La epidemia regia. VIH/sida en Nuevo León

15 de diciembre de 2006

 

Por Mario Alberto Reyes / Agencia NotieSe **

 

Ubicada en las faldas del Cerro de la Silla y respaldada por un fuerte desarrollo industrial, la ciudad de Monterrey, Nuevo León, se erige como una de las más importantes del país, sólo Guadalajara y el Distrito Federal desafían sus logros. Aunque el reparto de la riqueza no siempre es equitativo, los complejos industriales que alberga la han colocado como una de las urbes con mayor poder adquisitivo y altos niveles de escolaridad. Sin embargo, esto no ha sido suficiente para detener el avance del VIH/sida.

 

La vida de Mónica transcurría sin grandes expectativas. Originaria de Oaxaca, desde pequeña supo que no era como los demás niños. Siempre soñaba con un hombre que la amara y respetara. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que sus deseos no se cumplirían fácilmente. Sus delicados ademanes provocaban rumores punzantes, comentarios hirientes. “¡Por favor, cambia!”, suplicaban su madre y su abuela.

 

Con el tiempo, decidió irse a vivir con unos tíos al estado de México. Ahí la situación no varió mucho. “Me presionaban para que me gustaran las mujeres, incluso por un tiempo lo lograron”, comenta. Cuando regresó a casa, se percató de que no podía cambiar sus preferencias. “Estaba muy confundida, pero sabía que tenía que decidir y opté por los hombres”.

 

A regañadientes su familia la aceptó. No obstante, las dificultades económicas la llevaron a Monterrey. Encontrar trabajo no fue tarea sencilla. Abusos y actos de discriminación fueron la constante. El trabajo sexual se convirtió en la única opción. “Me inicié en esto por necesidad, porque la sociedad no quiere entender que formamos parte de ella”.

 

Ante la falta de dinero, Mónica comenzó a talonear. Las ganas de seguir adelante escaseaban. Alguien le comentó de Oasis, organización civil dedicada a proporcionar charlas sobre diversidad sexual y a realizar exámenes de detección del VIH/sida. Las terapias y el resultado negativo de la prueba la reconfortaron. Karla Urriola, psicóloga de la organización, le ayudó a comprender la importancia del uso del condón. Ahora Mónica siempre lo exige a sus clientes, no está dispuesta a convertirse en parte de las estadísticas oficiales que existen sobre la epidemia.

 

“Tuve suerte porque cuando empecé no usaba el condón. La mayoría de los clientes se niegan a utilizarlo, pero les comento lo importante que es proteger nuestra salud. Muchos son casados y a pesar de su insistencia nunca cedo a prácticas desprotegidas”, dice.

 

En Nuevo León, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) la población asciende a cuatro millones de habitantes, de los cuales cerca de 80 por ciento habita en Monterrey y los municipios conurbados: Guadalupe, San Nicolás de los Garza, General Escobedo, Santa Catarina, San Pedro Garza García y Apodaca.

 

Entrevistado en sus oficinas, el doctor Vicente López Gaytán, titular del Consejo Estatal para la Prevención del Sida (Coesida) señala que en la entidad existen tres mil 619 casos acumulados de personas que viven con el virus y que han desarrollado la enfermedad desde 1983, año en el que comenzó el registro de la epidemia. Hasta el pasado 4 de septiembre, el Coesida había registrado 101 nuevos casos en 2006, la mayor parte correspondiente a Monterrey y su área metropolitana.

 

Durante la charla, refleja cierta confusión. No hay datos nuevos acerca de la epidemia en el estado. La reciente llegada al frente del Coesida y la falta de personal es el argumento. En Nuevo León, la Secretaría de Salud proporciona medicamentos a 500 personas a través del Hospital Metropolitano y la Clínica Bernardo Reyes, ambos centros ubicados en la zona conurbada porque es ahí en donde se aglutina el mayor número de casos.

 

De acuerdo con el médico, en Monterrey y su área metropolitana la incidencia del VIH/sida en el sector de hombres que tienen sexo con hombres (HSH) está disminuyendo. “Ahora la epidemia se está heterosexualizando”, dice a la vez que ofrece cifras: “En junio de este año casi 60 por ciento de los mecanismos de transmisión fueron heterosexuales. Actualmente, si sumamos los casos registrados por vía homosexual y bisexual, no superan a la heterosexual”.

 

Por lo anterior, señala que el Coesida no enfoca su trabajo preventivo hacia grupos considerados vulnerables, sino que lo dirige a las prácticas sexuales de riesgo. “Los HSH han recibido tanta información que saben cómo protegerse de las enfermedades. Además, reciben de manera gratuita condones por parte de organizaciones civiles”.

 

Sin embargo, para Jesús Maldonado, coordinador médico de Oasis, y Mario Alberto González, de la organización civil Explora T, lo anterior no es suficiente. “Hacen falta políticas públicas de salud dirigidas específicamente a los HSH. Debe promocionarse la prueba de detección, en ese ámbito las organizaciones civiles hemos rebasado a las autoridades”.

