Evaden al frío en los albergues

Por Iván Sosa / 27 de noviembre de 2006

Ayudan a indigentes y desafortunados. Trabajadores recorren la ciudad para recoger a quien está en la calle; 40% rechazan la oferta

Sin la calidez del hogar o de alguna habitación cubierta, un millar de personas suele pasar la noche, acurrucados, intentando esconderse del frío intenso con papel periódico o cartones, en cualquier rincón de la ciudad.

Francisco Moya, empleado de oficina, perdió el camión a Chimalhuacán, en el Estado de México. Cerrado el Metro Moctezuma, se agazapó en una pared, tratando de huir del miedo y de la noche helada.

Por suerte, los trabajadores sociales de una de las únicas tres camionetas dispuestas por el Programa de Asistencia Social Emergente (PASE) para recorrer la oscuridad de las calles, lo hallaron y lo subieron al vehículo para trasladarlo a un refugio.

En el albergue, Francisco conoció a Gerardo, un indigente que de sus 40 años de edad ha pasado cuatro en el hospital siquiátrico de Fray Bernardino, uno en el Reclusorio Oriente y, ahora, con una mordida de perro, ulcerada, transita las noches y las calles en busca de un sitio cálido, muchas veces rechazado por su homosexualidad.

Conocido por las personas en situación de calle como el Albergue de Coruña, del Metro Viaducto, el lugar de resguardo es uno de los nueve existentes en la ciudad y permite el acceso a cualquiera que llegue a él o recibe a quienes son trasladados por los vehículos, incluidos los de las delegaciones.

Con sus 3 mil 800 pesos de salario, Mari Cruz Sóstenes es una de las trabajadoras sociales que por las noches sale a rogar, en especial, a los indigentes, para que acepten ser transportados al refugio.

"Te vamos a dar de cenar, después te duermes en el albergue, te bañas y en la mañana te regresas, ven para que conozcas", insiste a El Negro, uno de los cinco jóvenes que, con solventes inhalados, tratan de olvidan el temblor del frío y "cuidan" los puestos de comerciantes ambulantes en el Metro Zaragoza.

Se niega, como 40 por ciento de los convidados, algunos de ellos ajenos a la indigencia, como Raúl Espinal, hondureño que va de paso a Estados Unidos o Enrique Carranza, quien duerme en un parque de la colonia Federal, por pleitos familiares.

En el albergue, con capacidad para 100 personas, las limitaciones económicas son salvadas con la improvisación del escaso personal a cargo, conducidos por Federico García, responsable del PASE.

La intoxicación alcohólica o por las drogas, la soledad o las lesiones de la violencia en las calles son muestras superficiales de las heridas con las que conviven los trabajadores sociales de gobierno.

Entre los aromas de la indigencia y las narraciones de las tragedias humanas, ellos tratan de ser humanitarios. Después de perder el camión a Chimalhuacán, Francisco Moya sólo anhela que la noche termine.

"Nada que ver con el peor hotel de paso, pero mejor que el frío en la calle", cerró Francisco.

 

Para participar

El albergue Coruña se ubica en Sur 65A, número 3246, colonia Viaducto Piedad

· Teléfonos para reportar personas que viven en la calle y necesitan refugio: 55 19 17 54 55 30 23 36

· Recibe donaciones de ropa, alimentos y medicamentos.

· Requiere también trabajo de voluntariado.

 

Rescatan a víctimas de la noche y el frío

Trabajadores de Desarrollo Social y Protección Civil acuden a los sitios en donde personas en situación de calle intentan dormir y los conducen a un albergue.

· Sólo tres camionetas para trasladar indigentes tienen cubierta. En otros casos, antes de llegar a un sitio cálido, deben viajar entre vientos helados.

· Antes de cenar, quienes vienen intoxicados o lastimados pasan al servicio médico. Después, reciben alimentos y café caliente.

· Con la mayor parte de los catres rotos, la noche es más benigna en el piso, en donde pernoctan en condiciones menos lesivas que en las calles.