; el mismo Foley llegó a inscribirse en una clínica de rehabilitación con la finalidad de tratar su "descubierto" alcoholismo.

Eso sí, los abogados no cejaron en deslindar a su cliente de cualquier tendencia pederasta, no sin antes dejar sentado que Foley en su adolescencia sí había sido víctima de abuso sexual por parte de un ministro religioso.

Este enredo acabó con la carrera política de Foley y con la esperanza republicana de conservar el asiento en la Cámara baja correspondiente al distrito 16 de Florida.

En su momento, Karl Rove, al ser cuestionado acerca de las consecuencias del asunto Foley, declaró: "Confío en que mantendremos la mayoría en el Senado; confío en que la conservaremos en la Cámara de Representantes. El tema de Foley tiene un impacto en algunos distritos, pero los estudios que tenemos muestran que el electorado diferencia entre un voto por su congresista y uno por un legislador de Florida".

Por un lado, las encuestas de Rove estaban tremendamente equivocadas. Por el otro, sin duda la figura de un gay con problemas de alcoholismo y atrapado en sus propias mentiras no estaría en ningún panfleto propagandístico republicano, razón por la cual no es la mejor carta de presentación ante las bases del partido.

En la campaña 2006, en una situación sin precedentes, Rove asistió a cerca de 100 actos de recaudación de fondos para los candidatos republicanos al Congreso.

Ni siquiera el presidente Bush acudió a tal número de eventos, aunque en menos apariciones consiguió más dinero que Rove (185.7 millones de dólares en 77 eventos por 12 millones de su asesor en 92 actos).

Rove sabía que su prestigio como supuesto "gran gurú" de la política electoral estadounidense estaba en riesgo. Destacados analistas y editorialistas como Jacob Weisberg, editor de la revista en línea Slate, opinan que la "magia" del asesor de Bush sólo se debe a casualidades y a la buena fortuna, no tanto al genio del personaje.

Weisberg subraya cómo el actual inquilino de la Casa Blanca no fue capaz de ganar la mayoría del voto popular en los comicios de 2000 y únicamente obtuvo el triunfo por una resolución cuestionada de la Suprema Corte de Justicia.

Asimismo, apoyando el argumento de Weisberg, es bien conocida la serie de eventos desafortunados que propiciaron el "milagro" republicano de recuperar la mayoría senatorial en 2002 (muerte trágica de legisladores, campañas negativas absurdas, agresivas, contundentes, aunque muy efectivas, entre otros).

Por tal razón, el 'arquitecto' pretendía dar personalmente el último esfuerzo para dejar intacta su leyenda. No lo logró.

Ahora bien, las desmesuradas campañas negativas tan socorridas por Rove -harto más agresivas y lacerantes que las experimentadas hace unos meses en México-fueron retomadas por otros comentaristas y analistas conservadores, aunque no con demasiada fortuna en este 2006.

Un ejemplo. A mediados de octubre, el conocido animador radiofónico Rush Limbaugh criticó al actor Michael J. Fox por "no haberse tomado su medicina" contra el Parkinson a propósito para salir en entrevistas televisivas en "un estado lastimoso", con el objetivo de manipular a la opinión pública y obtener su apoyo a la investigación de células madre.

Fox promueve este asunto porque esas investigaciones realizadas con la extracción de tejidos de fetos humanos podrían dar una esperanza a quienes sufren de enfermedades degenerativas como la que él mismo padece.

El actor respaldó la triunfadora campaña de la ahora senadora electa por el estado de Missouri, Claire McCaskill, en contra del republicano Jim Talent.

Los habitantes de las principales ciudades de la entidad como Kansas City y San Luis -con grados de educación medio y alto- manifestaron su desprecio a los crueles ataques contra Fox y castigaron a los republicanos votando por McCaskill en una proporción de 2 a 1.

La fórmula de campaña de movilización electoral y explotación del miedo paranoico y la intolerancia moralina de Karl Rove parece haberse agotado.

La parálisis en la ocupación de Iraq, el hartazgo del mismo discurso de los últimos 5 años -desde el 11-9-, y una leve reacción del liderazgo demócrata -el cual postuló para puestos clave en el Congreso a demócratas más cercanos al centro, incluso, defensores de posturas conservadoras-, fueron fundamentales en la disolución de la leyenda del "gran arquitecto electoral".

Renovarse o morir. Karl Rove parece que no lo entendió.

Antonio de la Cuesta es internacionalista del Colegio de México