Policías, los agresores; maltrataron tanto a un gay "que en pocas horas murió"

Ante Marcos, trabajadores sexuales de Matamoros denuncian vejaciones

HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO / 25 de noviembre de 2006

Matamoros, Tamps., 24 de noviembre. Las trabajadoras sexuales y los miembros de la comunidad gay que ejercen el mismo oficio se las ven negras en esta ciudad, donde la vida vale poco y la ciudadanía de abajo no le importa al gobierno. Saben que el negocio está protegido por arriba. Denuncian que, "a pesar de cubrir los requisitos legales", sufren torturas, vejaciones, allanamientos de morada, barandillas, encierros, multas y chantajes de los agentes policiacos, los mismos que protegen los table dance y las casas "rimbombantes" adonde acuden sus mandos y los funcionarios del gobierno "para divertirse".

Un grupo de gays que trabaja en el barrio La Capilla vence el miedo (la moneda más corriente por acá) y se reúne con el delegado Zero en una casa donde algunos de ellos rentan. No es su lugar de trabajo la pobre pero digna vecindad donde viven. En el patio pusieron sillas, que ocupan ellos mismos, se dirigen al subcomandante Marcos, a los medios alternativos. Esta casa ha sido allanada por los agentes, encabezados por el director de seguridad pública de Matamoros, Rubén González, quien personalmente ha entrado aquí pateando y rompiendo la reja.

Acompaña al subcomandante Marcos Arzadalia Godoy, quien explica que defiende a la comunidad gay y a las muchachas de los bares, y lo hace porque se le pega la gana. Bizarro como suena, es maternal y decidida. Simplemente simpatiza con ellos, por lo cual su casa ha sido ilegalmente allanada dos veces desde abril pasado; los agentes golpean personas y causan daños materiales. Como Arzadalia ha levantado denuncias, la vigilan patrullas, la hostigan en la calle.

La novedad en Matamoros no es que la gente tenga miedo, sino que se lo aguante, hable y haga algo pese a todo. Los jóvenes gays, travestis la mayoría, se suceden en uso de la palabra. "Somos víctimas de muchos abusos. En el día debes andar en la calle lo más discreto, se puede decir pues que de hombre, el pelo recogido con una gorra y sin ostentación. De todos modos te agarran, y vas 36 horas a la barandilla y tienes que pagar 970 pesos de multa". Mientras están en prisión, los custodios se dan el gusto de arrojarles cubetazos de agua cada 15 minutos, bajo el aire acondicionado, "para que no nos durmamos".

Otra voz: "yo no trabajo en la prostitución, sólo soy gay, pero me detienen y humillan de todos modos". Y un travesti: "me han sacado a golpes de mi casa. Soy una persona tratada (operada), traigo aceite en mi cuerpo, y los golpes me hacen mucho daño. Ya me dejaron podrido el cuerpo", dice, mostrando sus magullones. Lo amenazan de muerte constantemente, los mismos policías que, dice, "a veces nos ocupan". Cuenta que a Pablo, uno de los gays de La Capilla, "lo mataron a golpes los policías que lo sacaron de su domicilio y lo llevaron a la barandilla; luego lo devolvieron, tan maltratado por ellos, que en pocas horas se murió".

Esto sucede en la ciudad que gobierna, según rumores, el alcalde Baltazar Hinojosa Ochoa, priísta, ex secretario particular en Pemex de Rogelio Montemayor, que, eso sí, dio a la ciudadanía una estatua de bronce de Rigo Tovar, el hijo predilecto de "mi Matamoros querido".

Lena, mujer, toma la palabra: "Tengo 15 años trabajando. Y todavía la ley me maltrata". Llora. "Aviso que voy a llorar. Soy muy emocional. Salgo a la calle. No sé qué pasa. Yo no soy vulgar ni corriente; siempre me he dado mi lugar". Pronuncia su nombre verdadero. Es madre. Tiene vida personal. Renta una vivienda. Los policías, cuenta, "me esperan cuando salgo a las tortillas, y me esposan y llevan. Sí, ejerzo la prostitución. Quién no la ejerce cuando necesita dinero. También he trabajado en tiendas y de lavaplatos". Describe cuánto puede contar con las autoridades: "si un hombre me está golpeando y llamo a la patrulla, llegan los policías y se juntan con el hombre para golpearme". Así que mejor se cuida sola.

"No respetan a las mujeres", prosigue. "Levantan a niñas que salen de trabajar de las maquiladoras y las encierran. Hace poco una muchacha de 16 años estaba sentada en los escalones de su casa. La patrulla la agarró y se la llevó que 'por ejercer la prostitución'".

Mujeres, gays, vecinas viejitas que los estiman, defensores de los derechos humanos en este territorio tan apache, hablan sus historias, y explícitamente forman parte del telar que enhebra paso a paso la otra campaña a nivel nacional. Desconfían de los políticos, por corruptos y por su doblez moral. "No voy a las elecciones. Nunca sabemos por qué urraca vamos a votar", dice el gay tratado.

El delegado Zero se reunió también con adherentes de Matamoros, Río Bravo, Reynosa y el otro lado. A Nuevo Laredo habían llegado colectivos de Austin; aquí, de Houston. Luchan por los derechos de los migrantes y por desmitificar la "promesa americana". Chavos comunes y corrientes de ambas orillas, convencidos de que ya basta.