Testimonio de abuso sexual contra Maciel

Lo presenta Fernando M. González en la UNAM .

24-Noviembre-06

El fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, habría sido víctima de abuso sexual al final de su infancia, en los años treinta del siglo pasado. Un hombre, contemporáneo suyo, originario también de Cotija, Michoacán, enfermo de cáncer terminal, se lo reveló a un sacerdote católico en 2003, poco antes de morir. Según ese testimonio, él y Maciel habrían sido violados por unos arrieros.

En octubre de este año, y luego de leer el libro Marcial Maciel. Los Legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos, el sacerdote decidió confiarle el testimonio al autor de dicho libro, Fernando M. González, quien, a su vez, lo dio a conocer el miércoles en el seminario Violencia familiar y violencia de género, que se llevó a cabo en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

El sacerdote aceptó grabar el testimonio. En el momento medular, narra:

“(Maciel) Era un niño bonito. Muy fino y muy frágil, en un mundo de rancheros. Tenía un montón de hermanos, un padre muy duro y una madre sobreprotectora. Tendría alrededor de 11 años cuando escuchó a su papá decir: ‘En mi casa no va a haber jotos, te voy a mandar unos meses con los arrieros, para que te hagas hombre’. Y cumplió su palabra. Allí conoció a un muchacho unos años mayor, y con él compartió una experiencia que los marcaría para siempre: fueron violados. ‘Para que aprendas a ser hombrecito te vamos a llevar como chivito al precipicio; va a ser tu prueba’. Habría sucedido varias veces y nunca a los dos muchachos juntos. Maciel se atormentaba mucho y no quería hablar. Sólo le rezaba a la Virgen. Un día, devastado, le confió a su compañero: ‘Si mi padre se entera, me mata, porque me mandó aquí para que me hiciera hombre y ahora va a decir que yo los provoqué. Y remató externando toda su angustia: ‘Quisiera ahorcarme’.

Entrevistado por MILENIO, el psicoanalista y sociólogo Fernando M. González afirmó que desde hace tiempo conocía los rumores sobre la supuesta agresión sexual: “Alejandro Espinosa, uno de los denunciantes originales del caso, me dijo que él había oído al propio Maciel decirlo. Pero yo no tenía datos específicos para probarlo. Así es que, cuando este sacerdote me lo cuenta, me hace sentido. Me dice que su informante sabía que iba a morir pronto y quería descargar su conciencia. Y que creía que, a partir de las denuncias contra Maciel, hechas por el grupo de ex legionarios en 1997, esta información podía ser significativa, por lo que lo autorizaba a hacerla pública”.

—¿Qué tan verosímil encuentras el testimonio?

—Me parece que tiene un margen importante de credibilidad. Pero yo tomo esta información como verosímil, no necesariamente como verdadera, porque no la recibí directamente. Está filtrada por un mediador. E incluso diría que hasta los testimonios directos conservan siempre un grado de incertidumbre, por lo que el investigador, idealmente, tendría que compaginarlos con otros.

—Escribiste en tu libro sobre abusos físicos a Maciel por parte de sus hermanos.

—Es un caso muy dramático. En un medio como el de Cotija, en los treinta, saliendo de la Guerra Cristera, en un pueblo cerrado, con esta cultura de un catolicismo visceralmente homofóbico, una situación de posible homosexualidad o abuso sexual, cuando ya estaba marcado por la sospecha del padre, era como confirmar la peor profecía. Yo registro en mi libro cómo golpeaban a Marcial sus hermanos Francisco y Alfonso, y el pésimo trato que recibía de su papá. El sacerdote Rogelio Orozco, cofundador de la Legión de Cristo e hijo del capataz del rancho Poca Sangre, una de las propiedades del padre de Maciel, cuenta cómo lo mandaban a limpiar a los puercos.

—¿Por qué divulgaste el testimonio el miércoles?

—Porque, de ser cierto, daría una visión mucho más humana y dolorosa de un personaje que ha hecho tanto daño a otros, como Marcial Maciel. Es como poder

acceder a algo de su subjetividad herida.

—¿Lo justificaría?

—No. Yo creo que el acto de pederastia no se justifica en ningún sentido, desde el punto de vista ético, porque el acto sexual que sirve para amar a otro, para encontrarte con otro, para gozar con otro, de pronto se trastoca en un acto de poder, brutal y asimétrico. Aquí se trataría más de acercarse a la explicación y a la complejidad de un fenómeno, que a su justificación.


Marisa Iglesias