 

En Monterrey, el artículo 19 del Reglamento de Policía y Buen Gobierno sanciona “cualquier acto contra la moral y las buenas costumbres”. Según Maldonado, se trata de un reglamento represivo que ha generado actos de extorsión en contra de las personas homosexuales, situación que las obliga a acudir a los “lugares de ambiente” para manifestar sus afectos y ejercer libremente su sexualidad.

 

El cine Araceli, la discoteca El Wateke, el cuarto oscuro La Casita y los Baños Oasis, son los sitios más frecuentados por los varones regiomontanos con prácticas homosexuales. El acto sexual sin reproche. Miradas cómplices alrededor. Cuerpos amparados en las penumbras que se tocan sin pudor.

 

Yo soy el que siempre penetra

 

Adrián tiene 21 años de edad. Nació en Los Mochis, Sinaloa, y gusta de hacer ejercicio cuyos resultados se reflejan en su cuerpo. Desde los 14 años se dedica al trabajo sexual. “Escogí el camino más fácil”, platica al recordar que ha trabajado en Guadalajara, Puebla, Veracruz, Distrito Federal, Saltillo, Laredo, Reynosa y Monterrey.

 

Desde hace meses ofrece servicios sexuales a los hombres que acuden a los Baños Oasis. Él no se considera homosexual. “A mi me gustan un chingo las viejas y con los hombres siempre soy el que penetra”. De hecho revela un par de romances con mujeres a las que nunca ha comentado la forma en que se gana la vida. “Me apena decirles. Con ellas casi no tengo suerte”, dice apesumbrado. El costo por relación sexual es de 300 pesos. Sin embargo, tiempo atrás si el cliente le pedía hacerlo sin condón Adrián no se oponía, sólo cobraba 200 pesos más para cerrar el trato.

 

“Aquí vengo tres horas diarias. Encuentro el cariño y la amistad que no me dan las mujeres y además me dan dinero, ¿para qué ando buscando en otro lado?”. Pero Adrián no es el único que acude a los baños en busca de clientes, a veces se llegan a reunir hasta 15 trabajadores sexuales. No siempre hay suerte y tiene que salir a las calles. Las avenidas Madero y Matamoros son las que frecuenta para trabajar; cuando puede evita salir para no enfrentarse a la policía. “A veces se portan chidos, pero siempre te piden el ‘moche’. Hay que darle a cada patrulla 100 pesos y pues no se puede”.

 

Luego de pensarlo varios días, Adrián se armó de valor y se realizó la prueba del VIH en la organización civil Oasis. Ahora espera los resultados. Consciente de que sostuvo relaciones sexuales desprotegidas, dice no tener miedo. “Ni modo de arrepentirme, sé en lo que ando. Estoy listo para afrontarlo”. Tras amargas experiencias, Adrián se dice dispuesto a abandonar el trabajo sexual. Pronto se irá a Torreón para desempeñarse como vendedor ambulante. “Quiero trabajar ‘normalmente’. Siempre he tenido la ilusión de meterme a un gimnasio y cambiar de vida”.

 

Activismo y estrategias oficiales

 

Los activistas Joaquín Hurtado, del Grupo Abrazo, y Abel Quiroga, de la Asociación Colectiva por los Derechos de las Minorías Sexuales (Acodemis), señalan convencidos que Monterrey “es un espacio feudal de grupos religiosos sumamente ligados a empresarios y propietarios de los medios de comunicación”, situación que invisibiliza las prácticas homoeróticas y dificulta el combate contra el VIH/sida.

 

Dichas organizaciones realizan trabajo social en beneficio de la comunidad gay. Grupo Abrazo imparte talleres de sensibilización entre adolescentes y Acodemis administra La Casita, un cuarto oscuro en el que los HSH además de encuentros sexuales, obtienen información científica para prevenir infecciones de transmisión sexual.

 

Ambos personajes coinciden en señalar los tropiezos que provoca la falta de unidad de los activistas para luchar contra el sida. “La falta de políticas de prevención eficientes es consecuencia del canibalismo que impera entre organizaciones civiles y las autoridades de Salud. Somos expertos en destruirnos unos a otros. Si les aviento un kilo de carne humana, se la comen”, dice Quiroga.

 

Con un severo tono de crítica, señalan que las estrategias oficiales sólo han servido para ayudar “un poco” a profesionalizar el trabajo de los activistas. Sobre las campañas de prevención, destacan la falta de ideas y recursos para llegar a los HSH. “Se habla mucho de dinero para diseñarlas, pero si no se tiene la rabia para combatir la epidemia, ésta continuará ganándonos la batalla”.

 

 

** Este texto forma parte de la “Estrategia de comunicación e información de combate a la homofobia y discriminación para crear climas favorables para la prevención del VIH”, proyecto apoyado por el Censida.