Visión Mundial / EU: Ganadores y perdedores

Por Gabriel Guerra Castellanos / 14 de noviembre de 2006

El análisis rápido de las elecciones de EU arroja resultados igualmente rápidos. Tómese su tiempo el lector, que esto es bastante más complicado de lo que parece. Sería un error leer el resultado electoral, como una victoria demócrata cuando está claro que se trató más bien de un rechazo a Bush

De aquel y de este lado de la frontera muchos se han apresurado a dar por muertos a Bush y a los Republicanos, a la vez que nos auguran un largo periodo de dominancia Demócrata que -según esto- resultará en un relanzamiento de la reforma migratoria.

De acuerdo con esta versión, la victoria Demócrata fue una señal de que los estadounidenses en general y los hispanos en particular castigaron a Bush y los suyos por Iraq, por la economía y por desatender la reforma migratoria.

Ahora -aducen- las relaciones entre México y EU entrarán a una nueva etapa, en la que no sólo se retomará y avanzará en lo migratorio, sino que además se podrá construir una nueva agenda bilateral.

No falta quien ya está escudriñando el horizonte para ver a tiempo cual de los precandidatos Demócratas a la presidencia aparece primero y poder así analizar su actitud hacia nuestro país.

Ya lo dicen los refranes y los chistes: la rapidez y la precisión no siempre van de la mano. Vale la pena dedicarle un poquito más de tiempo para tratar de entender lo que sucedió en la jornada electoral del 7 de noviembre y así poder hacer pronósticos menos aventurados de lo que le espera a nuestro vecino más importante.

Para empezar vale la pena definir quien ganó y porqué este 7 de noviembre. El Demócrata es cualquier cosa menos un partido político homogéneo, unido y disciplinado.

No obstante la admirable dirección que le impuso a su bancada en la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, lo más probable es que ahora que ya olieron sangre sus congresistas se lancen a la yugular de Bush y los Republicanos con su arma favorita: el radicalismo de izquierda.

Ya sé que el radicalismo de izquierda estadounidense es más bien como centrismo liberal en cualquier otro lado, pero lo que nos ocupa es EU y ahí hay temas como el de los matrimonios entre homosexuales, el aborto o la investigación sobre células madre que son vistos como altamente sospechosos por una parte muy importante de la población.

Sería un error leer el resultado electoral como una victoria demócrata cuando está claro que se trató más bien de una dura llamada de atención a la Casa Blanca por su mala conducción de la guerra en Iraq, por el malestar económico de la población y finalmente por los numerosos escándalos en que se han visto envueltos los Republicanos en tiempos recientes.

No deja de ser paradójico que miembros destacados del partido conservador, cristiano y férreo defensor de los valores hayan sido los principales involucrados en asuntos que van desde tráfico de influencias y conflicto de intereses hasta hostigamiento sexual de jóvenes adolescentes, pasando por episodios de conducta personal mas propios de Hollywood que de su base electoral en el medio oeste y el sur.

Dadas las circunstancias no era fácil perder la elección, pero aun así varios estrategas Demócratas sufrieron hasta el último momento, pensando que algo podría salir mal.

No fueron pocos los obstáculos que ellos mismos se colocaron en el camino: las divisiones entre el presidente del partido, Howard Dean, y Emanuel Rahm y Charles Schumer, sus colegas encargados de la campaña fueron notorias; John Kerry metió la pata públicamente pocos días antes de la votación; y los temas controvertidos que debían permanecer debajo de las alfombras salieron a relucir.

Con todo y eso, no fue suficiente para perder porque el electorado estadounidense esta harto del errático manejo de una guerra que no lleva a ningún lado; porque Bush y su equipo están cada vez más distanciados de la opinión publica; porque el soliloquio presidencial lo ha apartado de la realidad.

El que los Republicanos perdieran no quiere decir que los Demócratas hayan ganado, comenzando porque no había un solo tema unificador de su campaña más allá de las críticas a la guerra y a la conducta del presidente y de sus colaboradores, notoriamente Cheney y Rumsfeld.

Ni siquiera podemos pensar en una figura que tuviera arrastre nacional como para hacer de esta elección pasada algo más que lo que en verdad fue: un referéndum acerca de seis años de gestión de Bush.

Ha comenzado la campaña presidencial del 2008 en EU. Los candidatos ya hacen sus cálculos, miden la respuesta de sus simpatizantes, la cantidad de dinero que lograron recaudar, lo que les dicen las encuestas postelectorales.

Es harto temprano para vaticinar resultados o para dar favoritos. Los Republicanos salen de su debacle divididos, golpeados, con una necesidad urgente de tomar distancia de su presidente, mismo que hará todo lo que este en su poder para aferrarse a los dos años que le quedan y tratar de salvar su reputación y su legado político.

Bush -no debemos olvidarlo- conserva enormes poderes a pesar de haber perdido las mayorías legislativas.

Para los Demócratas la victoria puede haber llegado a destiempo. No es lo mismo estar en la oposición que ser corresponsables de la marcha de los asuntos nacionales. Al tener mayoría en ambas Cámaras tendrán que asumir los costos de cada votación que ganen y controlar a sus grupos mas acelerados.

No cuentan con un mandato porque su campaña se basó en la crítica a Bush y no en la propuesta. Uno de los principales riesgos que afrontan es el de hacer cosas que el electorado no esperaba de ellos, mostrarse demasiado activistas antes de haberle tomado adecuadamente el pulso a sus compatriotas.

Los precandidatos a la presidencia ya están brotando por doquier. La próxima semana les daremos una revisada.

 

gguerra@gcya.net