¿Homofobia light?

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Los temores no son como los de antaño. Ahora se respira cierta tolerancia dentro de los esquemas de un socialismo que se oculta entre la incertidumbre y la retórica. Esa es una realidad que los gays de la Isla reciben con entusiasmo. Los asedios son más discretos, salvo cuando sale a flote la apreciación ultrahomofóbica de ver en el amaneramiento una herejía imperdonable.

Aún existen cubanos que no dudarían en brindarse como verdugos para diezmar a la población homosexual. Si por ellos fuera regresarían las prácticas que en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado eliminaron toda veleidad feminoide del acontecer nacional. A porrazos y cárcel se "limpió", sobre todo en Ciudad de la Habana, a los que cargan desde entonces con el estigma de ser comparados con la aves, los peces y hasta con la hembra del caballo, lo que, supuestamente, rebaja su condición humana.

Aunque en la actualidad persiste tal propensión, el folclor ha absorbido parte del odio surgido en la era "revolucionaria". Uno de los hechos que contribuyó a rebajar tensiones y sentar las bases de una lenta y escabrosa integración social de la población gay fue la entrada masiva de visitantes foráneos, medida tomada a partir de una crisis económica profunda, que obligó al gobierno a admitir costumbres e influencias divorciados del guión oficial.

Entre los miles de turistas extranjeros llegaban y llegan a Cuba homosexuales desinhibidos y lesbianas sin penas que esconder. Una avalancha que ha obligado a las autoridades a reformular sus estrategias en el sentido de dar ciertos espacios y reconocimiento. Todo teñido de discreción.

El filme "Fresa y chocolate", dirigido por el desaparecido Tomás Gutiérrez Alea, vino a refrescar el ambiente de crispaciones y a otorgar una especie de alivio espiritual. En el largometraje el protagónico es nada y nada menos que un homosexual. Algo inconcebible para la comunidad gay, quemada en las hoguera de la Inquisición.

De pronto, en la pantalla grande estaban sus sueños, sus voces, los gestos pícaros y provocadores, sin hostilidades a la vista, bajo el cielo de Cuba.

Ahora transcurre el Segundo Festival de Diversidad Sexual Masculina. Un título que evita llegar a lo explícito. Nada de anuncios en la prensa, y no hay alborotos. Se trata de otro ademán que busca atenuar la confrontación con la población gay. A causa de éstas actividades, por supuesto limitadas y locales, ha habido un destape, y quizás el gobierno podría ampliar el registro de posibilidades. No se puede descartar que existen más de 100 mil homosexuales en la Isla.

Son tiempos diferentes y la cárcel no es un antídoto para corregir lo que no se puede. Parece que las preferencias se enrumban por caminos no violentos. Por el momento mucho cine y fiestas particulares donde explayarse sin tapujos.

Casi todos confían en las gestiones de Mariela Castro Espín, la hija de Raúl Castro, directora del Centro Nacional para la Educación Sexual. Ella defiende los derechos de los homosexuales, hombres y mujeres. Debería hacerlo también con los cubanos que abogan porque se respeten todos los derechos. Haría una labor también encomiable. Esperaré por el milagro.

Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet. CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente.