Diseñan programa antiadicciones

Conjunta la investigación básica, la clínica y la sociocultural, con el fin de brindar nuevas alternativas de recuperación a las personas adictas a alguna droga

 

El Universal
Jueves 16 de noviembre de 2006

En las sociedades contemporáneas, incluyendo la mexicana, el consumo de sustancias adictivas se ha convertido en un problema de salud pública.

Así lo describe la doctora María Elena Medina-Mora, coordinadora del megaproyecto "Desarrollo de nuevos modelos para la prevención y el tratamiento de conductas adictivas", encabezado por la Facultad de Psicología y puesto en marcha recientemente en la UNAM: "Ahora tenemos nuevos mercados de drogas, nuevos usuarios y nuevas manifestaciones del problema que requieren nuevas soluciones. Pensamos que se pueden conjuntar la investigación básica, la clínica y la sociocultural en un proyecto que desarrolle y evalúe nuevas alternativas basadas en el avance de los conocimientos en el tema."

Consumidores

El consumo interno en México crece día a día y se asocia a diversos problemas de salud, como el incremento de la hepatitis C y el riesgo de difusión del VIH entre los consumidores de drogas por inyección, y conflictos sociales, como el incremento en los índices de violencia.

En la década de los 70, los primeros estudios que se llevaron a cabo al respecto, documentaron bajos índices de consumo. También reportaron que la mariguana y las inhalables (thinner y pegamentos) eran las drogas más utilizadas. Posteriormente, el consumo de mariguana aumentó y hoy se mantiene como el preferente en nuestra población, y tiende a incrementarse.

En la década pasada, el abuso de la cocaína presentó el mayor índice de crecimiento y el de heroína se mantuvo circunscrito a la región norte del país, como en los 70, aunque con brotes aislados en otras regiones alejadas de la frontera.

Ahora hay un menor incremento relativo de usuarios "experimentadores" de sustancias, pero ha aumentado la proporción de usuarios fuertes y dependientes. Este cambio tiene implicaciones importantes, porque mientras los "experimentadores" tienden a consumir drogas cuando disponen de ellas, los usuarios con dependencia buscan y alimentan sus mercados.

"Las respuestas de prevención que se han ofrecido, dirigidas a mercados incipientes con preponderancia de usuarios ´experimentadores´ -señala la investigadora-, deben complementarse con medidas sistemáticas y de amplia cobertura para mercados maduros que requieren una ampliación de la oferta de tratamiento de los adictos."

Sin embargo, la ampliación de la cobertura no es suficiente. Los programas de tratamiento deben ser capaces de atender las necesidades de la población a la cual van dirigidos e incluir en sus estrategias la localización de las personas con dependencia y la motivación al tratamiento.

"Hubo más confianza en los tratamientos cuando se comprendió que la recaída es parte de la historia natural de la enfermedad y no un fracaso de aquéllos. La evidencia científica ha mostrado que los periodos de abstinencia, a pesar de recaídas eventuales, amplían la esperanza de vida de los adictos y reducen los costos de atención por complicaciones derivadas del abuso de sustancias (lesiones, hemorragias...). A partir de esta evidencia se modificaron las metas de los tratamientos. Ahora se les considera exitosos cuando reducen el índice y la severidad de las recaídas. Para los usuarios que comienzan a tener problemas se han desarrollado terapias breves y efectivas", apunta Medina-Mora.

Susceptibilidad variable

Según varias investigaciones, cada individuo presenta una diferente susceptibilidad a volverse adicto a drogas.

"Sabemos que esta susceptibilidad es una combinación de herencia y ambiente. Usualmente se dice que es producto de factores heredados. Si esa característica biológica se relaciona, por ejemplo, con problemas emocionales en la infancia o exposición a la violencia, el individuo se hace más vulnerable. Si vive en un ambiente donde hay drogas, tendrá más probabilidades de consumirlas que un individuo sin esa condición. El entorno social es definitorio."

En México, menos de uno de cada cinco adictos recibe tratamiento y cuando sucede esto es tardíamente. Así, el adicto que llega a una clínica no siempre se queda ni recibe el tratamiento ideal.

Por otro lado, los consumidores que no son atendidos en nuestro país, además de que se vuelven crónicos, tienen más probabilidades de involucrarse en actos delictivos para conseguir su droga.

"En estas condiciones necesitamos modificar nuestras respuestas de prevención y atender prioritariamente a los grupos de mayor riesgo, como los presos en las cárceles y los chicos que viven, nacen y se desarrollan en la calle", indica la especialista.

La investigación llevada a cabo por Medina-Mora y sus colaboradores les ha proporcionado lineamientos que permiten vislumbrar un camino. Los modelos que han formulado en el programa contra adicciones tienden a cubrir las necesidades globales de los individuos.

Al respecto dice: "No debemos seguir tratando los trastornos emocionales por un lado y las adicciones por otro; hay que abordar integralmente ambos problemas. Asimismo, debemos atender los problemas educativos, familiares y sociales que, de algún modo, favorecen y estimulan el uso de las drogas. Para ello tenemos que aplicar, en lo clínico y en lo social, todo lo que sabemos de neurociencias."

El "aprendizaje" del cerebro

Las drogas poseen sustancias que estimulan las moléculas del interior del cerebro y que, en dosis masivas, impactan las áreas que regulan la sobrevivencia y el placer. Así, el cerebro ´aprende´ a tener estas sustancias en exceso y más tarde genera la necesidad de drogas.

"Cuando se desarrolla una adicción -explica la investigadora-, el cerebro del adicto identifica la droga como necesaria para vivir y no piensa en otra cosa más que en conseguirla. Hoy que conocemos ese proceso, podemos elaborar modelos de tratamiento que permitan ayudar al cerebro de los adictos a modificar sus pautas de aprendizaje."

La investigación busca nuevos modelos que integren los avances de las neurociencias con los conocimientos alcanzados en los campos de la genética, la sicología y los mecanismos que actúan en el ámbito sociocultural. Así será posible fomentar el desarrollo de habilidades en la población joven para que pueda tomar decisiones acerca de su salud; tratar a las personas con problemas emocionales para que no busquen en las drogas falsas salidas; y dar opciones de intervención a las personas que han desarrollado dependencia. Dichos modelos tendrán más éxito si van acompañados de mecanismos y acciones orientados a disminuir la disponibilidad de drogas, el impacto del tabaquismo y el abuso de alcohol. (Rafael López).

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