Un homosexual mexicano describe su resurrección tras la invasión viral

Vivir con VIH es... vivir

La muerte ha pasado cerca de Josué Quino muchas veces, pero no lo ha tocado. Desde hace diez años recuperó una vida normal, aunque llena de precauciones.

1-Diciembre-06

Todos nos podemos morir de cualquier cosa”. Así lo dice Josué cuando platica la historia de “El Guti” quien una semana antes de morir en un accidente automovilístico se preocupaba por no infectarse de VIH como su amigo, y sin embargo murió primero que éste.

Josué Quino es un hombre de teatro, homosexual, feliz y uno de las 107 mil 625 personas que en México se han infectado con el virus del VIH/Sida. A sus 48 años de edad no le da pena decirlo; de hecho se muestra muy entero y desde hace 20 años, cuando se lo detectaron, presume su edad, “pues es como si hubiera nacido por primera vez”.

Sin mucho conocimiento sobre lo que era el virus, Quino fue uno de los primeros infectados en México pues sólo tres años antes había llegado la epidemia a nuestro país. Todo inició con una tos que no desaparecía, la ida con un homeópata, que le dio chochos y después de varias pruebas de sangre le dijo: “Tienes el bicho”.

“El problema no es vivir con el virus, el problema es ignorarlo”, dice mientras fuma un cigarro. Su vida no es diferente a la de los demás: hace lo mismo que todos sin limitaciones; lo único es ser puntual con sus medicamentos y asistir a las consultas con el médico.

Hoy, cuando se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, la estrategia a seguir es saber que estar infectado no es el final. “Hasta hace poco era una sentencia de muerte”, y aunque no se busca descuidar la prevención, sí hacer conciencia sobre lo importante que es conocer si se es o no portador, “se trata de estar sano”.

El teatrero, como él mismo se llama, enfrentó el hecho de tener Sida cuando era nuevo hasta para los médicos; es más, comenta, ni por el nombre actual se le conocía “le llamaban la maldición de los gays, el cáncer rosa y decían que se contagiaba al tener relaciones sexuales con extranjeros”.

Desde que supo la noticia se la comentó a su pareja: “no me abraces, no te quiero contagiar”, pero la estabilidad en su relación suponía que él también era seropositivo.

"Al saberlo", agrega, "tuve dos reacciones inmediatas en mi vida: incorporé el condón a mis relaciones sexuales pese a lo complicado que era conseguir uno y bloqueé el tema del sida en mi vida".

La amenaza era constante. Al poco tiempo de conocer la noticia los científicos señalaron que el tiempo estimado de vida para los contagiados era sólo de cinco años, y cuando estos transcurrieron ahora decían que lo máximo eran diez. La cuenta regresiva era permanente.

Se acercaba la década, tiempo en el que se distanció de todos, “no salía a ningún lado por miedo a contagiar a mis amigos”; se limitaba a realizar sus actividades cotidianas. Su único acompañante, su novio, con quien “cada fin de semana salíamos por la cura”.

Por el miedo a morir, meses antes del 96 se despidió de su familia, resolvió los pendientes que tenía con sus amigos. “Decía: 'Qué padre preparar todo para morir'”.

Pero la muerte no lo alcanzó, y pese a que muchos conocidos murieron él tuvo que dejar de preocuparse por eso. Se dedicó a celebrar la vida: “los pájaros que antes odiaba ya no me molestaban” y de diez años para acá lleva una vida intensa.

En la actualidad no se arrepiente de nada de lo que ha vivido. “Fue como nacer, al principio gateas”.

Ahora Quino es activista, realizó tres festivales de teatro y Sida en la ciudad de México con lo que creó su organización civil del mismo nombre. También trabaja en la prevención de VIH en los jóvenes, pues “ellos lo absorben mejor, lo asimilan”.

Sale con un hombre seronegativo (“Somos una de cientos de parejas serodiscordantes”) desde hace dos años, y claramente le anticipó desde el inicio su condición de portador del virus, lo cual no evita que llevan una vida sexual activa; eso sí, bien protegida.

Después de muchos años de estar estigmatizado, Josué señala: “El trato ahora es más respetuoso”, generalmente porque la gente conoció un caso cercano y no simplemente por aceptación, “eso es lo que no debimos haber permitido”.

El activista está consciente de que como persona infectada tiene una responsabilidad mayor para ayudar en la difusión de este tema. "Precisamente vivo para informar y difundir información”.
 

Francisco Iglesias * México