Quinceañera

Carlos Bonfil / 3 de diciembre de 2006

Quinceañera (Echo park), de Ri-chard Glatzer y Sam Westmoreland, reúne en una sola historia la parábola de una joven virgen que se descubre embarazada en vísperas de celebrar sus 15 años y la descripción del barrio latino (Echo Park), donde vive a lado de sus padres, un católico ferviente y su esposa resignada. Magdalena (Emily Ríos) asiste con azoro a los primeros síntomas de la preñez inexplicable, consciente de no haber tenido hasta el momento relaciones sexuales con su novio, de no ser por un rápido faje y una eyaculación precoz sobre su muslo desnudo, que difícilmente podrían dar cuenta del fenómeno.

Las primeras escenas muestran, de modo casi documental, los preparativos de la ceremonia, las pretensiones de la comunidad chicana en anhelo de modernidad y estatus, atrapada al mismo tiempo en convenciones irrisorias. Muy pronto la mirada se vuelve humorística, casi mordaz, y los hechos se precipitan: la virgen encinta (concepción inmaculada no tan original, pues según la cinta un sitio de Internet registra otros casos similares), trastorna la vida de sus familiares y es expulsada del hogar. Se le señala con oprobio (el nombre de Magdalena no es gratuito), y se le aleja de la mirada inclemente de una comunidad devota. Sin embargo, al verificarse la efectiva inviolabilidad del himen, la joven se transforma paulatinamente en icono milagroso del barrio latino.

Glatzer y Westmoreland, directores cuyos trabajos anteriores se relacionan con el cine independiente gay (Grief, The Fluffer, Gay republicans), toman de pretexto el embarazo providencial y las situaciones tragicómicas que genera para señalar las contradicciones culturales de una clase media chicana dividida entre su afán de modernidad y la obediencia puntual a sus tradiciones y prejuicios. La previsible acumulación de clichés sobre la vida latina contrasta con el retrato paralelo de Carlos (Jesse García), primo de Magdalena, joven rebelde, miembro de una pandilla, a quien sus padres también han corrido del hogar al enterarse de que es homosexual.

La cinta se vuelve así la crónica de los dos jóvenes parias, azarosamente reunidos: la virgen embarazada que encuentra refugio con un abuelo comprensivo, don Tomás (Chalo González), y el joven de carácter difícil, a quien una pareja de anglosajones gay adopta, en el mismo edificio, como mascota doméstica, objeto desechable de consumo erótico.

Quinceañera contrasta en una narración ágil los prejuicios del núcleo familiar chicano con la solidaridad creciente entre los dos jóvenes rechazados. En un relato próximo a la exitosa comedia de Ang Lee, El banquete de bodas, los directores muestran una comunidad chicana anclada a la tradición y, de modo paralelo, las señales de tolerancia que desarticulan en su interior la tosudez de los prejuicios. Don Tomás, el anciano a punto de ser desalojado de su vivienda por los propios protectores de Carlos, se identifica con la suerte de los jóvenes y asume una actitud de complicidad que se desentiende por completo de la mezquindad moral y del machismo.

La comedia, que fácilmente podía naufragar en un realismo mágico trasnochado o en la explotación de lo pintoresco latino, salva felizmente estos escollos articulando un discurso sobre la tolerancia y el respeto a la diferencia. No atender ese punto de vista, inusual en las películas de ambiente chicano, equivaldría a arrinconar esta comedia de enorme frescura en el desván del entretenimiento hollywoodense más rutinario. Quinceañera revela una complejidad mayor en sus planteamientos; tal vez por ello fue la favorita en el pasado Festival de Sundance.

Se exhibe en Cinépolis Diana, Interlomas, Plaza Universidad y Perisur; en Cinemex Masaryk y WTC; en Lumiere Reforma, y en Cinemark CNA.

carlos.bonfil@gmail.com